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¡ESCÁNDALO! LA ABUELA VIUDA ES LA OBSESIÓN DEL JOVEN GRAN CONSEJERO

¡ESCÁNDALO! LA ABUELA VIUDA ES LA OBSESIÓN DEL JOVEN GRAN CONSEJERO

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Romance / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

En el majestuoso Imperio de Valoria, Mariana Mancilla, duquesa viuda de Monteluna, creía que su destino era proteger a su familia y disfrutar de la tranquilidad junto a su hijo y su pequeño nieto. Pero el destino le concede una segunda oportunidad para impedir la ruina que una vez destruyó todo lo que amaba.

Cuando viaja a la capital para desenmascarar las intrigas de un conde ambicioso, conoce a Roberto Cáceres, el poderoso Gran Duque y consejero del joven emperador. Treinta años de edad, admirado por todas las nobles y heredero de un poder inmenso… pero incapaz de resistirse a una mujer quince años mayor que él.

Pronto, los murmullos de la corte se convierten en escándalo. Mientras sus enemigos conspiran para destruirlos, Mariana deberá decidir si se atreve a vivir el amor que creyó perdido.

¡Porque esta vez no permitirá que nadie le robe su felicidad!

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La primera sombra

Los días transcurrieron con una calma que resultaba inquietante. Raúl Peredo parecía haber desaparecido; ya no enviaba notas ni se acercaba a ellos en la corte. Andrés empezó a relajarse, pero Mariana sabía que ese silencio era engañoso: la serpiente no se alejaba, solo buscaba el ángulo exacto para golpear sin que hubiera escapatoria. Mantuvo a su familia alerta, aunque sin alarmarlos en exceso, y siguió con su rutina discreta: visitaba iglesias y mercados, hablaba con gente sencilla y observaba todo sin llamar la atención. Sabía que en la corte, quien espera pacientemente suele ser quien mejor planea su golpe.

La mañana del quinto día tras su conversación en el jardín, llegó el primer aviso. No fue una carta ni un mensaje: fue un viejo arrendatario de Monteluna que había viajado a la capital con mercancías. Buscó a Mariana en la residencia, nervioso y con el sombrero apretado entre las manos, esperando en el patio trasero para no ser visto.

—Doña Mariana —dijo en voz baja—. No debería estar aquí, pero me pareció justo avisarle antes de que sea demasiado tarde. El administrador de Peredo ha estado recorriendo las lindes de nuestras tierras. Dice que hay documentos antiguos que demuestran que esos terrenos siempre pertenecieron a su familia, y que nuestro título de propiedad está incompleto. Ha estado hablando con los vecinos, ofreciéndoles dinero si testifican a su favor. Algunos tienen miedo, otros… bueno, otros necesitan ese dinero desesperadamente.

Mariana sintió cómo se le helaba la sangre, pero mantuvo la calma. Era exactamente lo que recordaba de su vida anterior. El mismo comienzo, las mismas palabras, las mismas promesas a personas necesitadas. Solo que esta vez, ella estaba preparada.

—Gracias por decírmelo, Tomás. Su lealtad no será olvidada. Dile a los demás que no tengan miedo. Que guarden sus papeles, que no firmen nada sin que yo lo vea primero. Y si alguien necesita ayuda legal o simplemente alimento mientras tanto, que venga a verme. Nosotros no abandonamos a los nuestros.

El hombre asintió, visiblemente aliviado, y se marchó antes de que amaneciera por completo. Mariana llamó a Teresa y le dictó una nota breve y precisa para Roberto Cáceres, usando la frase acordada: "De parte de quien cuida lo suyo: la sombra empieza a moverse en los lindes. Las tierras no son suyas, pero la necesidad hace que algunos callen." Le pidió que la entregara personalmente al secretario del Gran Duque, sin dar explicaciones adicionales. No quería que nadie más supiera de su alianza todavía; en la oscuridad, Peredo no sabría cuánto sabían contra él.

Esa tarde, mientras caminaba por uno de los pasillos menos concurridos del palacio, escuchó voces al otro lado de una columna. Eran Raúl Peredo y su cómplice, Damián Ledesma. Se detuvo en seco, pegada a la pared, sabiendo que no debía interrumpir pero incapaz de alejarse sin escuchar.

—…no entiendo por qué esperamos —decía Damián, con tono impaciente—. Si presentamos la reclamación ahora, el Consejo nos dará la razón. Los papeles están bien falsificados, nadie los cuestionará con tanto detalle. En cuestión de semanas, esas tierras son nuestras.

—Paciencia —respondió Peredo, con una frialdad que hizo estremecer a Mariana—. Antes necesito que el Duque joven parezca el agresor. Que grite, que amenace, que se comporte como un hombre fuera de sí. Entonces, cuando él parezca inestable, presentaré los documentos y parecerá que solo busco defender mis derechos de su violencia. Todo debe parecer justo y legal. Nadie debe sospechar que lo he planeado durante años. Y esa viuda… ella es más lista de lo que parece. La noto vigilante. No me fío de ella. Que no se meta en lo que no le corresponde o tendré que apartarla del camino, como sea necesario.

Mariana contuvo el aliento, sintiendo que el corazón le golpeaba contra las costillas. Se alejó despacio, con paso silencioso, y solo cuando llegó a un pasillo más amplio se permitió respirar hondo. Peredo no solo quería sus tierras; también quería desacreditar a Andrés primero, hacerlo parecer culpable antes de siquiera presentar sus pruebas. Y si ella se interponía… se lo llevaría por delante. Tenía que advertir a su hijo de inmediato: no debía dejarse provocar, por mucho que Peredo intentara sacarlo de sus casillas. Su paciencia sería su mejor escudo.

Esa misma noche, cuando la luna ya iba alta, un sirviente anónimo llegó a la residencia con una pequeña caja de madera. No tenía remitente. Dentro solo había un trozo de pergamino con una sola línea, escrita con letra firme y elegante: "He recibido su aviso. Manténganse firmes y tranquilos. La ley protege a quienes no pierden la cabeza." No llevaba firma, pero Mariana supo de inmediato quién la había enviado. Roberto no podía escribirle cartas largas ni reunirse con ella públicamente; eso solo alimentaría las habladurías y debilitaría su posición. Pero su mensaje era claro: estaba al tanto, y vigilaba.

—¿Deberíamos decirle a Andrés lo que escuché hoy? —le preguntó a Teresa mientras guardaba la nota en un cajón bajo llave—. No quiero asustarlo, pero necesita saber qué le espera.

—Sí, pero con calma —respondió Teresa con sabiduría—. Es su hijo, Doña Mariana. Confía en él como él confía en usted. Si le explica por qué debe mantener la serenidad, lo entenderá. No lo deje solo con esa carga.

Mariana asintió y fue a la habitación de su hijo. Andrés estaba leyendo junto a una vela, y al verla entrar, le hizo sitio en el borde del lecho. Ella se sentó y le contó todo: lo que Tomás le había dicho, lo que escuchó junto a la columna, la estrategia de Peredo para hacerlo parecer el villano de la historia. Andrés escuchó en silencio, y cuando ella terminó, apretó los puños con fuerza sobre sus rodillas.

—Es despreciable —murmuró—. Y yo que pensaba que solo era arrogante. No imaginé que fuera tan… cruel.

—Por eso debes prometerme algo, hijo —dijo Mariana tomándole de la mano—. No importa lo que diga, lo que insinue, cómo te mire o qué intente hacer para enfurecerte. No pierdas el control. Si gritas o lo amenazas, habrás ganado su primera batalla sin que él siquiera desenvaine la espada. La calma es nuestra mejor arma. ¿Me lo prometes?

Andrés respiró hondo, asintiendo lentamente.

—Se lo prometo, madre. Por usted, por Claudia, por Lucas. Mantendré la cabeza fría. Aunque no será fácil verlo y sonreír como si nada supiera.

—Lo sé. Pero eres más fuerte de lo que crees. Y no estamos solos. Hay alguien en quien podemos confiar, aunque no podamos decir su nombre todavía. Solo recuerda: cada vez que sientas que la rabia te vence, piensa en Lucas. Piénsalo y calla. Eso destruirá los planes de Peredo más que cualquier palabra.

Se abrazaron, y cuando Mariana regresó a su propia habitación, se sintió más tranquila. El peligro no había desaparecido, pero ahora sabían exactamente cómo se acercaba. Y saberlo ya era la mitad de la victoria. Se asomó a la ventana, mirando hacia el palacio a lo lejos, y pensó en el hombre que, en algún estudio iluminado por velas, trabajaba para que la ley fuera justa. No era una alianza perfecta ni sin riesgos, pero era honesta. Y en un mundo donde casi nadie lo era, eso valía más que cualquier tesoro.

—Descansa, Roberto —susurró suavemente—. Mientras tú mantengas la justicia firme, nosotros mantendremos la calma. Y juntos… no nos derribarán tan fácilmente.

Se durmió con esa convicción en el pecho, consciente de que al día siguiente la primera provocación probablemente llegaría. Pero ya no la temía. Estaban preparados. Y eso, en el juego de sombras de la corte, era una ventaja que muy pocos llegaban a tener.

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Josealexander Fajardo
Me encanta estoy pegada linda que inventa ahora hacer elmofioso
EspirituCreativo: 🤭 Gracias por tus comentarios, arriba el romance
total 1 replies
Josealexander Fajardo
Me enca.nota pero se me pierde mucho
BERNARDINA PASTELIN
🤔🤔🤔🤔🤔🤔, se te cruzaron las historias?
Helena está casada con Andrés hijo de Mariana,.
ya cambiaste la historia ?
EspirituCreativo: ¡Hola Bernardina! Qué bueno que preguntas, así nos aseguramos de que todo quede claro. Andrés y Elena son hermanos, hijos de Mariana. Andrés está casado y es padre del pequeño Lucas, y Elena es su hija soltera, la que está comprometida con Raúl Peredo. ¡Gracias por estar atenta y por leer la historia!
total 1 replies
BERNARDINA PASTELIN
estoy confundida, que no Mariana solamente tiene un hijo Andrés y helena es su nuera
.
BERNARDINA PASTELIN
ya denle su merecido
EspirituCreativo: Pegale con la silla
total 1 replies
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