Antes de morir en una sangrienta operación militar en la Tierra, la vida del protagonista tuvo un solo propósito: pagar el tratamiento contra el cáncer de su hermana menor. Cada noche, para calmar su dolor, le leía novelas de romance. Tras perderla, cayó en combate poco tiempo después.
Para su sorpresa, despierta como Alexander von Ashford, poderoso Duque y General del Imperio de Valerius. La transmigración ocurre un mes después de partir a una guerra absurda, tras la trágica caída de su caballo. Ahora, un nuevo espíritu toma las riendas de su destino.
Al cruzar los recuerdos del cuerpo con los conocimientos de la novela, comprende la realidad: está dentro del libro. En la historia original, tras tres años de guerra, el Duque regresaba para descubrir que su esposa Elena y su hijo Theo de tres años habían muerto trágicamente.
Con su astucia táctica y la memoria del cuerpo, el exmilitar actuará rápido para cambiar el destino.
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Capítulo 5: Cartas en la penumbra
El viento invernal soplaba con fuerza contra la lona de la tienda de campaña, agitando levemente las llamas de los candelabros.
Sobre la mesa de madera, los mapas tácticos del desfiladero del norte yacían desplegados junto a varios informes de inteligencia sobre las defensas enemigas.
Llevaba dos semanas completas desde que envié a mi mensajero secreto hacia la residencia ducal. Catorce días de tensa espera en los que la ansiedad no me dio tregua.
Un golpe suave pero rítmico resonó en el poste de madera de la entrada.
—Adelante —ordené con voz grave, dejando la pluma sobre el escritorio.
El subcomandante Cassian ingresó con cautela, acompañado por un hombre cubierto con una capa de viaje impregnada de barro y nieve.
—Excelencia, el mensajero de sombras ha regresado de su misión en la capital —informó Cassian con una leve inclinación.
El mensajero dio un paso al frente, sacando de entre sus ropajes un pequeño cilindro de cuero sellado.
—Entregué su misiva directamente en manos de la Duquesa Elena, tal como lo ordenó —susurró el hombre, entregándome el cilindro—. Esta es su respuesta, General.
Tomé el tubo y rompí el sello de cera con agilidad. Extraje el fino pergamino y desplegué la nota, reconociendo de inmediato la elegante caligrafía de mi esposa.
Mis ojos recorrieron rápidamente las líneas trazadas por Elena. A medida que avanzaba en la lectura, la sangre comenzó a hervirme en las venas.
Elena confirmaba mis peores temores: la Princesa Evelyn ya se había instalado en la mansión bajo el absurdo pretexto de ayudar con la administración.
Además, describía la fría mirada de Evelyn hacia ella y hacia el pequeño Theo, la actitud cobarde y evasiva de Julian y las maniobras del mayordomo Gerald para cambiar a la servidumbre.
«Ese maldito anciano de Gerald está preparando el terreno para aislarla por completo», pensé con rabia, apretando el pergamino entre mis dedos.
«Y Julian... mi propio hermano está permitiendo que una extraña tome el control de la casa de nuestros ancestros», cavilé con profunda decepción.
La novela original no mencionaba los detalles sutiles del inicio del aislamiento, pero la carta de Elena dejaba en evidencia que la trampa de la princesa ya estaba en marcha.
Sabiendo que me encontraba a una semana entera de viaje a caballo, no podía reaccionar con impulsividad. Un movimiento en falso alertaría a Evelyn y pondría a mi familia en peligro.
—¿Malas noticias del ducado, señor? —preguntó Cassian, notando la rigidez en mi postura y la tensión en mis hombros.
—Las sombras se están moviendo en mi hogar antes de lo previsto —respondí, fijando mis ojos celestes en el subcomandante—. El mayordomo Gerald está reemplazando a la guardia leal por gente de la princesa.
—¿Gerald? Llama la atención que un sirviente tan antiguo actúe de esa forma sin la aprobación del amo Julian —comentó Cassian con asombro.
—Julian está cegado o complaciente. No podemos contar con él para proteger a Elena —sentencié con frialdad—. Necesitamos acelerar nuestros planes en este frente militar.
—Las tropas están listas para la maniobra en el desfiladero del norte, General —aseguró Cassian—. Si atacamos mañana por la noche, tomaremos sus suministros antes de que se den cuenta.
—Hazlo. No tenemos tiempo que perder —ordené firmemente—. Si aplastamos la línea enemiga en ese punto, forzaremos su retirada estratégica en cuestión de meses.
—Señor, ¿qué haremos respecto a la seguridad de la Duquesa mientras usted está atrapado en el frente? —inquirió el oficial con preocupación.
—Envía una orden secreta al capitán de la guardia que aún permanece fiel a los Ashford —instruí, tomando un nuevo pergamino para redactar—. Que mantenga a seis hombres vestidos de civiles vigilando los aposentos de Elena y Theo.
—¿Y sobre la Princesa Evelyn y el mayordomo Gerald? —preguntó Cassian.
—Que no los enfrenten abiertamente todavía —ordené con astucia táctica—. Solo quiero que registren cada visita y cada documento que entre o salga de la residencia.
—Entendido, Excelencia. Saldrá un nuevo informe hacia la capital esta misma noche —asintió el subcomandante antes de retirarse.
Cerré los ojos un segundo, recordando la calidez de la voz de mi hermana en mi vida pasada y la promesa que le hice en esta nueva existencia.
«No fui capaz de proteger a mi hermana del destino en la Tierra, pero esta vez la historia será completamente diferente», me dije a mí mismo con ferocidad.
«Elena ha demostrado ser fuerte e inteligente al advertirme de Gerald y Julian. Ahora me toca a mí destruir a sus enemigos desde la distancia», pensé.
Caminé hacia la entrada de la tienda y contemplé el firmamento nocturno cubierto de nubes de tormenta. La batalla en el frente estaba por comenzar, pero la victoria real sería rescatar a mi familia.
Apreté la empuñadura de mi espada, sintiendo el frío del acero bajo mi guante de cuero. El Duque Alexander ya no era la marioneta de una historia trágica, sino el cazador que acechaba en las sombras.
que obra tan magistral
ya quiero ver arder a esos traidores
ya quiero ver asustados a los traidores cuando el ya empiece a dar órdenes con el sello 👏🤭
malditos como los odio y ese Julian su envidia y ambición lo destruiría y esa bruja ya me cae bien mal
estos acabarán amándose mucho
no nos dejen con la incertidumbre
ya quiero verla llegar con Alexander
malditas vivoras y que bueno que no tienen el sello