Valeria solo quería encajar. Por eso aceptó ir a esa fiesta con sus compañeras de universidad, sin sospechar que su presencia molestaba más de lo que creía. Su brillante expediente académico y la atención involuntaria del chico más codiciado del campus la habían convertido en el blanco de una envidia silenciosa. Esa noche, una trampa meticulosamente diseñada destruyó su reputación en cuestión de horas y alteró el curso de su vida para siempre.
NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo VIII Cuenta saldada
Luego de sellar su unión en el registro civil, Valeria y Dante subieron a la camioneta blindada en un silencio denso. El magnate mantenía la mirada fija en la ventanilla, masticando la rabia de sentirse utilizado.
—El dinero acordado ya está transferido a tu cuenta. Espero que lo disfrutes —indicó Dante con voz helada, sin volverse a mirarla.
—Gracias —susurró Valeria, dejando escapar una pequeña sonrisa de alivio sincero. La tormenta que la ahogaba finalmente comenzaba a ceder—. Necesito hacer algo urgente antes de volver al penthouse. ¿Podrías dejarme en esta esquina? Puedo tomar un taxi.
Dante apretó los puños. La idea de que ella saliera corriendo a encontrarse con ese "Alejandro" apenas minutos después de firmar el matrimonio le encendió la sangre.
—¡Detén el auto! —gruñó Dante a Enrique, furioso. Se giró hacia Valeria y la acorraló con una mirada amenazante—. Recuerda nuestra cláusula de fidelidad, Valeria. Si osas romper esa regla o ponerme en ridículo, te aseguro que destruiré tu vida y la de cualquiera que esté cerca de ti.
Sin darle tiempo a replicar, Dante abrió la puerta. Asustada por el repentino y violento cambio de humor de su ahora esposo, Valeria bajó del vehículo a toda prisa. Apenas sus pies tocaron la acera, la camioneta arrancó a toda velocidad, perdiéndose en el tráfico.
—Definitivamente, ese hombre es bipolar —murmuró Valeria para sí misma, ajustándose la chaqueta antes de suspirar.
Decidida a no dejar que la actitud de Dante le arruinara el día, tomó un taxi directo a la clínica. Al cruzar las puertas de cristal, sintió que los largos y fríos pasillos por primera vez no se percibían tan pesados.
—Buenas tardes. Soy Valeria Hernández, hermana de Alejandro Hernández, y vengo a pagar en su totalidad la cirugía de mi hermano —dijo con voz firme y libre de preocupaciones al llegar a la recepción médica.
La recepcionista tecleó en su computadora durante unos segundos y luego alzó la mirada con una expresión de clara sorpresa.
—Señorita Hernández… el procedimiento del joven Alejandro ya ha sido cancelado en su totalidad hace menos de una hora. Su cuenta está completamente en cero.
Valeria parpadeó, desconcertada.
—¿Cómo que saldada? Debe ser un error. Yo soy la única responsable de sus gastos…
—No hay ningún error —interrumpió la recepcionista sonriendo—. Un representante del grupo corporativo Salazar hizo el pago completo del tratamiento, la cirugía y la estancia de recuperación. La orden para entrar a quirófano ya fue autorizada.
Un nudo se le formó a Valeria en la garganta. ¿Acaso Dante había pagado la clínica por su cuenta antes de la transferencia? ¿O había sido su abuelo Franco? Antes de que pudiera asimilar la noticia, una voz chillona y llena de veneno rompió la paz del pasillo.
—¡Vaya, vaya! Miren a quién tenemos aquí. La princesita descarada que no apareció a dormir anoche.
Valeria se giró sobre sus talones para encontrarse con Esperanza. Su madrastra caminaba hacia ella con paso altivo, cruzada de brazos y con una sonrisa maliciosa en los labios.
—¿Dónde te habías metido, Valeria? —escupió Esperanza acercándose hasta quedar a pocos centímetros—. El señor Guillermo estuvo esperándote toda la noche. Le dije que habías tenido un imprevisto, pero su paciencia tiene un límite. Ya organizamos todo: hoy mismo vas a firmar el acuerdo con él para que pague la clínica de tu hermano, o mañana mismo ordeno que lo saquen a la calle.
Valeria la miró fijamente. Por primera vez en su vida, el miedo a su madrastra se evaporó por completo. Alzó la barbilla y sostuvo la mirada de la mujer que tanto la había atormentado.
—Llegas tarde, Esperanza —respondió Valeria con una serenidad implacable—. La cirugía de Alejandro ya está pagada en su totalidad. Y la cuenta está saldada para siempre.
La cara de Esperanza se desencajó. La incredulidad y la rabia deformaron sus facciones.
—¡Eso es mentira! ¿De dónde vas a sacar tú semejante cantidad de dinero? ¿A quién le vendiste tu alma, muchachita estúpida?
—A nadie que sea de tu incumbencia —sentenció Valeria dando un paso al frente, haciendo retroceder a su madrastra—. Se acabó tu chantaje. Ya no tienes ningún poder sobre mí ni sobre mi hermano. Si vuelves a acercarte a él o intentas manipular su expediente, te juro que usaré todo el peso de la ley contra ti.
—¡Eres una malagradecida! ¡Después de todo lo que hice por ustedes cuando murieron tus padres! —chilló Esperanza, fuera de sí.
—Hiciste de nuestra vida un infierno —la cortó Valeria con voz grave—. Pero la pesadilla termina hoy.
Sin darle la oportunidad de responder, Valeria le dio la espalda a su madrastra y caminó con paso firme hacia la zona de cuidados intensivos para ver a su hermano. Por primera vez en años, sentía que finalmente tenía el control de su destino, aunque el precio fuera estar atada al enigmático y peligroso Dante Salazar.
se me hizo tan corta y muy buena 👍😍