Estar en la zona de amigos es vivir en el infierno disfrazado de confianza.
Layla ama en silencio a Alexander, su mejor amigo, pero para él ella es solo una hermana: nunca la verá con otros ojos. Mientras tanto, Ryan, el chico que parecía no tener corazón ni sentimientos, se cruza en su camino y pone su mundo patas arriba.
De repente nada es sencillo. Alexander empieza a cuestionarse si en realidad ha estado mirando a la persona equivocada todo este tiempo. Y Ryan está dispuesto a todo para demostrarle que, a veces, lo que buscas no está donde crees… sino justo frente a ti.
¿Seguirá esperando a quien nunca la verá, o se atreverá a tomar el riesgo de amar a quien sí la mira como nadie más?
NovelToon tiene autorización de Autor lucia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Cap 10: Rivales
...Ryan Gallagher...
Mi madre asintió aún con la vista fija al frente. Estuvimos en silencio los minutos restantes hasta llegar a la escuela, la cual era grande. Muy muy grande. Si solo la entrada parecía lujosa y elegante, no me podía imaginar el interior. Mi madre condujo por una autopista que le pertenecía a la escuela, recorriendo los campos de deportes que tenía. El de béisbol se encontraba pasando el mini parque con fuentes de agua y el de fútbol americano estaba al finalizar la autopista, pero no llegamos hasta ahí, porque la entrada estaba mucho antes y solo me quedó observarlo desde lejos.
¿Cuánto le habrá costado la matrícula a mi madre?
—Ryan —me detuvo mi madre al ver que me marchaba—. Cariño, no sabes cuánto me alegro de que no te haya sucedido nada grave en aquel accidente. No sé qué hubiese hecho si algo te sucedía, por más grande que seas aún sigues siendo mi bebé.
Su mano estaba sosteniendo fuertemente la mía, sonreía agradecida y por un instante temí que se pusiera a llorar. No sabía cómo lidiar con las mujeres que lloraban, no era bueno en eso. Pero ver a mi madre de esa forma me hizo reflexionar; ella estaba trabajando muy duro para que yo pueda estudiar en una prestigiosa escuela y obtener una beca en la universidad, en serio valoraba su esfuerzo.
En la vida nunca me ha importado nada, siempre hemos sido mi madre y yo. Ella siempre se ha encargado de darme lo mejor y como buen hijo que era no podía mandar a la mierda lo que ella había conseguido para mí. Así que pese a que no quería estudiar en esta escuela, decidí que haría mi mayor esfuerzo para que el trabajo de mi madre no sea en vano.
—Estaré bien, mamá —intenté tranquilizarla, no quería pero debía entrar de una vez a la escuela.
—Te quiero mucho —sonrió.
—Y yo a ti —Le di un beso en la mejilla y me despedí de ella. Comencé a alejarme rápidamente, no quería seguir presenciando el sentimentalismo de mi madre. La quería, pero cuando se ponía de esa forma no había quien la detenga.
—¡Pasaré por ti a la salida, no lo olvides! —gritó cuando me encontraba a medio camino. Giré y antes de correr hacia la entrada le mostré mi pulgar hacia arriba, para que sepa que no he olvidado la visita al hospital.
Afortunadamente mi madre había venido a pedir mi horario de clases, pero para que se lo entregaran le contó a la persona encargada de entregar los horarios que había tenido un accidente y que por eso no había podido asistir a la escuela.
Tuvo que rellenar unos papeles por mi inasistencia y firmar un acuerdo donde prometía que no permitiría que falte a más clases el resto del año. Si lo hacía tenía que presentar una justificación válida y bla bla bla. Así de exigentes eran, que porquería.
Mi casillero era el número 169 y no me fue difícil encontrarlo. Todos parecían estar metidos en sus asuntos, ni siquiera giraron a verme en cuanto entré. Me sentía decepcionado, no había llamado la atención de nadie ni creado un gran alboroto.
¿Qué les pasaba a las personas? Mírenme.
Soy asombroso, por favor.
Un chico alto y con una ridícula chaqueta azul pasó por mi lado, chocando mi hombro y sin girar a pedirme disculpas. Una rubia iba a su lado, hablándole. ¿Quién se creía ese tipo? Eso no fue todo, un alumno con una caja en sus manos estaba caminando mirando en el interior de lo que llevaba y terminó chocando con el de la chaqueta. Las cosas dentro de la caja se salieron y debido al ruido que ocasionaron, las personas giraron en dirección al lugar mirando curiosos.
Observé como el de la chaqueta cogía del cuello de la camiseta al otro chico y lo alzaba, estampándolo contra los casilleros. Le gritaba insultos fuera de lugar. Muchos miraban asombrados la escena, como si no lo pudiesen creer.
Repito: ¿Quién se creía este tipo?
—¡¿Qué haces, Alexander?! —gritó la rubia, luciendo impactada—
El tal Alexander no pareció inmutarse, su rostro estaba comenzando a enrojecerse y la furia era reflejada en su mirada. Nadie hacía ni decía nada, estaban esperando a que el mismo Alexander se aleje, pero él no lo haría, conocía esa mirada. Quizás esto me traiga problemas, pero alguien tenía que detenerlo.
—Deberías soltarlo —fue lo primero que dije, acercándome hacia la escena.
Él me observó de arriba abajo y sonrió con suficiencia, mientras que el otro chico tenía los ojos cerrados, como si estuviera rezando por su suerte.
—¿Y tú quién te crees? —sus puños se cerraban cada vez con más fuerza, apretando la camiseta del muchacho.
—Alexander, por favor, suéltalo —la súplica de la rubia no lo conmovió en absoluto.
—No te metas, Madison —ladró.
—Si no lo sueltas tú, entonces yo haré que lo sueltes —dije. Eso pareció enfurecerlo más. El chico en sus manos parecía a punto de orinarse del miedo.
...“No había pasado ni una hora y ya tenía frente a mí a alguien que no dudaba en abusar de su fuerza. Y yo no iba a dejarlo pasar.”...
^^^Continuará…^^^