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MI FALSO NOVIO PELIGROSO

MI FALSO NOVIO PELIGROSO

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Katherine estaba a punto de casarse con el hombre que amaba… hasta que lo encontró en la cama con su propia hermana.
Con el corazón destrozado y sedienta de venganza, decide devolverles el golpe de la manera más cruel: contratará a un hombre para fingir ser su novio.
Pero no elige a cualquiera.
Leonardo es peligroso, misterioso y demasiado atractivo. Un hombre con un pasado que nadie conoce y secretos que podrían destruirlo todo.
Lo que Katherine no sabe es que su falso novio también está jugando con ella.
Porque Leonardo no necesita su dinero.
No necesita su contrato.
Y definitivamente no necesita enamorarse de ella.
Entonces, ¿por qué está dispuesto a hacer cualquier cosa para protegerla?
La venganza era el plan.
El amor no estaba incluido.
Y descubrir quién es realmente Leonardo podría ser más peligroso que la traición que los unió.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19

EL TESTAMENTO QUE NUNCA EXISTIÓ

El papel permanecía en la mesa, con sus pocas palabras grabadas como una advertencia. Katherine lo leyó una vez más, y luego otra, sin comprender del todo su peso. Leonardo estaba inmóvil, la mirada fija en la tinta, como si de ella pudiera brotar la respuesta.

—¿El testamento de tu padre? —repitió ella en voz baja—. ¿No se repartió todo tras su muerte?

—Se repartió —respondió él, con voz tensa—. Pero el documento que se leyó… no era el suyo. Era una copia alterada. Lo supe desde el principio, pero no tenía pruebas. Mi madrastra lo cambió todo. Se quedó con la mayor parte de la herencia, y a mí… no me dejó nada.

—¿Y si hay uno verdadero? —se atrevió a preguntar ella.

Leonardo levantó la vista, y en sus ojos oscuros brilló algo que parecía esperanza mezclada con temor.

—Si existe… podría limpiar mi nombre. Devolverme lo que es mío. Y revelar quién más estaba involucrado.

—¿Crees que alguien más formaba parte de esto?

—Mi madrastra no habría podido hacerlo sola —dijo él, apretando los puños—. Necesitaba cómplices. Alguien dentro de la familia, alguien de confianza… y esa persona podría seguir libre.

Esa misma mañana, fueron a ver al abogado que había manejado los asuntos de la familia Herrera durante décadas. El hombre los recibió con semblante serio, pero cuando mencionaron el testamento original, sus manos empezaron a temblar sobre el escritorio.

—No debería decirles esto —murmuró, mirando hacia la puerta como si alguien escuchara al otro lado—. Pero antes de morir, su padre me llamó. Me dijo que había redactado un nuevo documento. Uno que cambiaba todo. Nunca lo entregó oficialmente. Dijo que lo escondería en un lugar donde solo usted podría encontrarlo.

—¿Dónde? —preguntó Leonardo, inclinándose hacia adelante.

El abogado negó con la cabeza.

—No me lo dijo. Solo me dio una frase: “Donde el tiempo se detiene y el recuerdo no muere”. Y me advirtió que si algo le pasaba… si alguien presionaba para saberlo… se lo dijera solo a usted.

Salieron de la oficina con la mente llena de preguntas y sin respuestas. En el coche, Katherine repitió la frase en voz alta, una y otra vez.

—“Donde el tiempo se detiene y el recuerdo no muere”… ¿te suena de algo?

Leonardo conducía con la mirada fija en la carretera, la mandíbula tensa.

—Hay un lugar —dijo tras un largo silencio—. Una vieja biblioteca en la casa que mi padre construyó para mi madre, antes de casarse con mi madrastra. Él solía encerrarse allí horas enteras. Decía que era el único sitio donde podía escuchar su propia voz.

—¿Crees que lo escondió ahí?

—Es lo único que encaja —respondió él—. Pero hace años que nadie entra. La cerraron cuando él murió.

Llegaron al atardecer. La casa era pequeña, de piedra y madera, oculta entre árboles frondosos que la protegían del mundo. Las ventanas estaban cubiertas de polvo, el jardín crecía salvaje, y el silencio que la rodeaba era profundo, sagrado. Leonardo abrió la puerta con una llave que llevaba guardada en una cadena bajo la camisa, desgastada por el tiempo.

—La llevo conmigo desde que me fui —murmuró—. No sabía por qué… hasta ahora.

La biblioteca estaba al fondo, en una estancia llena de estanterías altas que llegaban hasta el techo, llenas de libros viejos y cajas polvorientas. La luz entraba tenue a través de un solo ventanal, iluminando partículas de polvo que bailaban en el aire. Caminaron despacio, buscando, tocando, sin saber exactamente qué buscaban.

—¿Y si no está aquí? —susurró Katherine.

—Entonces seguiremos buscando —respondió él, aunque la voz se le quebró un poco—. No me rindo.

Fue ella quien lo encontró. Detrás de un estante pesado, en un hueco oculto, había un sobre de cuero, sellado con el emblema de la familia. Lo tomó con manos temblorosas y se lo entregó. Leonardo lo abrió despacio, como si temiera que se desvaneciera entre sus dedos. Leyó las primeras líneas y cerró los ojos un instante, respirando hondo.

—Está todo —dijo, con voz ronca—. La herencia… la propiedad del Grupo Herrera… todo me lo deja a mí. Y hay algo más.

Siguió leyendo, y su rostro se ensombreció poco a poco. Katherine se acercó para leer junto a él. Había un párrafo final, escrito de su propia mano:

“Mi hijo, si lees esto, sabrás que algo anda mal. No confíes en todos los que dicen estar a tu lado. El traidor no es solo quien te acusó. Hay alguien más, alguien que creí mi amigo, que ayudó a destruirnos. Cuidado con quien comparte tu sangre”.

—¿Alguien de mi sangre? —repitió Leonardo, mirándola con ojos asustados—. ¿Qué significa eso?

Antes de que pudieran hablar más, el sonido de una puerta cerrándose de golpe los hizo girar. Pasos. Alguien había entrado. Y no venía a buscar un recuerdo. Venía a destruir la verdad.

Leonardo metió el testamento en su bolsillo y la atrajo detrás de una estantería alta. La puerta se abrió de nuevo. Una figura se recortó en el umbral, con la cara cubierta por una capucha, y en la mano, un encendedor encendido.

—Sé que están ahí —dijo una voz, baja y deformada—. Entréguenlo y podrán irse. Si no… todo arderá.

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Eliana Angulo
excelente trabajo autora, nunca me decepcionas
Ester Gonzáles Rodriges
Excelente historia, muchísimas gracias y bendiciones para usted
Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu s capitulos felicidades
Primi Mendez
es muy confuso pero me gusta el misterio la intriga Ojalá que le salga to2 bien
Tere Jimenez
gracias hermosa historia.muchas felicidades y muchos éxitos más
Tere Jimenez
gracias por compartir tu historia corta pero.muy hermosa novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo gracias
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