Impulsado por un afrodisíaco, una marca y la implacable presión del consejo de ancianos, el Rey Alfa se ve forzado a conseguir una Reina Luna mediante un contrato. Sin embargo, la palpable tensión entre ellos siembra la duda: ¿es su unión fruto de los sentimientos que han florecido con los años, una obligación contractual para asegurar el linaje lobuno de reyes alfas, o la innegable conexión de la marca que los une como almas gemelas?.
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Capitulo 5: Marca Completa
Saber que a Dante no le importa mi pasado, que no sera el primer hombre en mi vida en cuanto a intimidad se refiere, me llena de una satisfacción inmensa. Una llama que he intentado contener por años, desde el fracaso con mi alma gemela, ahora arde con más fuerza en mi interior.
Mi alma gemela, el ser destinado a mí por la diosa luna, me abrió las puertas al mundo del placer. Descubrimos que la unión que nos ligaba intensificaba el placer carnal, volviendo nuestras relaciones sexuales una experiencia de sensaciones elevadas. Sin embargo, ni siquiera esa química sobrenatural bastó para cimentar el amor. Por mucho que anhelé entregárselo, algo esencial en su personalidad me impidió confiar plenamente. Solo pude entregar mi cuerpo; mi corazón y mi alma se ocultaron, incapaces de rendirse a un vínculo que no podía trascender lo físico.
Hasta que, un día, llegó la gota que colmó el vaso, desgarrando la venda de mis ojos. De pronto, comprendí por qué me había sido imposible entregarme a mi alma gemela, Aldo, en cuerpo y alma. La razón era él y sus comentarios pasivo-agresivos que, de manera constante y sutil, querían debilitar mi posición como Delta Real del linaje lobuno. Con una altivez apenas disfrazada, daba a entender que una mujer no debería ostentar un cargo tan importante; su lugar, insinuaba, era atendiendo las necesidades de su pareja y criando los hijos.
Sin embargo, la fuerza del vínculo que la diosa Luna tejió entre nosotros era mi ancla y mi justificación para seguir a su lado, pues la diosa solo nos une una vez, y perder esa conexión significaba renunciar a la posibilidad de tener por toda la vida a mi alma gemela. Pero esa tolerancia se hizo añicos: cuando Aldo exigió que renunciara al legado de Delta que corre por mis venas y se lo entregara a él; cuando me pidió que desechara todo por lo que había luchado desde la infancia para ser la mejor, para enorgullecer a mis padres, a mi manada, a mi linaje y, sobre todo, a mí misma... las razones para seguir a su lado se extinguieron por completo.
Por encima de todo, elegí mi linaje Delta. Un legado que no solo corre por mis venas, sino que me gané con sudor, sangre y esfuerzo incansable. Esta elección, sin embargo, me ganó el rechazo absoluto de mi alma gemela. Y aunque su desprecio me destrozó el alma, lo acepté. Yo también anhelaba formar una familia, tener la casa llena de cachorros, pero su cobardía lo impidió. Se dejó arrastrar por el veneno de los comentarios de otros lobos, quienes lo humillaban por tener una compañera "amachada", insistiendo en que una mujer no debía ocupar un cargo tan importante y que yo debería entregárselo a él por el mero hecho de ser hombre, ignorando mis años de sacrificio y dedicación. No pudo soportarlo: prefirió la vergüenza del rechazo antes que la humillación de tener a su lado a una mujer fuerte e independiente. Para él, era un insulto a su hombría y a su familia que su compañera fuese más poderosa y de mejor estatus que él.
Al escuchar a Dante acceder a mis condiciones, su tierna súplica por aprender a complacerme desató la fiebre que por años ha crecido en mí, una calentura acumulada por la ausencia de un compañero sexual. La sábana que me cubría se deslizó, y me lancé hacia él con una avidez que reclama saciar no solo el alivio efímero del autoerotismo, sino la satisfacción profunda que solo un cuerpo compartido puede ofrecer. Dante ahora es mío, y con él a mi lado, dispuesto a complacerme, estoy lista para explorar cada fantasía, cada necesidad, dejando que su inexperiencia se una a mi hambre hasta alcanzar la plenitud.
Mis labios se mueven con los suyos, un baile torpe por la diferencia de estatura. Me cuesta seguirle el ritmo, y él lo percibe. Sin mediar palabra, sus manos se posan en mi trasero y me eleva con facilidad. Mis piernas se enrollan instintivamente a su cintura, mis brazos a su cuello, buscando un ancla que, sin duda, él ya me ofrece__¡Al sofá, Dante!__. Ordenó, mi voz entrecortada por la urgencia del beso y el torbellino de deseo que lleva años gestándose en mí.
Dante no discutió mi orden. Terminamos en el sofá, yo a horcajadas sobre él, disfrutando del sabor de sus labios y la presión de su erección contra mí. Me retorcí, anhelando sentirlo más profundo__Te quiero desnudo ahora, Dante__. Ordené de nuevo.
Él se estremeció y asintió. Lo ayudé con la camiseta, pero sus pantalones deportivos fueron más difíciles de quitar; no quiero separarme de él. Usando sus hombros como apoyo, me levanté un poco para que pudiera bajarse los pantalones hasta las rodillas. Volví a acomodarme, sintiendo el roce de su hombría en mi entrada, pero aún sin penetrarme. Con dificultad, terminó de quitarse los pantalones, que quedaron perdidos en algún lugar.
No pude contenerlo más. Me dejé caer sobre la erección de Dante, sintiendo la inmensidad de su miembro, digno de un rey alfa. Su tamaño, notoriamente superior al de un hombre lobo promedio, esta destinado a asegurar el linaje. Aunque mi expareja no era pequeño, Dante lo supera con creces, y lo sentí en cada contracción de mis paredes internas, que luchan por expandirse y adaptarse.
Dante gimió, una mezcla de dolor y placer, al igual que yo. Nuestras intimidades se acoplan, adaptándose a esa invasión. Él era virgen, y puedo ver la tensión en su mandíbula, sus músculos contrayéndose mientras contiene las nuevas y abrumadoras sensaciones.
Me levanté un poco y volví a descender, permitiendo que su erección entrara por completo. Ambos jadeamos al sentirnos unidos por fin. Nuestros ojos se fijaron en nuestras entrepiernas, observando con cierta incredulidad cómo el miembro de Dante invade mi interior; ninguno de los dos imaginó que esto sucedería.
__¿Te sientes bien dentro de mí, Dante?__. Aparté la mirada de la unión de nuestros cuerpos y la fijé en él. Jadeó ante mis palabras. Es un sumiso nato en la intimidad, y eso me encanta. Un mundo de posibilidades se abre ante mí con él a mi disposición, mío, en mi cama.
__Tu miembro es grande, grueso y amenaza con dejarme sin caminar bien después, pero eso me gusta, alfa. Ahora quiero todo de ti__. Con esa declaración, empecé a mover mis caderas. La erección de Dante golpea mis paredes internas, provocando un placer exquisito para ambos. Jadeamos al sentirnos completamente unidos.
La sensación de tenerlo dentro es una dulce agonía que no quise mitigar. Al contrario, la intensifiqué: usé sus hombros como apoyo, mis caderas se mueven en un ritmo ascendente y descendente sobre su erección, a veces añadiendo círculos lentos para que su hombría penetre aún más profundo__A la cama__. Un gemido escapó de mis labios cuando, en un movimiento fluido, Dante me alzó en sus brazos y me llevó hasta la cama, tal y como se lo pedí.
Mi espalda se hundió en el colchón y él se colocó sobre mí, ofreciéndome una vista perfecta de su rostro concentrado y su pecho. Sus ojos se clavaron en los míos mientras, instintivamente, mis piernas rodearon su cadera y lo atraje con fuerza. Volvió a entrar en mí, una penetración profunda que me hizo arquear la espalda en puro placer. Entre jadeos y súplicas, le pedí que se moviera con más intensidad, y él respondió a mi deseo. El ritmo se aceleró, llevándonos a un clímax explosivo. En ese instante de liberación, él dejó su marca en mí, como yo lo hice en él, antes de caer exhausto a mi lado.
__Es curiosa, única y, a pesar de todo, hermosa__. Dije, mis dedos rozando la marca que acaba de aparecer en mi piel. Unos minutos después de la mordida de Dante, en el mismo lugar, se ha manifestado la marca que nos une como compañeros. Idéntica a la suya: una luna llena en el fondo, con un corazón partido a la mitad en su centro, pero unido al final por un hilo rojo. Este hilo, al salir del corazón y la luna, parecen gotas de sangre__Es el testimonio de que la diosa Luna ha aprobado nuestra unión__. Culminé aún incrédula por todo lo que ha sucedido en las últimas horas.
__Esta marca nos representa a ambos, supongo__. Dante afirmó, respondiendo a mis palabras.
__El corazón partido a la mitad creo que simboliza nuestros corazones rotos por la pérdida de nuestras almas gemelas, pero aun así, la diosa Luna nos ha unido, y esa unión está representada por los hilos. El fondo de luna llena es ella, la diosa. Me imagino que, con el tiempo, nuestras heridas dejarán de sangrar y encontraremos la felicidad el uno en el otro__. Asentí, dándole la razón. Sus palabras son lógicas y reconfortantes. Me acurruqué en sus brazos, necesitada de recuperar fuerzas para seguir disfrutando de tener finalmente un compañero.
la Soberbia y la ambición de per son la peste de la vida.
Y el que cae en ese engaño , encuentra su final , tal cual lo deseo para sus semejantes.
Al final la Justicia y la Paz vuelven a brillar como un sol resplandeciente.