Aurora, una joven de campo marcada por el miedo, huye hacia Londres junto a su pequeño hermano Charles, escapando de un pasado oscuro y de un padrastro que amenaza con destruirlo todo. En medio de una ciudad desconocida y desafiante, su dulzura e inocencia se convierten en su única fortaleza.
Su vida cambia cuando conoce a Christian Potter, un hombre que ella cree un simple chofer, sin imaginar que en realidad es un poderoso y frío CEO multimillonario. Acostumbrado al éxito, pero atrapado en una vida de soledad y amargura, Christian encuentra en Aurora una luz inesperada.
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Capítulo 17
Se quedaron abrazados en la pequeña sala, besándose cada vez con más intensidad. Los besos suaves se volvieron profundos, cargados de deseo. Christian la levantó en brazos con cuidado, a pesar del dolor en su costilla, y la llevó hasta el viejo colchón que estaba en el suelo de la otra habitación.
La depositó suavemente sobre él y se arrodilló a su lado. Con dedos lentos y respetuosos, empezó a desabotonarle el vestido.
—Eres tan hermosa… —susurró contra su cuello.
Aurora estaba muy tímida. Se cubría el pecho con los brazos mientras él le bajaba el vestido por los hombros.
—Christian… yo nunca… —murmuró, sonrojada hasta las orejas.
—Lo sé —respondió él con voz suave—. No tienes que tener miedo. Voy a cuidar de ti.
Christian se quitó la camisa con cuidado y luego el resto de su ropa, quedándose completamente desnudo frente a ella. Aurora abrió los ojos y suspiró al ver su miembro erecto, grande y firme.
—¿Te gusta lo que ves? —preguntó él con una sonrisa ladeada, observándola con ternura.
Aurora tragó saliva, nerviosa.
—Es… intimidante —confesó en un susurro.
Christian sonrió con dulzura y se inclinó sobre ella.
—No te preocupes. Vamos a ir despacio.
Se posicionó entre sus piernas y entró en ella con mucho cuidado. Aurora se quejó suavemente cuando sintió la primera presión.
—Ah… duele un poco —gimió bajito, mordiéndose el labio.
—Respira, mi amor —susurró él, besándola en la frente—. Relájate.
Empezó a moverse lentamente dentro de ella. Aurora era increíblemente apretada. El placer era tan intenso que Christian tuvo que contenerse para no perder el control.
—Dios… eres tan estrecha —gruñó en voz baja, disfrutando cada centímetro.
Aurora ahogaba sus gemidos contra el hombro de él, temiendo que Charles se despertara en la habitación de al lado.
—Mmm… Christian… —susurraba, clavándole las uñas suavemente en la espalda.
Él aumentó un poco el ritmo, pero siempre con cuidado. El placer era inexplicable para ambos. Después de varios minutos, Christian no pudo aguantar más y terminó dentro de ella con un gemido ronco, derramándose profundamente.
Aurora lo abrazó con fuerza, todavía temblando. Christian se quedó unos segundos recuperando el aliento, luego levantó la cabeza y la miró a los ojos.
—¿Por qué no me dijiste que eras virgen? —preguntó con voz suave, acariciándole el cabello.
Aurora se sonrojó intensamente y escondió la cara en su cuello.
—¿Es malo? —preguntó avergonzada.
Christian negó con la cabeza y le levantó el rostro con ternura.
—No, mi amor. No es malo. Al contrario… es lo más especial que me ha pasado. Ser el primero para ti es un regalo. Y te juro —dijo con convicción absoluta— que voy a ser el único.
Aurora sonrió con timidez y lo miró a los ojos.
—Este es el lugar y la persona correcta… Contigo me siento segura. Contigo todo se siente bien.
Christian la besó con dulzura y se acomodó a su lado, abrazándola fuerte contra su pecho. El viejo colchón era incómodo, pero ninguno de los dos lo notó.
—Duerme, mi amor —susurró besándole la frente—. Estoy aquí.
Aurora se acurrucó contra él, exhausta y feliz, y cerró los ojos.
—Te quiero, Christian…
—Te amo, Aurora —respondió él en voz baja.
Se durmieron abrazados, piel contra piel, con los corazones latiendo al mismo ritmo en medio de la humilde habitación.