Valeria Ríos, una abogada brillante y acostumbrada a tenerlo todo bajo control, nunca imaginó que una noche confusa cambiaría su vida para siempre.
Gael Mendoza es más joven que ella, arrogante, intenso y demasiado peligroso para alguien que debería mantenerse lejos de los escándalos. Al principio, Valeria solo quiere poner distancia entre los dos. Pero Gael no sabe rendirse: la busca, la provoca, la cuida y la obliga a ver que detrás de esa sonrisa desafiante hay una obsesión dulce, feroz y absolutamente sincera.
Entre casos judiciales, secretos familiares, enemigos que no se detienen y una atracción cada vez más difícil de negar, Valeria descubre que el amor no siempre llega con calma. A veces llega con celos, besos robados, promesas temerarias y un hombre más joven decidido a convertirse en su única excepción.
Una historia de romance adulto, tensión prohibida, deseo, protección y una mujer que aprende que perder el control también puede ser la forma más peligrosa de ser feliz.
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Capítulo 2
Capitulo 2
Gael llevaba una sudadera negra con capucha.
Estaba recargado contra el respaldo de la silla, con las piernas largas metidas de mala gana bajo la mesa del Ministerio Publico. Tenia una ceja apenas levantada, el gesto flojo y frio, como si todo le diera igual.
Pero sus ojos no dejaban de mirar a Valeria.
Esos ojos alargados, oscuros, la seguian con una intensidad dificil de ignorar.
Valeria solo sostuvo la mirada un segundo.
Despues recupero la compostura, aparto los ojos y camino directo hacia el escritorio del oficial, fingiendo que no habia visto a Gael Mendoza.
Era mejor asi.
Aunque Gael habia golpeado primero, Diego Ortega tambien tenia culpa. Los dos eran jovenes, ambos aceptaron la reprimenda con una actitud apenas decente, y al final el oficial se limito a reganarlos con severidad. No habria antecedente. No habria expediente que los persiguiera.
Eso si, el oficial no dejo ir a Valeria sin antes advertirle:
—Licenciada, eduque bien al joven. A la proxima no sera tan sencillo.
—Lo entiendo. Gracias.
Valeria tomo la pluma para firmar.
Al ver el nombre escrito en el documento, se detuvo un instante.
Gael Mendoza.
Asi se llamaba.
Por que le sonaba ese nombre?
Intento recordar. Habia escuchado el apellido Mendoza muchas veces en Ciudad de Mexico, sobre todo en conversaciones de dinero, universidades privadas, carreras, apellidos de familias que aparecian en notas sociales. Pero no lograba ubicarlo.
Valeria bajo la duda al fondo de la mente y firmo.
Luego tomo a Diego y se preparo para salir.
Gael vio como ella hacia todo el tramite sin dirigirle una sola palabra.
Ni una mirada.
Nada.
Su mano, apoyada sobre la mesa, se cerro lentamente.
Valeria iba a irse asi?
Despues de anoche?
Gael aguanto unos segundos. Al final, no pudo.
Se levanto y fue tras ellos.
—Oye! —lo llamo el oficial—. Tu familiar aun no llega. No puedes salir.
—Vuelvo en un minuto.
Gael salio con pasos largos y alcanzo a Valeria y Diego en la entrada.
—Esperen.
Los dos se detuvieron al mismo tiempo.
Valeria volteo.
Diego tambien.
La mirada de Gael estaba clavada en ella.
—Ustedes... que son?
A Diego se le arrugo la cara con fastidio.
Si Valeria no hubiera estado al lado, ya le habria soltado un "que te importa" sin filtro.
Pero estaba su hermana.
Tuvo que tragarse la groseria.
—Y eso a ti que?
Gael ni siquiera lo miro.
Seguio esperando la respuesta de Valeria.
Valeria sintio esa mirada caliente sobre el rostro y el cuello. Le incomodo, aunque su expresion no cambio.
—Nosotros...
—Claro que somos novios!
Diego la interrumpio, rodeandole los hombros con un brazo y levantando la barbilla con una sonrisa insoportable.
—Que? Te da envidia que tenga una novia tan bonita?
Valeria fruncio apenas el ceño.
No lo corrigio.
Las palabras de Gael esa manana seguian en su cabeza. Que si queria que fuera su novia, que si no queria dinero, que si ella debia hacerse responsable.
Valeria sabia que no habia futuro entre ellos.
Si ese malentendido cortaba de una vez el impulso de Gael, tal vez seria lo mas limpio.
Gael ya habia sospechado algo, pero escucharlo de la boca de Diego lo golpeo de todos modos.
Valeria no lo nego.
No negar era aceptar.
La mano que tenia junto al cuerpo se apreto y se solto varias veces. Gael no dijo nada. Solo giro y regreso al edificio.
Diego lo vio alejarse, confundido.
—Y este que trae? Le dane el cerebro cuando le pegue?
—Callate.
Valeria se quito el brazo de encima y le lanzo una mirada fria.
—Cada dos dias me metes en un problema. Puedes quedarte quieto una semana?
—Valeria, el me pego primero!
—El oficial dijo que tu lo provocaste.
—Pero eso siempre pasa en la universidad. A veces yo lo pico, a veces el me pica. Nunca habia pasado de palabras.
Diego, con su cabello rojo imposible y la cara lastimada, bajo la voz y le jalo la manga como un nino que intenta salvarse.
—Hoy estaba como si hubiera tragado polvora. Yo que iba a saber que se iba a lanzar asi?
Valeria sintio un golpe pequeno en el pecho.
No seria por ella, verdad?
Por lo de la noche anterior.
Por la tarjeta.
Por haberse ido.
—Valeria, no te enojes. Hoy me pagaron. Te invito a cenar.
—Te pagaron?
Ella lo miro de inmediato.
—De que trabajo?
—Vendo... jugo de cebada.
Diego sonrio con culpa.
No podia decirle directamente que vendia cerveza en un bar. Valeria le arrancaria la cabeza con la mirada.
Al final, la cerveza salia de la cebada. No era una mentira completa.
Mas o menos.
—Lo mas importante para ti ahora es terminar la universidad.
Valeria suspiro.
—Despues de graduarte tendras toda la vida para trabajar.
—Lo se. No voy a descuidar la escuela, te lo prometo.
Diego asintio como si fuera el hermano mas obediente del mundo y la siguio al taxi.
Al final no cenaron fuera.
Volvieron a casa y Valeria preparo dos platillos sencillos.
Valeria Ríos y Diego Ortega eran hermanos de sangre. Misma madre, mismo padre. Solo que uno llevaba el apellido paterno y la otra el materno. Se llevaban cuatro anos.
Antes eran cuatro en casa.
Un departamento de tres recamaras, una sala pequena, comidas sencillas y una felicidad sin ruido.
Hasta que, diez anos atras, sus padres murieron en un incendio dentro de un centro comercial.
Desde entonces quedaron solos.
Por la indemnizacion, muchos parientes quisieron "hacerse cargo" de ellos. Todos hablaban de familia, de deber, de amor. Valeria, con trece anos, entendio demasiado rapido que todos miraban el dinero.
Los rechazo.
Se llevo a Diego, que entonces tenia nueve, de vuelta a casa. Estudio, cuido de el y vivio de lo que sus padres habian dejado, apretando cada peso como si fuera aire.
La indemnizacion grande seguia intacta.
Valeria nunca habia usado un centavo.
Como si mientras no tocara ese dinero, sus padres siguieran viviendo en algun lugar de la casa.
Despues de cenar, Diego lavo los platos como de costumbre y Valeria entro a banarse.
Bajo el agua caliente, la mente la traiciono.
Volvieron las imagenes de la noche anterior: el ventanal, el cuello de Gael, las marcas que Ximena habia visto, el calor de un cuerpo joven pegado al suyo.
Y tambien la frase de Ximena:
Los lobitos jovenes tienen fama de ser muy buenos en la cama.
Lo era.
Valeria cerro los ojos y dejo que el agua le cayera sobre la cara.
Si, lo era.
Pero no convenia.
No eran adecuados.
Sacudio la cabeza para expulsar esos pensamientos y termino de ducharse. Despues se sento frente a la computadora para seguir trabajando.
Diego, en cuanto termino de limpiar la cocina y vio la puerta de Valeria cerrada, salio de puntitas.
A esa hora le tocaba ir al bar a vender "jugo de cebada".
Habia elegido ese trabajo por dos razones: de noche tenia tiempo libre, y ademas trabajaba con una chica de su universidad, Ana Miranda.
Cuando llego al bar, Ana aun no estaba. Diego fue primero al vestidor, se puso el uniforme y empezo a trabajar.
Mientras tanto, Gael entro al mismo bar con un grupo de amigos.
Eligieron un reservado en una esquina.
En menos de veinticuatro horas, Gael habia pasado de tener a Valeria en sus brazos a enterarse de que supuestamente era novia de Diego Ortega.
El golpe de realidad le habia cambiado el humor por completo.
Se sento y empezo a beber sin ganas de hablar. Botella tras botella, como si el alcohol pudiera apagarle el ruido de la cabeza.
Sus amigos pensaron que seguia molesto por la pelea con Diego y comenzaron a darle ideas absurdas.
—Oigan, Diego no anda detras de Ana Miranda, la de Letras?
—Creo que si. Siempre se aparece por esa facultad y le saca platica.
—Que Gael se le adelante y conquiste a Ana. Diego se va a morir del coraje.
—Eso! Si Gael quiere, la consigue en dos dias.
Todos se rieron.
Gael no.
Mientras mas los escuchaba, mas se le endurecia la cara.
Diego andaba con Valeria.
Y aun asi perseguia a otra mujer?
Queria tener dos relaciones a la vez?
Valeria lo sabia?
Si lo sabia, le doleria.
Y si no lo sabia...
Gael apreto la botella hasta que los nudillos se le marcaron.
Alguien grito:
—Miren! Diego esta aqui!
Gael levanto la vista.
Siguio la direccion del dedo y vio a Diego Ortega hablando con Ana Miranda. El cabello rojo de Diego era imposible de perder entre las luces del bar.
La expresion de Gael se oscurecio.
Al segundo siguiente, tomo una botella de cerveza y se levanto.
Diego estaba riendose con Ana cuando lo vio acercarse.
Su rostro se hundio.
—Que? Vienes por otra?
Gael no respondio. Miro a la chica a su lado y luego volvio a clavar los ojos en Diego.
—La estas persiguiendo?
—Y si si? A ti que?
—Y Valeria?
La musica subio justo en ese momento. Diego no escucho bien.
—Que Valeria?
Crack.
Gael levanto la botella y se la rompio en la cabeza.
El vidrio estallo. La gente alrededor grito y se aparto.
Diego se quedo aturdido un segundo. Cuando reacciono, le dio un punetazo a Gael y los dos cayeron en una pelea brutal.
Ana, los amigos de Gael y varios empleados trataron de separarlos, pero Gael no escuchaba a nadie. Cada golpe parecia venir de una rabia que llevaba horas creciendo.
Diego no se quedaba atras.
Al final, tuvieron que intervenir los guardias del bar.
El dueno quiso llamar a la policia, pero Gael, consciente de que habia empezado el problema, pago los danos de inmediato. La cantidad bastaba para cubrir cristales, botellas, muebles y silencio.
El dueno acepto no hacer mas grande el asunto.
Fuera del bar, Diego mando a Ana a casa y fue al hospital cercano para que le revisaran la herida de la cabeza.
No esperaba encontrarse ahi otra vez con Gael.
Los dos se vieron desde lejos y el aire se puso tenso.
Si no fuera porque estaban en un hospital, habrian vuelto a golpearse.
Diego no entendia que demonios le pasaba a Gael ese dia.
Ximena Navarro acababa de cambiarse para salir de turno cuando vio a Diego sentado en una banca del vestibulo, con moretones en la cara y una venda en la cabeza.
—Diego?
Se acerco rapido.
—Que te paso?
Diego acababa de salir de curaciones. Al verla, tardo un segundo en recordar que Ximena era medica residente en ese hospital.
—Ximena.
Intento sonreir.
—Una friccion pequena con un companero. No es nada. Por favor, no le digas a mi hermana.
—Ajá.
Ximena asintio.
Al segundo siguiente saco el telefono y llamo a Valeria.
—Valeria, tu hermano se peleo y vino a parar al hospital.
—Ximena!
Diego casi se levanto de un salto.
—Por que le dijiste?
—Porque no soy tonta. Crees que voy a ocultarle algo asi a Valeria?
Ximena colgo y miro las heridas con una mueca.
—Aunque, la verdad, que te dejaran asi habla mal de ti. Bastante flojito saliste.
—El tampoco quedo mejor!
—Ah, mira. Todavia orgulloso.
Diego se quedo callado.
Con Ximena tampoco se podia ganar.
Veinte minutos despues, Valeria estaciono y entro casi corriendo al hospital.
Diego y Ximena estaban en el vestibulo. Fue imposible no verlos.
—No estabas en casa?
Valeria se detuvo frente a su hermano, con el ceño apretado.
—A que hora saliste?
—Valeria.
Diego se puso de pie de inmediato, con cara de victima.
—Esta vez de verdad no empece yo. Me golpearon primero. Fue defensa propia.
—Defensa propia excesiva ya es otro tema —agrego Ximena desde la banca.
Valeria conocia a su hermano.
Diego era inquieto, bocón, impulsivo a veces. Pero no buscaba peleas graves sin razon. Si decia que no habia empezado, probablemente era cierto.
—Te lastimaron la cabeza?
—Si. Me pego con una botella.
—Es grave? Te duele algo mas?
—No es grave. El medico dijo que son lesiones leves. En unos dias se me pasa.
Al saber que no habia peligro, Valeria aflojo un poco la expresion.
—Con quien peleaste ahora?
Diego parpadeo.
—Con... Gael Mendoza.
El nombre le salto a Valeria en el pecho.
Otra vez Gael.
Tambien ella se sintio culpable sin querer.
Tosio apenas.
—Tan mal se llevan? Por que terminan peleando cada vez?
—El...
Diego no alcanzo a terminar.
Gael salio del elevador con la herida ya atendida.
Al ver a Valeria, se detuvo un segundo.
Luego su mirada cayo en Diego, de pie junto a ella, y la rabia que habia logrado esconder volvio a encenderse.
Gael camino hacia ellos, tomo la muneca de Valeria y la llevo detras de el, como si necesitara poner su cuerpo entre ella y Diego.
—Alejate de ella.
Miro a Diego con el ceño duro.
—Infiel.
Los tres se quedaron mudos.
—Como que infiel?
Diego reacciono primero, furioso y confundido.
—No inventes, cabron!
Gael no lo escucho.
Tomo a Valeria de la mano y la llevo hacia la salida del hospital.
Valeria miro la espalda alta frente a ella y sintio una rareza creciendo en el pecho. La mano de Gael estaba caliente alrededor de su muneca, demasiado firme, demasiado presente.
Cuando reacciono, intento soltarse.
Pero el la sujetaba con fuerza.
Solo se detuvo al llegar a un rincon sin gente, fuera del flujo de pacientes y familiares. Entonces se giro hacia ella sin soltarle la mano.
—Hoy lo vi en el bar persiguiendo a otra chica. Te esta enganando.
Lo dijo con una seriedad absoluta.
Valeria entendio todo de golpe.
La mentira de Diego en el Ministerio Publico.
El bar.
La pelea.
La palabra "infiel".
Que oso.
—Gael, entendiste mal.
—No entendi mal.
El fruncio mas el ceño.
—Yo lo vi con mis propios ojos. Estaba con ella y...
—Diego es mi hermano.
Valeria lo interrumpio antes de que siguiera hundiendose.
Gael se quedo inmovil.
—Tu... hermano?
—Mi hermano menor. De sangre.
—Pero el dijo que ustedes...
—Diego hizo una broma estupida. Lo siento. No debi dejar que siguiera el malentendido.
Gael proceso cada palabra.
No eran novios.
Valeria no estaba con Diego.
Valeria seguia soltera.
La rabia que le habia quemado el pecho durante horas se apago en un segundo. Intento controlar la cara, pero la comisura de sus labios se levanto sola.
—Ejem.
Se cubrio la boca con el puno y tosio dos veces. El cabello plateado se movio con el gesto.
—Perdon. Me equivoque.
Luego bajo la mirada hacia ella, esta vez con una sinceridad torpe.
—Pense que el estaba jugando contigo. Que tenia dos relaciones a la vez. Me dio coraje y actue sin pensar. Lo siento.
—No te culpo del todo. Pensaste que estabas defendiendo a alguien.
Valeria tambien estaba incomoda.
En realidad, todos habian puesto una pieza en ese desastre.
Diego no debio mentir. Ella no debio callar. Gael no debio atacar sin preguntar.
Y aun asi, la situacion resultaba tan absurda que casi daba ganas de reirse.
Valeria encontro por fin un espacio para sacar su mano.
—Voy a hablar con Diego y aclararlo. Entonces yo...
—Espera.
Gael se apresuro y volvio a tomarle la muneca.
Valeria levanto la vista.
El la miro de frente. Tenia un golpe en la cara, una venda discreta cerca de la sien y aun asi seguia viendose demasiado guapo para su propia seguridad.
—Licenciada.
Su voz bajo.
—Lo que dije esta manana iba en serio.
Los dedos alrededor de su muneca aflojaron apenas, pero no se fueron.
—Quieres pensarlo otra vez?
aún que si Admito, la historia, esta bonita y tienes buena ortografía y narración, ni se diga 10/10, Pero esa historia no es para mí.
bendiciones Escritora.