Alguna vez as imaginado que pasaria si sales con tu mejor "amigo? soy Lixy Soledo y vivo con mi mejor amigo mejor dicho él vive conmigo! Damon Falcó el chico que cualquier chica quiere al lado, guapo y carismático pero es mi mejor amigo, y ahí una regla! y la regia es! No salimos con amigos!
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capítulo 2
Siete días pueden ser una eternidad cuando el silencio se convierte en el único inquilino de una casa compartida. Para Lixy Soledo, la semana de ausencia de Damon había sido un descenso lento hacia la ansiedad. Houston se sentía más calurosa, más ruidosa y, sobre todo, mucho más vacía. Caminaba de un lado a otro en la suite, revisando su teléfono cada cinco minutos con la esperanza de ver esa burbuja de texto que nunca llegaba.
—¡Por Dios, ni siquiera me contesta los mensajes! —exclamó al aire, lanzando el celular sobre el sofá. La frustración le quemaba en el pecho. No era solo la falta de comunicación; era la incertidumbre de no saber qué había cambiado entre ellos después de aquella noche en el sofá.
Sin poder soportar un minuto más de encierro, Lixy salió de casa con un objetivo claro. Sabía dónde encontrarlo.
### El Reencuentro en el Bar
El bar estaba sumido en su habitual penumbra cuando Damon Falco cruzó el umbral. Se veía cansado, con la mirada endurecida por una semana de pelear contra sus propios pensamientos en algún lugar lejos de la ciudad.
—Llegó el perdido... —se burló Ulices desde detrás de la barra, limpiando un vaso con parsimonia—. ¿A qué debemos el honor de tu resurrección, Damon?
Damon ni siquiera lo miró. Se sentó en su taburete habitual con un movimiento pesado.
—Cállate, Ulices. No tengo tiempo para tus bromas hoy.
—¡Damon! —La voz de Lixy cortó el aire como un látigo.
Él se tensó. Cerró los ojos un instante antes de girarse para enfrentar a la chica que había estado evitando con todas sus fuerzas. Al verla, su expresión se suavizó por un segundo, traicionada por el afecto que intentaba enterrar.
—Mi niña... —murmuró.
—¡Pedazo de soquete! —Lixy caminó hacia él con paso firme, sus ojos azules echando chispas.
Damon arrugó la frente, tratando de parecer ofendido, aunque en el fondo sabía que se merecía cualquier insulto.
—¿Por qué me dices tan feo?
—¡Porque eres un idiota! —estalló ella, deteniéndose a pocos centímetros de él—. ¡Me tenías preocupada! ¡Ni siquiera contestaste mis mensajes en toda la semana! ¿Tienes idea de lo que es vivir en esa casa sin saber si estabas vivo o muerto?
Damon desvió la mirada, incapaz de sostenerle el juicio a esos ojos que lo desarmaban.
—Estaba ocupado, Lixy. Tenía asuntos que arreglar.
—A mí sí me contestó —soltó Ulices con una sonrisa maliciosa, disfrutando del drama.
Lixy giró la cabeza hacia Ulices y luego volvió a mirar a Damon, su rostro transformándose de preocupación a una furia fría.
—¡¿Qué?! ¿Le contestaste a él y no a mí? —Su voz bajó de tono, volviéndose peligrosa—. ¡Damon!
—Hablamos en casa, ¿sí? —pidió él, notando que la atención de los presentes empezaba a centrarse en ellos—. Aquí no es el lugar.
—Nos vemos en casa —sentenció Lixy, dándose la vuelta con la dignidad de una reina herida. Salió del bar sin mirar atrás, dejando un rastro de perfume y tensión.
Damon le dio un golpe seco —un "sape"— a Ulices en cuanto ella cruzó la puerta.
—¿Tenías que decir eso, imbécil?
—¡Ay! —se quejó Ulices sobándose la cabeza—. ¿Por qué no le contestaste a ella, Damon? Es tu mejor amiga.
—Por tu culpa —gruñó Damon, pidiendo un trago fuerte.
—¿Por qué es mi culpa?
—Porque metiste ideas en mi cabeza. Lo de "intentarlo"... tu molestia funcionó. Me fui una semana completa huyendo de eso y ni los mensajes le contestaba para no flaquear.
Ulices lo miró con una mezcla de lástima y burla.
—Serás idiota, Falco. La distancia no cura lo que tienes. Lo empeora.
### La Confrontación en la Suite
Horas más tarde, Damon abrió la puerta del apartamento con una lentitud cautelosa. El silencio que lo recibió era diferente al de las mañanas habituales; este era un silencio cargado, pesado como el plomo.
—Lixy... —llamó suavemente.
—Ven acá —se escuchó la voz de ella desde el comedor.
Damon caminó hacia allí y la encontró sentada, con los brazos cruzados y una expresión que no admitía excusas. Se detuvo frente a ella y, con la voz quebrada por la honestidad, soltó las únicas palabras que podían servirle de escudo.
—Lo siento.
Lixy suspiró, su hombros cayendo un poco al ver el arrepentimiento real en el rostro de su amigo.
—¿Por qué no me contestaste a mí, pero a Ulices sí? Responde la maldita pregunta, Damon.
—Porque Ulices me hizo pensar estupideces —confesó él, dando un paso al frente.
Lixy elevó una ceja, intrigada.
—¿De qué hablas?
Damon tomó aire, como si estuviera a punto de saltar a un abismo.
—De lo que dijo en el bar... lo de intentarlo.
Lixy sintió un vuelco en el estómago. El nerviosismo la invadió de inmediato, pero intentó ocultarlo con una risa forzada.
—¿Ah? ¡Pfff! ¡Jajajaja! Ay Dios, Damon, el viaje te afectó el cerebro. Sabes mejor que nadie la regla de oro: con los amigos, NO.
Damon la observó en silencio mientras ella se reía, notando el rastro de duda en su voz. Al final, él solo suspiró, dejando caer los brazos.
—Bien. Olvida lo que dije.
Se dio media vuelta y caminó hacia su habitación sin decir una palabra más. Lixy se quedó helada. No esperaba esa rendición tan rápida.
—¡Damon! —lo llamó, pero él no se detuvo—. ¡Damon!
Movida por un impulso que no supo racionalizar, se puso de pie y lo siguió. Damon entró en su cuarto dejando la puerta entreabierta. Lixy llegó justo a tiempo para verlo quitarse la camisa con un movimiento fluido.
Se quedó paralizada en el umbral. Por primera vez en cinco años, rompía la barrera visual que se habían impuesto. Sus ojos recorrieron la espalda ancha y musculosa de Damon, pero lo que más la sorprendió no fue su físico, sino el intrincado diseño de unas rosas negras que trepaban por su piel.
Damon sintió la presencia de alguien detrás de él. Se giró con lentitud, atrapándola en el acto. Lixy, presa del pánico, giró su cuerpo hacia el lado contrario, mirando a la pared del pasillo.
—Lo... lo siento —tartamudeó.
—¿Me estabas viendo? —preguntó él, su voz ahora cargada con un matiz de seguridad que la hizo temblar.
—¿Ah? Yo... no...
Damon se acercó a la puerta, acortando la distancia.
—Me estabas viendo, ¿verdad? ¿Te gustó lo que viste, mi niña?
—No —mintió ella, aunque su respiración era errática.
Damon soltó una risita oscura y masculina que le erizó la piel.
—¡Oye! —exclamó ella, usando la puerta como escudo para no ver su torso desnudo—. Cámbiate de una vez.
—No lo haré —respondió él, apoyándose en el marco de la puerta.
Lixy cerró los ojos, tratando de calmar los latidos de su corazón. *(¿Qué es esto que estoy sintiendo?)*, se preguntó. Para romper el hechizo, se obligó a hablar de algo trivial.
—No sabía que tenías tatuajes de rosas. Tampoco que te gustaban.
—Tenemos cinco años viviendo juntos, Lixy, y aun así hay muchas cosas que no sabes de mí —dijo él, su voz ahora muy cerca de su oído—. Ya quítate de la puerta y ven. Pasa.
Lixy dudó un segundo, pero la curiosidad y la cercanía de Damon la vencieron.
—¿Por qué? ¿Por qué me dices "mi niña"?
Damon esperó a que ella se relajara. Lixy finalmente soltó el pomo de la puerta y entró en la habitación, sentándose en la orilla de su cama. Él la observó con una ternura que dolía.
—Sabes por qué te lo digo. A veces pareces una niña... una malcriada, por cierto.
—Oye —se quejó ella, pero con una sonrisa suave—. Sabes mejor que nadie que ese lado tierno y vulnerable no lo saco con cualquiera. Solo contigo puedo ser así.
—Lo sé —Damon se acercó, quedando frente a ella, todavía sin camisa, imponente—. ¿Y estás segura de que eres como te traten?
—Sí, lo estoy —afirmó ella, sosteniéndole la mirada con valentía.
Damon se inclinó un poco, invadiendo su espacio personal.
—¿Qué pasa si juego contigo, Lixy?
—Te sigo el juego —respondió ella casi en un susurro, desafiante.
—¿Segura? —Damon arqueó una ceja—. Entonces juguemos.
—¿A qué?
—Seducción.
Lixy soltó una carcajada nerviosa, aunque sus manos temblaban ligeramente sobre el cobertor de la cama.
—¡Pfff! ¡Jajajaja! ¿Tú me quieres seducir a mí? Pero Damon... eres mi amigo. Recuerda la regla.
—No tendremos relaciones —aclaró él, cortando su risa con la seriedad de su propuesta—. Todo menos eso. Todo lo que hace una pareja, excepto la intimidad total.
Lixy procesó las palabras. El corazón le iba a mil por hora.
—Pero... básicamente ya hacemos casi todo eso. Vivimos juntos, nos cuidamos...
—Te equivocas —la interrumpió él, dando un paso más hacia ella—. Ni nos besamos, ni nos vemos desnudos, ni nos tocamos de esa forma. En lo demás tal vez sí, pero en lo esencial, estamos muy lejos.
Lixy se puso de pie de un salto, abrumada por la intensidad del momento. La suite se sentía más pequeña que nunca.
—Déjame... déjame pensarlo, ¿sí? Esto es mucho para procesar.
Damon asintió con una calma que ella no poseía.
—Tienes un día, Lixy. Mañana espero tu respuesta.
### El Pacto
Pasaron veinticuatro horas de una tensión insoportable. Al día siguiente, Damon la encontró en la sala. La miró a los ojos, esperando el veredicto que cambiaría el rumbo de sus vidas para siempre.
—Lixy...
Ella lo miró, y en ese cruce de miradas, la regla de los cinco años se desmoronó por completo.
—Está bien —dijo con voz firme—. Acepto el juego.
Damon se acercó a ella con una lentitud predadora, su expresión transformándose en algo que Lixy nunca había visto antes: determinación pura.
—No habrá vuelta atrás, ¿lo sabes? Una vez que crucemos esta línea, la amistad nunca volverá a ser la misma.
Lixy asintió, incapaz de articular palabra. Damon, sin previo aviso, la rodeó con sus brazos y la cargó al estilo princesa. Ella soltó un pequeño grito de sorpresa, rodeando el cuello de él con sus brazos de forma instintiva.
—Bien —susurró Damon contra su frente—. Que comience el juego.
Mientras la llevaba hacia el interior de la suite, Lixy supo que Houston ya no sería la misma para ellos. Habían abierto una caja de Pandora, y aunque la "regla" seguía técnicamente en pie respecto a la intimidad, la seducción estaba a punto de reescribir cada rincón de su convivencia.
Lixy...qué fue eso ???....celos !!...no qué no ? /Slight//Chuckle//Chuckle//Proud/