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Ya no soy tu sustituta

Ya no soy tu sustituta

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Juego de roles / Triángulo amoroso / Tú no me amas / Amante arrepentido / Amor platónico
Popularitas:415
Nilai: 5
nombre de autor: Irin_Kokh

Durante tres años, Valentina Robles creyó ser la mujer que Gabriel Duarte amaba. Hasta que volvió su ex y ella escuchó la verdad: él solo había estado buscando a otra en su rostro.
Valentina no va a competir por un lugar que nunca fue suyo. Acepta el matrimonio que antes había rechazado y vuelve a casa, decidida a dejar a Gabriel atrás. Lo que él no sabe es que la mujer a la que dio por sentada es una heredera que ya no necesita ocultarse.
A su lado está Alejandro Ferrer, dispuesto a darle algo que con Gabriel nunca tuvo: confianza sin condiciones.
Pero Gabriel no acepta haberla perdido. Y Valentina ya no está dispuesta a ser la segunda opción de nadie.

NovelToon tiene autorización de Irin_Kokh para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15

015. Si no te disculpas, no voy a perdonarte

Después de colgar, Valentina repasó con cuidado lo ocurrido aquella noche. ¿Por qué se había colado Camila en su dormitorio mientras se bañaba? Desde luego, no había entrado solo para mirar. Algo quería hacer.

Revisó la habitación, los objetos y su disposición. Salvo la figurita rota, todo parecía estar igual. Entonces su mirada se detuvo en el vaso de leche sobre la mesa de noche.

Tenía la costumbre de tomar leche caliente antes de dormir. Antes de bañarse le había pedido a Teresa que se la calentara y la subiera, para tomarla al salir. La figurita también había estado en aquella mesa. Si Camila la había roto, tenía que haberse acercado allí.

Era muy posible que hubiera hecho algo con la leche.

***

Alejandro llegó a Puerto Azul tres horas después. Cuando la llamó, ya iba rumbo a Las Acacias. Valentina estaba sacando, bolsa por bolsa, las cosas que había preparado para tirar y llevándolas al contenedor fuera de la casa.

—Alejandro, esta noche no me voy a quedar aquí —dijo mientras regresaba por más.

Todavía faltaba bastante. Teresa ya estaba descansando y no quería molestarla, así que lo haría todo sola. Él no hizo más preguntas.

—Está bien.

—¿Ya reservaste hotel?

Alejandro le dijo el nombre.

—Entonces yo también reservo ahí. Nos vemos en el hotel. No hace falta que vengas hasta acá. Ve directamente.

Quería dejarlo todo limpio aquella misma noche, tomar sus maletas y marcharse. También había llegado el momento de decirle adiós a Gabriel.

Guardó el equipaje en el maletero y sacó el teléfono para reservar. Solo entonces descubrió que el hotel estaba lleno. Al revisar, se enteró de que al día siguiente habría un examen masivo en una escuela cercana. Casi todos los hoteles en varios kilómetros a la redonda estaban completos.

Buscó por todas partes. Solo quedaba una habitación en un alojamiento de poca categoría. Miró las fotos y las malas reseñas con el ceño fruncido. Una decía:

«Se oye absolutamente todo. A medianoche, la pareja de al lado estaba en lo suyo como si lo hiciera delante de mí. Me alteró tanto que no pude dormir en toda la noche».

Valentina entendió perfectamente. Tenía la audiencia a las tres de la tarde y el trayecto en auto era de unas tres horas. Contando el tiempo para asearse, arreglarse y almorzar, debía levantarse a las diez como muy tarde. Ya pasaban de las once de la noche y aún tenía que ver a Alejandro. No le quedaban muchas horas de descanso.

Si, encima, el ruido no la dejaba dormir, al día siguiente se caería de sueño. Lo pensó un momento y le escribió.

«El hotel ya no tiene habitaciones y los de alrededor también están llenos. Alejandro, ¿me ayudas a conseguir una?»

Los hoteles de lujo podían haber agotado las habitaciones que ofrecían al público, pero solían reservar suites para sus huéspedes más importantes. Alejandro era el heredero de los Ferrer y presidente del grupo. Conseguir alojamiento no debía de costarle mucho.

Él respondió pronto.

«Tengo una suite dúplex en el último piso. Hay dos dormitorios, uno arriba y otro abajo. Si no te incomoda, puedes quedarte aquí esta noche».

Valentina vaciló. Hacía más de tres años que no se veían. ¿Estaba bien quedarse juntos apenas reencontrarse? Pero, si no aceptaba, ¿dónde iba a conseguir una habitación a esas horas? Además, eran dos dormitorios, en pisos distintos. No parecía tan mala idea.

Después de pensarlo unos minutos, aceptó. Iba a pisar el acelerador y poner en marcha el auto cuando recibió un mensaje de Gabriel.

Le había enviado varias fotos de la mano de Camila, cubierta de vueltas y vueltas de gasa. Parecía una herida muy grave.

Gabriel: «Valentina, esta vez te pasaste. Ven al hospital y pídele perdón a Cami».

«Si no vienes a disculparte, no voy a perdonarte. Pídele perdón como se debe y puedes seguir viviendo en la casa».

Valentina soltó una risa fría. No respondió. Lo bloqueó y lo borró sin vacilar.

***

En el hospital, Gabriel miraba la pantalla con los ojos helados. Un aviso rojo destacaba junto a su mensaje.

«No se pudo entregar el mensaje».

Valentina lo había borrado. Había cortado el contacto con él. Le tembló el entrecejo y la rabia le subió por dentro. Vaya, ahora hasta se atrevía a eliminarlo.

Desde la cama, Camila notó su expresión sombría.

—Gabriel, ¿qué te pasa?

Él volvió en sí, controló el gesto y respondió con frialdad:

—Nada.

Camila no insistió. Lo miró fijamente con sus bonitos ojos, haciéndose la frágil.

—¿Se me habrá arruinado la mano? ¿Y si ya no puedo volver a tocar el piano?

Había estudiado piano. Precisamente para perfeccionarse había ido a un prestigioso conservatorio en el extranjero. Antes de volver, empezó a trabajar una cuenta en una popular red social de videos cortos. Ya tenía más de un millón de seguidores y cierto nombre como influencer.

El rostro de Gabriel se suavizó. En sus ojos aparecieron la compasión y el cariño.

—No. En el hospital dijeron que solo son heridas superficiales. No hay daño en tendones ni huesos. En unos días vas a estar bien.

Camila pareció entristecerse aún más, a punto de llorar.

—¿De verdad? ¿No me lo dices solo para tranquilizarme?

Él le acarició el cabello.

—No.

Camila alzó los ojos para encontrarse con los suyos, con aire agraviado.

—Gabriel, si… digo, si la herida hubiera sido más grave y ya no pudiera tocar nunca más, ¿perdonarías a Valentina?

La mirada de él se oscureció. Respondió con frialdad:

—Ni siquiera hace falta que sea más grave. Con lo que te hizo ahora, no voy a perdonarla si no te pide disculpas. Si de verdad no pudieras volver a tocar, haría que lo pagara.

Con los ojos brillantes de lágrimas, Camila apoyó la cabeza en su hombro.

—Sabía que nadie iba a tratarme mejor que tú —murmuró con dulzura.

Gabriel la abrazó, pero pensaba en Valentina. ¿Se habría pasado al decirle que no quería volver a verla? Aunque ella había lastimado a Camila primero. ¡La culpa era suya!

Solo lo había eliminado para que fuera a contentarla. Pero esa vez no pensaba hacerlo.

***

Al llegar al vestíbulo del hotel, Valentina levantó los ojos y vio a Alejandro. Vestía camisa negra y pantalones de traje, que resaltaban sus hombros anchos, su cintura estrecha y sus piernas largas. Tenía las facciones bien definidas, las cejas marcadas y unos ojos atractivos. No había cambiado mucho en tres años. Seguía siendo insultantemente guapo.

A su lado había un hombre de traje, una cabeza más bajo, que parecía su asistente. En cuanto la vio, Alejandro se acercó con pasos largos y apresurados y tomó su maleta.

—Vale, ¿estás bien?

Ella apretó los labios y contestó en voz baja:

—Sí, estoy bien.

—Señor Ferrer, con su permiso, me retiro —dijo el asistente con mucho respeto.

Alejandro asintió.

***

La suite del último piso del hotel de cinco estrellas era lujosa y tenía una vista despejada. Desde el ventanal se podía contemplar de noche toda la ciudad de Puerto Azul.

—Vale, ¿quieres quedarte arriba o abajo?

Compartir aquel espacio con un hombre tan atractivo la ponía nerviosa. No sabía muy bien cómo comportarse.

—Donde… donde sea está bien.

Le pareció oír una risa baja. No se atrevía a levantar la vista para mirarlo a los ojos. Lo oyó decir, con su voz grave y dulce:

—Entonces quédate arriba. Si necesitas algo, me llamas.

Un rubor sospechoso le subió a las mejillas.

—Está bien.

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ysabel cecilia contreras
Miércoles llegó con otra 👿🤣🤣🤣🤣🤣
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