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Renacer Entre Espinas

Renacer Entre Espinas

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Traiciones y engaños / Mujer poderosa
Popularitas:3.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Itz

"No todas las segundas oportunidades llegan para recuperar el pasado. Algunas llegan para construir un futuro."

NovelToon tiene autorización de Itz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La primera lección: El peso de una corona

Lady Seraphine colocó una silla frente a ella.

—Siéntese.

Everly obedeció.

Durante unos segundos, la institutriz no dijo nada. Solo la observó.

—Dígame, Lady Everly... ¿Qué cree que hace a una emperatriz?

Everly pensó cuidadosamente.

—Su título. Su linaje. El poder que representa.

Seraphine negó lentamente.

—Eso es lo que hace que las personas se inclinen ante ella.

Se levantó y caminó hacia el centro de la habitación.

—Pero no es lo que hace que la respeten.

Everly permaneció atenta.

—Una emperatriz puede perder riquezas. Puede perder aliados. Incluso puede perder un ejército.

Seraphine se giró hacia ella.

—Pero jamás debe perder su presencia.

Everly se puso de pie cuando la institutriz se lo indicó.

—Primera regla.

Seraphine caminó alrededor de ella.

—Nunca agache la mirada ante alguien que busca medir su valor.

Everly levantó ligeramente el mentón.

—¿Incluso si esa persona tiene mayor rango?

—Especialmente si esa persona tiene mayor rango.

La respuesta fue inmediata.

Seraphine se acercó.

—La nobleza está llena de personas que intentarán hacerla sentir pequeña antes de una negociación. Buscarán una duda en sus ojos. Una inseguridad en sus palabras. Un gesto que revele miedo.

Se detuvo frente a ella.

—No les entregue esa ventaja.

Everly corrigió su postura.

Espalda recta.

Hombros firmes.

Mirada al frente.

Seraphine asintió.

—Bien.

Dio una vuelta a su alrededor.

—Ahora camine.

Everly avanzó por la habitación con la elegancia que había aprendido desde niña.

Seraphine negó.

—No.

Everly se detuvo.

—¿Qué hice mal?

—Está caminando como una noble.

La institutriz se acercó.

—Una noble busca aprobación.

Tomó suavemente la posición de sus hombros y la corrigió.

—Una emperatriz no entra a una habitación esperando ser aceptada.

Soltó sus hombros.

—Entra sabiendo que su presencia ya ha cambiado la habitación.

Everly volvió a caminar.

Esta vez más despacio.

Más segura.

Cada paso parecía medido.

Como si el suelo le perteneciera.

Seraphine observó en silencio.

—Mucho mejor.

Everly levantó la mirada.

—¿Así?

—Aún no.

La joven frunció ligeramente el ceño.

Seraphine sonrió apenas.

—Una emperatriz no necesita demostrar que es fuerte.

Se acercó a la ventana, observando nuevamente las rosas negras.

—La verdadera autoridad es cuando los demás descubren su fuerza antes de que usted tenga que mostrarla.

Everly guardó silencio.

—¿Y cómo se logra eso?

Seraphine tomó una de las rosas negras.

—Con control.

La miró.

—Una persona débil grita para ser escuchada.

Dejó la rosa sobre la mesa.

—Una persona poderosa puede hablar en voz baja y aun así obligar a todos a escuchar.

El silencio llenó la habitación.

Everly comprendió entonces que aquella clase no trataba sobre caminar, ni sobre postura, ni sobre etiqueta.

Trataba sobre convertirse en alguien imposible de ignorar.

Seraphine tomó asiento nuevamente.

—Ahora comenzaremos la segunda parte.

Everly volvió a colocarse frente a ella.

—Una audiencia con la nobleza.

La institutriz abrió un pequeño cuaderno.

—Yo seré una duquesa que intenta humillarla frente a toda la corte.

Levantó la mirada.

—Y usted deberá responder sin perder la calma.

Una pequeña sonrisa apareció en los labios de Everly.

—¿Debo ganar?

Seraphine cerró el cuaderno.

—No.

Pausa.

—Debe hacer que ellos crean que nunca tuvieron oportunidad de ganarle.

El salón cambió por completo.

Lady Seraphine había ordenado retirar la mayoría de los muebles, dejando únicamente una larga mesa de madera oscura y dos sillas enfrentadas.

—La corte no es un campo de batalla —dijo la institutriz mientras se colocaba al otro lado de la mesa—. Porque en un campo de batalla todos saben que están luchando.

Tomó asiento.

—En la corte, la mayoría de las personas sonríen mientras intentan destruirte.

Everly permaneció de pie.

—¿Y cuál es la primera regla?

Seraphine la miró.

—Nunca muestres que te han herido.

Everly asintió.

La institutriz cambió su postura.

Ya no era Lady Seraphine.

Ahora era una duquesa orgullosa, acostumbrada a que todos bajaran la cabeza ante ella.

—Lady Everly Belmonth.

Su voz era fría.

—He escuchado mucho sobre usted.

Everly hizo una pequeña reverencia.

—Espero que solo hayan sido cosas agradables, Su Excelencia.

Seraphine sonrió con arrogancia.

—Oh, no se preocupe. En la corte hablamos de todos.

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Aunque debo admitir que me sorprende que una joven como usted haya recibido una educación tan... particular.

Everly mantuvo la mirada.

—¿Particular?

—Sí.

La falsa duquesa recorrió la habitación con la mirada.

—Defensa personal. Estrategia. Política. Demasiadas responsabilidades para una dama.

Hubo una pausa.

—Algunas personas podrían pensar que los Belmonth están preparando a una hija para algo que nunca podrá alcanzar.

El silencio fue inmediato.

Una provocación directa.

Una persona menos preparada habría respondido con molestia.

Everly no.

Recordó las palabras de Seraphine.

"No entregues una ventaja."

—Qué curioso —respondió finalmente.

La duquesa arqueó una ceja.

—¿Curioso?

Everly dio un paso hacia la mesa.

—Que algunas personas confundan preparación con ambición.

Seraphine no cambió su expresión.

—¿Está diciendo que no desea poder?

Everly inclinó ligeramente la cabeza.

—Estoy diciendo que una persona segura de su lugar no necesita anunciar lo que desea.

Silencio.

Por primera vez, la falsa duquesa dejó de sonreír.

Seraphine continuó.

—Una respuesta elegante.

Hizo una pausa.

—Pero permítame ser más directa.

Se levantó.

—¿Qué tiene una joven Belmonth que la hace creer que puede sentarse al lado de emperadores y reyes?

Everly sostuvo su mirada.

Por un instante, la habitación pareció detenerse.

Entonces respondió:

—Nada.

Seraphine parpadeó.

No esperaba esa respuesta.

Everly continuó:

—No tengo una corona. No tengo un ejército. No tengo un título imperial.

Caminó lentamente alrededor de la mesa.

—Pero tampoco necesito fingir que tengo algo que no poseo.

Se detuvo frente a ella.

—Una corona no convierte a alguien en líder, Lady Seraphine.

La institutriz guardó silencio.

—Una corona solo revela quién era esa persona antes de tenerla.

Durante unos segundos nadie habló.

Entonces...

Seraphine sonrió.

No como una maestra complacida.

Sino como alguien que acababa de encontrar algo interesante.

—Ahora sí.

Everly la miró.

—¿Ahora sí qué?

Seraphine volvió a sentarse.

—Ahora empieza la verdadera lección.

Everly frunció ligeramente el ceño.

—¿Todo esto era solo una prueba?

—No.

Seraphine cerró el cuaderno.

—Era una advertencia.

La joven permaneció atenta.

—Porque algún día alguien en esa misma sala intentará hacerla perder el control.

La institutriz miró hacia la ventana, hacia los rosales negros.

—Y cuando eso ocurra, recordará que una rosa con espinas no necesita atacar a todos los que se acercan.

Pausa.

—Solo necesita que recuerden que puede hacerlo.

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