NovelToon NovelToon
Una Familia Inesperada para el Mafioso

Una Familia Inesperada para el Mafioso

Status: Terminada
Genre:Mujer poderosa / Mafia / Venderse para pagar una deuda / Completas
Popularitas:5
Nilai: 5
nombre de autor: Mary Mendes

Ekaterina Popova maduró demasiado pronto. A los dieciocho años, cría sola a su hermana menor Lisbela, una niña con una enfermedad cardíaca que necesita ayuda urgente. Abrumada por las deudas y sin ninguna salida, acepta participar en una trampa contra una poderosa familia de la mafia.

Pero todo se sale de control cuando Viktor Morozov se cruza en su camino.

Frío, arrogante y desalmado, Viktor cree que Ekaterina no es más que una estafadora. La situación empeora aún más cuando ella descubre que está embarazada del hombre que la rechazó sin piedad.

Entre secretos, mentiras, dolor y pasión...
¿Podrá el amor sobrevivir cuando la confianza ya ha sido destruida?
¿O hay heridas demasiado profundas incluso para que el destino las cure?

NovelToon tiene autorización de Mary Mendes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 24- Entre el odio y Ella

Viktor

Despierto temprano. La casa todavía está en silencio, sumergida en esa calma rara de antes de que todos despierten. Sin poder evitarlo, mis pasos me llevan hasta la habitación de Ekaterina.

Abro la puerta despacio, sin hacer ruido.

La escena me hace detenerme de inmediato.

Ekaterina duerme abrazada a Lisbela como si la niña fuera su puerto seguro. Lis está prácticamente escondida en sus brazos, mientras Ekaterina mantiene el rostro enterrado en el cabello de la pequeña, como si hasta dormida necesitara protegerla del mundo.

Mi pecho se aprieta de una forma extraña.

Me quedo observándolas unos segundos demasiado largos. Por primera vez en mucho tiempo, Ekaterina parece en paz. Sin miedo. Sin esa tensión constante en los ojos.

Se mueve en la cama.

Salgo rápido antes de que me vea ahí parado como idiota mirándola mientras duerme.

Voy a la sala y me siento en el sofá, pasándome la mano por el rostro. Pero basta quedarme solo unos segundos para que Alfredo vuelva a mis pensamientos.

Las ganas de matar a ese desgraciado siguen vivas.

Si no fuera por Ekaterina... ya estaría enterrado en algún lugar que nadie encontraría jamás.

Pero ella lo pidió.

Y odio darme cuenta de que soy incapaz de negarle algo cuando me mira de esa forma.

Aun así, eso no significa que Alfredo saldrá ileso.

Una sonrisa fría se dibuja en mi rostro.

No puedo matarlo. Está bien. Pero un escarmiento... eso sí puedo dárselo con mucho gusto.

Estoy perdido en mis pensamientos, imaginando exactamente cuántos huesos de ese infeliz puedo romper sin causar un funeral, cuando suena mi teléfono.

Mi madre.

— Buenos días, hijo. Ya estoy llegando.

— Gracias, mamá.

Antes de que pueda preguntarle cualquier cosa, cuelga.

Perfecto.

Ni diez minutos después, escucho movimiento afuera. Pasos y voces.

Me levanto y, cuando abro la puerta, casi me da algo.

— ¿Qué demonios es esto?

Mi madre trae unos lentes oscuros enormes, elegante como siempre, mientras detrás de ella aparece prácticamente un ejército. Guardaespaldas, maletas, bolsas, cajas... parece que piensa mudarse aquí.

Y entonces aparece Olga. Sonriendo como si fuera lo más natural del mundo. Pero sé que vino a fastidiarme. Y está curiosa por Ekaterina.

Olga me ve parado en la puerta y suelta una sonrisa burlona de inmediato.

Por supuesto que no perdería la oportunidad.

Pasa junto a mí sin siquiera esperar y dice:

— Buenos días, papá del año.

Cierro los ojos un segundo, ya sintiendo que mi tranquilidad se acabó.

Ignoro a Olga y me voy directo a la habitación. Me cambio de ropa rápido, tomo el celular y las llaves del carro. Mi cabeza todavía está demasiado llena para plática de relleno.

En cuanto salgo de la habitación, encuentro a Lis parada en la puerta del cuarto de Ekaterina, observándolo todo en silencio.

Me mira y sonríe tímida.

Mi pecho se aprieta de una forma extraña.

Me agacho frente a ella, poniéndome a su altura. Antes de que diga cualquier cosa, Lis me echa los bracitos al cuello.

— Buenos días, tío Vitinho.

Esa vocecita me desarma por completo.

— Buenos días, princesa.

Me besa la mejilla con una delicadeza tan inocente que por unos segundos me olvido de toda la basura que está pasando alrededor.

Miro hacia dentro de la habitación. Ekaterina sigue dormida profundamente, abrazada a la almohada. El rostro cansado. Vulnerable.

Lis nota mi mirada y se pone el dedito frente a la boca.

— Shhh... Kathy está dormida.

Casi sonrío.

— Está bien. Vamos a dejarla descansar.

Cierro la puerta despacio y cargo a Lis en brazos, llevándola conmigo a la sala.

Pero en cuanto llegamos y ella ve la cantidad de gente ahí, su cuerpecito se tensa de inmediato. La timidez regresa en el acto.

Se baja de mis brazos y se agarra de mi pierna, prácticamente escondiéndose detrás de mí.

Mi madre se acerca despacio, con ese modo cuidadoso suyo.

— Hola, Lisbela... ¿te acuerdas de mí?

Lis solo mueve la cabeza ligeramente, escondiendo la mitad del rostro detrás de mi muslo.

Olga aparece enseguida, sonriente de más para mi humor actual.

— Hola, pequeñita. Soy Olga... hermana de Viktor.

Lis la observa unos segundos en silencio, desconfiada. Después levanta los ojos hacia mí como pidiendo autorización.

Le paso la mano por el cabello.

— Puedes hablar con ellos, princesa.

Lis aprieta más fuerte mi mano con su manita antes de finalmente responder bajito:

— Hola...

Todos en la sala parecen inmediatamente encantados con ella.

Y me doy cuenta de algo peligroso en ese instante.

Lis ya se estaba metiendo demasiado rápido en mi vida.

Pero la timidez dura poco.

La curiosidad pronto empieza a brillar en los ojos de Lis mientras observa a Olga atentamente.

Inclina la cabeza y pregunta con toda la inocencia del mundo:

— ¿Por qué tú eres morena... si tu mamá y tu hermano son rubios?

Por un segundo la sala queda en silencio.

Entonces Olga se echa a reír.

— Porque yo salí a mi papá, princesa. Él tiene el cabello negro.

Aprovecho la oportunidad de inmediato.

— No. Es porque ella es adoptada.

Olga abre los ojos enormes en el acto.

— ¡VIKTOR!

Lis frunce el ceño completamente confundida.

Antes de que alguien explique cualquier cosa, Olga toma la primera bolsa que encuentra en el sofá y la lanza en mi dirección.

La atrapo antes de que me dé en la cara.

— Eres insoportable — reclama riendo.

Y entonces escucho un sonido bajo y delicado.

Lis se está riendo.

Tapándose la boquita con la manita, como si no pudiera reírse fuerte. Los ojitos apretados de diversión.

Esa risa hace que hasta mi madre sonría emocionada.

— Dios mío... es igualita a Ekaterina — murmura mi madre.

Lis deja de reírse despacio, todavía agarrada de mi pierna, pero ahora mucho más a gusto cerca de ellos.

Me agacho otra vez frente a Lis.

— Necesito irme a trabajar ahora, princesa.

Solo asiente despacio.

Pero sus ojos delatan otra cosa.

Miedo.

Como si tuviera temor de que me fuera y no volviera más.

Esa mirada me golpea con demasiada fuerza para ser de una niña que apenas conozco.

Le sostengo la carita con suavidad.

— Oye... mi mamá y Olga van a cuidarte mientras tu Kathy duerme, ¿está bien?

Lis mira a mi mamá, después a Olga, todavía desconfiada.

Olga sonríe tratando de tranquilizarla.

Mi madre entonces le extiende la mano con cariño.

— Ven conmigo, mi amor. Voy a prepararte un chocolate caliente.

Lis duda unos segundos. Sus deditos aprietan mi mano con fuerza antes de finalmente soltarla despacio.

— ¿Vas a volver? — pregunta bajito.

La pregunta simple me toma completamente desprevenido.

Trago saliva antes de responder.

— Vuelvo.

Parece relajarse solo un poco después de eso.

Entonces va hacia mi madre todavía mirando hacia atrás de vez en cuando para vigilarme, como si tuviera miedo de que yo desapareciera en el instante en que desviara los ojos.

Y por alguna razón...

de verdad siento ganas de volver rápido.

Salgo del departamento con un solo propósito: hacer sufrir a Alfredo.

Todo el camino mi cabeza hierve. La rabia pulsa caliente dentro del pecho. Alfredo destruyó demasiadas vidas, causó demasiado dolor. Y hoy entraría a esa bodega listo para devolver cada gota de sufrimiento.

En cuanto llego, me sorprende ver a Maxim recargado en el carro. El humo del cigarro sube lentamente mientras me observa en silencio.

— No me perdería el espectáculo de la ejecución del suegrito, nunca — dice con una sonrisa torcida.

Suelto una risa corta.

— No puedo matar a Alfredo. Todavía.

Maxim arquea la ceja. Se quita el cigarro de la boca, lo tira al suelo y lo pisa despacio, mirándome como si estuviera tratando de entender lo que escuchó.

— Carajo... ya te volviste mandilón — se burla. — Y eso que el hijo ni era tuyo, ¿no?

Mi mandíbula se traba en el acto.

El viento golpea frío contra mi rostro, pero la sangre se calienta instantáneamente dentro de mis venas.

Maxim sigue mirándome, esperando alguna reacción.

Doy un paso en su dirección.

— Si mato a Alfredo ahora, ella nunca me perdonaría. Ya la regué demasiado con ella... Pero va a sufrir por haberla lastimado.

Voy directo a la sala donde está el infeliz.

El lugar es oscuro, húmedo, pesado. El olor a sangre y óxido se mezcla en el aire.

Alfredo está amarrado a una silla en el centro del cuarto. El rostro ya marcado de las otras sesiones. Aun así, cuando me ve entrar, intenta sostener esa expresión de hombre inocente.

Patético.

— No tengo dinero... pero puedo conseguir — dice desesperado. — Ni siquiera sé qué hago aquí. Soy un hombre de bien. Tengo dos hijas que mantener.

Odio las mentiras.

Antes de que termine de hablar, mi puño encuentra su cara dos veces seguidas.

El sonido seco de los golpes retumba por la sala.

Su cabeza gira hacia un lado mientras la sangre le escurre de la boca.

Le agarro el rostro por el cabello y le gruño de cerca:

— Es por tus hijas que estás aquí... pedazo de mierda.

Alfredo escupe sangre al suelo.

— ¿Qué hizo la infeliz de Ekaterina?

Me río.

Pero no es una risa normal.

Es vacía. Fría. Peligrosa.

El descaro de ese desgraciado me hace perder el control.

Vuelvo a golpearle la cara sin parar. Una vez. Otra. Otra.

Hasta que su rostro se convierte prácticamente en una masa roja.

La silla rechina violentamente en el suelo mientras Alfredo gime ahogado.

Siento manos sujetándome por los brazos.

— ¡Ya basta, Viktor! ¡Carajo! — gruñe Maxim detrás de mí. — Así lo vas a matar.

Mi pecho sube y baja pesado.

La sangre hierve tanto que mi visión se oscurece por segundos.

Me alejo, pero antes le doy una patada violenta en el estómago a Alfredo.

La silla se voltea junto con él.

El sonido del cuerpo golpeando el suelo retumba en el silencio de la sala.

Salgo de ese cuarto sintiéndome asfixiado.

Cada paso parece empeorar la presión dentro del pecho.

Entonces la imagen de ella invade mi cabeza otra vez.

Ekaterina herida.

Llorando en el sofá.

Asustada.

Rota.

Cierro los ojos con fuerza.

Necesito matar a Alfredo.

Necesito acabar con esto para tener paz.

Doy media vuelta listo para regresar al cuarto, pero Maxim se pone frente a mí y me sujeta el hombro con fuerza.

— Así vas a perder a tu chica para siempre.

Sus palabras me golpean como un puñetazo.

Me quedo inmóvil unos segundos.

Respirando pesado.

Entonces empujo su mano de mi hombro y salgo de la bodega.

El aire frío golpea mi rostro en cuanto cruzo la puerta.

Y me doy cuenta de que estoy temblando.

No de miedo.

Sino porque, por primera vez en mi vida... alguien logró impedirme matar a un hombre.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play