Bajo los gélidos e imponentes paisajes de Alaska, el amor inmortal de Adam y Bibiana se enfrenta a su prueba más difícil al verse presionados a contraer matrimonio por Marcelo, el despiadado padre de Adam; Una unión forzada que desentierra los peores dolores del pasado, llevando a Bibiana a tomar una decisión definitiva. Cargada de una indignación inquebrantable, la joven está decidida a confrontar cara a cara a su familia por haberle ocultado la verdad sobre el oscuro pacto secreto que su padre tejió en el ayer con su ahora suegro. Ella ya no será una pieza en el juego de nadie; luchará con valentía y con toda su fuerzas para romper de una vez por todas las cadenas del pasado y salvar su propio destino al lado del hombre que ama con el alma.
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T3 Capítulo 2 - Sangre y depredación
Las miradas de los invitados eran como cuchillas sobre la piel de Bibiana. Sus ojos, cargados de un hambre milenaria, la escaneaban sin disimulo. Adam, percibiendo el peligro, se abrió paso entre la multitud, Llegó al pie de la escalera y tomó la mano de Bibiana, quien temblaba imperceptiblemente.
—Te felicito, Marcelo —comentó Samuel, sin apartar la vista de la joven—. Tu hijo tiene una joya muy valiosa. Es perfecta.
—Sí —respondió Marcelo con orgullo—. Mi hijo es el más afortunado de todos.
Adam ignoró los comentarios y se enfocó únicamente en ella.
—Bibi, estás hermosa —susurró, intentando transmitirle calma con la mirada.
—Gracias —logró decir ella, forzando una sonrisa mientras sentía cómo los ojos de los invitados recorrían su cuello.
Varios vampiros se acercaron, rodeándolos como lobos.
—Felicidades, Adam. Tu prometida es deslumbrante —dijo uno de ellos, inhalando profundamente el aroma de Bibiana. Adam la abrazó por la cintura, en un gesto posesivo y protector, mientras ella disimulaba la náusea que le provocaba aquella atención macabra.
Mientras tanto, Samuel se acercó a Marcelo.
—¿Tu hijo de verdad quiere casarse con esa humana? Porque si él no la quiere, yo estaría dispuesto a comprársela. Me gustaría tener una pieza tan preciosa como ella.
—Lamento decirte que no está en venta —sentenció Marcelo—. Adam está demasiado enamorado. Además, ya la marcó; es imposible que otro pueda beber de ella.
—Una verdadera lástima —murmuró Samuel, relamiéndose.
Pueblo Finlandés – Casa de los Anderson
—¿Por qué estás tan segura de que Melissa no encontrará a nuestra hermana? —preguntó Diego, harto del cinismo de Elena.
—Hermanito, abre los ojos —espetó Elena, cruzándose de brazos—. Esa mujer solo usa esa excusa para hacerse la heroína frente a ti. Es una de ellos. Si encuentra a Bibiana, no te lo dirá.
—Siempre estás cargada de veneno, Elena. ¿En qué momento te volviste así?
—Me volví así porque me cansé de vivir a la sombra de "la perfecta Bibiana" —gritó ella, dejando salir toda su frustración—. Siempre es ella el centro del universo.
—Es tu hermana, Elena.
—Puede que compartamos sangre, pero la detesto. Estás perdiendo el tiempo buscando a alguien que seguramente ya se convirtió en una vampiresa llena de lujos. Ella nos verá como seres inferiores, Diego. Piénsalo: dejó a Matt por un monstruo solo por la inmortalidad y el dinero. Siempre fue una ambiciosa.
—Estás mal de la cabeza —respondió Diego, dándole la espalda para no seguir escuchando sus mentiras.
—¡Es la verdad! ¡Algún día verás quién es ella realmente! —gritó Elena a sus espaldas, pero Diego simplemente la ignoró.
Alaska – La Fiesta de Compromiso
En medio del salón, el murmullo de los invitados se volvió un rugido sordo. Adam mantenía a Bibiana pegada a su costado.
—¿Cómo te sientes, Bibi? —preguntó Adam en voz baja.
—Demasiado incómoda... siento que todos quieren destrozarme el cuello.
—No pueden atacarte, la marca te protege.
—Lo sé, pero me siento como una presa ante una jauría de lobos que quiere devorarme.
—Por eso no quería esta fiesta —gruñó Adam—. Sabía que te sentirías intimidada. Quédate cerca de mí, pase lo que pase.
De pronto, Marcelo se colocó en el centro de la sala y pidió atención.
—¡Atención, queridos invitados! Quiero proponer un brindis por la futura esposa de mi hijo. Muy pronto será una Soler y una de nosotros. ¡Salud!
Todos alzaron sus copas llenas de sangre. Sin embargo, un murmullo de desconfianza recorrió a los invitados.
—Queremos una muestra de que no están quebrantando las reglas —gritó uno de ellos.
—¿Qué tipo de muestra? —preguntó Marcelo, endureciendo el gesto.
—¡Queremos que su hijo muerda a su prometida y beba de su sangre delante de todos! Solo así creeremos que no nos toman el pelo.
—¿Eso es lo que quieren? —Marcelo miró a su hijo—. Ya escuchaste, Adam. Quieren una prueba.
—No lo voy a hacer, papá —respondió Adam, protegiendo a Bibiana.
—¡Lo tienes que hacer o estaremos en problemas todos! —rugió Marcelo, perdiendo la paciencia.
—Adam, ya no pelees con él —intervino Bibiana, asombrando a todos—. Si quieren esa prueba, hay que dárselas.
—Bibi... si pierdo el control, podría matarte.
—Tuviste control cuando me marcaste. Confío en ti —respondió ella, mirándolo a los ojos con una valentía suicida.
—Está bien... lo haré.
Marcelo sonrió triunfante. —¡Perfecto! Mi hijo beberá de su prometida humana.
Adam tomó a Bibiana de la mano y la llevó al centro del círculo. Samuel observaba con envidia.
—Qué afortunado... ya quisiera yo a esa humana de adorno. Lástima que su sangre esté contaminada por la marca —murmuró. Catalina, su hija, bufó con rabia: —Es una simple humana, no sé por qué están todos hechizados.
Adam se acercó al cuello de Bibiana, sintiendo el latido acelerado de su corazón.
—Bibi, perdóname por esto...
—Solo hazlo, Adam —susurró ella.
Adam dejó salir sus colmillos, que brillaron bajo las luces de la mansión, y se inclinó sobre el cuello de Bibiana, listo para morder su cuello