Manjiro y tú eran mejores amigos desde pequeños, por eso estuviste con él desde siempre y tienes sentimientos hacia él. Los fundadores también eran tus amigos, pero desde que una chica llamada Luna entró a Toman, te "robó" a tus amigos, también a Manjiro. Manjiro se volvió distante: no te contestaba, te excluía, te ignoraba... esto te afectó un poco. Tu mejor amigo y el chico que te gustaba te cambiaba un poco más cada minuto. Siempre que intentabas hablar de ello, decía que estabas siendo posesiva y que no tenías razón para actuar así... hasta que llegó ese día.
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10
—"Pero vayamos al grano. No te traje aquí para una reunión social"—. Su tono se volvió más directo, cortando cualquier posibilidad de evasión. —"Tenemos asuntos más urgentes que discutir"—.
Tomó un tenedor y apuntó hacia ella con él, como si fuera una extensión de su voluntad. —"Durante diez años he construido este imperio a partir de cero, sin el apoyo financiero de nadie, especialmente del tuyo"—.
Su mandíbula se tensó ligeramente. —"Cada centavo que invertí, cada riesgo que corrí... todo lo hice pensando en recuperarte. En demostrarte que no necesitabas a tu familia ni a nadie más para sobrevivir"—. Su voz se volvió más baja, más intensa. "Quería mostrarte que podía cuidarte mejor de lo que jamais podría hacerlo tu padre. Que podíamos construir nuestro propio imperio juntos".
Dejó el tenedor sobre la mesa con un ruido sordo. —"Pero tú te fuiste. Te escapaste a Europa sin dejar rastro, como si diez años de amistad significaran menos que nada para ti"—.
Su expresión se oscureció con una mezcla de dolor y resentimiento. —"Así que ahora estamos aquí, Saori. Y voy a recuperar cada segundo que perdí buscándote"—.Su voz era un cuchillo afilado, cortando el aire entre ellos. —"Y no me importará si quieres volver corriendo a tu vida perfecta en Francia. Porque esta vez, no serás tú quien decida cuándo terminamos"—.
Se reclinó en su silla, observándola con una intensidad que la hizo sentir desnuda bajo su escrutinio. —"He preparado una oferta para ti. Un contrato de trabajo, si prefieres llamarlo así"—.
Sacó un documento de una carpeta cercana y lo deslizó por la mesa hacia ella. Las páginas estaban impresas con un logotipo de Sano Enterprises en relieve dorado.
—"Serás mi esposa,"— declaró sin rodeos. —"Conviviremos aquí en este apartamento, viajarás conmigo a donde sea necesario y representarás a mi empresa en eventos públicos"—.
Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en la mesa. Sus ojos oscuros brillaban con una mezcla de determinación y algo más profundo, casi posesivo.
—"Pero déjame ser claro: no es una petición. Es una condición"—. Su voz se volvió más dura. —"Has dañado mi orgullo suficiente al abandonarme. Ahora es mi turno de recuperar el control"—.
Golpeó suavemente el contrato con un dedo. —"Este documento establece términos específicos. Acceso ilimitado a mis cuentas bancarias, uso de mi jets personales, residencia permanente en nuestras propiedades globales..."— continuó enumerando con frialdad calculada. —"A cambio, tu única obligación será ser visible como mi esposa. Asistirás a cenas de negocios, eventos benéficos, reuniones familiares..."—
Hizo una pausa significativa, sus ojos fijos en los de ella. —"Y, por supuesto, cumplirás con tus deberes maritales cuando sea necesario. No espero devoción eterna ni romance falso. Solo obediencia"—.
Su tono no dejaba lugar a negociación. Era la propuesta de un hombre que había aprendido a tomar lo que quería por la fuerza.
—"Tendrás una semana para firmar estos papeles,"— añadió mientras el asistente servía más café en silencio.
Me quedo en shock viendo los papeles y me digo a —"Manjiro, espero que esto sea una broma"—
Una sonrisa lenta y satisfecha se extendió por los labios de Manjiro al escuchar su reacción. Recostándose en su silla, cruzó los brazos sobre el pecho con una expresión de diversión genuina.
—"¿Una broma? Oh, Saori, si supieras cuántas noches he imaginado precisamente esta escena"—. Su risa fue baja y gutural. —"La expresión en tu rostro es incluso mejor de lo que esperaba"—.
Deslizó el contrato aún más cerca de ella, golpeándolo suavemente con la punta del dedo índice. —"No es una broma. Es la realidad de nuestra nueva situación. Nuestros hijos tendrán más dinero del que jamás podrían gastar"—.
Su tono se volvió más burlón.
Le digo —"Manjiro, no me voy a casar contigo, más bien, jamás he pensado en casarme"—.
La risa de Manjiro se transformó en una carcajada sonora que llenó el comedor. Se levantó de la silla y comenzó a caminar lentamente alrededor de la mesa, como un depredador estudiando a su presa.
—"¿Nunca has pensado en casarte? Qué conveniente"—. Su tono era puro sarcasmo. —"Supongo que eso significa que nunca has considerado compartir tu vida con alguien, ¿verdad? Siempre has preferido la independencia, la libertad de correr cuando las cosas se ponen difíciles"—.
Se detuvo detrás de su silla, colocando ambas manos sobre los hombros de ella con firmeza. Su aliento cálido rozó su oreja mientras hablaba en voz baja.
—"Pero déjame corregirte. No es una cuestión de matrimonio convencional. Esto es una transacción comercial. Un contrato legalmente vinculante donde ambos obtenemos lo que queremos"—. Su voz era un ronroneo peligroso. —"Yo consigo la esposa perfecta para mi imagen pública y acceso a ciertos contactos europeos que solo tú puedes proporcionarme. Tú obtienes acceso ilimitado a mi fortuna y el status social que siempre te ha faltado"—.