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PACTO DE PIEL Y SANGRE

PACTO DE PIEL Y SANGRE

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Venganza
Popularitas:739
Nilai: 5
nombre de autor: Paula_noches de tintas

Empezó como una partida silenciosa de ajedrez, un juego peligroso de miradas calculadas, provocaciones sutiles y movimientos estudiados para ver quién caía primero. Cada palabra era un peón avanzado con premeditación; cada roce, una jugada de distracción en un tablero invisible donde ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder el primer jaque mate.

Pero se descuidaron. En el juego de adivinar las intenciones del otro, el orgullo se fracturó y el tablero terminó por romperse. Ya no quedaban estrategias ni tácticas de defensa, solo la certeza desesperada de que, de tanto jugar a lastimarse, habían terminado enredados en un amor tan intenso y ciego que quemaba, incapaces de rendirse aunque perder significara entregarlo todo.

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Escándalos de antro y la intensa tras sus pasos

Aquí tienes la edición y el pulido completo de tu capítulo. Se han corregido pequeños detalles de puntuación y sintaxis (incluyendo el uso correcto del guión largo — en los diálogos), mejorando la fluidez narrativa y acentuando el contraste entre la tensión, los celos iniciales, la comedia del escándalo y el suspenso protector que motiva a Natalia a perseguir a Axel.

Los días posteriores a la llamada amenazante transcurrieron bajo una falsa calma. Había decidido mantener la guardia alta, ignorar los mensajes fantasma y seguir adelante con mi fachada de chica intocable. Pero la presión acumulada en el pecho exigía una válvula de escape, y el pretexto perfecto se presentó con el inminente viaje de Fabián a Italia por asuntos de la constructora.

—Por favor, Fabián, no me vengas con tus aires de aburrido de la vieja escuela —le insistí por enésima vez, cruzándome de brazos frente a su escritorio con una sonrisa retadora—. Te vas un mes entero y pretendes que te despidamos con una cena familiar de tíos aburridos tomando té de manzanilla. ¡Ni lo sueñes! Vamos a irnos de fiesta esta noche, a un club de verdad, o me encargaré de sabotear tus maletas para que tu pasaporte termine misteriosamente en la basura.

Fabián suspiró, frotándose el puente de la nariz con total resignación, sabiendo perfectamente que cuando se me metía una idea en la cabeza era imposible sacármela.

—Está bien, Natalia. Tú ganas —cedió al fin, negando con la cabeza y esbozando una sonrisa divertida—. Pero te advierto que a las dos de la mañana me regreso a dormir, porque tengo un vuelo que tomar.

—Trato hecho —le canté con tono de victoria rotunda.

A medianoche, el ambiente en el club nocturno más exclusivo de la ciudad era una auténtica caldera de bajos electrizantes, luces de neón que cortaban la penumbra y una multitud entregada al descontrol. Nos habíamos instalado en una de las zonas VIP con la mejor vista a la pista, y la noche fluyó entre risas, música estridente y brindis continuos. Llevábamos allí un buen rato, disfrutando del alcohol que comenzaba a hacer efecto y relajando la tensión de los últimos días.

Me movía al ritmo de la música, sintiendo cómo el ambiente se volvía cada vez más espeso, cuando mis ojos de cazadora, por pura costumbre, escanearon la entrada principal.

Y fue entonces cuando los vi cruzar el umbral.

Damián iba un paso más atrás, charlando con alguien del personal, pero mis pupilas se clavaron de inmediato en la imponente figura de Axel, quien caminaba con esa seguridad insolente que tanto me exasperaba... y que tanto me atraía. Sin embargo, lo que verdaderamente hizo que se me detuviera el corazón y un agudo ardor de celos me quemara la boca del estómago no fue él, sino la mujer que venía colgada de su brazo. Era simplemente despampanante: alta, de una melena negra impecable, curvas voluptuosas embutidas en un vestido corto y brillante, y una sonrisa de absoluta seguridad. Una auténtica bomba sexy que parecía sacada de una pasarela.

¿Y esta Barbie de repuesto de dónde salió?, pensé con furia sorda, sintiendo ganas irrefrenables de cruzar la pista y arrancarle las pestañas a tirones, mientras recordaba que días atrás apenas si se dignaba a mirarme de reojo.

—Tranquila, Natalia, vas a romper el vaso si sigues apretándolo con tanta fuerza —me susurró Laila al oído, soltando una carcajada socarrona al notar cómo fulminaba con la mirada al grupo.

—Cállate —le siseé sin apartar los ojos de Axel y de su amiguita.

Para colmo, al llegar a nuestra mesa, Axel alzó la voz para saludar a Noah —quien lo había invitado— y nos presentó a todos, señalando a la imponente morena sin detallar la naturaleza de su relación:

—Ella es Eli —nos la presentó con total naturalidad, mientras la mujer sonreía con suficiencia.

El ambiente en el reservado VIP seguía vibrando al ritmo de la música electrónica, pero la tensión en la mesa había cambiado de rumbo. Mientras Fabián intentaba restarle importancia al asunto tomando un sorbo de su trago, yo no podía apartar la mirada de Eli.

Para mi sorpresa, tras dejar a los hombres charlando unos pasos más allá, Eli se desvió con soltura y se acercó directamente a nuestra mesa, pidiendo permiso con una sonrisa para ocupar el asiento vacío que estaba a mi lado.

—Vaya nochecita, ¿no crees? —me dijo con voz melodiosa, pidiéndole un trago al camarero antes de volverse hacia mí con curiosidad en la mirada—. Por cierto, me alegra conocerte por fin, Natalia. Noah y Axel me han hablado mucho de ti... de diferentes maneras, por supuesto.

La miré de reojo, sintiendo una mezcla de desconfianza y los últimos destellos de unos celos infundados. Cruzarme de brazos fue un reflejo automático.

—Mmm —dije con frialdad—. Y dime, Eli, ¿exactamente qué tan cerca estás de Axel? Porque verlo llegar del brazo de una bomba morena como tú no es algo que pase desapercibido.

Eli soltó una carcajada cristalina, divertida por la evidente espina con la que le había lanzado la pregunta. Se inclinó un poco hacia mí, bajando el tono para que el bullicio de la música no opacara sus palabras.

—Tranquila, preciosa, bájale dos rayitas a las alarmas —me susurró con una sonrisa pícara en los labios—. Entre Axel y yo no pasa ni pasará jamás nada de ese estilo. Es un buen amigo, sí, pero si a mí me diera por fijarme en alguien con interés romántico, te juro que antes de mirar a Axel o a cualquier otro hombre de este antro, me fijaría mil veces en ti... o incluso en la guapa chica que tienes al lado, Laila, que vaya que tiene estilo. Las mujeres como ustedes son harina de otro costal.

Me quedé completamente descolocada, parpadeando un par de veces ante una confesión tan directa y desinhibida.

—¿Ah, sí? —fue lo único que atiné a decir, con las defensas a medio gas y una sonrisa de asombro intentando asomarse.

—Totalmente —aseguró guiñándome un ojo con total complicidad—. Los hombres son demasiado predecibles. En fin, cambiando de tema... ¿sabes dónde queda el baño por aquí? Este lugar es un laberinto y ya empiezo a desesperarme.

—Sigue el pasillo de la derecha al fondo, pasando los reservados exclusivos —le indiqué señalando con la cabeza.

—¡Perfecto, salvada de nuevo! Ahorita vuelvo —dijo Eli, levantándose con gracia de la silla y perdiéndose entre la marea de luces estroboscópicas hacia la zona trasera, sin imaginar el espectáculo que estaba a punto de desatar.

Unos minutos después, un grito ahogado y una maldición resonaron por encima de la música electrónica.

Todas las miradas de nuestra mesa y de los reservados cercanos se giraron de golpe. Eli salió de la zona de los baños con los ojos inyectados en furia, arrastrando literalmente por los cabellos a una chica aterrorizada: la mismísima «chica koala», la supuesta novia formal de Axel, quien venía con el vestido desacomodado, el maquillaje corrido y ajustándose la ropa de manera torpe tras haber estado con un desconocido en los lavabos.

—¡Miren a la zorrita fiel del pobrecito Axel! —gritó Eli a todo pulmón, arrastrándola sin piedad hasta el centro de la pista mientras medio local se quedaba en absoluto silencio por el escándalo—. ¡Para que veas con qué clase de alimaña te estaba metiendo, idiota! ¡Aquí tienes a tu mujercita poniéndote los cuernos en nuestras narices! —exclamó, arrojándola a los pies de Axel.

El caos estalló de inmediato. Los murmullos e incrédulas risas de los presentes inundaron el lugar. Axel dio un paso al frente con el rostro desencajado por la impresión y la furia contenida, mirando a su novia con una mezcla de asco y desengaño. La chica koala se arrodilló al instante en el suelo sucio del club, aferrándose a los zapatos de Axel mientras rompía en un llanto estruendoso, suplicando perdón y balbuceando excusas absurdas mientras le abrazaba las piernas.

—¡Axel, por favor, perdóname! ¡Estaba borracha, fue un error, te lo juro! ¡No me dejes, yo te amo! —chillaba a moco tendido ante la mirada atónita de todos los presentes.

Axel, con una frialdad glacial y la mandíbula tensa a punto de estallar, se desprendió de su agarre con un movimiento seco de pierna, dándole la espalda sin dedicarle una sola palabra. Se dio media vuelta y salió disparado del lugar a zancadas furiosas, huyendo del escándalo directo hacia la salida.

Me quedé parada en el borde del reservado, observando la escena con una mezcla de satisfacción y profunda preocupación. Aunque por dentro me burlaba de la humillación de la chica koala, conocía lo suficiente a Axel como para saber que ese orgullo herido, sumado al alcohol acumulado en la noche, lo llevaría directo al fondo de una botella y a una maniobra peligrosa al volante.

Sin pensarlo dos veces e ignorando las protestas de mi hermano, me lancé tras él.

—¡Ahorita regreso, Fabián, cuida mis cosas! —grité, abriéndome paso entre la multitud que aún comentaba el altercado.

Salí a la calle justo a tiempo para ver cómo Axel se montaba en su motocicleta, acelerando de golpe mientras las llantas rechinaban contra el asfalto. Corrí hacia mi auto estacionado a pocos metros, subí a toda prisa y lo seguí a una distancia prudente por las avenidas oscuras de la ciudad.

Conducía como un alma llevada por el diablo, zigzagueando entre los pocos vehículos que a esa hora transitaban por la vía. Llegamos a un local mal iluminado en las afueras. Aparqué justo detrás de su moto, apagué el motor y tomé una respiración profunda.

Empujé la puerta de madera oscurecida del bar. El olor a cerveza barata y humo me golpeó de inmediato. En una de las mesas del fondo, encorvado sobre la barra con un vaso de licor oscuro en la mano, estaba él. Me acerqué con paso firme, dispuesta a ser la única fuerza capaz de arrancarlo de su propio infierno.

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Michel Yandi
me encanta esta historia 🦆✨
Paula Nuñez: ¡Muchísimas gracias por tu apoyo! Me alegra un montón que te esté gustando la historia. Si te atrapó, te invito a pasar por mi perfil para que le eches un vistazo a mis otras novelas. ¡Seguro que también te van a encantar! ❤️✨
total 1 replies
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