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El Caos En Mi Refugio

El Caos En Mi Refugio

Status: En proceso
Genre:Escuela / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lola vive bajo una regla de oro: su espacio personal es sagrado. Es inteligente, retraída y encuentra paz en el silencio. Su único error fue dejar entrar en ese refugio a Mateo, su mejor amigo, un torbellino de imprudencia que solo entiende de tácticas de fútbol y de cómo hacerla reír cuando más lo necesita.

Pero el equilibrio se rompe cuando el "Rey del Campo" se convierte en el objetivo de la chica más popular, y un rival inesperado decide que la brillante timidez de Lola es el trofeo que realmente quiere ganar

NovelToon tiene autorización de Lobelia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: Tácticas de Juego vs. Teoremas

​La luz del martes por la tarde se filtraba de forma oblicua, proyectando sombras alargadas sobre los lomos de la enciclopedia británica. Para Lola, el martes era el día del orden absoluto, el día en que las variables y las constantes de su mundo debían alinearse. Sin embargo, frente a ella, el "orden" tenía nombre de delantero centro y olía a césped recién cortado.

​Mateo estaba sentado con la silla del revés, apoyando el pecho contra el respaldo, mirando el cuaderno de álgebra de Lola como si fuera un mapa cifrado en un idioma extraterrestre. Ella, con su bolígrafo de tinta negra sujeto con firmeza, suspiró. La burbuja de silencio de la semana pasada se había transformado en una zona de guerra intelectual.

​— Es simple, Mateo —dijo Lola, tratando de que su voz no traicionara la mezcla de ternura e irritación que sentía—. Si tienes 2x + 5 \= 15, lo único que quieres es dejar a la x sola. Está aislada. Quiere su espacio. Como yo antes de que llegaras con el balón.

​Mateo arrugó la nariz. Su mente no estaba diseñada para la abstracción pura. Él necesitaba movimiento, fricción, contacto. Las letras en el papel le parecían estáticas, muertas.

​— No lo veo, Lola. Esa x parece un defensa estorbando. ¿Por qué se tiene que quedar sola? ¿Quién quiere estar solo en medio del campo? Es deprimente.

​Lola lo observó un segundo. Vio la frustración real en sus ojos, esa chispa de inteligencia que se apagaba cuando chocaba contra los métodos tradicionales. Entonces, algo en ella cedió. Su rigidez académica se suavizó, dejando paso a una paciencia que ni ella misma sabía que poseía. Entendió que para enseñarle a Mateo, tenía que hablar su idioma, aunque eso significara profanar la pureza de las matemáticas.

​Lola deslizó el cuaderno hacia el centro de la mesa y dibujó un rectángulo rápido.

​— Vale, olvídalo. Imagina que esto es el campo de juego —comenzó, y vio cómo las pupilas de Mateo se dilataban al instante—. La x es tu delantero estrella. El "igual" (\=) es la línea de portería. Tu objetivo es que el delantero marque el gol, pero para eso tiene que deshacerse de los defensas que lo marcan.

​Mateo se inclinó tanto que sus frentes casi se rozaron. Lola sintió el calor que emanaba de él, un recordatorio constante de su energía cinética.

​— Los números que están sumando o restando, como ese +5, son defensas contrarios —continuó ella, señalando el papel—. Para eliminarlos, tienes que mandarlos al otro lado del campo, pero al cruzar la línea del centro, cambian de actitud. Si estaban sumando puntos para su equipo, ahora pasan restando.

​— ¡Ah! —exclamó Mateo, golpeando la mesa con la palma de la mano—. ¡Una contra! El +5 se convierte en -5 porque cambia de bando. Entonces el marcador al otro lado de la portería es 15 - 5. Diez. ¡Nos quedan diez!

​Lola no pudo evitar una sonrisa pequeña, casi imperceptible. Era la primera vez que veía a Mateo "conectar" con algo que no tuviera aire por dentro.

​— Exacto. Pero todavía tienes un problema. El 2 está pegado a la x. Es una marca personal, un defensa que no lo suelta. Está multiplicando su presión. ¿Cómo te deshaces de una marca personal en el área?

​Mateo se quedó pensativo, tamborileando los dedos sobre la madera.

​— Tienes que dividir la defensa —susurró él, casi para sí mismo—. Si multiplica, pasa al otro lado dividiendo. 10 dividido entre 2... ¡Cinco! ¡La x vale cinco! ¡Gol de la x!

​El grito de Mateo hizo que la bibliotecaria, la señora García, asomara la cabeza por encima de su mostrador con una mirada de advertencia. Mateo se encogió de hombros, pidiendo perdón con una mímica exagerada, pero su sonrisa era de puro triunfo.

​La sesión de estudio continuó durante una hora más. Lola sentía una extraña satisfacción, una calidez en el pecho al ver cómo Mateo empezaba a domar las ecuaciones. Era una danza mental: ella lanzaba el teorema y él hacía el regate para entenderlo. Sin embargo, la armonía se rompió cuando el estómago de Mateo emitió un rugido que se escuchó hasta en la sección de Poesía.

​Sin mediar palabra, con la misma imprudencia natural con la que vivía, Mateo alargó la mano hacia la mochila de Lola. Sacó un envoltorio de papel de aluminio que ella había preparado con esmero esa mañana: un sándwich de pavo, rúcula y mostaza dulce.

​— Oye, ¿qué haces? —protestó Lola, aunque su tono carecía de verdadera fuerza.

​— Tengo que reponer glucosa, profe. El cerebro me echa humo —respondió él mientras le daba un mordisco monumental—. ¡Uff! ¿Esto es mostaza de la buena? Lola, te casaría ahora mismo solo por este pan.

​Lola se quedó congelada un segundo, sintiendo cómo sus mejillas se encendían. Mateo comía con una desvergüenza casi infantil, sentado de lado, con las migas cayendo peligrosamente cerca de sus apuntes inmaculados. Era exasperante. Era un caos con patas que se estaba comiendo su almuerzo sin pedir permiso, rompiendo todas las barreras de etiqueta que ella había construido durante años.

​Pero, al mirarlo, no sintió rabia. Vio la marca de un pequeño raspón en su nudillo, probablemente del entrenamiento, y la forma en que cerraba los ojos al saborear la comida. Había algo en su falta de filtros que la desarmaba. Mateo no pedía permiso para existir, y de alguna manera, eso la invitaba a ella a dejar de pedir permiso para sentir.

​— Eres un animal, Mateo —dijo ella, quitándole una miga de pan que se había quedado atrapada en el borde de su labio. El contacto fue breve, apenas un roce de yemas contra piel, pero el aire entre los dos se volvió denso, cargado de una electricidad nueva.

​Mateo dejó de masticar. Sus ojos buscaron los de ella, y por un momento, el bufón desapareció. Se vio al chico que, bajo toda esa capa de ruido y bromas, realmente admiraba la estructura y el brillo de la chica que tenía delante.

​— Gracias por la paciencia, Lola —dijo con la boca a medio llenar, recuperando su tono burlón para romper la tensión—. Prometo que la x marcará en el examen del viernes. Y te traeré un sándwich de vuelta. O dos.

​Lola volvió a su cuaderno, tratando de ocultar su sonrisa tras su cortina de pelo. Su santuario seguía profanado, sí. Su sándwich había desaparecido. Pero el álgebra nunca se había sentido tan viva.

​Detalle del sentimiento: Lola experimenta la "dulzura del caos". Ella, que siempre ha tenido el control absoluto, descubre que hay un placer secreto en ser necesitada por alguien que no encaja en su molde. Mateo, por su parte, siente por primera vez que la inteligencia no es algo aburrido, sino una herramienta para entender su propio mundo.

​Al terminar la tarde, la mesa era un desastre de papeles, migas y marcas de borrador. Lola recogió sus cosas con su meticulosidad habitual, pero esta vez dejó el audífono derecho fuera de su estuche, como una invitación silenciosa para la próxima vez.

​Mateo se colgó la mochila al hombro y agarró su balón.

​— Mañana nos vemos en el "campo de entrenamiento", ¿no? Tenemos que practicar los tiros libres de las funciones cuadráticas —dijo él, guiñándole un ojo.

​Lola negó con la cabeza, divertida.

​— Mañana, Mateo. Pero trae tu propia comida. O al menos, trae una estrategia mejor para no morir de hambre.

​Él salió de la biblioteca con su paso saltarín, dejando tras de sí un vacío que a Lola le costó volver a llenar con su acostumbrado silencio. La burbuja ya no era de cristal; ahora era algo más flexible, algo que podía expandirse y contraerse, capaz de resistir el impacto de un balón de fútbol y el sabor de un sándwich compartido

1
Fernanda
mateo date prisa 💯
Fernanda
muy bien Andrés
Carolina A²V
ese es mi Mateo lento pero seguro 😊🥰
Carolina A²V
estoy de acuerdo con Andrés mueve ese lindo trasero y pídele a Lola que vaya contigo al baile de graduación 😜
Carolina A²V
era no es el centro de su mente 🤔
Carolina A²V
te va a reventar tu linda carita opps 🫣🫢
celimar
me encanta 💯💯
Fernanda
cada capitulo es un aprendizaje para lola tiene que crecer más en ellos me encanta esta historia 💯💯
Betty Saavedra Alvarado
Hay personas en la vida que le gusta hacer daño no dejar a que sean felices meten cizaña para que una relación no prospere
Carolina A²V
nunca hubo hay ni abra lástima entre ustedes así que ya deja esos fantasmas que solo te atormentan y sobre todo no escuches a la venenosa de patricia que sólo tiene envidia de ti
Carolina A²V
tu apoyo de siempre Lola
Carolina A²V
todo lo contrario a lo que Lola esperaba 🤔😉
Carolina A²V
ayyy Lola y tus inseguridades 😟
Betty Saavedra Alvarado
Esa Patricia ves una bruja
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Celina Espinoza
firme lola no le agas caso
Celina Espinoza
que lindo capitulo 👍👍
Fernanda
patricia solo quiere hopacarte no le des el gusto
Fernanda
lola no caigas
Carolina A²V
Lo estás desarmando Lola, lo harás caer en un abismo de incertidumbres ese del cual salió anoche ya hoy vuelve a el
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