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Capítulo 7. Un desconocido bastante conocido
El sol terminó de ocultarse tras las montañas cuando Lyra decidió detenerse.
Había recorrido un largo camino desde la mansión Evermoon y el bosque se volvía cada vez más espeso.
Aquel lugar era tranquilo.
Un pequeño arroyo atravesaba el claro y los altos árboles protegían el campamento del viento.
—Pasaremos la noche aquí.
Su caballo relinchó suavemente, como si estuviera de acuerdo.
Con la práctica de quien lo había hecho decenas de veces, Lyra reunió ramas secas, encendió una pequeña fogata y preparó una sencilla cena.
Mientras el fuego crepitaba, contempló el mapa extendido sobre un tronco.
Su dedo recorrió lentamente los caminos del continente hasta detenerse sobre un nombre que hizo que su pecho se oprimiera.
Imperio de Eryndor.
El imperio donde había vivido como Elria.
El imperio donde había amado.
El imperio donde había muerto.
Respiró hondo.
—Voy hacia ti...
No viajaba por curiosidad.
Viajaba para encontrar respuestas.
Y, sobre todo, para encontrar al hombre que la había asesinado.
No sabía si seguía comprometido, si había escapado o si disfrutaba tranquilamente de la vida que había construido sobre su muerte.
Pero descubriría la verdad.
Y cuando llegara ese día...
Él también conocería la desesperación.
El viento comenzó a soplar entre los árboles.
Lyra levantó la vista.
Algo había cambiado.
El bosque, que hasta hacía un momento estaba lleno del canto de los grillos, quedó completamente en silencio.
Ni un solo pájaro.
Ni una sola hoja.
Como si toda criatura hubiera decidido esconderse.
Instintivamente llevó una mano al arco que descansaba junto a ella.
—¿Quién anda ahí?
No obtuvo respuesta.
Solo el sonido de unas pisadas acercándose entre la oscuridad.
Una figura emergió lentamente de entre los árboles.
Era un hombre extraordinariamente alto.
Vestía completamente de negro, con una larga capa que ocultaba gran parte de su cuerpo.
Su cabello oscuro caía desordenadamente sobre su frente y unos ojos dorados brillaban bajo la luz de la luna.
Era absurdamente hermoso.
Tan hermoso que resultaba inquietante.
Lyra frunció ligeramente el ceño.
Sentía que nunca lo había visto...
Y, al mismo tiempo, aquellos ojos despertaban un extraño dolor en su corazón.
El desconocido también se quedó inmóvil.
La observó fijamente.
Como si el tiempo hubiera dejado de existir.
Su respiración se volvió irregular.
No...
Era imposible.
El aroma.
Era exactamente el mismo.
Había pasado incontables noches buscándolo.
Había cruzado reinos enteros siguiendo un rastro tan débil que cualquiera habría pensado que era una ilusión.
Y ahora...
Estaba frente a él.
Conrad sintió cómo su corazón, muerto desde la noche en que perdió a su vinculada, volvía a latir.
No podía ser ella.
Su rostro era diferente.
Su cabello era distinto.
Su magia también.
Pero aquella esencia...
Jamás podría confundirla.
Lyra se puso de pie lentamente sin apartar la mano de su arco.
—¿Quién es usted?
El hombre tardó unos segundos en responder.
Sus ojos no abandonaban ni un instante el rostro de la joven.
Finalmente, una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Solo soy...
Hizo una breve pausa.
—...un desconocido bastante conocido.
Lyra sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Sin saber por qué...
Aquel hombre le daba la impresión de haber llegado demasiado tarde... una vez.