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"BESSEKAI" (BL) EN ESPAÑOL "!OTRO MUNDO"

"BESSEKAI" (BL) EN ESPAÑOL "!OTRO MUNDO"

Status: En proceso
Genre:Contratadas / Romance / Supersistema / Mundo mágico / Zombis
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Macarena rios

En el mundo moderno, Yang Zhang lo tenía todo: diecisiete años, un cuerpo alto (de más de un metro ochenta y ocho), músculos definidos de atleta y la imponente masculinidad del capitán del equipo de baloncesto escolar. Era el escudo de sus amigos y el orgullo de sus padres, dos dentistas de costumbres metódicas. Sin embargo, en un parpadeo, un brutal accidente vehicular destruye su vida y se lleva a sus padres en las llamas.
En el instante previo a la muerte, una entidad fría y enigmática llamada el "Sistema" interviene para salvar su alma. Cuando Zhang abre los ojos, descubre que ha sido transmigrado a un mundo místico de cultivo y clanes marciales, adoptado como el único heredero del sabio líder del Clan Yang.
Pero el cambio no es solo de mundo: al mirarse en el reflejo del agua, Zhang descubre con estupor que ya no posee su cuerpo alto y robusto de deportista. Ahora habita la figura de un joven de facciones delicadas, tez de porcelana, contextura pequeña, delgada y frágil.

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Capitulo 10- La Melodia

El informe entregado al profesor Wuyen Cho y al consejo del Clan Lang cayó sobre la mesa de mapas como una losa de plomo. La revelación de que el Doctor Dare Mo Cho no era más que un títere de alquimia destruido en las catacumbas confirmó las peores sospechas: la Peste Verde no se había originado por accidente, sino que era una plaga invocada metódicamente para desestabilizar las fronteras de los clanes.

Tras examinar los mapas rescatados del laboratorio subterráneo, Wuyen Cho señaló con la punta de su túnica una región montañosa al noreste de la capital: la Aldea de la Niebla Verde.

—Ahí es donde se concentra la mayor densidad de la infección —declaró Wuyen Cho con gravedad—. Si no purificamos el foco principal antes del próximo ciclo lunar, la plaga se extenderá por las rutas comerciales hasta llegar a los territorios del Clan Yang y del Clan Chen.

—Iremos nosotros al frente —se ofreció Zhang de inmediato, dando un paso adelante.

Su túnica azul de combate contrastaba con la palidez de su rostro de porcelana, pero sus ojos oscuros brillaban con la determinación inamovible de quien se negaba a ver sufrir a inocentes.

Chen Liu se posicionó a su lado al instante, con las manos apoyadas en el cinto de sus dagas.

—Yo iré con él —añadió Chen Liu con su voz baja y tajante, sin admitir réplica.

Wuyen Cho los observó durante un largo segundo. Aunque la figura de Zhang seguía pareciendo la de un joven delicado y frágil, el profesor sabía bien de lo que eran capaces cuando luchaban al unísono.

—De acuerdo —asintió el instructor—. Partirán como vanguardia. Su misión no es exterminar a los aldeanos infectados, sino contener el avance de la neblina y buscar la forma de purificar sus meridianos.

El viaje hacia las montañas del noreste se adentró en una geografía cada vez más sombría. La vegetación vibrante de los valles dio paso a árboles retorcidos de cortezas negruzcas y una neblina densa y verdosa que reptaba a ras del suelo como un manto venenoso.

Para evitar inhalar las esporas de la peste, Zhang y Chen Liu avanzaban con pañuelos de seda impregnados en elixires purificadores cubriéndoles la boca y la nariz.

Al cabo de cuatro horas de marcha en silencio, llegaron a las afueras de la Aldea de la Niebla Verde. El lugar parecía un pueblo fantasma: chozas de madera con los techos parcialmente derrumbados, herramientas de labranza abandonadas en los caminos y un silencio sepulcral que erizaba la piel.

Sin embargo, al cruzar la plaza central, el crujido de piedras bajo sus botas rompió la quietud.

Desde las sombras de las casas y las ruinas de los graneros, decenas de figuras comenzaron a emerger. Eran los habitantes de la aldea, pero sus cuerpos estaban demacrados, cubiertos por pústulas verdosas y con los ojos teñidos por un brillo verde fosforescente y salvaje. Moviéndose con espasmos irregulares, los infectados emitían gruñidos guturales mientras cerraban el cerco alrededor de los dos jóvenes.

—Están completamente dominados por la energía mística oscura —susurró Zhang, escaneando el perímetro con la percepción sensorial de la Recámara Azul—. Sus almas siguen dentro, pero sus cuerpos están atrapados en un trance de violencia.

—Son más de cincuenta —observó Chen Liu, desenfundando sus dagas dobles con una agilidad impecable—. Si usamos espadas, los mataremos.

—No vamos a matarlos —sentenció Zhang con firmeza—. Hay una forma de dispersar la miasma sin dañarlos.

Zhang llevó la mano al interior de su túnica y extrajo una estilizada flauta de bambú místico de tono azulado, un artefacto ceremonial que su padre adoptivo, Yang Lu, le había entregado antes de partir hacia la academia.

—Chen... necesito que me ganes tres minutos —pidió Zhang, mirando al segundo amo del Clan Chen—. Voy a ejecutar la Melodía de Lluvia. Necesito concentrar todo mi qi en la flauta, así que estaré completamente indefenso mientras toque.

Chen Liu lo miró directamente a los ojos. No hubo dudas ni vacilaciones en su rostro.

—Nadie tocará un solo cabello de tu cabeza —prometió Chen Liu en un murmullo helado.

Dando un paso al frente, Chen Liu adoptó una postura de guardia absoluta. Colocó a Zhang a su espalda y se convirtió en una muralla infranqueable.

La horda de infectados se abalanzó sobre ellos con garras y dientes.

Chen Liu se movió como una exhalación de sombras y plata. Utilizando el revés de sus dagas, patadas precisas y golpes de palmas cargados con la energía de la casa Chen, derribó a cada atacante que intentaba aproximarse a Zhang, incapacitándolos sin infligirles heridas mortales. Mantenía una danza mortal de esquivas y bloqueos, manteniendo a raya a tres y cuatro enemigos simultáneamente con una destreza sobrehumana.

A su espalda, Zhang cerró los ojos y se aisló del estruendo del combate.

Se llevó la flauta de bambú a los labios y comenzó a soplar.

Una nota cristalina, pura y conmovedora resonó en la niebla. La Melodía de Lluvia no era un simple tema musical; era un hechizo de purificación de alto nivel que canalizaba el qi azul cobalto de la Recámara Azul a través de ondas sonoras.

A medida que los dedos finos y pálidos de Zhang se movían sobre los orificios del instrumento, una cascada de resplandor azulino comenzó a brotar de la flauta. La música se elevó por encima de las montañas como el canto de un arroyo limpio, y pequeñas gotas de lluvia mística, brillantes y azuladas, comenzaron a caer del cielo penumbroso.

Las gotas de luz al tocar a los infectados hicieron que las pústulas verdes de su piel comenzaran a disolverse. Los aldeanos detuvieron sus ataques de golpe, cayendo de rodillas sobre la tierra mientras la energía fosforescente de sus ojos se apagaba lentamente, devolviéndoles la consciencia y la calma.

La neblina verdosa que rodeaba la aldea comenzó a disiparse como humo bajo el agua, reemplazada por el aroma fresco de la lluvia purificadora.

Al tocar la última nota, Zhang exhaló un aliento débil. La enorme cantidad de energía espiritual que había canalizado para sanar a toda la aldea terminó por agotar sus reservas de qi. Su cuerpo menudito tambaleó, y la flauta estuvo a punto de caerse de sus manos.

Antes de que tocara el suelo, los brazos firmes de Chen Liu lo atraparon nuevamente.

Chen Liu lo sostuvo contra su pecho, acomodando con delicadeza la cabeza de Zhang sobre su hombro.

—Lo lograste... purificaste a toda la aldea —susurró Chen Liu cerca de su oído, con una voz cargada de un alivio y una admiración profundas.

Zhang recostó la cara en el cuello de Chen Liu, sintiendo el calor reconfortante de su cuerpo y el aroma a madera de sándalo que siempre lo acompañaba. Sonrió con debilidad, apretándole suavemente la manga del uniforme.

—Te dije que no teníamos que matarlos... —murmuró Zhang con un hilo de voz cansada pero feliz—. Y tú cumpliste tu promesa... no dejaste que nadie me tocara.

Chen Liu apretó el agarre alrededor de su cintura pequeña, sosteniéndolo con una ternura infinita mientras la lluvia azul terminaba de limpiar los techos de la aldea.

—Siempre lo haré, Yang Zhang —respondió Chen Liu en voz muy baja, prometiéndolo no solo para esa batalla, sino para todo el tiempo que estuvieran juntos.

Al atardecer, tras asegurarse de que los aldeanos recuperaban el conocimiento libres de la peste y bajo la custodia de los refuerzos de la academia que acababan de llegar, Zhang y Chen Liu se retiraron a una choza vacia que habia en la colina.

Con una pequeña fogata encendida en el centro de la estancia, Chen Liu obligó a Zhang a sentarse en un banco de madera, cubriéndole los hombros con su propio manto de viaje para protegerlo del frío.

—Debes beber esto —dijo Chen Liu, tendiéndole un tazón de té medicinal tibio que él mismo había preparado con las hierbas de su bolsa.

Zhang tomó el tazón con sus manos pequeñas, dándole un sorbo lento mientras miraba a Chen Liu asentarse a su lado.

—Te ves exhausto, Chen —comentó Zhang, notando las pequeñas manchas de polvo en el rostro pulido del segundo amo Chen—. Tú también luchaste sin parar durante diez minutos seguidos contra cincuenta personas.

—Mi fatiga no es nada comparada con la energía que tú gastaste —contestó Chen Liu, mirándolo fijamente—. Usar la energía de la Recámara Azul a esa escala es peligroso para tu cuerpo.

—Tenía que hacerlo. Si no, ellos habrían muerto y nosotros habríamos tenido que luchar hasta el cansancio —explicó Zhang, dejando el tazón a un lado y mirándolo con una sonrisa cálida—. Además, sabía que si me desmayaba, me ibas a cargar.

Chen Liu se congeló por un segundo ante la ocurrencia descarada de Zhang. Un leve sonrojo volvió a teñir las puntas de sus orejas, pero esta vez no desvió la mirada.

—Si es necesario... te cargaré siempre —respondió Chen Liu en un tono tan serio y sincero que hizo que a Zhang se le acelerara el corazón en el pecho.

Zhang parpadeó, sintiendo un calor repentino subirle por las mejillas de porcelana. Para disimular el sonrojo, se acomodó el manto de Chen Liu alrededor del cuello y se recostó contra su hombro, apoyando la cabeza en su brazo.

—Más te vale cumplir esa promesa, Chen... porque pienso darte muchos problemas en la academia —bromeó Zhang con una risita suave.

Chen Liu no se movió. Con una lentitud cuidadosa, acomodó su brazo alrededor de los hombros menudos de Zhang, permitiendo que el joven príncipe se durmiera plácidamente a su lado bajo el calor del fuego.

El peligro de la Peste Verde en esa región había sido contenido, pero la verdadera prueba de su viaje apenas estaba por comenzar.

1
Micaela
La historia es muy bonita y divertida
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