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Tres Caminos, Un Destino

Tres Caminos, Un Destino

Status: En proceso
Genre:Mafia / Romance
Popularitas:250
Nilai: 5
nombre de autor: Amorina Soledad

este es una novela que habla de una chica que es en el salón de clases es muy tranquila pero afuera es todo lo contrario y además tiene a tres chicos y se queda con los tres por eso el nombre

NovelToon tiene autorización de Amorina Soledad para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: La reina en las sombras

Nadie conocía su verdadero nombre.

En los barrios más peligrosos de la ciudad, donde las luces fallaban y las sombras parecían tener vida propia, la llamaban La Sombra Carmesí. Un susurro que recorría callejones, clubes clandestinos y oficinas cerradas con llave. Nadie la había visto claramente… pero todos temían su presencia.

En los círculos de poder, donde los trajes caros ocultaban intenciones aún más caras, su nombre era otro tipo de leyenda. Una figura joven, invisible, capaz de mover millones con una sola orden, de hacer desaparecer enemigos sin dejar rastros, de cambiar destinos como si fueran piezas de ajedrez.

Pero en la vida cotidiana…

Era solo Valentina Ríos.

Una chica de 18 años, estudiante universitaria, de cabello oscuro que caía suavemente sobre sus hombros y una mirada serena que engañaba a cualquiera. Caminaba entre la gente sin llamar la atención, sonreía con dulzura, respondía con educación. Nadie sospechaba que detrás de esa apariencia tranquila se escondía una mente fría, calculadora… y peligrosamente brillante.

Dos vidas. Dos mundos. Un solo secreto.

Valentina no había elegido ese destino… pero lo había perfeccionado.

Todo comenzó con la desaparición de su padre. Un hombre poderoso, temido, respetado. El antiguo líder de una de las organizaciones más influyentes del país. Una noche simplemente dejó de existir. Sin cuerpo. Sin despedida. Sin respuestas.

Muchos creyeron que aquello marcaría el fin del imperio.

Se equivocaron.

Porque en lugar de derrumbarse… alguien tomó el control.

Y ese alguien fue ella.

Con apenas 17 años en ese entonces, Valentina había demostrado algo que nadie esperaba: no solo podía liderar… podía dominar. En menos de un año, reorganizó la estructura, eliminó traidores, expandió territorios y consolidó alianzas que su propio padre nunca había logrado.

No lo hizo con fuerza.

Lo hizo con inteligencia.

Y ahora… a sus 18 años, era intocable.

O al menos eso creía.

La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de un edificio abandonado en el centro de la ciudad. Desde el último piso, donde nadie se atrevía a entrar, Valentina observaba el mundo desde las sombras.

Su despacho secreto era elegante, minimalista, frío. Un contraste perfecto con el caos que gobernaba.

Sostenía una copa de vino tinto entre sus dedos mientras analizaba documentos proyectados en una pantalla.

—El trato se cerró hace diez minutos —dijo una voz firme a su espalda.

Valentina no se giró.

—¿Hubo problemas?

—Ninguno. Tal como lo predijiste.

Una leve sonrisa apareció en sus labios.

—Entonces no fue un trato… fue una victoria.

El hombre detrás de ella era Mateo. Su mano derecha. El único que conocía toda la verdad. El único que sabía que la temida Sombra Carmesí… era una joven de apenas 18 años.

—Cada vez me sorprendes más —admitió él.

—Eso es porque los demás siguen subestimando lo que no entienden —respondió con calma—. Y eso… es su mayor error.

Caminó lentamente hasta el ventanal. La ciudad brillaba bajo la lluvia, como si ocultara miles de secretos.

—Dime, Mateo… —murmuró—. ¿Qué tan difícil crees que sería derribar a alguien que se cree invencible?

—Depende de quién lo intente.

Valentina giró levemente el rostro, dejando ver una mirada afilada.

—Entonces será fácil.

Pero incluso en su seguridad… había algo que no podía controlar.

El destino.

En otro punto de la ciudad, tres hombres comenzaban a recorrer caminos que inevitablemente los llevarían hacia ella.

Tres historias distintas.

Tres personalidades opuestas.

Tres peligros… completamente diferentes.

Adrián Velasco no creía en coincidencias.

Desde su oficina, en lo alto de uno de los edificios más lujosos, revisaba informes clasificados con precisión quirúrgica. Su traje impecable, su postura perfecta, su mirada fría… todo en él reflejaba control.

Hasta que apareció un nombre.

Sombra Carmesí.

—Otra vez… —murmuró.

Era la tercera vez esa semana que ese nombre interfería en uno de sus negocios.

No le gustaba perder.

No le gustaban los misterios.

Y definitivamente… no le gustaba que alguien jugara en su terreno sin permiso.

Cerró el archivo lentamente.

—Encuéntrenla —ordenó sin levantar la voz—. No importa cuánto cueste.

Porque en el fondo… ya no era solo negocios.

Era obsesión.

Thiago Ferrer, en cambio, no necesitaba informes.

Él prefería la acción.

Dueño de casinos, clubes y fiestas donde todo podía pasar, Thiago vivía en el borde del caos… y le encantaba. Esa noche, apoyado en la barra de su club más exclusivo, escuchaba rumores entre risas y música alta.

—Dicen que es una mujer —comentó alguien.

—Dicen que nadie la ha visto —respondió otro.

Thiago sonrió.

—Entonces yo seré el primero.

Había algo en esa historia que lo atraía. No por poder. No por dinero.

Sino por el desafío.

Porque para él, la vida sin riesgo… no tenía sentido.

Y luego estaba Lautaro Vega.

El más silencioso.

El más peligroso.

Sentado en la oscuridad de su oficina, observaba una fotografía borrosa proyectada en la pared. No mostraba mucho… solo una silueta, una figura femenina entrando a un edificio.

Pero para él… era suficiente.

—Así que eres tú… —susurró.

A diferencia de los otros, Lautaro no buscaba encontrarla.

Él… ya estaba cerca.

Esa misma noche, el destino decidió unir los caminos.

Un evento exclusivo.

Luces doradas, música elegante, risas cuidadosamente calculadas. Personas influyentes, secretos disfrazados de sonrisas, acuerdos escondidos en conversaciones casuales.

Y en medio de todo eso…

Valentina.

Vestida de negro, con una elegancia natural que no necesitaba esfuerzo. Su presencia era sutil, pero imposible de ignorar para quienes sabían observar.

Caminaba con calma, analizando cada detalle, cada gesto, cada mirada.

Hasta que lo sintió.

Primero… una.

Luego… otra.

Y finalmente… tres.

Levantó la vista.

Adrián la observaba con interés frío, como si ya estuviera analizando cada parte de ella.

Thiago le dedicó una sonrisa ladeada, cargada de desafío.

Y Lautaro…

Lautaro simplemente la miraba… como si ya supiera quién era.

Por primera vez en mucho tiempo, algo cambió dentro de Valentina.

No era miedo.

No era peligro.

Era… intriga.

—Vaya… —susurró apenas, tomando su copa—. Esto se pone interesante.

Porque aunque ella dominaba el juego…

No sabía que, por primera vez…

No era la única moviendo las piezas.

Y así, sin que nadie lo dijera en voz alta…

Tres caminos acababan de cruzarse.

Y todos llevaban… al mismo destino.

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