ADVERTENCIA
Esta historia contiene escenas fuertes en algunas partes: crueldad emocional, celos posesivos, discusiones, furia, manipulación
un alfa y un omega
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La siguiente misión
El número 69B no era un humano común.
En realidad, había sido creado dentro de un laboratorio mediante experimentos que buscaban fabricar al asesino perfecto. Su cuerpo, sus habilidades y hasta su resistencia eran resultado de aquellos procedimientos.
Sin embargo, existía algo que ni siquiera sus creadores podían controlar por completo.
Cuando el alfa se llenaba de rabia, su apariencia podía cambiar.
Su cuerpo quedaba envuelto en una sombra oscura, sus ojos brillaban con una luz blanca y una presencia aterradora parecía rodearlo. En esos momentos, dejaba de parecer un hombre corriente y mostraba la verdadera naturaleza del experimento que habían creado.
Pero no siempre era así.
La mayor parte del tiempo podía pasar por un humano normal, ocultando lo que realmente era bajo sus vendas negras y su ropa oscura.
Y aquella mañana, después de todo lo ocurrido en el laboratorio, solo quería sentarse tranquilamente.
El alfa entró en el comedor de la guarida.
Algunos miembros dejaron de hablar cuando lo vieron llegar, pero él los ignoró. Caminó hasta una mesa apartada y tomó asiento.
Se acomodó las vendas negras y apoyó los brazos sobre la mesa.
—Por fin un poco de tranquilidad… —murmuró.
Todavía se sentía algo extraño después de las inyecciones, pero no quería regresar al laboratorio. Lo último que deseaba era volver a encontrarse con aquellos científicos.
Mientras permanecía sentado, un joven de la organización se acercó con una carpeta negra.
—Número 69B.
El alfa levantó ligeramente la cabeza.
—¿Qué quieres?
El muchacho dejó la carpeta frente a él.
—El jefe te manda esto. Dice que tienes otra tarea.
El alfa soltó un suspiro de fastidio.
—¿Otra vez?
—Eso me ordenó decirte.
El mensajero se marchó sin esperar respuesta.
El alfa abrió la carpeta y comenzó a revisar los documentos. En la primera página encontró varios datos sobre un hombre.
Era alto, de cabello oscuro con algunas canas y de apariencia madura. Vestía un traje elegante y tenía una expresión seria en la fotografía.
Debajo de la imagen aparecía su nombre, junto con información sobre sus actividades y una deuda pendiente.
El alfa leyó el informe en silencio.
—Así que otro deudor…
Pasó la página.
El hombre había recibido una importante suma de dinero del jefe de la organización y llevaba meses evitando devolverla. Además, según el informe, había dejado de responder a las llamadas y había desaparecido de los lugares que frecuentaba.
El jefe había perdido la paciencia.
Y ahora quería que el número 69B se encargara del asunto.
El alfa cerró la carpeta y apoyó la espalda contra la silla.
—Primero el laboratorio y ahora esto… No me dejan descansar ni un día.
Un miembro sentado en la mesa cercana lo escuchó y decidió mantenerse callado.
El alfa volvió a abrir la carpeta para memorizar el rostro del hombre.
—Está bien. Si eso es lo que quiere el jefe, terminaré la misión.
Guardó los documentos dentro de su chaqueta y se levantó.
Antes de abandonar el comedor, se detuvo junto a una ventana.
Por un instante, recordó el rostro de Eiden.
Su cabello amarillo, su uniforme militar y aquella manera tan extraña de preocuparse por alguien a quien apenas conocía.
El alfa apretó los puños.
—No tengo tiempo para pensar en esas cosas.
Apartó la mirada y se dirigió hacia la salida.
Esta vez tenía una nueva misión y no podía permitirse ninguna distracción.
Sin embargo, desconocía un detalle importante.
El hombre de la fotografía no era un simple deudor.
Y aquella misión terminaría llevándolo a un lugar que jamás habría imaginado.