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El Vuelo De La Libélula

El Vuelo De La Libélula

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:5.5k
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

​"El Vuelo de la Libélula"

​Un matrimonio por contrato. Un enemigo en la cama. Una venganza que no admite piedad.

​Cuando el prometido de Alessa Rossi huye horas antes de la boda, su destino queda en manos de un misterioso sustituto: Máximo. Atractivo, impecable y protector, parece el salvador que su familia mafiosa necesita para mantener el poder.

​Lo que Alessa no sabe es que ha dejado entrar al lobo en el redil. Máximo es el único superviviente de un clan que los Rossi exterminaron años atrás, y ha regresado con una sola misión: destruir a sus enemigos desde adentro. Su plan es perfecto: fingir ser el esposo ideal, ganar el corazón de la inocente Alessa y usar sus secretos para aniquilar su imperio.

​Pero el odio tiene un punto débil. Entre besos fingidos y manipulaciones crueles, Máximo empieza a dudar: ¿Podrá ejecutar su venganza cuando la mujer que debe destruir es la única que ha logrado darle paz?

​En este juego de traición y deseo, el amor es el arma más peligrosa de todo

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​Capítulo 10: Máscaras de Cristal

El comedor de la mansión en la Toscana estaba preparado para lo que, en apariencia, era un almuerzo de unidad. Sin embargo, para Alessa, era una coreografía del horror. Había pasado la mañana cocinando bajo la mirada crítica de Sofía

Vanzetti, quien se paseaba por la cocina señalando "errores" con una altanería que buscaba recordarle a Alessa su nueva posición de servidumbre.

​—La pasta debe estar al dente, querida. En nuestra familia no toleramos la flacidez —había dicho Sofía, ignorando que Alessa apenas podía sostener el cucharón por el cansancio acumulado de meses sin descanso.

​Cuando llegaron Vittorio, Mariana, Marcos, Andrés y Mateo, el aire pareció oxigenarse por un momento. Vittorio abrazó a su hija con una fuerza que casi la hizo llorar, pero se detuvo al notar la aspereza de sus manos.

​—¿Qué es esto, Alessa? —preguntó Vittorio en un susurro, mirando sus palmas—. ¿Por qué tus manos están así?

​—Es el trabajo en el jardín, papá —mintió ella rápidamente, sintiendo la mirada de Máximo clavada en su nuca como un puñal—. Ya sabes que me gusta cuidar mis flores.

​Un Almuerzo sobre Brasas

​La comida transcurrió entre las anécdotas animadas de Andrés y la vigilancia silenciosa de Marcos. Vittorio, aunque intentaba mostrarse jovial, no podía quitarle la vista de encima a Máximo.

​—Máximo —dijo Giacomo Vanzetti, elevando su copa con una sonrisa depredadora—, estaba comentando con Vittorio lo bien que has manejado las finanzas de la dote. Los resultados de las "inversiones" pronto se harán notar.

​Máximo asintió, aunque el estómago se le revolvía. Sabía que Giacomo se refería al sabotaje financiero que estaba asfixiando a los Rossi.

—Todo va según lo previsto, tío.

​Marcos, que no había dejado de observar a Máximo, intervino con una voz cargada de sospecha.

—Es curioso, Vanzetti. Porque mientras tú hablas de inversiones, nosotros estamos lidiando con bloqueos en las rutas que solo alguien con información interna podría conocer. Es casi como si alguien estuviera usando nuestro propio capital para golpearnos.

​El silencio que siguió fue absoluto. Vittorio puso una mano sobre el brazo de Marcos, calmándolo, pero sus ojos nunca dejaron los de Máximo.

—Marcos, hoy es un día de familia. No arruinemos el almuerzo con negocios.

​Alessa servía los platos con una eficiencia mecánica, evitando el contacto visual con sus hermanos. Ver a Marcos tan cerca de la verdad la aterraba; sabía que, si estallaba una guerra en ese comedor, ella sería la primera víctima.

​La Huida del Verdugo

​En cuanto los Rossi se marcharon, con Mariana despidiéndose de su hija con una mirada de profunda angustia, la máscara de Máximo se hizo añicos. El almuerzo había sido una tortura de fingimiento y la sospecha de Marcos lo había dejado paranoico.

​—Limpia todo esto —le ordenó a Alessa con una frialdad cortante—. No quiero ver ni una migaja cuando vuelva.

​Sin esperar respuesta, Máximo tomó las llaves de su coche y salió de la mansión a toda velocidad. Necesitaba escapar del asco que sentía por sí mismo, de la mirada de Alessa que ahora era como un espejo que le devolvía su propia fealdad.

​Se dirigió a un club privado en las afueras, donde lo esperaba Bianca, la hija de uno de los socios más influyentes de Giacomo. Bianca era lo opuesto a Alessa: era ruidosa, ambiciosa y conocía perfectamente el juego de poder en el que se movían. Se había vuelto frecuente para él buscarla; no porque la amara, sino porque con ella no tenía que fingir ser un buen hombre. Con Bianca, podía ser el monstruo que los Vanzetti habían creado.

​—Llegas tarde, Máximo —dijo Bianca, enredando sus dedos en el cuello de su camisa—. Tu esposa debe ser muy demandante para que te cueste tanto escapar de esa mansión de uvas agrias.

​Máximo la besó con una furia que buscaba anestesiar su conciencia.

—No hables de ella. Solo... haz que me olvide de este día.

​El Regreso y el Asco Final

​Horas más tarde, Máximo regresó a la mansión. El olor a perfume de Bianca, una mezcla de gardenias y tabaco, lo envolvía como una mortaja. Al entrar, encontró a Alessa terminando de fregar el suelo del gran salón, arrodillada, con el cabello recogido y el rostro bañado en sudor.

​Ella levantó la vista y lo vio. No necesitó preguntar nada. El aroma de otra mujer era tan fuerte que llenaba la habitación.

​Máximo caminó hacia ella, se inclinó y la tomó de la barbilla, obligándola a levantarse. Sus manos, que venían de tocar a otra, buscaron la piel de Alessa con una urgencia enferma.

​—Hoy has sido una buena anfitriona, Alessa —susurró, su aliento oliendo a alcohol y a traición—. Ven conmigo.

​Alessa sintió una oleada de náuseas tan fuerte que tuvo que apoyarse en la mesa para no caer. El asco ya no era solo emocional, era físico.

—No me toques —dijo ella, con una voz que vibraba con un odio nuevo y puro—. Ve a lavarte la culpa antes de poner tus manos sobre mí.

​Máximo soltó una risa seca, desprovista de humor, y la arrastró hacia el dormitorio. En su mente, seguía repitiendo que esto era parte de su venganza, que humillar a la hija de Vittorio era su misión. Pero mientras estaba con ella, con Alessa convertida en una estatua de hielo bajo su cuerpo, Máximo sintió que el vacío en su pecho se ensanchaba.

​Él la buscaba desesperadamente para sentir que aún era el dueño de algo, sin darse cuenta de que, con cada caricia forzada y cada mentira, estaba cavando un foso insalvable entre él y la única salvación que le quedaba. Alessa, con los ojos fijos en el techo, solo pensaba en la voz de Dante: "Recuerda que siempre tienes un lugar donde aterrizar".

​Esa noche, mientras Máximo dormía el sueño de los culpables, Alessa se juró a sí misma que el heredero del rencor ya no tendría nada más de ella. El asco había matado al amor, y en su lugar, estaba naciendo algo mucho más peligroso: la voluntad de sobrevivir

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Hola 😚👋! aquí vamos a una nueva aventura, espero te guste y la disfrutes y dejes muchos comentarios bonitos, tus votos y me gusta son de suma importancia.. Recuerda que puedes pasar por mi perfil y disfrutar de mis otras obras, bye 😍😚😚 y gracias por estar aquí 🫂

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Rocio
eso te pasa por desgraciado
Rocio
ahh me chocan esas historia donde harem llorar ala protagonista
Odiza Pimentel
excelente
Odiza Pimentel
megusta la novela super 👏🥰
Soledad Medina Torres
Muy buena novela de principio a fin
Sherly 💜: te invito a leer mis otras obras, te recomiendo una recién salida del horno 🤭🤭🤭, se llama migrar hacia mi una justita corta que te atrapará de principio a fin 🥰 te espero por allá... Me encanta que te haya gustado está historia 🥰🫂
total 1 replies
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