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No Eras Parte De La Venganza

No Eras Parte De La Venganza

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Completas
Popularitas:3.5k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

Ellos se conocen desde que tenían diez años. Antes eran amigos. Competían por todo, se molestaban y discutían, pero podían pasar una tarde entera juntos sin problema. Hasta que un accidente, una peluca y un rumor cambiaron todo. Ella creyó que él había contado su secreto más vergonzoso. Él nunca tuvo la oportunidad de explicarse. Así que ella decidió vengarse. Él terminó con una pierna rota. Y desde entonces, se declararon la guerra. Han pasado años y siguen igual. Se insultan, compiten, se provocan y aprovechan cualquier oportunidad para demostrar quién es mejor. Lo curioso es que ninguno parece tomárselo demasiado en serio… al menos hasta que sus madres, mejores amigas desde siempre, tienen la brillante idea de que deberían salir juntos. Una cita. Solo una. Para complacerlas. El problema es que sus madres parecen tener otros planes. Y quizás pasar tanto tiempo con la persona que más detestas no sea tan terrible cuando descubres que, debajo de todas esas peleas, todavía queda algo de aquellos dos niños que alguna vez se llevaban bien. Aunque claro… Primero tendrán que sobrevivir a las citas sin matarse. O sin cometer algún error que los haga verse cara a cara para siempre…..

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

No querer mirar

Llegué a mi departamento con una sola misión.

Hacer la prueba.

Y sobrevivir al resultado.

Nada más.

Entré, dejé las llaves sobre la mesa y me quedé unos segundos mirando la pequeña bolsa que llevaba en la mano.

—Esto es ridículo.

La abrí.

Saqué la prueba.

La miré.

La volví a mirar.

—Solo tengo que hacerlo.

Fácil.

Sencillo.

No tenía por qué entrar en pánico.

Había pasado por exámenes universitarios.

Había tenido discusiones con Knox durante diez años.

Había sobrevivido a una cita con él.

Podía hacer esto.

Fui al baño.

Después de unos minutos, dejé la prueba sobre el lavamanos.

La miré.

—Ahora solo tengo que esperar.

Mi corazón comenzó a latir más rápido.

No.

No iba a mirarla.

Me di la vuelta.

Salí del baño.

Cerré la puerta.

Y me quedé parada frente a ella.

—No.

Volví a abrirla.

Miré la prueba desde lejos.

—No.

La cerré otra vez.

Caminé hasta la cocina.

Abrí la nevera.

La cerré.

Abrí un cajón.

Lo cerré.

Volví a mirar el reloj.

Solo habían pasado unos segundos.

—¿Por qué el tiempo decidió detenerse justo ahora?

Intenté sentarme en el sofá.

No pude.

Me levanté.

Caminé por la sala.

Volví a sentarme.

Me levanté otra vez.

—Blair, tranquilízate.

Me hablé a mí misma.

—Solo es una prueba.

Sí.

Una prueba que podía cambiar absolutamente todo.

—Genial.

Me dejé caer en el sofá.

Entonces apareció Knox en mi cabeza.

Su rostro.

Su voz.

Su cuerpo.

La noche del hotel.

Me tapé la cara.

—No pienses en él.

Silencio.

—No pienses en Knox.

Mi cerebro, naturalmente, decidió hacer exactamente lo contrario.

Recordé cómo había despertado aquella mañana.

Él estaba demasiado cerca.

Su brazo había estado sobre la almohada.

Su cabello estaba desordenado.

Y…

—¡Basta!

Me levanté de golpe.

—¡Esto no ayuda!

Fui hasta la cocina y tomé un vaso de agua.

Lo bebí lentamente.

Intenté respirar.

Todo podía tener otra explicación.

El estrés.

Los cambios de rutina.

La universidad.

Incluso alguna alteración hormonal.

Sí.

Eso era posible.

Muy posible.

Me aferré a esa posibilidad.

Hasta que miré nuevamente hacia el pasillo.

El baño seguía allí.

Y dentro estaba la respuesta.

—Todavía no.

Me crucé de brazos.

—Todavía no quiero saber.

Pasaron unos minutos.

Después otros.

El teléfono vibró sobre la mesa.

Lo agarré inmediatamente.

Una notificación cualquiera.

Nada importante.

Lo dejé.

Volvió a vibrar.

Esta vez era un mensaje.

Knox:

¿Llegaste bien?

Me quedé mirando la pantalla.

¿Por qué me escribía?

Y, peor todavía…

¿Por qué me importaba?

Tecleé una respuesta.

Sí.

La borré.

Escribí:

Sí, sobreviví a la tienda.

La borré también.

Finalmente envié:

Sí.

Tres puntos aparecieron casi inmediatamente.

Knox:

Bien.

Nada más.

Miré el mensaje.

—Perfecto.

Dejé el teléfono boca abajo.

Intenté distraerme.

No funcionó.

Finalmente me levanté.

Caminé hacia el baño.

Puse la mano sobre el picaporte.

Mi corazón comenzó a golpearme el pecho.

—Solo tienes que mirar.

No abrí.

—Puedes hacerlo.

Nada.

—Vamos, Blair.

Abrí la puerta.

La prueba seguía exactamente donde la había dejado.

Me quedé mirándola.

Dos segundos.

Tres.

Cuatro.

Sentí que me faltaba el aire.

Extendí la mano.

La acerqué.

Y justo cuando estaba a punto de verla…

Solté la prueba.

—No puedo.

Me alejé rápidamente.

Cerré la puerta.

—Todavía no.

Me apoyé contra la pared.

Cerré los ojos.

No quería saber.

Porque mientras no mirara el resultado, todavía podía fingir que nada había cambiado.

Todavía podía convencerme de que solo estaba enferma.

De que aquella noche no había significado nada.

De que Knox no tenía absolutamente nada que ver.

Pero sabía que estaba mintiéndome.

Porque, tarde o temprano, tendría que abrir esa puerta.

Y mirar.

Solo que todavía no.

Todavía no estaba preparada para descubrir la respuesta.

......................

La noche avanzó.

Y yo seguía despierta.

Miré el reloj de mi teléfono.

2:17 a. m.

—Perfecto.

Llevaba horas dando vueltas en la cama.

Había intentado dormir.

Había intentado estudiar.

Había intentado mirar una serie.

Incluso había intentado contar mentalmente todas las razones por las que aquella prueba podía salir negativa.

Ninguna funcionó.

Porque cada vez que cerraba los ojos aparecía la misma imagen.

La prueba.

Esperándome en el baño.

Abrí los ojos nuevamente.

Miré el techo.

—No puedo seguir así.

Me incorporé.

El departamento estaba completamente silencioso.

Solo se escuchaba el ruido lejano de algún auto pasando por la calle.

Me levanté de la cama.

Caminé descalza hasta el pasillo.

Cada paso parecía hacer demasiado ruido.

Llegué frente a la puerta del baño.

Me quedé ahí.

Otra vez.

Como había hecho durante horas.

Pero esta vez no retrocedí.

Tomé el picaporte.

Abrí.

La luz del baño me pareció demasiado fuerte, así que encendí solamente la pequeña luz del espejo.

La prueba seguía sobre el lavamanos.

La misma.

La que había dejado allí horas atrás.

Me acerqué.

Mi corazón empezó a latir con tanta fuerza que podía escucharlo.

—Solo mírala.

No podía.

Extendí la mano.

La tomé.

La giré.

Y entonces vi el resultado.

Dos líneas.

Me quedé completamente inmóvil.

Durante unos segundos no reaccioné.

Mi cerebro simplemente se negó a procesarlo.

—No…

Miré nuevamente.

Dos líneas.

Sentí que el estómago se me hundía.

Me senté lentamente sobre el borde de la bañera.

La prueba seguía entre mis dedos.

Positiva.

La palabra apareció en mi cabeza una y otra vez.

Positiva.

—Estoy embarazada.

Lo dije tan bajo que casi no me escuché.

Volví a mirar la prueba.

Como si pudiera cambiar.

Como si, por observarla suficiente tiempo, una de las líneas fuera a desaparecer.

No desapareció.

Una risa nerviosa escapó de mi garganta.

—Esto no puede estar pasando.

Me llevé una mano a la frente.

Mi mente comenzó a correr.

La universidad.

Mis clases.

Mi departamento.

Mis padres.

Mi vida.

Todo.

Y después apareció el último pensamiento.

El más inevitable.

Knox.

Cerré los ojos.

—No.

Pero sabía perfectamente que sí.

Si realmente estaba embarazada…

Entonces había una posibilidad que no podía ignorar.

Aquella noche.

El hotel.

Las horas que ninguno de los dos recordaba.

La mañana siguiente.

La cercanía entre nosotros.

Y ese maldito tatuaje que había aparecido en la piel de Knox.

Sentí un escalofrío.

Hasta ese momento había intentado separar todas esas cosas.

Pero ahora estaban conectadas en mi cabeza.

Me quedé sentada en silencio.

No lloré.

No grité.

Ni siquiera sabía qué sentir.

Solo tenía una certeza.

Había algo creciendo dentro de mí.

Y el padre podía ser el hombre que llevaba diez años intentando mantener lo más lejos posible de mi vida.

Miré nuevamente la prueba.

—Knox me va a matar.

Hice una pausa.

—No.

Negué con la cabeza.

—Primero voy a matarlo yo.

Pero ni siquiera mi propio intento de humor consiguió hacerme reír.

Porque, por primera vez en mucho tiempo, no tenía idea de qué hacer.

Y esa vez no podía simplemente alejarme de Knox.

Tarde o temprano iba a tener que decírselo.

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Vanessa Fernandez Ocando
felicidades
Paula Giaccaglia
cómo se llama el bebé?
Iskka Amira
Excelente me encanta mucho esta historia, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia 🫂
Paula Giaccaglia
Nooooooo escritora, ésto es MUY imposible!!! cómo puede ser que ninguno se haya dado cuenta que tuvo sexo!!! y sí tuvieron conciencia de vestirse!!!! sí al menos hubiesen estado desnudos en la cama era un poquito más creíble 🤭
Iskka Amira
es muy buena la novela, reciba mis felicitaciones, por casualidad ellos pertenecen a algo místico ya que se le quedó impreso el nombre de la PATRONA. 🤭

Vale la pena leerla, no nos vayas a dejar en el abandono
Sole Amado
jajajajaja esta buenísima aaaa me reee engancho espero los próximos capítulos ansiosa
Paula Giaccaglia
los dos tienen 20 años? mmmmmm 😱
Paula Giaccaglia
ésta escritora me encanta, una pena que vaya a saber cuándo siguen los próximos capítulos 😭
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