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LA DEBILIDAD DEL CEO

LA DEBILIDAD DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO / Romance / Romance de oficina
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: FOAR

Él tenía el poder. Ella solo quería hacer bien su trabajo.

Maximiliano Blackwood, el poderoso CEO de una de las empresas más importantes de Medellín, jamás imaginó que su nueva asistente personal se convertiría en la única mujer capaz de desestabilizarlo.

Valentina no llegó a su vida buscando amor, mucho menos a su jefe. Pero entre miradas, deseo, celos y una química imposible de ignorar, las reglas comienzan a romperse.

Porque cuando un hombre acostumbrado a tenerlo todo descubre que puede perder el control por una mujer…

ella deja de ser su asistente para convertirse en su mayor debilidad.

NovelToon tiene autorización de FOAR para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 4: UNOS CELOS INESPERADOS

El lunes comenzó como cualquier otro.

O al menos eso creyó Valentina.

Llegó a Grupo Blackwood a las siete y cuarenta y cinco de la mañana, con un café en una mano y su bolso en la otra.

—Buenos días —saludó al personal de recepción.

—Buenos días, Valentina.

Subió al piso treinta y dos y comenzó a organizar la agenda.

A las ocho en punto, la puerta del ascensor se abrió.

Maximiliano salió acompañado de uno de sus socios.

—Buenos días, señor Blackwood.

—Buenos días.

Sus ojos encontraron los de Valentina.

Fue apenas un instante.

Pero ambos recordaron el encuentro del viernes.

El restaurante.

La sonrisa de ella.

La mirada que habían compartido.

Maximiliano entró en su oficina sin decir nada más.

Valentina lo siguió con la mirada durante unos segundos.

—Compórtate —se dijo.

Abrió un correo.

Intentó concentrarse.

Entonces escuchó una voz masculina.

—¿Valentina?

Ella levantó la cabeza.

Un hombre de aproximadamente treinta años se acercaba a su escritorio.

—¿Daniel?

—No puedo creer que seas tú.

Valentina se levantó y sonrió.

—¡Qué sorpresa!

Daniel era un antiguo compañero de universidad.

Habían trabajado juntos durante un proyecto hacía algunos años y, aunque habían perdido contacto, se tenían cariño.

—¿Qué haces aquí?

—Trabajo con el departamento financiero.

—No sabía.

—Empecé hace dos semanas.

Daniel sonrió.

—Y yo sin saber que estabas aquí.

—Pues ya lo sabes.

Ambos comenzaron a conversar.

Desde el interior de su oficina, Maximiliano levantó la mirada.

Los vio.

Daniel estaba demasiado cerca.

Y Valentina estaba sonriendo.

Maximiliano dejó lentamente el documento que tenía en las manos.

No sabía quién era aquel hombre.

No sabía por qué estaba hablando con Valentina.

Y, sobre todo, no sabía por qué le molestaba.

Volvió a mirar la pantalla.

Intentó continuar trabajando.

No pudo.

Levantó nuevamente la mirada.

Daniel seguía allí.

Maximiliano apretó la mandíbula.

—¿Quién es?

No había nadie en la oficina que pudiera responderle.

Y, por alguna razón, eso lo irritó todavía más.

---

—Entonces, ¿sigues viviendo en Envigado? —preguntó Daniel.

—Sí.

—¿Y sigues soltera?

Valentina soltó una pequeña risa.

—¿Esa es tu manera de saludar después de tantos años?

—Solo tengo curiosidad.

—Sí. Estoy soltera.

—Me alegra saberlo.

Valentina lo miró con sorpresa.

—¿Por qué?

Daniel sonrió.

—Porque quizás podamos ponernos al día algún día.

Antes de que pudiera responder, la puerta de la oficina de Maximiliano se abrió.

—Valentina.

Ella se giró.

—¿Sí, señor Blackwood?

—Necesito que vengas un momento.

—Claro.

Valentina tomó una carpeta.

—Nos vemos después, Daniel.

—Claro.

Ella entró en la oficina.

Maximiliano cerró la puerta.

—¿Quién es?

Valentina lo miró confundida.

—¿Quién?

—El hombre de afuera.

—Daniel.

—¿Daniel qué?

Ella arqueó una ceja.

—¿Necesita saberlo?

Maximiliano se quedó en silencio.

Tenía una respuesta preparada.

Pero ninguna parecía apropiada.

—Necesito que me consigas el informe de las inversiones de la semana pasada.

Valentina lo observó.

—Está en su correo.

—Quiero una copia impresa.

—De acuerdo.

Se dio la vuelta para salir.

—Valentina.

Ella volvió a mirarlo.

—¿Sí?

—Ese hombre...

Hizo una pausa.

—¿Trabaja aquí?

—Sí.

—Bien.

Ella esperó.

—¿Eso era todo?

—Sí.

Valentina salió.

Maximiliano se quedó solo.

Se pasó una mano por el rostro.

¿Qué demonios estaba haciendo?

Nunca había interrogado a una empleada sobre su vida personal.

Nunca le había importado.

Y ahora había estado a punto de preguntarle si aquel hombre era su novio.

Se levantó y caminó hasta la ventana.

—Esto no puede estar pasando.

---

Una hora después, Valentina dejó unos documentos sobre su escritorio.

Daniel volvió a acercarse.

—¿Almuerzas conmigo?

Valentina sonrió.

—Hoy tengo mucho trabajo.

—Entonces mañana.

—Podría ser.

Desde la oficina, Maximiliano escuchó.

Y esa vez no pudo evitarlo.

Salió.

—Valentina.

Ella se giró.

—¿Sí?

—El almuerzo de hoy es conmigo.

Valentina parpadeó.

—¿Con usted?

—Sí.

Daniel miró a Maximiliano.

—Entonces será otro día.

—Claro —respondió Valentina.

Daniel se alejó.

Valentina miró a su jefe.

—¿Realmente tenemos un almuerzo?

Maximiliano sostuvo su mirada.

—Ahora sí.

Ella cruzó los brazos.

—¿Y por qué no estaba en la agenda?

—Porque acabo de decidirlo.

—Eso complica la organización.

—Usted puede solucionarlo.

Valentina negó con la cabeza.

—Definitivamente es imposible trabajar con usted.

Maximiliano sonrió.

—Y aun así lo está haciendo bastante bien.

Ella lo miró durante un segundo.

Y sin poder evitarlo, sonrió también.

Maximiliano sintió algo extraño en el pecho.

Una sensación que no le gustó.

Porque ya no era simple curiosidad.

Era algo más.

Algo que todavía no estaba dispuesto a nombrar.

Pero una cosa empezaba a quedar clara:

no le gustaba ver a otros hombres cerca de Valentina.

Y lo peor era que todavía no entendía por qué.

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