Esta es la historia de un hombre que a pesar de estar atado a una silla de ruedas, jamás perdió la fe ni su alegría por vivir. Está basada en hechos reales en más del 70% de la historia. Solo los nombres se han cambiado para evitar susceptibilidades.
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Impacto brutal
Eloy vivía solo, se las apañaba como podía.
Elena, te invito a comer al mercado, ¿vienes o qué?
Está bien, en media hora estoy ahí.
Más tarde...
No sé por qué es tan difícil, Horacio me hizo un 'pancho' y me gritó en la capilla.
Achis , y eso, ¿por qué?, susurró Eloy.
Él no quiere que cante otro coro, y pues, yo no estoy dispuesta a que me ninguneen, y mucho menos a los niños. Sé que ellos encontrarán otro coordinador.
Respeto tu decisión, pero creo que hiciste mal, hubieras luchado hasta el fin.
Si vieras todo lo que batallado, en todas las capillas es lo mismo, la gente siempre busca el poder. Solo ellos quieren ser. Es muy desgastante si te pones a pensar en todo el trecho que tengo que caminar, y sobre todo cuando está el sol a todo lo que da. Además, ellos mismos me han dicho que esa no es mi comunidad.
Pues sí, tienes razón. En fin, vamos a disfrutar este día de mercado, dijo Eloy sin dejar de sonreír.
Eloy y Elena se divirtieron mucho, comieron unos tacos al vapor, y compraron infinidad de chucherías.
Pronto se llegó la hora de regresar a casa.
Elena lo acompañó a su casa, empujando siempre la silla.
Hasta pronto, Eloy.
Gracias por tu compañía, Elena.
10 años después...
Lupita, qué gusto me da que regreses conmigo. Te prometo que nunca más te he vuelto a engañar.
Está bien, no te preocupes.
Me dijeron que te han visto pasear con una chica muy guapa, dijo Lupita a modo de reclamo.
Es Elena, tú la conoces, ella siempre ha estado conmigo, es mi amiga.
De acuerdo, no pasa nada.
Tengo que ir a parroquia San Francisco de Asís, me requieren para que enseñe a unos niños a tocar el piano.
Eloy salió como de costumbre en su carro de siempre (el que le regaló su padre hace más de 10 años).
Bien cuidado, parecía nuevo. Tirso se fue al extranjero a probar fortuna y nadie sabía de él.
Era por eso que Eloy andaba solo de aquí para allá y viceversa.
Ese día, iba manejando muy confiado, la carretera se extendía como una cinta de asfalto gris, que desafiaba la gravedad, trepando con firmeza por la falda de la montaña. A medida que ascendía, las curvas se veían más pronunciadas y el horizonte comenzaba a abrirse, revelando las copas de los árboles abajo, como un océano verde que se quedaba atrás. El motor del coche rugía suavemente, ganando altura paso a paso, mientras la cima, recortada contra un cielo limpio, prometía una perspectiva, completamente nueva del mundo que se dejaba abajo.
Eloy con toda su discapacidad, subía por aquella pendiente, el anuncio decía que a menos de 400 m había una curva muy pronunciada.
Eloy siempre era muy cuidadoso al manejar, pero esta vez, las cosas se estaban saliendo de control.
Los frenos no funcionaban, el carro conforme llegaba a la curva iba ganado velocidad y Eloy no podía detenerse.
La pendiente era muy pronunciada, Eloy hacía lo posible por frenar.
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En otro lugar, Elena recibió una llamada.
Hola, Elena, soy Amalia, ¿puedes venir a cantar?
¿Y qué pasó con Horacio y Juany?, preguntó Elena.
Horacio se fue a servir a otra iglesia, y Juany tiene varios meses que no viene.
¿En serio?
Sí, dijo Amalia.
Bueno, entonces, ahí estaré, pero cantaré sola porque ya no tengo coro.
Está bien, no te preocupes, mientras no se quede la misa sin coro.
Elena siempre estaba dispuesta a servir, pero había personas nefastas que no la dejaban en paz. Por ejemplo: Mica, ella siempre le ponía trabas, o Evangelina otra servidora de la capilla, que se creía la dueña.
Elena quedó con Amalia de ir a cantar el próximo domingo.
Aunque no estaba segura de que Juany la fuera a dejar cantar, ya que ella siempre se las arreglaba para aparecer cuando menos se le esperaba.
"Bueno, ya veremos, esperaré hasta el domingo a ver qué pasa", pensó Elena.
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Eloy no podía controlar el carro, al avanzar por la curva peligrosa la velocidad ya había alcanzado el punto máximo, forzando el motor en plena curva, sin visibilidad, justo cuando el auto que venía del lado opuesto trataba de evitar al coche que venía a rajatabla bajando por la pendiente.
El impacto frontal fue brutal: el morro del coche de Eloy se incrustó en el chasis del otro, levantándolo parcialmente del suelo entre un estallido de cristales y metal retorcido.
El silencio posterior solo fue roto por el siseo del radiador roto y el eco del claxon atrapado en el choque.
Suerte y éxito Maria Esther.