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La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

Status: Terminada
Genre:Apoyo mutuo / Aventura Urbana / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11: Ya no podía dejar de pensar en él

Ya habían pasado dos meses desde que Hernán y yo comenzamos a hablar por TikTok. Lo que empezó con un simple saludo se había convertido en algo que formaba parte de todos mis días.

La verdad era que ya no podía imaginarme una mañana sin sus mensajes.

Todos los días me despertaba y lo primero que hacía era buscar mi celular.

Antes incluso de levantarme de la cama.

Y casi siempre encontraba algún mensaje suyo.

—Buenos días, Lilibeth.

—¿Cómo amaneciste?

—¿Cómo vas?

Y automáticamente sonreía.

Mi mamá ya comenzaba a sospechar.

Porque antes yo me levantaba pensando en el colegio.

Ahora me levantaba pensando en Hernán.

Y eso estaba empezando a notarse.

Una mañana mientras desayunábamos, mi mamá me observó durante varios segundos.

—¿Qué pasa?

—Nada.

—¿Segura?

—Sí.

—Entonces ¿por qué sonríe mirando el celular?

Yo casi me atraganto con el chocolate.

—No sonrío.

—Claro que sí.

Samuel comenzó a reírse.

—Yo también la he visto.

—Ustedes están inventando.

—Ajá.

Intenté cambiar el tema rápidamente.

Pero la verdad era que sí sonreía.

Y mucho.

Porque Hernán siempre encontraba la manera de alegrarme el día.

Las semanas siguieron pasando.

Y yo cada vez estaba más distraída.

Antes prestaba atención a todo en el colegio.

Tomaba apuntes.

Participaba en clase.

Estaba pendiente de cada explicación.

Pero ahora mi mente parecía estar en otra parte.

Una mañana estaba en clase de matemáticas cuando mi celular vibró.

Era un mensaje de Hernán.

Y aunque sabía que no debía verlo, terminé leyéndolo debajo del pupitre.

—¿Cómo va tu día?

Automáticamente sonreí.

Y justo en ese momento la profesora dijo:

—Lilibeth.

Levanté la cabeza.

—¿Sí?

—¿Está poniendo atención?

Toda la clase comenzó a reírse.

—Sí, profesora.

—Entonces responda el ejercicio.

Me quedé completamente en blanco.

No tenía idea de qué estaba hablando.

Mis amigas comenzaron a reírse.

Y yo me puse roja de la vergüenza.

Cuando sonó el timbre para el descanso, Mariana fue la primera en acercarse.

—Ya sabemos qué pasa.

—¿Qué pasa?

—Que usted está enamorada.

—No.

—Sí.

Valentina también se acercó.

—Ahora entendemos todo.

—¿Todo qué?

—Por qué siempre anda pegada al celular.

Sofía soltó una carcajada.

—La profesora la llamó tres veces.

—No exageren.

—No estamos exagerando.

Yo intenté defenderme.

—Solo estaba respondiendo un mensaje.

—Ajá.

—Es verdad.

—¿De quién?

Me quedé callada.

Y las tres comenzaron a gritar.

—¡Lo sabía!

—¡Lo sabía!

—¡Lo sabía!

Varias personas nos miraron.

—No griten.

—Entonces cuente.

—No hay nada que contar.

—Claro que sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Parecíamos niñas pequeñas discutiendo.

Al final terminé confesando.

—Estoy hablando con alguien.

Las tres quedaron en silencio.

Y después comenzaron a saltar de emoción.

—¡Por fin!

—¡Milagro!

—¡Ya era hora!

Yo me tapé la cara.

—Qué pena.

—¿Cómo se llama?

—Hernán.

—¿Y cuántos años tiene?

—Veintiuno.

Las tres me quedaron mirando.

—¿Veintiuno?

—Sí.

—¿Y es bonito?

Yo intenté responder con normalidad.

—Normal.

—Mentira.

—Normal.

—Mentira.

Al final terminé mostrándoles una foto.

Y las tres reaccionaron exactamente igual.

—¡Ay Dios mío!

—¡Qué guapo!

—¡Lilibeth!

Yo me puse aún más roja.

—Ya, cálmense.

—No podemos.

—Está muy lindo.

Durante el resto del día no dejaron de hacer preguntas.

Y la verdad era que yo tampoco podía dejar de pensar en él.

Cada vez que el celular vibraba sentía emoción.

Cada vez que llegaba un mensaje suyo sonreía.

Y cuando pasaban varias horas sin hablar, lo extrañaba.

Lo más bonito ocurría por las noches.

Porque después de cenar siempre hacíamos videollamada.

Al principio me daba muchísima pena.

Recuerdo perfectamente la primera vez.

Estuve varios minutos mirando el botón para aceptar.

—Ay Dios mío.

—Qué nervios.

Finalmente contesté.

Y apareció en la pantalla.

Cuando lo vi me quedé sorprendida.

Porque era incluso más guapo en videollamada que en fotos.

Muchísimo más.

Yo me había acostumbrado a verlo en videos.

Pero verlo hablar directamente conmigo era diferente.

Muy diferente.

—Hola —dijo sonriendo.

—Hola.

—¿Todo bien?

—Sí.

—¿Y por qué está tan nerviosa?

—No estoy nerviosa.

—Claro que sí.

Yo me reí.

Y poco a poco comenzamos a hablar.

Desde ese día las videollamadas se volvieron parte de nuestra rutina.

Algunas duraban una hora.

Otras dos.

Y algunas veces mucho más.

Hablábamos de cualquier cosa.

Del colegio.

De la finca.

De Miguel Ángel.

De Melissa.

De mis amigas.

De música.

De películas.

De sueños.

De absolutamente todo.

Una noche él me mostró el cielo desde la finca.

Las estrellas brillaban muchísimo.

—Qué bonito.

—Sí.

—Aquí no se ven así.

—Algún día tiene que verlo en persona.

Cuando dijo eso sentí algo extraño en el corazón.

Algo bonito.

Algo que me hizo sonreír.

Las conversaciones fluían de manera natural.

Nunca nos quedábamos sin tema.

Nunca sentíamos aburrimiento.

Y cada día parecía que nos conocíamos un poco más.

Una noche, después de terminar una videollamada, me quedé mirando el techo de mi habitación.

Pensando en todo.

Pensando en él.

Pensando en cómo había cambiado mi vida.

Y entonces recordé todas las veces que les dije a mis amigas que no quería novio.

Todas las veces que repetí que primero quería terminar mis estudios.

Y seguía pensando que los estudios eran importantes.

Muy importantes.

Pero también entendí algo.

A veces las personas aparecen cuando uno menos las espera.

Y Hernán había aparecido justo así.

Sin buscarlo.

Sin planearlo.

Simplemente llegó.

Y poco a poco se convirtió en alguien muy especial para mí.

Alguien que ocupaba mis pensamientos durante el día.

Alguien cuyos mensajes me hacían sonreír.

Y alguien que cada noche hacía que una videollamada pareciera demasiado corta.

Sin darme cuenta, estaba cayendo cada vez más profundo en algo que durante mucho tiempo había intentado evitar.

Y por primera vez en mi vida, aquello no me daba miedo.

1
Kayra Villavicencio
Y el papá
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