Descripción
Esta historia comienza con Samantha, una joven universitaria de 21 años que siempre ha dicho que le gustan los hombres mayores, porque los considera más maduros y seguros de sí mismos. Un día conoce a un hombre de 31 años que ya tiene un compromiso sentimental. Sin embargo, su relación está llena de discusiones y problemas constantes, y él siente que cada vez se distancia más de su pareja. Entonces conoce a Samantha. Entre ambos nace una conexión que ninguno esperaba, pero que los lleva por un camino complicado. Ella terminará convirtiéndose en su amor prohibido, mientras él deberá enfrentar las consecuencias de sus decisiones.
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Capítulo 2: Un matrimonio que nunca elegí
Hola, soy Santiago Gutiérrez, tengo 31 años y nací en Cali, Colombia, el 24 de agosto de 1995. Soy empresario y actualmente estoy al frente de la empresa que durante tantos años perteneció a mi familia.
Desde afuera, muchas personas creen que tengo una vida perfecta. Tengo una empresa, una buena posición económica, una casa bonita y una familia. Cuando la gente me ve, seguramente piensa que soy un hombre afortunado.
Pero nadie sabe realmente lo que pasa dentro de mi casa.
Estoy casado desde hace quince años con Valeria. Nos casamos cuando yo tenía apenas 16 años. Sí, demasiado joven para tomar una decisión tan grande, pero en aquella época mi papá ya había decidido por mí.
Mi matrimonio fue arreglado.
Mi padre era un hombre bastante estricto y tenía una idea muy clara sobre mi futuro. Él quería que yo continuara con el negocio familiar y me hizo entender que, si quería recibir la empresa algún día, tenía que cumplir con sus condiciones.
Una de ellas era casarme con Valeria.
Yo no estaba enamorado de ella.
Tampoco tuve la oportunidad de escoger libremente con quién quería compartir mi vida.
—Santiago, algún día todo esto será tuyo —me decía mi papá—, pero primero tenés que demostrar que sos capaz de asumir responsabilidades.
Yo apenas era un muchacho y no sabía cómo enfrentarme a él.
—Pero, papá, yo todavía estoy muy joven.
—La vida no espera, hijo.
Y así fue como terminé entrando en un matrimonio que nunca había elegido.
Con el paso de los años nació nuestra hija, Selene Gutiérrez. Actualmente tiene 15 años y es lo más importante que tengo en la vida.
Selene no tiene ninguna culpa de las decisiones que tomamos sus padres. Ella es una muchacha inteligente, cariñosa y con una personalidad muy bonita. Como padre, siempre he intentado estar presente para ella.
A pesar de todos los problemas que existen entre Valeria y yo, jamás permitiría que nuestras discusiones terminaran afectando a nuestra hija.
El problema es que Valeria y yo llevamos mucho tiempo sin llevarnos bien.
En nuestra casa las discusiones se volvieron algo demasiado frecuente.
—¿Otra vez llegaste tarde, Santiago?
—Tenía trabajo, Valeria.
—Siempre tenés una excusa.
—No es una excusa. La empresa necesita que esté pendiente.
—¡La empresa, la empresa y la empresa! Siempre es lo mismo.
Yo respiraba profundo intentando no responder de mala manera.
—No quiero pelear.
—Pues conmigo nunca querés hablar.
Ese tipo de conversaciones se repetían una y otra vez.
A veces discutíamos por cosas pequeñas. Otras veces por asuntos más importantes. Lo cierto era que cada vez sentía más distancia entre nosotros.
Yo ya no sentía amor por Valeria.
La respetaba como la madre de mi hija y como la persona con quien había compartido tantos años, pero el sentimiento de pareja había desaparecido hacía mucho tiempo.
Y había algo que llevaba meses pensando:
quería divorciarme.
El problema era encontrar el momento adecuado para decirlo.
Muchas noches me quedaba despierto mirando el techo de mi habitación.
¿Cómo se lo digo?
No quería provocar una guerra dentro de la casa.
Tampoco quería que Selene tuviera que escuchar a sus padres discutiendo por un divorcio.
Pero, al mismo tiempo, sabía que no podía continuar viviendo una vida que ya no me hacía feliz.
Mi padre consiguió lo que quería. Me casé, formé una familia y, finalmente, la empresa pasó a estar bajo mi responsabilidad.
Actualmente la empresa es completamente mía.
Soy el dueño.
Tengo todo aquello por lo que mi padre me hizo luchar.
Sin embargo, algunas noches me preguntaba si realmente había valido la pena.
Una tarde llegué a casa después de un día bastante pesado en la empresa. Dejé las llaves sobre la mesa y me encontré con Valeria en la sala.
—Tenemos que hablar —me dijo.
La miré.
—¿Sobre qué?
—Sobre nosotros.
Me quedé en silencio.
Ella suspiró.
—Esto ya no está funcionando, Santiago.
Aquellas palabras me hicieron pensar que quizá ella también sabía que nuestra relación estaba completamente desgastada.
—Lo sé —respondí.
Hubo unos segundos de silencio.
Yo quería decirlo.
Quería pronunciar aquellas palabras que llevaba tanto tiempo guardando.
Quiero divorciarme.
Pero no pude.
No todavía.
Me levanté y fui hacia mi habitación.
Mientras caminaba por el pasillo, pensé en Selene.
Ella era mi mayor preocupación.
No sabía qué iba a pasar con nuestra familia, ni cómo reaccionaría mi hija cuando algún día supiera toda la verdad sobre aquel matrimonio.
Solo tenía claro algo: no quería seguir viviendo una mentira.
Durante quince años había cumplido con las decisiones de mi padre.
Ahora, por primera vez, quería tomar una decisión por mí mismo.
Quería ser libre para decidir qué hacer con mi vida.
Pero todavía no sabía cómo empezar.
Con uno era suficiente.
Si ya no quiere a la esposa, pues empezar el trámite del divorcio y volver a hablar con ella y la hija.
Si está interesado en Samantha, también ser honesto y maduro para decirle la realidad de su situación y dejar que ella tome la decisión de si continuar con la incipiente relación.
Así cómo va, sólo crearà conflictos entre todos y se sentirán traicionadas por él.
gracias por compartir esta atrapante movida interesante novela 💥✨❤️🧬🌹🇨🇴🌹🇨🇴