NovelToon NovelToon
La esposa muda del jefe de la mafia

La esposa muda del jefe de la mafia

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor tras matrimonio / Arrogante / Mafia / Novia sustituta / Ascenso de clase social / Enfermizo / Romance oscuro
Popularitas:754
Nilai: 5
nombre de autor: Ruby_Blair

Durante quince años, Paloma Linares vivió encerrada en un ático porque su familia consideraba su silencio una vergüenza. La noche en que su gemela huye de su propia boda, la visten de novia y la entregan en su lugar.
Su esposo es Alejandro Iturralde: heredero de un imperio millonario, supuesto paralítico y el hombre más temido de la Ciudad de México. Ante la prensa dirige hoteles y constructoras. En las sombras manda la Casa Iturralde, una organización en la que nadie desobedece al jefe dos veces.
Cuando se cierran las puertas de la recámara, Alejandro la llama por el nombre de su hermana… y se levanta de la silla de ruedas.
Paloma solo alcanza a escribirle tres palabras en la palma:
NO SOY ELLA.
Él descubre la sustitución, pero en vez de devolverla decide conservar a la esposa que nunca pidió. Lo que empieza como una trampa se convierte en una obsesión ardiente, peligrosa y cada vez más difícil de ocultar.
Pero Paloma no piensa cambiar el ático de sus padres por una jaula de oro. Entre noches incendiarias, una guerra por el control de la Casa y un embarazo que puede convertirla en el blanco de todos sus enemigos, ella tendrá que encontrar su propia voz. Y Alejandro descubrirá que puede poner de rodillas a una ciudad entera, pero no puede darle órdenes al corazón de su esposa.
El hombre al que todos obedecen tendrá que aprender a escuchar a la única mujer que no puede hablar.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

Capítulo 22: Cuentas saldadas

Paloma se quedó mirándolo con el plumón destapado, y Alejandro entendió que una frase no le iba a alcanzar. Llevaba seis meses creyendo que él había querido a su hermana, y desde junio dormía a su lado con esa idea, y a él nunca se le ocurrió preguntarle qué pensaba.

—Súbete a la camioneta con Fermín. Ahorita te explico todo. —Le quitó el pizarrón de las manos con cuidado—. Antes tengo que cerrar una cuenta.

Ulises le puso el fólder azul en la mano sin que se lo pidiera. Alejandro lo había mandado traer esa mañana de la Torre, sin saber todavía si iba a usarlo. Después de lo que oyó en el comedor, ya no tenía dudas.

* * *

En el comedor nadie se había movido. Carmina lloraba contra el hombro de su madre y Rogelio estaba de pie junto a la cabecera, con la servilleta todavía en la mano. La cocinera y la muchacha seguían en la puerta de la cocina. Alejandro no les pidió que se fueran. Quería testigos.

Abrió el fólder sobre el mantel, entre los platos de sopa. Arriba iba un contrato de dos hojas, *Servicios de acompañamiento para eventos*, con la firma de Carmina al pie. Debajo, los estados de cuenta: cada transferencia por SPEI, con fecha y concepto.

—Hace dos años contraté a su hija para que me acompañara a cenas y a galas, señor Linares. —Puso el dedo sobre la firma—. Cobraba por evento. Esta es su firma, y esas son todas las transferencias.

—Eso es mentira. —Carmina levantó la cara del hombro de Beatriz—. Tú me querías. Todo el mundo nos vio juntos.

—Te vieron porque te pagaba para que te vieran. —Alejandro pasó la hoja—. Te pagaba por sonreír en las fotos. Nunca fue más que eso. El contrato no decía que fueras a llorarle a mi madre que eras mi novia; eso lo hiciste por tu cuenta. Y cuando todo México dijo que yo no iba a volver a caminar, te dio fiebre.

La cocinera se tapó la boca con la mano. Rogelio agarró los estados de cuenta y los fue pasando uno por uno, cada vez más rápido, como si en alguno fuera a encontrar otra cosa. No la encontró. Aventó las hojas sobre la mesa, agarró a Carmina del brazo y la levantó de la silla de un jalón.

—¡Me dijiste que era tu novio! ¡Que te iba a pedir matrimonio!

—Aquí no, señor Linares.

Rogelio la soltó. Carmina se tambaleó contra el trinchador, con la marca de los dedos de su padre en el brazo, y por primera vez desde que Alejandro la conocía no supo qué cara poner. Beatriz se había quedado sentada, mirando la firma de su hija mayor.

—Entonces nunca… —murmuró.

—Nunca, señora. —Alejandro cerró el fólder y se lo dejó enfrente—. Paloma no le robó nada a nadie. Se casó conmigo porque ustedes la mandaron en lugar de esta. Las copias se las dejo, por si se le vuelve a olvidar. Cuentas saldadas.

Al salir pasó junto a la puerta de la cocina. Ni la cocinera ni la muchacha lo miraron a él. Las dos tenían los ojos clavados en Carmina.

* * *

En la Suburban, le dio a Paloma la otra copia. Ella la leyó completa, hoja por hoja, sin saltarse ninguna transferencia. Tardó tanto que Genaro ya había tomado Insurgentes cuando por fin levantó la vista. Movió las manos despacio, para que él la entendiera.

—*¿Por qué no me lo dijiste antes?* —preguntó en señas.

Alejandro la entendió completa. Lo que tardó fue en contestar.

—Porque no me importaba lo que pensaras. —Era la verdad, y le costó decirla—. Ahora sí.

Paloma lo miró un rato largo. Después le tomó la mano, se la abrió sobre la rodilla y le escribió en la palma con el índice.

*DÉJALE UN POCO DE DIGNIDAD*

Su hermana la había mandado con un hombre que la encerró en un vestidor, y ella le pedía que no la humillara más. Alejandro cerró la mano sobre las letras. No le prometió nada.

Esa noche, cuando ella ya dormía, vio sobre el buró la copia del acta que habían traído de la Roma. La abrió para ver que no se hubiera maltratado. Entre las hojas había un papelito doblado en cuatro: *Nana Toña salió. Hay atole en la olla. Desayuna.* Él lo había escrito de mal humor, en treinta segundos, la mañana después de quedarse de pie junto a su cama con la mano en su frente. Ella lo había guardado seis meses. Lo dejó donde estaba y no la despertó.

* * *

El lunes en el desayuno, Paloma le puso el celular enfrente. Era un mensaje de @stella.in, una modelo que la seguía desde hacía años en su cuenta de dibujos, @s.dibuja, y a la que nunca había visto en persona. Le reenviaba una vacante de asistente de diseño en I&M, un taller de la colonia Obrera: *Mándales tu portafolio, estás desperdiciada.* El nombre de la tal Stella no le dijo nada a Alejandro.

—Don Chema, el dueño, es amigo de mi primo Nico. Le hablo.

Paloma le quitó el celular de la mano, lo puso bocabajo sobre la mesa y escribió en el pizarrón.

*No. Si entro, entro yo.*

Esa tarde fue sola a la entrevista, con los cuadernos de dibujo del ático y las fotos de los diseños que subía a @s.dibuja. La contrataron ahí mismo, para empezar el jueves. En la noche le mandó un mensaje a Kike para dejar Época, donde no había vuelto a trabajar desde lo de Robles, y le enseñó a Alejandro la respuesta: *Aquí siempre tienes barra, güey.* Kike le depositó de todos modos la segunda semana completa.

* * *

El martes a las cinco, Ulises entró a la oficina del piso 38 y prendió la televisión sin pedir permiso. Los Linares daban una conferencia de prensa en el salón de un hotel de la Roma. Rogelio leía un comunicado: su hija Carmina no tenía ninguna relación con el caso del empresario detenido en Polanco. Carmina, a su lado, sonreía con los ojos rojos.

La primera pregunta vino de una reportera de la fila de enfrente.

—Señorita Linares, ¿es cierto que usted cobraba por acompañar a Alejandro Iturralde?

A Carmina se le cayó la sonrisa en vivo. Se levantó y le gritó a la reportera que quién le había dicho eso, y su padre le arrebató el micrófono. Alejandro reconoció la frase de la pregunta. Él la había dicho el domingo, delante de la cocinera. En la Roma, las cocineras de una casa hablaban con las de la casa de al lado.

No hubo segunda pregunta. Dos agentes de la Policía de Investigación entraron por un lado del salón y le mostraron a Rogelio una orden de detención del Ministerio Público: caso urgente. Alguien había presentado una denuncia por trata, con capturas de chats donde Carmina le ofrecía muchachas a hombres como Robles, y Carmina había comprado un boleto a Miami para esa misma noche. Las cámaras la siguieron hasta la puerta, esposada, con el rímel corrido.

—¿Fue usted? —preguntó Ulises.

—No fui yo. —Alejandro apagó la televisión—. Entonces fue alguien que quiere que yo pague.

Solo se le ocurría un nombre, y era el de su tío. Antes de las siete llegó la otra noticia del día: Robles había sido vinculado a proceso, y el gobierno de la ciudad suspendió dos contratos de Solaris Energía.

* * *

El miércoles, Beatriz lo esperó en la reja de Bosque Alto. Llevaba la misma ropa del día anterior y le temblaba la barbilla.

—Sáquela, licenciado. Usted puede.

—Yo no la metí, señora. Y no la voy a sacar.

Paloma había salido detrás de él. Escribió algo y le puso el pizarrón delante.

*Es mi mamá.*

—Y tú eres su hija. —Alejandro bajó la voz—. ¿Alguna vez vino a pedir algo por ti?

Paloma se quedó con el plumón en el aire. No contestó. Se dio la vuelta y se metió a la cocina con Nana, y esa noche, por primera vez desde junio, él llegó y encontró apagada la lámpara del pasillo que ella siempre le dejaba prendida.

* * *

El jueves la llevó él mismo al taller de I&M, cincuenta minutos de tráfico hasta la Obrera. Paloma se bajó de la Cayenne sin despedirse de beso. Alejandro se quedó en el carro con el motor encendido, mirando por el ventanal que daba a la calle.

Adentro, un hombre de camisa de cuadros se paró frente a ella, abrió la boca exageradamente y soltó un sonido gangoso, a-ba-a-ba, moviendo las manos como un loco. Todo el departamento se rio.

Alejandro tenía la mano en la manija de la puerta cuando Paloma, de espaldas al ventanal, se llevó una mano atrás de la cintura y le hizo una seña que él conocía bien: *no*.

Soltó la manija.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play