Valeria Rivas vive luchando por sobrevivir: trabaja como mesera, cuida a sus hermanos y trata de salvar a su madre enferma. Muy lejos de su realidad, su hermana gemela Isabella vive rodeada de lujo como heredera de la poderosa familia De Alvarenne.
Separadas por el dinero, el orgullo y un pasado lleno de secretos, sus vidas parecen destinadas a no cruzarse jamás… hasta que una inesperada llamada obliga a Valeria a regresar al mundo que la rechazó.
Entonces comienza un juego peligroso de mentiras, poder y destinos cambiados.
Porque a veces, para salvarlo todo…
tendrás que fingir ser alguien más.
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CAPÍTULO 12 - ENTRE ENCAJES Y SILENCIOS
El vestido era demasiado blanco, demasiado perfecto, demasiado… ajeno.
—Gira.
Obedecí.
La tela se deslizó a mi alrededor como si no pesara, como si no significara nada. Pero para mí… era como llevar una promesa que no había hecho.
Una vida que no había elegido.
—Hermoso —murmuró una de las modistas.
—Impecable —añadió otra.
—Digno de una De Alvarenne.
No de Valeria. Nunca de Valeria.
Me miré en el espejo. Y por un instante… no supe quién era. La mujer reflejada tenía la espalda recta, el rostro sereno, la mirada controlada. Sus manos no temblaban. Su sonrisa era leve, elegante, calculada.
Perfecta.
Pero yo… yo estaba gritando por dentro.
—El ajuste en la cintura debe ser más preciso.
La voz de Doña Aurelia cortó el aire como siempre: firme, fría, incuestionable.
Ella estaba sentada detrás de mí, observando cada detalle como si evaluara una obra de arte o una inversión.
—No podemos permitir errores —añadió.
Nunca podíamos. Nunca había espacio para ellos.
La modista asintió rápidamente.
—Por supuesto, señora.
Sentí las manos ajenas moviéndose sobre mi cuerpo. Ajustando, moldeando, corrigiendo.
Como si no fuera una persona. Como si fuera un objeto que debía cumplir con un estándar.
—¿Te incomoda? —Preguntó Doña Aurelia sin emoción.
—No —respondí.
Mentí. Otra vez.
—Bien.
Silencio pesado e incómodo.
—No olvides lo que está en juego —continuó.
No hacía falta que lo dijera. Lo sabía: Mi mamá y su enfermedad. Mis hermanos y su futuro. Todo dependía de esto.
—No lo olvidaré.
—Espero que no.
Su mirada se reflejó en el espejo. Fría, distante.
—Ya fue suficiente humillación con los Valcari.
El golpe fue directo.
—No podemos permitir que duden de nuestra familia.
“Nuestra.”Pero nunca me incluyó en ese “nosotros”. Nunca.
—Haré lo necesario.
—Eso es lo mínimo que espero.
Mi garganta se tensó… No era su nieta, no era su sangre. Era… una herramienta, un reemplazo, una solución temporal. Y lo sabía, lo sentía en cada palabra, en cada mirada, en cada silencio.
—Quítate el vestido.
La orden fue inmediata.
—Hay más que hacer.
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Las flores. Nunca pensé que elegir flores pudiera doler tanto.
—Las peonías blancas son más elegantes.
—Pero las rosas tienen más simbolismo.
—¿Qué prefiere, señorita Isabella?
La pregunta quedó suspendida en el aire. Me miraron, esperando, evaluando… Como siempre. Bajé la mirada hacia las muestras. Colores suaves, perfumes delicados, belleza perfecta.
Todo tan… ajeno.
—Las peonías —respondí.
—Excelente elección.
Mentira. No sabía si era excelente. No sabía nada. Solo estaba siguiendo el papel.
—Representan pureza y prosperidad.
Sentí una punzada en el pecho.
“Pureza.”
Qué ironía.
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El pastel fue peor.
—Tres niveles.
—Cinco.
—Fondant o crema.
—Detalles en oro.
—Sabor clásico o algo más moderno.
Las voces se mezclaban y las opciones me rodeaban.
Y yo… solo quería desaparecer.
—¿Señorita Isabella?
Levanté la mirada.
—Chocolate.
La palabra salió sola… Sin pensar. Silencio.
—Interesante elección —dijo alguien.
Pero no sonaba convencido.
—Isabella siempre ha preferido sabores más… refinados.
El comentario fue sutil. Pero claro.
“Eso no es propio de ella.”
Sentí el peligro. El error.
—Para variar —añadí rápidamente—. A veces lo simple también tiene valor.
Doña Aurelia me observó. Largo y profundo.
“Ten cuidado.”El mensaje era claro.
—Que sea perfecto —dijo finalmente.
Y la decisión quedó sellada.
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Los días pasaban… Rápidos, demasiado rápidos. Pruebas, decisiones, ajustes, sonrisas… Mentiras.
Todo se acumulaba. Todo pesaba.
Y dentro de mí… algo estaba cambiando. Algo que no quería ver, que no quería aceptar. Cada vez que Adrián aparecía… mi corazón reaccionaba. No debía. No podía. Él no era mío. Nunca lo sería.
Yo solo estaba ocupando un lugar. Un espacio prestado. Una vida ajena.
Pero aun así… había momentos… Pequeños, silenciosos donde su mirada… me hacía olvidar quién debía ser. Y eso… eso era peligroso. Muy peligroso.
—Concéntrate.
La voz de Doña Aurelia me devolvía siempre a la realidad.
—No estamos jugando.
No. No lo estábamos. Esto era real.
Y podía destruirlo todo.
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Una noche… cuando finalmente todo quedó en silencio… me quedé sola en la habitación.
Sentada frente al espejo. Sin el vestido, sin el maquillaje, sin la perfección. Solo yo… o lo que quedaba de mí.
—¿Quién eres…? —Susurré.
El reflejo no respondió. Nunca lo hacía. Pero esta vez… no vi solo a Isabella.
Vi algo más. Algo que crecía. Que se movía dentro de mí. Un sentimiento prohibido, confuso, doloroso. Y no quise nombrarlo. Porque si lo hacía… todo se complicaría aún más.
Muy lejos de ahí… en una habitación distinta… el silencio también pesaba. Pero no era el mismo. Era más oscuro. Más denso. Más lleno de rabia.
Isabella caminaba de un lado a otro, descalza, desordenada. Lejos de la perfección que todos conocían.
—No… no… no…
Su voz temblaba, pero no de miedo. De frustración, de furia. Se detuvo frente al espejo.
Y lo miró, pero no con elegancia. Con odio.
—¿Cómo pude ser tan estúpida…?
Sus manos se cerraron en puños.
—¿Cómo…?
El recuerdo era un golpe constante. Una noche. Un error. Un descuido. Algo que no debió pasar. Pero pasó.
Y ahora… no podía borrarlo. No podía esconderlo. No podía negarlo.
Cerró los ojos con fuerza.
—Esto no me puede estar pasando…
Pero sí. Estaba pasando. Y cada día que pasaba… se volvía más real.
Más evidente, más imposible de ignorar.
—La abuela…
Su voz se quebró.
—Me odia.
Y lo sabía. Lo sentía en su silencio, en su distancia y en la forma en que había tomado el control de todo.
—Todo era mío…
La rabia volvió.
—¡Todo!
El futuro. El poder. El matrimonio. Adrián. Su vida perfecta. Todo.
Y ahora… todo estaba en riesgo.
Por eso. Por ese error.
Por esa consecuencia que crecía… aunque no quisiera aceptarlo.
Se abrazó a sí misma. Como si pudiera contenerlo, como si pudiera hacerlo desaparecer.
—Solo necesito tiempo…
Susurró.
—Solo eso…
Tiempo para arreglarlo. Para deshacerse de eso. Para borrar lo que pasó. Para volver a ser quien era.
—Voy a recuperarlo todo…
Su mirada cambió. Se endureció.
—Todo.
El brillo en sus ojos no era de miedo. Era de determinación. Fría, calculadora, peligrosa.
—Esto no se va a quedar así.
Y en ese momento… algo quedó claro.
Isabella no estaba dispuesta a perder. No importaba el precio. No importaba el daño. No importaba a quién tuviera que arrastrar.
Ella iba a volver.
Y cuando lo hiciera… nadie estaría preparado.
Ni siquiera… su hermana que estaba viviendo su vida.
espero puedas seguirla disfrutando..!! 🥰🥰