Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 17
Desde aquel día, ambos decidieron no quedarse de brazos cruzados ante la sospecha terrible que había cambiado todo. Sin haberlo planeado ni hablado entre sí, Miriam y Adam comenzaron a mover hilos por su cuenta, decididos a armar el rompecabezas completo de lo que sucedió cuatro años atrás. Y aunque ninguno lo sabía todavía, sus pasos se cruzaban de nuevo en las mismas pistas, guiados por el mismo deseo de justicia y verdad.
Una tarde, Miriam se reunió discretamente con una antigua conocida que solía frecuentar los mismos círculos que Elisa en esa época. Se encontraron en una cafetería alejada, lejos de miradas curiosas.
—Por favor, Carmen, piénsalo bien —le suplicó Miriam, inclinándose sobre la mesa con ansiedad—. Recuerda aquellos días antes de que yo me fuera. ¿Notaste algo extraño en Elisa? ¿Alguien la vio revisando mis cosas, imitando mi letra o hablando maliciosamente de nosotros dos? Sé que parece difícil de creer ahora, pero mi vida entera cambió por culpa de una nota que no era real.
Carmen bajó la voz, mirando a los lados con precaución antes de responder.
—Ahora que lo dices… sí, hubo algo que me llamó la atención entonces, aunque no le di importancia —admitió en un susurro—. Una vez la vi practicando tu firma en una hoja de cuaderno. Cuando le pregunté qué hacía, se rio nerviosa y dijo que solo era una tontería para pasar el rato. También recuerdo que siempre tenía comentarios negativos sobre Adam, incluso cuando parecían llevarse bien… como si le molestara la forma en que él te miraba solo a ti.
Miriam sintió un escalofrío de confirmación recorrerle la espalda.
—¿Y nunca dijiste nada?
—Pensé que eran celos comunes, nada más —se disculpó Carmen—. Pero ahora que me lo cuentas todo… encaja perfecto con lo astuta y fría que podía llegar a ser cuando quería algo que no podía tener.
Al mismo tiempo, Adam visitaba a Francisco en busca de ayuda para revisar detalles que el tiempo había borrado de su memoria. Revisaban viejas agendas, mensajes antiguos y anotaciones que guardaban en cajas olvidadas.
—Mira esto, Francisco —dijo Adam de pronto, deteniéndose sobre una página de su vieja agenda desgastada—. Aquí tengo apuntada una cita que nunca entendí bien: “Elisa preguntó por mis horarios de trabajo y por nuestro plan de viaje al campo”. En ese momento pensé que solo se interesaba por nosotros como amigos… pero ¿para qué necesitaba saberlo todo con tanta precisión?
Francisco tomó la agenda y la leyó con atención, frunciendo el ceño.
—Lo sabía todo, Adam: cuándo estabas libre, cuándo trabajabas hasta tarde, dónde iban, qué les gustaba… Conocía su rutina mejor que nadie que no fuera tú misma o Miriam. Para armar una mentira tan perfecta, hacía falta saber exactamente dónde meter la duda para que doliera más y pareciera verdad.
—Y mira esto también —añadió Adam, sacando un papel amarillento y doblado—. Es una nota que ella me envió días antes de nuestra ruptura. Léela con cuidado: ¿no te parece que la caligrafía cambia un poco según lo que quiere decir? Es casi igual a la que Miriam me enseñó como “prueba” de mi traición… casi igual, pero no idéntica, como si imitara una forma y mezclara la suya propia sin querer.
—Es una copia casi perfecta, sí —reconoció Francisco con gravedad—. Solo alguien obsesionado y paciente podía practicar hasta lograrlo tan parecido. Y esa obsesión, amigo mío, solo podía venir de quien te deseaba a ti y odiaba ver que solo tenías ojos para Miriam.
Días después, Miriam habló con el personal de la oficina donde trabajaba entonces, tratando de reconstruir quién tuvo acceso a su bolso el día que desapareció aquella nota falsa.
—Recuerdo bien esa tarde —le explicó la recepcionista, dudando—. Solo Elisa estuvo ahí, parada junto a tu escritorio mientras tú saliste un momento. Dijo que te esperaba para saludarte, pero se quedó bastante tiempo sola, moviendo cosas sin prisas. Al principio no le di importancia… pero ahora que me preguntas así, sí, parecía muy atenta a todo lo que tocaba.
—Gracias —susurró Miriam, con el corazón acelerado—. Gracias por ser sincera. Es una pieza más que me faltaba para comprenderlo todo.
Sin embargo, lo que ambos ignoraban era que cada paso que daban, cada persona a la que preguntaban, cada papel que revisaban, no pasaba desapercibido. Elisa, siempre vigilante, tenía sus propios ojos y oídos por todas partes: conocía a las mismas personas, frecuentaba los mismos sitios, y se enteraba rápidamente de cada movimiento de ellos.
Una noche, desde la oscuridad de su coche estacionado lejos pero con vista clara al departamento de Adam, Elisa observaba cómo él cerraba sus libros con gesto decidido. Sus ojos brillaban con rabia y temor mezclados.
—Siguen buscando… —murmuró entre dientes, apretando el volante con fuerza—. Revisan el pasado, escarban donde no deben, preguntan aquí y allá… Creen que lo hacen en secreto, creen que nadie los vigila. Pero cada paso que dan lo sé yo antes incluso de que terminen de darlo.
Respiró hondo para calmarse, aunque sus manos seguían temblando de ira. Sabía que estaban acercándose peligrosamente a la verdad absoluta, esa que podía destruirla para siempre. Pero no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente.
—Todavía no lo tienen todo claro —se dijo con una sonrisa torcida y fría—. Todavía falta la prueba definitiva. Y mientras no la encuentren, yo puedo adelantarme, puedo cambiar el juego otra vez si hace falta. Sigan investigando… crean que están cerca, si así les gusta. Pero recuerden: yo sigo aquí, vigilando cada uno de sus movimientos, lista para actuar antes de que logren acabar conmigo.
Mientras tanto, en la soledad de sus respectivos hogares, Miriam y Adam sentían la misma sensación extraña: la certeza de estar a un paso de saberlo todo, mezclada con una inquietud helada de estar siendo observados sin saber cómo ni por dónde. Pero ninguno imaginó jamás cuán cerca, cuán atenta y cuán peligrosa seguía siendo la sombra de Elisa Moretti.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.