Klaus Glendson Cassano es el primogénito de la familia más temida de Manchester. CEO de una gran empresa y Don de una de las mafias más influyentes, es conocido por su frialdad, su inteligencia aguda y una brutalidad sin límites. Entre noches llenas de fiestas y una vida de poder absoluto, Klaus vive bajo la constante presión del consejo para cumplir un deber que insiste en postergar: el matrimonio.
Tras años evitando compromisos, el consejo decide intervenir y pone en riesgo su título como Don. Obligado a elegir una esposa entre las herederas de la mafia, Klaus se niega a ser manipulado. Acepta casarse… pero con una condición: la elección será suya, y solo suya.
Entre amenazas veladas, alianzas políticas y juegos de poder, Klaus inicia su propia cacería. Pero lo que era solo una obligación estratégica puede convertirse en un desafío aún mayor cuando la mujer equivocada —o demasiado correcta— cruza su camino.
Porque, en el mundo de Klaus Cassano, amar es debilidad. Y él no acepta flaquear.
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El secreto de los Martineli.
Otra vez esa misma sensación. Siento su mirada asquerosa sobre mí, y sentirla es como un cuchillo en la garganta. Miro alrededor del cuarto: las ventanas están cerradas con llave y la puerta también, pero siento que me observa.
Mi pecho sube y baja sin control. No puedo regular mi respiración. Me inclino y tomo el cuchillo que dejé en la mesita de noche. Escucho pasos que se acercan a la puerta; miro por debajo y veo que hay alguien del otro lado. Trago saliva, sujeto el cuchillo con fuerza y me levanto de la cama en silencio.
Escondo el cuchillo detrás de la espalda y con la otra mano sujeto la manija con cautela. En cuanto abra la puerta, voy a poner fin a esta sensación angustiante, a todas las noches que paso despierta con miedo de él. En este momento mi mano tiembla como hoja al viento y mi corazón parece que va a explotar en cualquier momento. Cuando por fin me armo de valor, abro la puerta.
- Alana, ¿ya estás despierta? Todavía son las 5:50 de la mañana.
Dice la hermana Fátima, una monja que me cuida desde mis 15 años.
Esboza una sonrisa forzada y mantengo el cuchillo detrás de la espalda. ¡Jesús! Casi mato a la única persona que se preocupa por mí.
- ¿Alana?
Salgo de mis pensamientos cuando ella me llama.
-¿Ah? ¿Qué?
-Mi niña, andas tan distraída.
Dice tocándome la cara.
- Perdona, hermana Fátima. No quería despertarte. Tuve una pesadilla y no pude volver a dormir.
Miento, y ella sigue acariciándome la cara.
-Mi niña, si quieres me puedo quedar aquí contigo, todavía es muy temprano.
-Sí quiero. Eres un ángel en mi vida, hermana Fátima.
Digo, y ella me abraza. Sin querer, el cuchillo cae al suelo, pero rápidamente lo pateo por debajo de la cama.
-¿Qué fue ese ruido?
Pregunta alejándose del abrazo y mirando al suelo.
-Algo se debe haber caído, pero no debe ser nada importante. Ahora, ¿podemos acostarnos? Tengo sueño.
Ella sonríe.
-Tienes toda la razón, no debe ser nada. Claro que sí, mi amor, vamos a acostarnos.
Caminamos hasta la cama, nos acostamos y ella sonríe.
- Recuerdo cuando tenías 17 años: siempre tenías pesadillas y te despertabas gritando. Entonces me acostaba contigo y solo así podías dormir tranquila.
La hermana Fátima no sabe, pero fue exactamente en esa época cuando ese monstruo empezó a "visitarme" mientras dormía. Yo siempre fingía que dormía, pero cuando empezaba a tocarme, gritaba, y cuando abría los ojos, no había nadie. Fátima siempre corría hasta acá y yo le decía que era una pesadilla, pero la ventana del cuarto siempre estaba abierta, lo cual era extraño, ya que cuando me dormía, siempre la cerraba.
Como no tengo pruebas, solo finjo que tengo pesadillas, pero el olor asqueroso de su perfume se filtra mientras finjo dormir.
-Gracias por ser la única persona que se preocupa por mí, hermana Fátima.
Digo, y ella me mira con ternura.
-No digas eso, tu padre y tus hermanos se preocupan por ti, niña.
-Claro, se preocupan tanto que me dejaron en este rincón del mundo.
Digo jalando la cobija hacia mí.
-Querida...
-Por favor, durmamos.
Digo cerrando los ojos. Ella suspira y termino quedándome dormida.
Me despierto con la claridad molestando mis ojos. Miro la pared y veo que ya son las ocho. Me levanto, me baño y hago mi higiene personal. Me pongo un vestido floreado y bajo. En cuanto llego a la cocina, siento un olor delicioso.
-Buenos días, hermana Fátima, ¿qué olor tan maravilloso es ese?
Pregunto sonriendo.
- Buenos días, mi querida. Hoy hice un desayuno especial.
Dice contenta.
-¿Por qué especial?
-¿No recuerdas que hoy es el día que vienen tus hermanos a visitarte?
Es verdad, ¡se me había olvidado por completo! Ellos son los únicos que todavía vienen a verme.
Sin darme tiempo de responderle a Fátima, escucho una voz familiar.
-¡Hola, hermanita!
Miro rápido y veo a Leon, todo elegante y con una sonrisa. Corro hacia él y lo abrazo.
-¡Hermano! Te extrañaba tanto.
Él devuelve el abrazo y me revuelve el cabello.
-Yo también, hermanita.
Me separo sonriendo y miro a los lados.
-¿Dónde está Guxta? También lo extraño.
Pregunto, y Leon se pasa la mano por el cabello.
-Guxta no pudo venir, tuvo que quedarse atendiendo un asunto, pero mandó abrazos y dice que te extraña mucho.
Cruzo los brazos.
- Me imagino ese "asunto". Siguen matando personas. ¡Eso es un crimen y un pecado!
Digo, y Leon ríe.
- Convives tanto con Fátima que estás empezando a volverte monja.
-Puede que sí, ya que ella es lo más cercano que tengo a una "familia", dado que tú, Guxta y nuestros padres me dejaron aquí.
Digo, y él suspira.
- Alana, ya te dejé claro que es para tu bien. No quiero discutir esto contigo.
-Tienen razón. Es mejor que se sienten y tomen el café que acabo de preparar.
Dice la hermana Fátima, y eso es exactamente lo que hacemos. La mañana pasó muy rápido. Leon y yo nos divertimos mucho: paseamos por el pequeño pueblo e hicimos compras que alcanzarán para el siguiente mes.
Estaba nerviosa, pero necesito contarle a alguien lo que pasa cuando llega la noche. Leon y yo caminábamos delante de los guardaespaldas que cargaban las bolsas.
-¿Leon?
-Sí.
- Eh... tengo una sensación extraña mientras duermo, como si alguien me observara y a veces incluso me tocara, yo-
- Deben ser alucinaciones.
Dice sin prestarme atención.
-¡No lo son! ¿Podrías reforzar la seguridad de la casa?
Pregunto, y él se pasa la mano por la cara.
-Ya hay suficientes hombres. Debe ser solo tu imaginación.
-Pero-
-Ya basta de ese tema, Alana.
Aunque me enoja, decido callarme. Siento los ojos arder con las lágrimas a punto de rodar, pero me trago el llanto.
Almorzó con nosotras y luego se fue. Dijo que iba a una fiesta y como el viaje es largo, tuvo que salir pronto. Fui a la pequeña terraza del cuarto, tomé un lienzo, mis pinceles, las pinturas y empecé a dibujar el paisaje. Es mi pasatiempo principal, ya que solo puedo salir si es a la iglesia con Fátima.
¡Dios! Es tan sofocante ser el "secreto" de la familia. Intenté por años arrancarle a Fátima el motivo por el que me mandaron para acá, pero nunca responde, siempre cambia de tema. Y como si fuera poco, Leon no creyó nada de lo que dije. Pero estoy segura de que Guxta me habría creído.
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Alana Rossi Martineli.
22 años, una chica dulce, simpática y muy alegre.
gracias por compartirla escritora hermosa historia 💯💯💯💯💯💯♥️🥰