Beatriz reencarna en la villana de su novela favorita. La cual tiene un destino de muerte.
Beatriz, ahora Vania Lankaster, decide escapar a otra región para no morir.
¿Podrá Vania escapar de su destino?
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Capítulo 11: Victoria
Ya era de mañana cuando soy levantada por una sirvienta.
— Buenos días Señora Vania. Mi nombre es Sofía y soy su sirvienta a cargo. Ya le tengo el baño preparado.
[Por qué todos me dicen Señora. Aún soy muy joven y aquí nunca he...]
— Muchas gracias. Pero antes quisiera corregirte algo, Sofía.
Veo como se tensa.
— No te preocupes, no es nada malo. — le sonrío — Solo quiero que no me digas más señora. Soy muy joven para eso.
— Mis disculpas.
Me voy al baño, entro en la tina y me relajo.
[Iré a ver a Alan después]
Salgo de la tina después de un rato envuelta en una toalla y me encuentro un hermoso vestido encima de la cama.
— Está muy lindo ese vestido. — digo en voz alta.
— Su Majestad lo escogió para usted — dice Sofía.
— ¿El Archiduque?
— Sí. Dice que la esposa del Archiduque debe estar como tal.
— Claro...
[ Qué desilusión. Pensé que era un regalo de su parte. ]
Sofía me ayuda a ponerme el vestido. Es color vino muy elegante y hermoso que resalta mis curvas.
— Está muy hermosa — dice Sofía
— Gracias.
— Le haré un semi recogido en el cabello para que convine con el vestido. — dice emocionada.
Después de que Sofía terminara de hacerme el peinado y luego maquillarme, salí a buscar a Alan. Sofía me estaba acompañando en todo momento.
Llegué a su habitación y no lo encontré.
— ¿Dónde estará?
— El pequeño amo fue a recibir sus clases.— me informa Sofía.
— ¿Qué? Pero si aún es pequeño.
— Los es señorita. Pero así le decidió el Archiduque. — me dice Sofía.
[Ese hombre 😤]
— ¿Sabes dónde está el Archiduque.
— En su oficina.
— Bien. — respondo para salir caminando apresuradamente.
— ¡Mi señora! ¿A dónde va?
A paso firme llego a la oficina de Damián dejando atrás a Sofía y abro la puerta de golpe interrumpiéndolo a él y a su secretario que estaban teniendo una reunión.
— ¿Cómo se atreve a entrar así a este lugar? — pregunta furioso el secretario.
— Fernando, necesito que te retires. — le pide Damián.
Fernando me da una mirada afilada y luego pasa por mi lado y se marcha.
— ¿Qué es lo que quieres? — pregunta Damián con cierto enfado.
— ¿Por qué Alan está recibiendo clases, a pesar de ser tan pequeño? — pregunto enojada también.
Damián se frota la sien como pidiéndose un poco de paciencia.
— Él necesita jugar, correr. Aún es un bebé. — continúo.
— Sí, lo sé. Pero el crecimiento de Alan es diferente. Al ser un dragón, crece rápidamente por semanas hasta parecer un niño de siete años. Luego el crecimiento es normal.
— No me informaste de esto.
— Tengo mejores cosas que hacer.
— ¿Mejores que darme información sobre tu propio hijo para poder cuidarlo como corresponde? — pregunto sarcástica.
Él suspira rendido.
— Me disculpo por ello.
Su respuesta me deja desconcertada. No pensé que alguien tan frío como él se disculpara conmigo.
— Tengo muchas cosas que hacer y no tengo mucho tiempo para mis hijos. Todo lo que hago es por ellos, porque los amo y son lo único que me queda de ella.
[¿Ella? Seguro se refiere a Clara]
Esa parte triste de él nunca la había mostrado antes.
— Está bien. Acepto tus disculpas. Pero por favor infórmame las cosas. Puedes enviar a alguien por tí o puedes mandarme a buscar.
— Está bien — dice ya relajado.
— Y si necesitas ayuda solo pídela. Y te ayudaré.
Dicho eso me marcho más calmada.
[Supongo que ahora no tengo más nada que hacer]
A lo lejos veo a un grupo de señoritas reunidas y me acerco para observar y escuchar mejor. Puedo notar que se están burlando de Victoria, la segunda hija de Damián.
— ¿Cómo está tu madre, Victoria? — pregunta con burla — Oh, ya recuerdo. No tienes.
Las demás se ríen y le siguen la corriente. Victoria solo se queda escuchándolas y no se defiende, mientras baja la cabeza.
— Acaso ustedes son unas maleducadas — pregunto mientras me acerco a la mesa donde estaban tomando el té.
Ellas ponen su atención en mí. Victoria me mira curiosa.
— Se están burlando de una princesa. Si ella quiere, le cuenta a su padre lo que ustedes están haciendo y el Archiduque no se quedará quieto. Les cortará la lengua a cada una por mal habladas.
Puedo ver sus caras de miedo al decir aquello.
— Lo sentimos no...
— A mi no me deben las disculpas. Deben disculparse con Victoria.
— ¿Y usted quien es? — pregunta la que se burlaba.
— Soy la Archiduquesa.
La chica abre los ojos como platos. Rápidamente todas se ponen de rodillas y le piden disculpas a Victoria. Luego se marchan apresuradas.
Me agacho a la altura de Victoria. Ella aún permanecía sentada.
— ¿Estás bien, cariño?
— Sí — responde muy bajito.
— ¿Quieres un abrazo?
Abro mis brazos y ella rápidamente se aferra a mí y comienza a llorar.
— Puedes llorar todo lo que quieras. No se lo diré a nadie.— le digo mientras le doy palmaditas en la espalda.
Así estamos un rato hasta que logra calmarse.
— ¿Por qué me ayudaste?—pregunta.
— Porque eres una niña muy linda y buena. Y no permito que nadie se burle de tí. Tu tienes un corazón muy bonito.
Ella sonríe mientras se seca las lágrimas.
— Muchas gracias. ¿Podría quedarte a tomar el té conmigo?
— Claro, me encantaría.
Conversamos mucho y pudo decir que me la gané. Solo faltan dos más. Si tengo que vivir aquí unos cuantos años, al menos voy a hacerlo en paz.
— ¿Entonces estás aquí para cuidar a mi pequeño hermano?
— Así es. Pero me gustaría llevarme bien contigo y con tus otros hermanos. Quiero que sepan que no les robaré el puesto a su madre, solo quiero ser su amiga.
— Entonces te voy a ayudar.— dice muy decidida.
— ¿De verdad me ayudarás?
— Sí, ya eres mi amiga y te ayudaré. Además...¿puedo llamarte mamá? — baja la cabeza con vergüenza.
Me levanto del asiento y me acerco a ella tomando sus manos.
— Claro, cariño. Nada me haría más feliz.
Ella se levanta y me abraza fuerte.
— Gracias, mamá.
Escuchar esas palabras de ella me dan una sensación dulce en el pecho.
Vania no sabía que era observada por el Archiduque desde la ventana de su oficina.
[Ella, es diferente]
Se dijo así mismo, para después volver a su montaña de papeles. Se había asomado por la ventana cuando sintió la tristeza y el miedo de su hija. Pero luego llegó Vania y todo cambió. Verla reír movió algo en su interior, algo que callaría para negarlo.
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Eduard (12 años)
Victoria (10 años)
Edwin (10 años)
Alan (4 años aparente)
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