Clarisa Hernández llegó a una universidad de élite para cambiar su destino, pero su humilde apellido se convierte en el mayor obstáculo de su vida.
Una noche junto a Samuel Flores, un poderoso y frío empresario, cambia todo cuando descubre que está embarazada.
Samuel le ofrece un matrimonio por contrato: ella obtendrá seguridad para su hijo y él conseguirá la esposa que necesita.
Pero hay una regla que ninguno puede romper: no enamorarse.
Lo que comenzó como un simple acuerdo pronto se convertirá en un peligroso juego de secretos, deseo y sentimientos que ninguno podrá controlar.
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Capítulo 9: La verdad frente a Samuel
Clarisa pasó toda la noche sin poder dormir.
El teléfono permanecía sobre la mesa de noche, pero ella evitaba mirarlo.
Todavía tenía en la memoria aquellas palabras:
“Tu embarazo cambiará muchas cosas.”
Alguien sabía.
Alguien la estaba vigilando.
Y lo peor era que todavía no sabía quién.
A primera hora de la mañana, Clarisa tomó una decisión.
Tenía que hablar con Samuel.
No podía esconderle algo tan importante.
Se vistió rápidamente, guardó el resultado en su bolso y salió de casa.
Durante el camino hacia Flores Group, intentó imaginar todas las posibles reacciones de Samuel.
¿Se sorprendería?
¿Se enojaría?
¿Pensaría que ella había planeado todo?
¿O simplemente la dejaría sola?
Clarisa cerró los ojos.
—Tengo que hacerlo —murmuró.
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Cuando llegó a la empresa, Andrés estaba esperándola en recepción.
—Clarisa, Samuel quiere verte apenas llegues.
Ella sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Está en su oficina?
—Sí.
Clarisa asintió.
Caminó hacia el ascensor.
Cada paso parecía más pesado que el anterior.
Cuando las puertas se abrieron en el último piso, Samuel estaba de pie junto a la ventana.
Tenía el teléfono en la mano.
—Pasa.
Clarisa entró.
Samuel dejó el teléfono sobre el escritorio.
—¿Estás bien?
Ella lo miró.
Por un instante estuvo a punto de decir que sí.
Pero ya no podía seguir ocultándolo.
—Necesito hablar contigo.
Samuel inmediatamente percibió su nerviosismo.
—¿Qué ocurre?
Clarisa apretó las manos.
—Prométeme que me dejarás terminar antes de decir cualquier cosa.
Samuel frunció ligeramente el ceño.
—Te lo prometo.
Ella respiró profundamente.
—Estoy embarazada.
El silencio llenó la habitación.
Samuel no reaccionó inmediatamente.
Parecía haber dejado de respirar.
—¿Qué dijiste?
Clarisa tragó saliva.
—Estoy embarazada.
Samuel se quedó mirándola.
No había enojo en su rostro.
Solo sorpresa.
—¿Estás segura?
Clarisa asintió.
—Lo confirmé.
Samuel caminó lentamente hasta el escritorio.
Apoyó las manos sobre él y bajó la mirada.
Durante unos segundos no dijo nada.
Clarisa sintió que las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.
—Si esto cambia lo que habíamos acordado, lo entenderé.
Samuel levantó la cabeza.
—¿Por qué piensas eso?
—Porque todo esto comenzó como un acuerdo laboral. Después apareció tu familia, las amenazas… y ahora esto.
Samuel se acercó.
—Clarisa, mírame.
Ella levantó los ojos.
—No voy a abandonarte.
Las lágrimas finalmente escaparon.
—No sabes lo que significa escuchar eso.
Samuel mantuvo la mirada sobre ella.
—Ese bebé no tiene ninguna culpa de los problemas de nuestras familias.
Clarisa se llevó una mano al abdomen.
—Tengo miedo.
—Yo también.
Ella lo miró sorprendida.
Era la primera vez que Samuel admitía algo así.
—¿Tú tienes miedo?
Samuel soltó una pequeña respiración.
—Sí. Porque ahora hay mucho más en juego.
Clarisa pensó que se refería a la empresa.
Pero entonces él añadió:
—Tu seguridad. La del bebé. Y la nuestra.
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Samuel llamó inmediatamente a Andrés.
—Quiero seguridad permanente para Clarisa.
—Entendido.
—Y nadie debe acercarse a ella sin autorización.
Andrés asintió.
—Me ocuparé personalmente.
Cuando salió de la oficina, Clarisa miró a Samuel.
—No quiero que conviertas mi vida en una prisión.
—No lo haré.
—Entonces necesito que confíes en mí.
Samuel sostuvo su mirada.
—Confío en ti.
Clarisa respiró aliviada.
Pero entonces recordó el mensaje.
—Samuel…
—¿Sí?
—Hay algo que todavía no te he contado.
Él volvió a ponerse serio.
Clarisa sacó su teléfono y le mostró los mensajes.
Samuel los leyó.
Su expresión cambió por completo.
—¿Cuándo recibiste esto?
—Anoche.
—¿Y por qué no me llamaste?
—Porque primero necesitaba saber qué hacer.
Samuel tomó el teléfono.
—Esto es diferente.
—¿Por qué?
—Porque quien envió esto sabe que estás embarazada.
Clarisa asintió.
—Exactamente.
Samuel comenzó a revisar las capturas.
—¿Alguien más sabía?
—No.
—¿Tu madre?
—No.
—¿Valentina?
—Tampoco.
Samuel quedó pensativo.
Entonces su teléfono comenzó a sonar.
Era Andrés.
—¿Qué ocurre? —preguntó Samuel.
La voz de su asistente sonó seria.
—Señor, encontramos algo.
Samuel se puso de pie.
—Habla.
—La información sobre Clarisa no salió de la universidad.
Samuel frunció el ceño.
—Entonces, ¿de dónde salió?
Hubo una pausa.
—De dentro de Flores Group.
Clarisa sintió que el miedo regresaba.
Samuel cerró los ojos durante un segundo.
—¿Estás seguro?
—Completamente. Alguien utilizó un acceso interno para consultar información relacionada con ella.
Samuel miró a Clarisa.
Ya no había dudas.
El enemigo estaba mucho más cerca de lo que imaginaban.
—Quiero el nombre —ordenó.
—Estoy intentando identificarlo.
Samuel colgó.
Clarisa permaneció en silencio.
—Samuel…
Él se acercó.
—A partir de ahora, no vas a enfrentar esto sola.
Ella asintió.
Pero antes de que pudiera responder, Samuel recibió una nueva notificación.
Esta vez no era un mensaje.
Era una fotografía.
En ella aparecían Samuel y Clarisa entrando juntos a la empresa esa misma mañana.
Debajo había una frase:
“Ahora que sabes que vas a ser padre, veremos cuánto estás dispuesto a sacrificar por ella.”
Samuel apretó el teléfono.
Clarisa lo observó.
—¿Qué dice?
Samuel levantó lentamente la mirada.
Y por primera vez, ella vio verdadero temor en sus ojos.
—Nos están dando una última advertencia.
—¿Qué quieren?
Samuel guardó silencio.
Porque acababa de comprender algo terrible.
Aquello ya no se trataba de separar a Clarisa de él.
Alguien quería utilizar al bebé para destruir el imperio Flores.