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La Esposa Que Despertó al Heredero

La Esposa Que Despertó al Heredero

Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Venganza de la protagonista / Casada con el millonario / Enfermizo
Popularitas:27.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Galaxy

Ximena Salcedo fue entregada a la familia Alcázar como parte de un trato: casarse con Héctor, el heredero que llevaba meses inconsciente, a cambio de recuperar la casa de su madre y pagar el tratamiento de su hermano.

Ella pensó que solo tendría que cuidar a un hombre que nunca volvería a abrir los ojos. Pero en la noche más inesperada, Héctor despierta.

Desde entonces, Ximena queda atrapada entre una familia poderosa que la vigila, secretos que nadie quiere revelar, una exnovia decidida a volver, enemigos dispuestos a destruirla y un esposo que parece frío, pero que cada vez la mira con menos distancia.

Lo que empezó como un matrimonio arreglado se convierte en una guerra de orgullo, deseo y confianza, donde Ximena tendrá que decidir si Héctor Alcázar es su salvación… o la mentira más peligrosa de su vida.

NovelToon tiene autorización de Galaxy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

Capítulo 11

 

Ximena Salcedo no pensaba perder más tiempo con Patricia Galván.

 

La muchacha tenía algo mal en la cabeza. Discutir con ella era como echarle agua a una pared: se escurría y no servía para nada.

 

Pero Patricia no la dejó ir. La agarró del brazo con fuerza y le soltó, llena de rabia:

 

-Ximena, ese viejo pelón con dinero sí que es tu favorito, ¿verdad? Golpeaste a alguien y aun así te saliste con la tuya como si nada. Qué bárbara.

 

Ximena se soltó de un jalón, se acomodó el cuello de la blusa y la miró de arriba abajo.

 

-Pues agradécele a tu mamá. Si ella no hubiera aceptado la compensación y firmado el acuerdo, mi castigo no habría sido tan ligero. ¿O creías que esos cientos de miles se los dieron de regalo?

 

Patricia abrió los ojos.

 

-¿Qué dinero? ¿De qué hablas? Ximena, explícame.

 

-Pregúntale a tu mamá. Yo no soy la tuya.

 

-¡Oye! ¡Ximena, no te vayas!

 

Patricia zapateó de coraje, pero Ximena ya había seguido su camino.

 

De regreso llamó a Lourdes de Alcázar. Le dijo que durante medio mes iba a quedarse en la universidad para terminar el trabajo del mural.

 

Lourdes no aceptó.

 

Le dijo que, sin importar qué tan tarde saliera, Tomás iría por ella y tenía que dormir en la residencia.

 

Ximena no se tragó lo de que le preocupaba si comía bien, si dormía bien o si se cansaba de más.

 

Lo más seguro era que Lourdes temiera que le pusiera el cuerno a Héctor.

 

Ximena soltó una risa seca.

 

Él sí podía irse de madrugada con otra mujer. Ella, en cambio, tenía que comportarse como esposa decente.

 

¿Y la decencia de él qué?

 

Cuando llegó a la residencia Alcázar, desde lejos escuchó risas.

 

En esa casa casi nunca se oía una risa tan clara.

 

Sin darse cuenta, apuró el paso.

 

En la sala, Lourdes estaba sentada con una muchacha joven. Le tomaba la mano mientras hablaba con ella; la miraba con una ternura que casi se le salía por los ojos.

 

¿Una hermana de Héctor?

 

Ximena nunca había oído que él tuviera una hermana.

 

¿Quién era esa niña?

 

-Mamá, ya regresé -dijo Ximena con una sonrisa tranquila, como una nuera obediente.

 

La muchacha levantó la vista. La miró apenas, con una soberbia que se notaba desde el sillón.

 

-Tía, ¿ella es Ximena?

 

-Camila, qué modos. Salúdala bien. Es la esposa de tu primo -corrigió Lourdes.

 

Camila de Alcázar hizo una mueca y soltó un:

 

-Hola, prima.

 

Ximena no le contestó.

 

No era sordera. Era decisión.

 

-Mamá, al rato tengo que volver a la universidad -dijo Ximena.

 

-Entonces le digo a la cocina que te prepare algo rápido. Comes y te vas.

 

Lourdes miró a Tomás, y Tomás fue de inmediato a dar la orden.

 

-No se moleste, mamá. Con una Maruchan me arreglo.

 

-¿Cómo crees? Eso te destroza el estómago.

 

Camila tomó aquella respuesta como una pose de niña sufrida y se le torció la boca.

 

-Ay, tía, una Maruchan no mata a nadie. Tampoco es una princesa de cristal.

 

Ximena no le regaló ni una palabra más. Subió las escaleras.

 

Lourdes miró a Camila con reproche.

 

-No le hables así.

 

Camila se pegó a su brazo y le hizo pucheros.

 

-Tía, desde que tienes nuera ya no me quieres. Me duele horrible.

 

-Traviesa. Claro que te quiero. Tú sabes que eres mi consentida.

 

Camila sonrió con satisfacción y miró de reojo hacia las escaleras.

 

-Tía, ¿entonces ella dice cualquier cosa y tú le crees?

 

-¿Qué quieres decir?

 

-¿Nunca has pensado que puede tener un hombre afuera?

 

Lourdes se quedó callada.

 

Antes de que Héctor despertara, esa idea había cruzado por su cabeza alguna vez. Pero los movimientos de Ximena siempre habían sido normales, y terminó quitándose esa sospecha de encima.

 

Ahora Héctor estaba despierto. Aunque Ximena tuviera valor, no se atrevería.

 

-No. No creo. Imposible.

 

Camila bajó la voz, como si le estuviera contando una verdad fea.

 

-Tía, piénsalo. Cuando mi primo seguía inconsciente, ¿con qué llenaba ella esa vida tan sola, tan vacía, sin final a la vista? Con hombres, obvio.

 

Lourdes frunció apenas el ceño.

 

Camila siguió, aprovechando la duda.

 

-Las muchachas como ella saben fingir muy bien. Se ponen cara de inocentes, como si nada pudiera mancharlas, pero eso también es una estrategia. No te dejes engañar.

 

Lourdes sentía que Camila hablaba con mucha seguridad, pero el tiempo que había convivido con Ximena también pesaba.

 

Ximena no parecía una muchacha con una vida privada sucia.

 

-Estás pensando de más. Ella no es así.

 

-Entonces dime por qué tiene que ir a la universidad tan noche. Yo digo que va a ver a alguien.

 

Camila se aferró a esa idea como si ya la hubiera comprobado.

 

-Si no me crees, la seguimos. Vemos qué hace en realidad.

 

-Eso no está bien. Si Héctor se entera, se va a molestar.

 

Lourdes no tenía ganas de hacer algo así.

 

Camila no se soltó.

 

-Tía, lo hacemos por mi primo. Más vale saberlo ahora que dejarlo como tonto mientras ella lo engaña.

 

Lourdes empezó a ceder.

 

Para demostrar que Camila estaba equivocada, y también para devolverle a Ximena su inocencia, después de que Tomás llevó a Ximena a la universidad, Lourdes y Camila subieron a otro coche y la siguieron.

 

Durante el camino, Lourdes quiso echarse para atrás varias veces.

 

-Camila, esto no está bien. Ximena es buena muchacha. No haría algo así.

 

-Tía, uno nunca termina de conocer a la gente. Tal vez todo lo bueno que ves es puro teatro.

 

-Soy una mujer mayor. Andar siguiendo a mi nuera se ve fatal. No, mejor nos regresamos.

 

Lourdes estaba a punto de pedirle al chofer que diera vuelta, pero Camila le acarició el brazo.

 

-Tía, si no está con ningún hombre, decimos que vinimos porque estabas preocupada por ella. ¿Qué puede reclamar? Tranquila. Hazme caso.

 

Así que siguieron.

 

Ximena bajó del coche de Tomás y entró a la universidad. Poco después, Lourdes y Camila también bajaron.

 

Ximena quería terminar la parte del mural que había quedado pendiente. Al día siguiente podrían empezar con la pared grande. La universidad tampoco pagaba tanto; mientras antes terminaran, mejor.

 

Cuando fue por pintura al cuarto de materiales, encontró a Diego Blanco todavía ahí.

 

-¿Tú qué haces aquí? -preguntó.

 

Diego tampoco esperaba verla.

 

-Iba a mezclar unos colores, jefa. ¿Y tú? Ya es tarde.

 

-No tenía nada que hacer. Mejor adelanto esa parte para que mañana empecemos con la pared grande. Hay que terminar pronto.

 

Diego asintió y se acercó a ayudar.

 

-Yo tampoco tengo prisa por llegar a mi casa. Pinto contigo. Entre dos avanzamos más.

 

-Va. A ver si salimos temprano.

 

-Va, jefa.

 

Trabajar entre dos era más rápido. Además, podían platicar un poco mientras movían brochas, cubetas y cinta.

 

Ximena y Diego reían de vez en cuando, sin nada raro, concentrados en acabar la pared.

 

Pero para alguien con la mirada torcida, hasta una plática normal se volvía coqueteo.

 

Desde la oscuridad del pasillo, Camila abrió los ojos, furiosa y emocionada al mismo tiempo.

 

-Tía, te lo dije. Tiene algo. ¿Ahora sí me crees? Aquí está, con las manos en la masa.

 

Lourdes vio a Ximena y a Diego trabajando juntos, hablando y riéndose, y la escena le cayó como agua helada.

 

-¿Cómo pudo hacer esto?

 

-Se le nota la costumbre. Tía, esto no puede quedarse así.

 

Empujada por Camila, Lourdes caminó hasta quedar frente a ellos.

 

Ximena levantó la vista y se quedó sorprendida.

 

-¿Mamá? ¿Qué hace aquí?

 

Lourdes traía la cara encendida de coraje.

 

-Si no venía, no me enteraba de que estabas citándote con un hombre. Ximena, ¿cómo pudiste hacer algo así? Dejaste a la familia Alcázar por los suelos.

 

Ximena se quedó helada.

 

Camila no perdió la oportunidad.

 

-La que no sabe estar tranquila nunca se queda tranquila. Salir de noche a verse con un hombre, reírse, coquetear... qué a gusto, ¿no?

 

-No es eso. Él es un compañero de la universidad. Me está ayudando. Ustedes están malinterpretando todo.

 

Pero nadie quería escucharla.

 

Lourdes, al oír que Ximena intentaba explicarse, se enojó más.

 

-Yo confié en ti. Te traté bien. ¿Y así me pagas? No tienes vergüenza.

 

No quiso quedarse ni un segundo más. Se dio la vuelta.

 

-Mamá, de verdad se equivocan.

 

Camila caminó hasta Ximena con una sonrisa venenosa.

 

-¿Mi primo no te alcanza? ¿O la familia Alcázar te trató tan bien que ya no sabes ni dónde estás parada? En otros tiempos, a una mujer infiel la habrían sacado a la plaza para que todos la señalaran.

 

-No inventes cosas -dijo Diego, molesto-. La jefa y yo no tenemos nada. Estamos trabajando. ¿Con qué derecho hablas así?

 

Camila soltó una risita.

 

-Ay, el mantenido salió a defenderla. Ximena usa el dinero de mi primo para tenerte contento, ¿verdad? Se ve que te alimenta bien. Hasta se ofenden como si fueran decentes.

 

-Tú...

 

Ximena tomó a Diego del brazo para que no siguiera.

 

-Camila, tú y yo nos vimos por primera vez hoy. No me conoces. Si quieres juzgarme a ciegas, adelante. Pero aprende a respetarte tantito antes de abrir la boca.

 

-Guárdate tus explicaciones para mi primo.

 

Camila se fue detrás de Lourdes.

 

Ximena soltó un suspiro largo. Diego se quedó con la culpa atravesada en la cara.

 

-Perdón. Por mi culpa tu familia pensó mal.

 

Ximena se quitó las mangas protectoras y luego el mandil manchado de pintura.

 

-No fue por ti. Si no eras tú, iban a inventar a otro. Cuando alguien ya decidió sospechar, cualquier rendija le sirve.

 

-Tu familia política...

 

Diego se detuvo. No quería pasarse, pero le dolía verla cargar con una injusticia tan absurda.

 

-Jefa, si quieres, voy con tu esposo y le explico.

 

-Si confía en mí, no hace falta. Si no confía, aunque me deje sin voz no va a servir. Vete a tu casa. El trabajo tendrá que esperar a mañana.

 

-Te llevo. Vine en coche.

 

-Bueno.

 

El coche de Diego era un Bentley blanco, limpio, elegante, de esos que no podían pasar desapercibidos, aunque uno quisiera.

 

Ximena arqueó un poco la ceja.

 

Así que sí era un niño rico de verdad. No el falso heredero que Renata había imaginado.

 

-Creo que Renata te entendió mal -dijo Ximena.

 

Diego se rascó la nuca, avergonzado.

 

-La verdad, estar como una persona normal está bien. Este coche llama demasiado la atención. Estoy pensando comprar algo más barato.

 

-Raro encontrar a un heredero que no quiera presumir.

 

Diego sonrió, tímido.

 

-Tampoco hay mucho que presumir.

 

Cuando el Bentley se detuvo frente a la residencia Alcázar, Diego miró la entrada y por fin entendió.

 

-Jefa... tu esposo es Héctor Alcázar, ¿verdad?

 

Ahora fue Ximena quien se sintió incómoda.

 

-Sí. Es él.

 

-Entonces no va a malinterpretarte. Un hombre así de fuerte seguro sabe pensar. Explícale y te va a creer.

 

Ximena sonrió sin ganas.

 

Diego ni siquiera conocía a Héctor. ¿De dónde sacaba tanta confianza?

 

-Ya. Vete a tu casa. Maneja con cuidado.

 

-Buenas noches, jefa.

 

El coche blanco se alejó despacio.

 

Ximena respiró hondo y caminó hacia la residencia.

 

Al pasar junto al jardín, miró el área de estacionamiento.

 

El coche de Héctor estaba ahí.

 

Si Camila había adornado la historia antes de que ella llegara, Héctor seguramente estaría esperándola hecho una furia.

 

Que se enojara.

 

Al final no tenían una base emocional. Pedirle que confiara en ella era pedir demasiado.

 

Ximena entró con pasos pesados.

 

La sala estaba llena de gente, como si hubieran preparado un juicio. Incluso Doña Mercedes, que rara vez aparecía, estaba sentada con el rostro serio.

 

Ximena miró a Héctor.

 

Él, al menos, se veía tranquilo.

 

-Mamá. Abuela.

 

Mientras fuera esposa de un Alcázar, aunque fuera por un día más, mantendría los modales.

 

Lourdes se llevó la mano al pecho, dolida y furiosa.

 

-Ximena, esta familia no te ha tratado mal. ¿Cómo pudiste hacer algo tan sucio? ¿Cómo me haces esto a mí? ¿Cómo se lo haces a Héctor?

 

Ximena bajó la cabeza.

 

No era que no quisiera explicar. Era que, en ese momento, sus explicaciones ya no parecían necesarias.

 

Ellas ya la habían declarado culpable. Lo demás sonaría a excusa.

 

Camila, temerosa de que el fuego no creciera, metió más leña.

 

-¿Por qué te quedas callada? Para verte con otro hombre sí fuiste muy valiente. ¿Ahora ya no puedes hablar?

 

Se inclinó hacia Héctor.

 

-Primo, esta mujer te engañó. Tú ponla en su lugar.

 

Héctor levantó la vista hacia Ximena.

 

Ella tenía la cabeza baja, como si cargara encima toda la humillación del mundo y no pudiera decir una sola palabra.

 

Camila, en cambio, le hablaba con un desprecio que se le notaba hasta en la respiración.

 

-¿Los encontraste en una cama? -preguntó Héctor.

 

Camila se quedó tiesa.

 

-¿Qué? Primo, ¿qué quieres decir? Esta noche estaba con un hombre en la universidad, riéndose con él. Eso era una cita. ¿También necesitaba encontrarlos en una cama?

 

-¿Tú no tienes compañeros? ¿No tienes amigos hombres? Según tú, trabajar con un hombre ya es indecente. Hablar con un hombre ya es coquetear. ¿Eso dices?

 

Camila se sintió atacada y se puso roja.

 

-Primo, ¿de qué lado estás? ¿Por qué la defiendes? Te está viendo la cara y tú...

 

-Camila -la cortó Lourdes, con el rostro endurecido-. No le hables así a tu primo. Cada día estás más grosera.

 

Camila bajó un poco la voz, pero no soltó el veneno.

 

-Mírenla. Así como está, se le nota la culpa. Yo solo no quiero que mi primo termine humillado.

 

Ximena no pensaba explicar nada.

 

Pero el tono de Camila, insistente y cruel, le recordó a Patricia. De pronto, algo dentro de ella se encendió.

 

Levantó la cabeza.

 

-Camila, ¿con cuál de tus ojos viste que yo engañé a tu primo? Hablas de los Alcázar como si fueran tan fáciles de pisotear. Yo debería agradecer que no soy yo la que está cargando con cuernos.

 

Después miró a Lourdes.

 

-Mamá, antes de traerme a esta casa investigaron quién era yo, ¿no? Si hubiera tenido un hombre afuera, ¿me habrían dejado entrar? Usted dice que yo la decepcioné. Hoy usted me decepcionó a mí.

 

Lourdes se quedó sin responder.

 

Ximena tragó el nudo de la garganta.

 

-Vengo de un lugar humilde, sí. Pero mi vida no es tan colorida como ustedes imaginan. No proyecten en mí lo que traen en la cabeza.

 

Camila no esperaba que Ximena contestara así, con palabras duras y directas. La rabia se le subió de golpe.

 

-¿Y tú de qué te sientes? Aunque seas la esposa de esta casa, no eres más que la mujer que trajeron para cuidar a mi primo cuando estaba tirado en cama. Ahora que él despertó, puede divorciarse de ti cuando quiera.

 

Amenazarla con el divorcio no le movía ni un pelo.

 

-Que se divorcie. ¿Crees que me da miedo? Me urge. Firmamos ahorita. El que se eche para atrás es un cobarde.

 

Ximena subió las escaleras hecha una furia.

 

No era que no pudiera soportar ni una ofensa. Era que había soportado tantas que ya no le encontraba sentido.

 

Héctor estaba despierto. Si la familia Alcázar pensaba que ella ya no servía y quería sacarla de ahí, podía entenderlo. Su origen no era el que ellos esperaban.

 

Pero no podían insultarla ni colgarle una porquería en la frente.

 

Sacó las maletas y empezó a empacar.

 

Sus cosas eran pocas, así que avanzó rápido. En cambio, metió una por una todas las joyas que Lourdes le había dado esos días.

 

Se las habían regalado.

 

Eran suyas.

 

¿Por qué iba a dejarlas?

 

Cuando Héctor abrió la puerta de la habitación, Ximena ya tenía dos maletas listas.

 

-¿A dónde vas?

 

Ximena no sabía exactamente. Pero algún lugar habría.

 

-No es tu asunto.

 

-Sí es mi asunto. Sigues siendo la señora Alcázar.

 

Esa palabra sonó demasiado irónica en ese momento. A Ximena se le apagó la voz.

 

-¿Cómo va a tener la familia Alcázar una esposa infiel? No estoy a la altura.

 

Héctor se apoyó con calma contra la cabecera. Su postura era floja, y su tono también.

 

-¿Fuiste infiel?

 

Ximena no quiso explicar.

 

¿No lo habían decidido ya?

 

-Si no quieres hablar, puedo entender dos cosas -dijo él-. O sí lo hiciste, o estás tan ofendida que no quieres decir nada.

 

-No fui infiel.

 

Después de soltarlo, Ximena suspiró.

 

-¿Ya ni una relación normal con otra persona se puede tener?

 

-Claro que se puede.

 

-Pero ustedes no me creen.

 

-Yo no dije que no te creyera.

 

Ximena levantó la mirada, desconcertada.

 

-¿Me crees?

 

Dentro de la familia Alcázar, el que menos tendría que creerle era Héctor. Y aun así acababa de decir eso.

 

-¿Por qué no?

 

-¿Por qué me crees?

 

-¿Creer necesita una razón?

 

Esa confianza, justo en ese momento, la conmovió.

 

Pero no entendía por qué la tenía.

 

Tal vez porque no le importaba.

 

Tal vez porque no quería gastar energía en algo así.

 

En pocas palabras, le daba igual si ella tenía otro hombre, si le ponía el cuerno o no. De todos modos, no pensaba vivir con ella mucho tiempo.

 

En su corazón solo estaba la actriz que podía llamarlo a medianoche y hacerlo salir de la casa.

 

Al final, quizá solo quería evitar un escándalo para la familia.

 

Ximena pensaba demasiado, y la cara le iba cambiando con cada idea.

 

Héctor la observó un rato. Luego habló otra vez.

 

-Ya deja el berrinche. ¿No estás cansada? Báñate y duerme.

 

Ximena no se movió.

 

Sabía que, si en ese momento salía de la residencia con sus maletas, tal vez nunca podría volver.

 

La casa que le prometieron aún no estaba a su nombre.

 

Leo acababa de irse al extranjero. Todo apenas empezaba.

 

Todavía necesitaba demasiado de los Alcázar.

 

No podía irse así.

 

Pero si no se iba, seguía enojada. Su orgullo y su dignidad la tenían atorada.

 

De pronto giró hacia Héctor.

 

-Héctor, cuando una suegra y una nuera pelean, el esposo tiene que tomar un lado. ¿De qué lado vas a estar?

 

-Del lado de quien tenga razón.

 

-¿Y si ninguna tiene razón?

 

-¿Se puede pelear sin que nadie tenga razón?

 

Ahí estaba.

 

Dándole vueltas.

 

Los hombres siempre eran expertos en hacerse los neutrales.

 

Claro. Para una mujer que no amaba, ¿cómo iba a ponerse de su lado? Pensar eso era ilusionarse de más.

 

Ximena volvió a quedarse callada.

 

Héctor se acercó un poco y la llamó con suavidad:

 

-¿Otra vez te enojaste? Bien. Lo digo de nuevo. Si mi mamá y tú pelean y ninguna de las dos tiene razón, estoy de tu lado.

 

Ximena parpadeó.

 

¿En serio?

 

-¿Me estás dando por mi lado?

 

-Si digo que estoy del lado de mi mamá, te enojas más.

 

Héctor la miraba sin apartarse.

 

Ximena soltó un resoplido.

 

-Entonces, por lo de hoy, que me acusaron sin pruebas, ¿qué vas a hacer?

 

-¿Qué quieres que haga?

 

-¿Cómo que qué quiero que hagas? ¿Por qué te encanta quedarte a medias?

 

Héctor alzó apenas una ceja.

 

-Entonces voy a hablar con mi mamá. Le diré que no escuche cualquier cosa y la convierta en verdad, que no lastime a su nuera sin aclarar primero lo que pasó.

 

-¿De verdad?

 

Héctor asintió.

 

-Ah. Entonces a dormir.

 

Ximena volvió a meter las maletas al clóset, se cambió y se subió a la cama.

 

Decían que suegras y nueras nacían para chocar. Antes no lo creía. Lourdes le parecía una suegra difícil de encontrar, de esas que de verdad cuidaban.

 

Ahora entendía que quizá solo era porque todavía no habían tocado sus intereses.

 

Al final, la gente era igual.

 

Se acostó de espaldas a Héctor, con el ánimo hundido y ganas de dormirse rápido.

 

Héctor la miró una vez.

 

Luego otra.

 

Y otra más.

 

Al final no aguantó.

 

-No te duermas todavía.

 

Ximena se giró. Pensó que quería hablar y lo miró con mala cara.

 

-¿Ahora qué? ¿Te arrepentiste? ¿Ya no quieres estar de mi lado? Entonces vete del lado de tu mamá.

 

-No es eso.

 

-¿No es eso?

 

Ximena se sintió un poco incómoda.

 

-Entonces dime. ¿Qué pasa?

 

Héctor se pasó la lengua por los labios resecos. La nuez de su garganta subió y bajó.

 

-Terminemos lo que no terminamos anoche.

 

Ximena frunció el ceño.

 

¿Lo que no terminaron anoche?

 

La cara se le calentó de golpe.

 

-No.

 

Héctor se quedó en blanco.

 

-¿No?

 

-¿Anoche no lo hiciste? Vaya energía la tuya. Pero, aunque tengas mucha pila, conmigo no. Yo soy medio especial con el matrimonio. Llegué virgen a esto y no pienso compartir marido con nadie. En otras cosas puedo hacerme la ciega. En esa, no.

 

¿Qué otras cosas? ¿Qué esa?

 

Héctor la miró, confundido.

 

-¿Con quién lo hice anoche?

 

-No te hagas el inocente. Ustedes los hombres actúan precioso cuando les conviene. Héctor, pensé que eras distinto, pero al final son iguales. Se hacen los que no entienden.

 

Ximena puso los ojos en blanco.

 

Él la sujetó y la jaló hasta dejarla frente a él, encerrada entre sus brazos.

 

-¿Qué actuación? Tú dormiste como piedra y pensaste que no volví en toda la noche, ¿verdad?

 

Ximena se atragantó con su propia respuesta.

 

Al ver su cara, Héctor supo que había acertado.

 

-Solo salí temprano en la mañana -dijo-. No pasé la noche fuera.

1
Emily Morillo ♥️
si se pasa ximena tiene que ser más humana🤭
Bienaventurada
Es enserio? 😒esa Ximena es fea 😏
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂ese Héctor 😂😂😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂
Bienaventurada
Cómo no se va😏a dar cuenta que tuvo relaciones?😒no va sentir la fricción 🤷
y tampoco que tuvo un aborto?
Bienaventurada
jajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂Esa Ximena, y a quien no le gusta el dinero 😂😂😂
Bienaventurada
jajajaja 😂
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂😂 esa Ximena es avara
Bienaventurada
jajaja 😂😂😂 Héctor está mintiendo?🙄
Adriana De Fátima Lopera Gómez
quiero seguir.deseo ver q pasa con Hector
Adriana De Fátima Lopera Gómez
es muy entretenida
Adriana De Fátima Lopera Gómez
me gusta
Felicia Garcete nuñez
no puede ser que no haga más capítulo!!!!!
Marisol grez castro
es una mujer terca, porfiada ...😧
Llessica Ospina
donde encuentro la otra parte para terminar la novela ?
Felicia Garcete nuñez: quiero leer los capítulos siguientes
total 1 replies
Llessica Ospina
super
Marisol grez castro
ahora comienza a esclarecer todo... quien mató a Elena?
y esas zorrascaeran por ladronas y puras.🤭😂
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