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La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

La Chica De La Cuidad Y El Chico De Campo

Status: Terminada
Genre:Apoyo mutuo / Aventura Urbana / Amor a primera vista / Completas
Popularitas:7.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Una chica de ciudad, acostumbrada a la comodidad, la tecnología y el ritmo acelerado de la vida urbana, conoce por chat a un chico de campo. Con el paso del tiempo, las conversaciones se convierten en una hermosa historia de amor. Decidido a conocerla, él viaja para verla y ambos descubren que sus sentimientos son verdaderos. Cuando deciden construir un futuro juntos, ella debe adaptarse a una vida completamente diferente. Aprende las costumbres del campo, a cocinar en leña, a convivir con la naturaleza y a disfrutar de la tranquilidad que la rodea. Entre cambios, desafíos y nuevas experiencias, descubre una felicidad que jamás imaginó encontrar.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Algo estaba cambiando en mí

Ya habían pasado dos meses desde aquel día en que Lilibeth me escribió por TikTok. Lo que comenzó con un simple "hola" se había convertido en parte de mi rutina diaria.

La verdad era que ya no me imaginaba un día sin hablar con ella.

Todas las mañanas me despertaba y lo primero que hacía era revisar el celular.

A veces incluso me despertaba antes de que sonara la alarma.

Miraba la pantalla esperando un mensaje.

Y muchas veces ahí estaba.

"Buenos días."

Otras veces era yo quien escribía primero.

"Buenos días, ¿cómo amaneciste?"

Y así comenzaban nuestras conversaciones.

Aquella mañana me desperté a las cinco como siempre.

Todavía estaba oscuro.

Me puse las botas y salí al corredor.

Mientras tomaba café, revisé el celular.

Y sonreí.

Había un mensaje de ella.

—Buenos días, Hernán. ¿Cómo amaneciste?

No pude evitar sonreír.

—Muy bien, ¿y tú?

—También.

—¿Lista para el colegio?

—Más o menos.

—Jajaja.

—No me gustan los lunes.

—A nadie le gustan.

Y así comenzaba prácticamente cada día.

Durante esos dos meses hablamos de todo.

De su colegio.

De mis trabajos en la finca.

De música.

De comida.

De nuestras familias.

De sueños.

De miedos.

Y de cosas que jamás había hablado con nadie.

Lo más raro era que algo estaba cambiando en mí.

Y yo me estaba dando cuenta.

Siempre me había gustado cantar.

Desde pequeño.

Pero yo era de los que cantaban rancheras.

Música popular.

Canciones despechadas.

Ese tipo de música.

Las canciones románticas nunca me habían llamado mucho la atención.

Pero un día ocurrió algo extraño.

Estaba trabajando en la finca arreglando una cerca cuando empecé a cantar una canción romántica.

Al principio ni siquiera me di cuenta.

Pero después me escuché.

—¿Y yo qué estoy cantando?

Me quedé pensando.

Era raro.

Muy raro.

Yo nunca cantaba esas canciones.

Jamás.

Sin embargo, cada vez me gustaban más.

Y no solamente una.

Varias.

Canciones que hablaban de amor.

De enamorarse.

De extrañar a alguien.

De pensar en una persona.

Hasta que finalmente entendí qué estaba pasando.

Estaba enamorado.

Y cuando lo entendí me asusté un poco.

Porque la última vez que me había gustado alguien había sido muchos años atrás.

Tendría unos doce años.

Recuerdo perfectamente aquella historia.

Me gustaba una niña de la escuela.

Y por cosas de niños terminé haciendo el ridículo delante de varios compañeros.

Durante mucho tiempo me sentí avergonzado.

Desde ese momento me prometí que no volvería a pasar por algo parecido.

Por eso nunca había buscado novia.

Por eso siempre evitaba enamorarme.

Por eso cuando Felipe me molestaba yo siempre decía que quería estar solo.

Pero ahora era diferente.

Porque esta vez no estaba buscando nada.

Simplemente ocurrió.

Una tarde estaba sentado en el corredor de la casa hablando con Lilibeth.

—¿Qué haces?

—Estoy haciendo tareas.

—Qué pereza.

—Mucha.

—Entonces no las hagas.

—Claro. Y después pierdo el año.

—Buen punto.

Ella se rio.

Y yo también.

Seguimos hablando.

—¿Y tú qué haces?

—Estoy viendo el atardecer.

—Mándame foto.

Le envié una foto de las montañas.

Después de unos segundos respondió.

—Qué bonito.

—Sí.

—Algún día quiero conocer un lugar así.

No sé por qué.

Pero cuando leí eso sentí algo bonito.

Muy bonito.

Las semanas siguieron pasando.

Y nuestras conversaciones cada vez eran más largas.

Algunas veces hablábamos desde la mañana hasta la noche.

Mi mamá incluso comenzó a darse cuenta.

Una tarde me encontró sonriendo mientras veía el celular.

—¿Y usted por qué sonríe tanto?

—Por nada.

—Ajá.

—En serio.

—No le creo.

Yo me reí.

—Mamá...

—¿Es una muchacha?

—No.

—Entonces es un extraterrestre.

—Mamá.

Ella soltó una carcajada.

—Algún día me cuenta.

Pero la peor parte llegó cuando Felipe se enteró.

Porque ahí sí comenzó el problema.

Una noche estábamos cenando cuando vio que estaba escribiendo mensajes.

—¿Con quién habla tanto?

—Con nadie.

—Ajá.

—En serio.

—Muéstreme el celular.

—No.

Felipe abrió los ojos.

—¡No!

Sara comenzó a reírse.

—Ya cayó.

—¿Qué cayó?

—Está enamorado.

—No estoy enamorado.

—Sí está.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

Melissa observaba la discusión muerta de la risa.

—Otra vez empezaron.

Yo negué con la cabeza.

—Ustedes son imposibles.

Pero por dentro sabía que Felipe tenía razón.

Porque ya no era solamente una amistad.

Cada vez que recibía un mensaje de Lilibeth sonreía.

Cada vez que hablábamos me sentía feliz.

Y cuando pasaban varias horas sin escribirnos sentía que algo me hacía falta.

Una noche me acosté mirando el techo de mi habitación.

Pensando.

Pensando mucho.

Y llegué a una conclusión.

Aquella muchacha de quince años había logrado algo que nadie había conseguido durante años.

Había derribado los muros que construí después de aquella mala experiencia de la infancia.

Había logrado que volviera a confiar.

Que volviera a ilusionarme.

Y que volviera a creer en algo que llevaba mucho tiempo evitando.

El amor.

No sabía qué iba a pasar en el futuro.

No sabía si algún día nos conoceríamos en persona.

No sabía si aquello iba a funcionar.

Pero sí sabía una cosa.

Lilibeth se había convertido en la primera persona que ocupaba mis pensamientos al despertar.

Y en la última persona en la que pensaba antes de dormir.

Y eso significaba que algo muy importante estaba ocurriendo en mi corazón.

1
Kayra Villavicencio
Y el papá
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