Renace en un mundo mágico, dispuesta a cambiar su destino, recuperar lo que le pertenece y vengarse de quienes la lastimaron.
*Esta novela pertenece a un mundo*
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Guarida
El pequeño salón de té era acogedor.
Cálido.
Con ese aroma dulce que envolvía todo y hacía olvidar por un momento el frío exterior.
Ophelia entró con curiosidad, mirando cada rincón, mientras el duque caminaba a su lado con calma, como si ningún lugar pudiera alterarlo… excepto quizás la persona que llevaba consigo.
Se sentaron frente a frente.
Y apenas lo hicieron, Ophelia apoyó los codos suavemente sobre la mesa, inclinándose un poco hacia él.
—¿Qué te gustaría comer?
El duque no respondió de inmediato.
Se inclinó apenas hacia adelante.
Lo suficiente para acortar la distancia.
Y en voz baja, casi un susurro que solo era para ella, dijo..
—A una pequeña mujer de ojos azules… y capa verde oliva.
Ophelia se quedó quieta un segundo.
Y luego sonrió.
Esa sonrisa traviesa que ya comenzaba a ser peligrosa.
—Hmmm… respondió, inclinando la cabeza
—Me temo que hasta que no tenga un papel firmado y un anillo en el dedo…
Se señaló a sí misma con suavidad.
—No estoy en el menú.
El duque sostuvo su mirada.
Y sonrió.
Lento.
Divertido.
Pero Ophelia no terminó ahí.
Se inclinó un poco más, acercándose lo suficiente para que su voz también fuera baja.
—Aunque… quizás podría darte una pequeña probada…
Sus ojos brillaron.
—Pero solo un poco.
El duque dejó escapar una leve risa ladina.
—Entonces comeremos rápido.
Ophelia no pudo evitar reír.
Y así, entre comentarios suaves y miradas que decían más de lo que las palabras permitían, pidieron comida.
Compartieron el momento.
Sin prisa.
Sin tensión.
Solo… ellos.
Antes de irse, Ophelia pidió un pequeño pastel con crema para llevar.
—Para después —dijo, con una sonrisa.
Cuando salieron, el frío volvió a recibirlos.
Pero ya no parecía tan intenso.
Caminaron de regreso a la posada.
Y justo cuando estaban por entrar..
—¡Mi niña!
Nanny apareció, acercándose con paso rápido.
Pero antes de que llegara a Ophelia..
—Nanny.
La voz del duque la detuvo.
Firme.
Ella se giró de inmediato.
—Sí, señor…
El duque la miró con calma.
Pero con intención clara.
—Vaya a comprarle ropa adecuada para el frío.
Nanny parpadeó.
—¿Eh…? perdone señor..
—Al menos una prenda que la ayude con el frio, una para cada día.. Todo ya está pagado.
Nanny abrió la boca, lista para responder.
Pero él añadió, con tono más bajo pero serio..
—En Sunderland, el frío es mucho más intenso.. Ella podría enfermarse.
Eso fue suficiente.
La preocupación reemplazó cualquier duda.
—¡Tiene razón! No podemos permitir eso.
Su mente ya estaba trabajando.
Listas.
Opciones.
Abrigos.
Guantes.
Todo.
—Buscaré lo mejor para mi niña.
El duque asintió.
Satisfecho.
—Hágalo.
Y Nanny se fue.
Rápido.
Decidida.
Sin mirar atrás.
El duque giró levemente hacia Ophelia.
Y por un instante…
Una pequeña sonrisa apareció.
Sutil.
Triunfante.
Pero desapareció casi de inmediato.
Como si nunca hubiera estado ahí.
Luego, sin decir nada más, tomó la iniciativa.
Y entró a la posada con ella.
Dejando atrás el frío…
Y asegurándose, una vez más, de tenerla solo para él.
Cuando entraron a la posada, el ambiente cálido los envolvió de inmediato.
Ophelia sonrió con cortesía a quienes estaban cerca, incluso comenzó a intercambiar unas palabras con una de las personas del lugar…
Pero no llegó lejos.
—¿Cuál es mi habitación? —preguntó el duque a uno de sus hombres, sin mirar a nadie más.
—Al fondo, señor. La más grande.
El duque asintió.
Y sin más..
Tomó a Ophelia suavemente del brazo.
Ella alcanzó a girarse.
—Espera, estaba..
Pero no terminó.
Porque él ya la estaba guiando.
Directo.
Sin pausas.
Sin distracciones.
Hasta la habitación.
La puerta se cerró.
Y el mundo exterior desapareció.
El silencio se volvió distinto.
Más íntimo.
Más denso.
El duque no esperó.
La atrajo hacia él en un abrazo firme.
Cercano.
—Has entrado directamente… en la guarida del lobo —murmuró junto a su oído.
Ophelia sonrió.
No asustada.
No dudosa.
Sino… divertida.
Y respondió de la única forma que sabía hacerlo.
Se acercó.
Lo besó.
Suave al principio.
Pero con intención.
Guiándolo poco a poco hacia la cama.
El duque no se resistió.
Al contrario.
Se dejó llevar.
Se recostó, observándola con esa mirada intensa que no la soltaba.
Y Ophelia…
Recordó el pequeño pastel.
Lo abrió con cuidado.
Y, con una sonrisa traviesa, tomó un poco de crema.
La dejó deslizarse por su piel.
En el rostro.
En el cuello.
Más abajo.
Lento.
Provocador.
Luego se inclinó.
Y lo siguió.
Con besos suaves.
Jugando..
Probando..
Lamiendo..
Riendo entre susurros.
El duque cerró los ojos por un instante.
Un leve sonido escapó de él.
Un pequeño gemido de placer..
Bajo.
Contenido.
Pero suficiente para que Ophelia sonriera más.
Más segura.
Más atrevida.
Era un juego.
Pero también… algo más.
Porque por primera vez, ella no solo estaba actuando.
Estaba disfrutando.
Tomando el control.
Pero al mismo tiempo… entregándose a la sensación.
A la cercanía.
Al momento.
Las manos del duque no se quedaron quietas.
Se movieron.
Firmes.
Seguras.
Acompañando.
Respondiendo.
Sin romper ese equilibrio entre juego y deseo.
El aire se volvió más cálido.
Más pesado.
Más lento.
Y entre risas suaves, miradas intensas y ese juego dulce que comenzó con un simple pastel…
La distancia entre ellos desapareció por completo.
Porque ya no era solo un trato.
Ni una estrategia.
Era algo que crecía.
Peligroso.
Inevitable.
Y cada vez… más difícil de ignorar.
Las caricias no se detuvieron de inmediato.
Se volvieron más lentas.
Más profundas.
Como si ambos quisieran estirar ese momento un poco más.
Los besos continuaron, ahora menos juguetones… y más cargados de una intención que crecía con cada segundo.
El duque la sostenía con firmeza, acercándola a él, perdiéndose por momentos en la sensación de tenerla tan cerca.
Y Ophelia…
Respondía.
Sin timidez.
Sin retroceder.
Pero cada vez que él intentaba ir un poco más allá..
Ella lo detenía.
Con una sonrisa.
Con un gesto suave.
—Aún no… —susurraba, casi rozando sus labios.
No era un rechazo.
Era una promesa.
Un límite puesto con inteligencia… y coquetería.
El duque la miraba.
Respirando más pesado.
Conteniéndose.
Y, sorprendentemente… asentía.
Se detenía.
Porque entendía.
Porque ese juego… también lo atrapaba.
[No falta mucho.. y ese conejito… será mío por completo.]
Ophelia, al verlo así…
Tan controlado.
Tan poderoso… y aun así cediendo ante ella..
Sonrió.
Se sintió poderosa.
No por dominarlo del todo…
Sino por saber que, al menos por momentos, podía guiar a un hombre como él.
Y eso…
Le gustó más de lo que esperaba.
El tiempo pasó entre caricias más suaves, respiraciones que poco a poco se calmaban… y una cercanía que ya no necesitaba intensidad para sentirse real.
Hasta que, poco a poco…
El cuerpo de Ophelia comenzó a relajarse.
Sus párpados se volvieron pesados.
Su respiración más lenta.
Se acomodó contra él…
Y casi sin darse cuenta…
Se quedó dormida.
El duque la miró en silencio.
Su primera reacción fue clara..
Quería más.
Quería continuar.
Pero al verla así…
Tranquila.
Confiada.
Dormida en sus brazos…
Algo en él cambió.
Exhaló suavemente.
Y, con cuidado, la acomodó mejor en la cama.
Cubriéndola.
Asegurándose de que estuviera cómoda.
Segura.
Luego se levantó.
Sin hacer ruido.
Salió de la habitación.
Y antes de alejarse, dejó a uno de sus hombres frente a la puerta.
—Nadie entra —ordenó.
—Sí, mi señor.
Al bajar, se encontró con Nanny.
La mujer se acercó de inmediato, visiblemente inquieta.
—¿Mi niña…? ¿Está bien?
El duque la miró.
—Está descansando.
Su tono fue tranquilo.
Seguro.
—He dejado un guardia en la puerta.
Eso bastó.
Nanny exhaló, aliviada.
—Gracias señor… Me quedaré más tranquila.
Luego, como si recordara todo lo que había hecho..
—Comenzaré a ordenar la ropa que compré.
El duque asintió.
—Cualquier cosa que ella necesite… me lo dice de inmediato.
Nanny lo miró con gratitud sincera.
—Por supuesto, señor. Muchas gracias.
Pero él no dijo nada más.
No mencionó…
Que Ophelia estaba durmiendo en su habitación.
Y mientras Nanny se alejaba, ocupada en sus tareas…
El duque permaneció ahí unos segundos.
En silencio.
Pensativo.
Con una idea cada vez más clara en su mente..
Ese pequeño conejo…
Ya no solo estaba en su guarida.
Estaba empezando… a pertenecerle.
Pobre Duque con sus hijos😂