Reencarnado en un mundo de magia y aventuras, Ren solo quiere una vida normal. El problema es que todo a su alrededor insiste en convertirlo en algo que no quiere ser.
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Capítulo 11: Un lugar cómodo
La tensión frente a la entrada del reino seguía presente.
Los guardias aún observaban a Ren con evidente confusión, sin decidir si debían verlo como un invitado extraño… o como algo mucho más importante.
Pero el principal causante del caos…
seguía actuando como si nada.
—
La pequeña tortuga comenzó a moverse otra vez sobre la cabeza de Ren.
Giró lentamente.
Luego un poco más rápido.
Después volvió a detenerse.
Como si estuviera buscando algo.
—
Ren levantó ligeramente la vista hacia arriba, aunque apenas podía verla.
—…¿Qué haces?
—
La tortuga siguió acomodándose.
Pasó un poco hacia la derecha.
Luego hacia atrás.
La bufanda naranja se movió ligeramente cuando una pequeña pata se apoyó cerca de ella.
—
Finalmente—
La criatura se quedó quieta.
Completamente acomodada sobre el cabello oscuro de Ren.
—
El joven suspiró.
—Cuidado, amiguito…
Pausa.
—No me vayas a morder.
—
Silencio.
—
Uno de los guardias abrió ligeramente los ojos.
—
¿Le está hablando así…?
—
Alicia también permaneció callada unos segundos.
Mirando la escena.
—
Era absurda.
Completamente absurda.
—
Un espíritu venerado por los elfos…
acomodándose tranquilamente sobre la cabeza de un humano desconocido.
Mientras ese humano le hablaba como si fuera una mascota cualquiera.
—
Ren ladeó ligeramente la cabeza.
—Aunque… no pareces de los que muerden.
—
La tortuga giró un poco sobre sí misma.
Luego quedó inmóvil otra vez.
—
Ren soltó una pequeña exhalación.
—Sí… definitivamente te gusta estar ahí arriba.
—
Alicia terminó hablando finalmente:
—Normalmente los espíritus de ese tipo no se acercan tanto a las personas.
—
Ren miró hacia ella.
—Bueno, supongo que le agrado.
—
—Eso tampoco es normal.
—
—Ya me quedó claro que nada aquí es normal.
—
Silencio.
—
Un pequeño grupo de personas que entraba al reino comenzó a mirar discretamente la escena.
Algunos elfos susurraban entre ellos.
Otros simplemente se detenían unos segundos antes de continuar caminando.
—
Ren empezó a notar más miradas.
—…
—Creo que ya entiendo un poco el problema.
—
Alicia cruzó ligeramente los brazos.
—¿Finalmente?
—
—Sí.
Pausa.
—La tortuga me está convirtiendo en alguien sospechoso.
—
Uno de los guardias tosió suavemente.
—Con respeto… eso es quedarse corto.
—
Ren lo miró.
Luego miró hacia arriba otra vez.
—
La tortuga seguía completamente relajada.
—
—Increíble…
Murmuró.
—Tú tranquilo… y yo metiéndome en problemas gratis.
—
Por un instante…
la pequeña criatura giró apenas hacia él.
—
Y aunque no tenía expresiones humanas…
dio la sensación de estar observándolo.
—
Ren entrecerró un poco los ojos.
—…
—No me mires así. Tú empezaste esto.
—
Alicia llevó una mano a su boca.
Intentando ocultar una pequeña sonrisa.
—
Y los guardias…
simplemente ya no sabían cómo reaccionar ante aquel extraño humano.
Capítulo 11: Un lugar cómodo (Parte 2)
El ambiente frente a la entrada del reino seguía extraño.
Los guardias aún observaban a Ren de reojo, claramente confundidos por su comportamiento… y por la absoluta tranquilidad del espíritu sobre su cabeza.
Mientras tanto, Ren seguía intentando ignorar las miradas.
Sin mucho éxito.
—
Alicia lo observó unos segundos en silencio.
Pensativa.
Luego bajó ligeramente la mirada hacia el suelo.
Se inclinó un poco y recogió una pequeña piedra.
No era grande.
Cabía perfectamente en la palma de la mano.
—
La extendió hacia Ren.
—Toma.
—
Ren la miró.
—¿…?
Tomó la piedra.
—¿Qué hago con esto?
—
Alicia respondió con calma:
—Lo puedes lanzar.
—
Ren parpadeó.
—¿Eso es todo?
—
—Sí.
—
Silencio.
—
Ren observó la piedra unos segundos.
Luego se encogió ligeramente de hombros.
—Okey.
—
Sin pensarlo demasiado—
Movió el brazo.
Y lanzó la piedra.
—
Un instante después—
¡BOOM!
—
La piedra desapareció a una velocidad absurda.
El aire explotó frente a ellos con una fuerte presión.
Un sonido seco atravesó el camino mientras la piedra se perdía completamente en la distancia.
Muy lejos.
Demasiado lejos.
—
Silencio absoluto.
—
El viento dejó de sentirse por un momento.
—
Ren se quedó quieto.
Con el brazo aún extendido.
Parpadeó.
—…
—
Alicia abrió ligeramente los ojos.
—
Los guardias quedaron completamente inmóviles.
—
A lo lejos…
Un sonido de impacto retumbó varios segundos después.
—
Ren bajó lentamente el brazo.
—…
Miró su mano.
Luego la dirección donde lanzó la piedra.
—
—…Ah.
—
Silencio.
—
—Creo que no medí mi fuerza.
—
Uno de los guardias tragó saliva.
El otro seguía mirando fijamente el horizonte.
—
Alicia fue la primera en reaccionar.
—Eso… no es normal.
—
Ren se rascó ligeramente la mejilla.
—Bueno…
Pausa.
—En mi mundo entrenaba bastante.
—
Silencio otra vez.
—
Alicia lo miró fijamente.
—Ningún entrenamiento humano hace eso.
—
Ren volvió a mirar su mano.
—
…
—
Por primera vez…
parecía genuinamente confundido.
—
—La verdad…
Miró nuevamente hacia la distancia.
—Eso sí estuvo raro.
—
La tortuga sobre su cabeza giró lentamente.
Completamente tranquila.
—
Como si ya supiera exactamente qué acababa de pasar.
—
Alicia observó a Ren en silencio.
—
No tiene control de su propia fuerza…
—
Y lo más preocupante era—
que parecía no darse cuenta de lo anormal que era.
—
Ren suspiró suavemente.
—Definitivamente este mundo me está afectando raro.
—
Los guardias intercambiaron miradas.
—
No.
—
El problema no era el mundo.
—
El problema…
era él.