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El Rey Sin Trono

El Rey Sin Trono

Status: En proceso
Genre:Apocalipsis / Mundo de fantasía / Venganza
Popularitas:140
Nilai: 5
nombre de autor: Braian Cazzuchelli

Alguien ocupo su lugar ¿estara dispuesto a perder todo para recuperarlo?

NovelToon tiene autorización de Braian Cazzuchelli para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El peso de una corona

Las partidas continuaron hasta que la luz del día desapareció por completo.

Arlen perdió.

Volvió a perder.

Y después perdió algunas veces más.

Cuando finalmente abandonaron la biblioteca, el refugio ya estaba en silencio.

Ni siquiera Dorian tenía energía para hacer bromas.

Por primera vez en mucho tiempo, Arlen se durmió apenas apoyó la cabeza.

---

A la mañana siguiente el olor a comida lo despertó.

Cuando llegó al salón principal encontró al resto del Escuadrón de las Cenizas desayunando alrededor de una mesa.

Luna parecía mucho más despierta que el día anterior.

Dorian seguía despeinado.

Kael tomaba café en silencio.

Y Adrián revisaba documentos incluso mientras desayunaba.

—Empiezo a creer que nunca dejás de trabajar.

Dijo Arlen mientras se sentaba.

Adrián levantó la vista.

—Eso sería ineficiente.

—¿Dormís al menos?

—A veces.

—Eso explica muchas cosas.

Luna soltó una pequeña risa.

Dorian directamente se atragantó.

—¡Por fin alguien se anima a decirlo!

Adrián lo ignoró por completo.

Terminó su café.

Guardó varios papeles dentro de una carpeta.

Y se puso de pie.

—Tengo asuntos pendientes.

—¿Asuntos importantes?

Preguntó Luna.

—Todos mis asuntos son importantes.

—Eso no responde nada.

—Lo sé.

Sin agregar una palabra más abandonó la habitación.

Arlen observó cómo desaparecía por el pasillo.

—Cada día entiendo menos a ese hombre.

—Bienvenido al club.

Respondió Dorian.

---

Un rato después Luna también se levantó.

—Tengo que revisar algunos equipos.

—Yo voy con vos.

Dijo Dorian.

Luna lo miró.

—¿Por qué?

—Porque si te dejo sola seguramente te aburrís.

—Claro.

—Además...

Dorian miró a Arlen con una sonrisa maliciosa.

—No quiero que se ponga celoso.

Arlen casi escupe el café.

—¿Qué?

Luna no dijo una sola palabra.

Simplemente le dio un golpe en la cara.

No fue fuerte.

Pero sí lo suficiente para hacerlo tambalear.

—¡Auch!

Dorian se llevó una mano a la mejilla.

—¿Y eso?

—Por existir.

—Justo.

Luna comenzó a caminar hacia la salida.

Dorian soltó una carcajada.

Sorprendentemente ella también.

—Nos vemos luego.

Dijo Luna.

—Si sobrevivo.

Agregó Dorian.

—No prometo nada.

Respondió ella.

Ambos abandonaron el refugio entre risas.

Y de pronto el enorme salón quedó extrañamente silencioso.

Solo permanecían Arlen y Kael.

---

Durante varios minutos ninguno dijo nada.

Kael bebía café.

Arlen observaba por una ventana.

Finalmente fue el veterano quien rompió el silencio.

—Necesitamos dinero.

Arlen parpadeó.

—Eso fue directo.

—La realidad suele ser directa.

—Supongo que sí.

Kael apoyó la taza sobre la mesa.

—Pronto vamos a aceptar otro trabajo.

Y cuando salgamos quiero que mantengas los ojos abiertos.

—¿Por los seguidores de Azrakel?

—Por todos.

Arlen frunció el ceño.

Kael continuó.

—Kilop está llena de mercenarios.

—Pensé que ustedes eran raros.

—Lo somos.

—Entonces me preocupa imaginar los normales.

Por primera vez Kael dejó escapar una pequeña sonrisa.

—Algunos son peores que los monstruos que cazan.

Arlen permaneció en silencio unos segundos.

Luego hizo una pregunta.

—¿Hace cuánto vivís así?

Kael apoyó la espalda contra la silla.

Pensó un momento.

—Veinticinco años.

—Es mucho tiempo.

—Probablemente más.

—¿Y nunca hiciste otra cosa?

—No.

La respuesta fue inmediata.

—Esta es la única vida que conozco.

No había tristeza en sus palabras.

Ni orgullo.

Simplemente aceptación.

Como si estuviera describiendo el clima.

---

—Hay algo que me intriga.

Dijo Kael después de un momento.

—¿Qué?

—Los seguidores.

Arlen levantó la mirada.

—¿Los de Azrakel?

Kael asintió.

—Todos los que poseen poderes similares suelen tener personas que los siguen.

—Eso también lo pensé.

—Y si querés derrotar a Azrakel, vos también vas a necesitarlas.

Arlen apoyó los brazos sobre la mesa.

—Lo sé.

—La cuestión es cómo conseguirlas.

Kael señaló la ciudad visible a través de la ventana.

—Kilop sería un buen lugar para empezar.

—¿Y qué tendría que hacer?

Kael lo observó fijamente.

—Primero responder una pregunta.

—¿Cuál?

—¿Querés que te teman o querés que te amen?

Arlen tardó apenas un segundo.

—Que me amen.

Kael asintió.

Como si hubiera esperado exactamente esa respuesta.

—Entonces tenés un problema.

—¿Cuál?

—La gente puede obedecer por miedo en una tarde.

Pero ganar confianza...

Eso lleva años.

Arlen guardó silencio.

—Además necesitás algo más.

—¿Qué cosa?

—Tu don.

Aquella palabra volvió a despertar su curiosidad.

—¿Por qué es tan importante?

—Porque todos los líderes tienen algo que los diferencia.

Algo que nadie más posee.

Algo que hace que las personas crean en ellos.

Kael observó la ciudad.

—Nadie conoce el don de Azrakel.

Muy pocos lo saben.

Sus seguidores más fieles.

Sus comandantes.

Nadie más.

Arlen se quedó pensando.

Y cuanto más lo hacía, menos le gustaba.

—Eso es un problema.

—¿Por qué?

—Porque si nadie conoce su don...

Quizá el verdadero origen de su poder ni siquiera sea ese.

Kael lo observó en silencio.

La idea era interesante.

Muy interesante.

—No lo había pensado.

—Yo tampoco hasta ahora.

---

—¿Y cuál es tu don?

Preguntó Kael.

Arlen soltó una pequeña risa.

—No tengo idea.

—¿Qué?

—No lo sé.

Kael arqueó una ceja.

—¿Cómo que no lo sabés?

—Porque llegué hace poco.

Muy poco.

Todavía estoy intentando entender muchas cosas.

Necesito descubrirlo.

Practicar.

Aprender.

Kael soltó una carcajada.

Una carcajada genuina y poco habitual.

—Estás pensando mal.

—¿Por qué?

—Porque querés entrenarlo como si fuera un músculo.

—¿Y no es así?

—No.

Kael golpeó suavemente su propio pecho.

—Los verdaderos dones nacen acá.

Arlen lo observó.

—¿Del corazón?

—De quién sos.

De lo que deseás.

De lo que te mueve.

De aquello que jamás podrías abandonar.

Durante unos segundos ninguno habló.

Finalmente Arlen preguntó:

—¿Vos sabés mucho sobre esto?

Kael miró hacia la ventana.

Por primera vez parecía observar algo que estaba muy lejos.

Quizá décadas atrás.

—Porque yo también quise sentarme en el trono.

El silencio llenó la habitación.

—¿Qué?

—Cuando era joven.

Quería ser rey.

Quería gobernar.

Quería convertirme en algo parecido a un dios.

Arlen escuchaba atentamente.

—Pero nunca tuve un don.

Entrené.

Luché.

Sobreviví.

Me hice más fuerte.

Mucho más fuerte.

Pero el poder de los seguidores siempre estuvo fuera de mi alcance.

Kael sonrió.

No con tristeza.

Con aceptación.

—Algunas coronas no están hechas para nosotros.

---

Arlen permaneció pensativo.

Luego levantó la vista.

—Entonces necesito descubrir mi don rápido.

—¿Y después?

—Conseguir seguidores.

Ayudar personas.

Ganarme su confianza.

Demostrarles que existe otra forma.

Kael lo observó unos segundos.

Cada vez que Arlen hablaba de esas cosas parecía demasiado decidido.

Demasiado convencido.

Como si estuviera siguiendo una lógica diferente a la de cualquier ser humano.

—Definitivamente no sos normal.

Dijo finalmente.

Arlen soltó una carcajada.

—Me lo dicen bastante.

—Y con razón.

Ambos rieron.

---

Después Arlen volvió a ponerse serio.

—Hay algo más.

—¿Qué?

—Creo que deberíamos empezar por los seguidores de Azrakel que están en Kilop.

Kael negó con la cabeza.

—No hay seguidores de Azrakel en Kilop.

—¿Estás seguro?

—Bastante.

—¿Y los edificios del centro?

Kael frunció el ceño.

—¿Qué tienen?

—¿Nunca te preguntaste por qué algunas personas viven como reyes mientras el resto sobrevive como puede?

—Porque tienen dinero.

—¿Y de dónde viene?

Kael no respondió.

—Además.

Continuó Arlen.

—Siempre aparecen nombres nuevos en las listas de trabajo.

Nadie sabe quién las controla.

Nadie sabe quién decide qué información aparece.

Nadie sabe quién mueve los hilos.

El veterano comenzó a pensar.

Muy despacio.

—Hay muchos mercenarios poderosos en esta ciudad.

—Exacto.

—Y vos creés que algunos podrían ser seguidores.

—Creo que alguien les está dando algo.

Y no me parece normal.

Por primera vez en toda la conversación Kael quedó completamente callado.

Porque cuanto más pensaba en la teoría de Arlen...

Más sentido encontraba.

Finalmente soltó una carcajada.

Negó con la cabeza.

Y señaló al muchacho.

—No sos normal.

Arlen volvió a reír.

—Ya me lo dijiste.

—Y voy a volver a decirlo.

---

La puerta principal se abrió.

Luna entró primero.

Dorian apareció detrás cargando varias cajas.

—Nunca más vuelvo a ayudarte.

Gruñó.

—Mentira.

Respondió Luna.

—Sí.

Probablemente.

Unos segundos después Adrián también regresó.

Traía una carpeta bajo el brazo.

Kael se puso de pie.

Observó a todo el equipo.

Y sonrió apenas.

—Perfecto.

—¿Qué pasa?

Preguntó Luna.

Kael tomó una hoja de la mesa.

—Que ya tenemos una nueva misión.

Y de inmediato toda la atención del Escuadrón de las Cenizas se concentró en él.

Porque el descanso había terminado.

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