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Sobek

Sobek

Status: En proceso
Genre:Omegaverse
Popularitas:349
Nilai: 5
nombre de autor: Eduardopz

En un lugar de animales evolucionados, bípedos de gran inteligencia, Sobek, un Cocodrilo de agua salada intenta adaptarse al mundo social de los mamíferos, siendo él un ser de sangre fría

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Capítulo 002

Vi en un panfleto para niños un resumen condensado sobre la evolución de la especie que hoy domina por sobre las demás. Me pareció curioso —a mí, que siempre viví aislado— el hecho de que una raza pudiera ser tan dominante cuando las fotografías del papel demostraban todo lo contrario.

Los mamíferos siempre me parecieron seres endebles. Sus cuerpos se desprendieron de la naturaleza salvaje, conservando apenas rasgos mínimos como orejas, colas y una excelente capacidad reproductiva. Sus pieles perdieron dureza; todos se volvieron igual de vulnerables.

Es decepcionante ver a los mayores depredadores conviviendo con sus presas, sin más regulación ambiental que las enfermedades y otros factores menores. Tal vez por eso son tan abundantes que abarrotan calles enteras a ciertas horas del día.

Me moví por las avenidas menos concurridas de la nueva ciudad. Tras el incidente en mi antigua escuela, mi hermano dictaminó que debía mudarme cerca de él; por ello me trajo a esta selva de asfalto y edificios. Alquiló un pequeño apartamento con una caldera funcional y muebles que yo jamás usaría.

Como soy un cocodrilo, mi cuerpo es incapaz de generar calor. Dependo de una máquina para sobrevivir a este clima estacional. Es fastidioso.

Siendo lunes, me vestí con el uniforme. Ni siquiera me molesté en corregir los posibles desperfectos de la ropa al mirarme en el diminuto espejo decorativo sobre la mesa. Partí sin desayunar; la carne del día anterior bastaba para generar la energía que planeaba gastar hoy. No estoy acostumbrado a las comidas regulares; además, no las necesito.

Llegué a las instalaciones pocos minutos después de la hora de entrada. Ser el centro de atención no es algo que disfrute, así que decidí avanzar hacia el salón asignado cuando todos estuvieran ya prisioneros en sus aulas.

Di tres golpes exactos a la puerta. Al abrirse, me topé con el profesor. A simple vista noté que no era un depredador: carecía de cualquier aire calculador o vigilante, sumado a su pobre estatura.

—Soy el estudiante nuevo —le dije, inclinando levemente el cuello—. Déjeme pasar.

Parpadeando confuso, el maestro se hizo a un lado. Ingresé al salón y las miradas veloces de todos cayeron sobre mí. Los murmullos al fondo del aula no se hicieron esperar.

Curiosamente, todos allí eran presas. En mi anterior escuela no solían reunirse tantos herbívoros en una misma clase; la mayoría eran depredadores. No me pareció desagradable; después de todo, los herbívoros no son conflictivos.

—Por favor, preséntate —pidió el profesor.

Mientras los miraba, supe que podría romper sus cuellos con la misma facilidad que una rama seca. Si los depredadores actuales están en un nivel tan bajo, estas presas eran, definitivamente, insectos frágiles.

—Sobek. Ese es mi nombre. Y terminaré el resto del año aquí.

El profesor, amablemente, me indicó los lugares vacíos del fondo. Tomé un asiento. Sería únicamente mío hasta que acabaran las actividades.

La clase retomó su rumbo. Se centró en temas que ya había estudiado, por lo que el tiempo transcurrió de forma llevadera y tranquila. Luego vino otra materia, y finalmente llegó la hora del almuerzo. Todos los herbívoros dejaron sus pupitres para ir al comedor; yo me quedé anotando apuntes cortos en mi libreta.

A excepción de ese chico...

—Hola, mucho gusto. Me llamo Asim.

—¿Qué eres? —pregunté sin rodeos.

—¿Ah? Oh, soy un jerbo egipcio —respondió.

Al mirarle el rostro, noté el evidente parecido con los roedores.

—Me pidieron que te prestara los apuntes anteriores para que te prepares mejor y sigas el hilo de lo que estamos viendo —explicó, extendiendo su cuaderno—. Me lo devuelves cuando termines.

Le di un «gracias» cortés. Como parecía amistoso, le pedí un recorrido completo por la escuela. Asim, el jerbo, no se negó, así que caminé bajo su guía durante los minutos del receso.

—Esta escuela es más grande que la anterior —comenté al ver la extensión del patio central.

—¿Acabas de mudarte? —preguntó el jerbo con curiosidad—. No es común que haya transferencias meses después de iniciado el curso.

—Sí, vivía en la ciudad D, pero terminé aquí —o miré—. ¿Esta escuela tiene piscina?

—No aquí, pero poseemos un club sólido de natación que entrena en una piscina alquilada. El club acepta aspirantes al inicio del semestre; si te interesa, puedes hablar con el profesor de Educación Física.

—Ya veo.

Solía explorar kilómetros de agua en mi viejo hogar cerca de la playa. No había nada como marcar como mío cada metro a la redonda; un territorio gigante para mí solo. Lastimosamente, ahora solo podía recorrer los pasillos de una institución como si fueran corrientes de ríos, esperando a algún estúpido que quisiese desafiarme.

Tras el recorrido, catalogué al jerbo como un buen elemento. Recurriría a él para resolver mis dudas.

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