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EL MERCADER DE DOS ERAS

EL MERCADER DE DOS ERAS

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Mundo de fantasía / Época
Popularitas:129
Nilai: 5
nombre de autor: Manuel Saucedo

Lin Chen estaba endeudado y sin futuro hasta que una misteriosa puerta le permitió viajar entre la era moderna y la antigua China.

Desde entonces, objetos comunes como sal, espejos, medicinas y herramientas se convierten en tesoros en el pasado, mientras que jade, oro y reliquias antiguas valen fortunas en el presente.

Lo que comienza como una forma de pagar sus deudas pronto se transforma en un imperio comercial capaz de desafiar nobles, familias poderosas y hasta la corte imperial.

Pero cada viaje modifica algo.

Y un día, Lin Chen descubre su propio nombre escrito en documentos históricos de hace siglos.

Dos épocas. Un comerciante. Una fortuna sin límites.

NovelToon tiene autorización de Manuel Saucedo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Una empresa que sí existía

El problema del grano obligó a Lin Chen a permanecer más tiempo en el presente.

No porque quisiera.

Porque ya no podía seguir improvisando.

Comprar alimentos en cantidades pequeñas era sencillo.

Comprar cientos o miles de kilogramos empezaba a dejar rastros.

Facturas.

Pagos.

Entregas.

Almacenamiento.

Direcciones.

Y aunque nada de aquello fuera ilegal, un hombre que vivía en un apartamento pequeño comprando cantidades crecientes de mercancías podía llamar atención.

Además, el problema era más grande.

Jade.

Plata.

Herramientas.

Materiales.

Todo estaba creciendo.

Su vida moderna necesitaba estructura.

Exactamente igual que había ocurrido en Qinghe.

Primero había sido una mochila.

Luego un almacén.

Después una tienda.

Aquí debía hacer lo mismo.

Lin Chen se sentó frente a su computadora y abrió una lista.

Necesitaba:

una actividad comercial legal,

cuenta separada,

registro de compras y ventas,

un pequeño almacén,

proveedores mayoristas,

y una explicación coherente para sus mercancías.

No pretendía crear una gran corporación.

Todavía no.

Sería absurdo.

Necesitaba algo pequeño.

Flexible.

Real.

Un negocio de comercio especializado.

Productos artesanales.

Piedras semipreciosas.

Jade.

Objetos decorativos.

Materiales.

Nada de «antigüedades milenarias».

Eso quedaba fuera.

Durante dos días investigó opciones.

Contadores.

Regímenes fiscales.

Comercio electrónico.

Venta de joyería.

Importación.

Proveedores.

No podía inventar documentos sobre mercancías procedentes de Qinghe.

Eso sería un problema tarde o temprano.

La solución era limitarse a productos que pudieran entrar al mercado como materia prima o artesanía sin necesidad de afirmar una procedencia histórica falsa.

Su primer negocio moderno sería sencillo.

Chen Trading Studio.

El nombre no le encantaba.

Pero no necesitaba ser elegante.

Necesitaba funcionar.

Registró la actividad correspondiente.

Abrió una cuenta separada.

Contrató asesoría contable básica.

Todo eso le costó dinero.

Y tiempo.

Pero cuando terminó, ocurrió algo que le produjo una sensación parecida a la apertura del Pabellón.

Ahora existía.

Legalmente.

Una empresa pequeña.

Sin empleados.

Sin oficina.

Sin grandes ingresos.

Pero existía.

Lin Chen guardó los documentos.

Dos mundos.

Dos negocios.

El primero había nacido de una mentira útil.

La Cámara Comercial del Mar del Este.

El segundo, curiosamente, era completamente real.

El siguiente problema fue espacio.

Su apartamento ya estaba lleno.

Cajas.

Herramientas.

Materiales.

Bolsas.

No podía continuar así.

Buscó pequeños almacenes.

Los precios no le gustaron.

Comparó varios.

Finalmente alquiló uno modesto en una zona industrial secundaria.

Nada impresionante.

Puerta metálica.

Estantes.

Electricidad.

Espacio suficiente para mercancía.

Lin Chen entró por primera vez.

Vacío.

El sonido de sus pasos rebotó en las paredes.

Sonrió.

No era un imperio.

Ni siquiera parecía un negocio exitoso.

Pero tampoco era su habitación.

Eso ya era progreso.

La primera compra mayorista fue arroz.

No porque quisiera venderlo en el presente.

Porque Qinghe lo necesitaba.

Pero no compró toneladas.

Todavía.

Adquirió una cantidad de prueba.

Cien kilogramos.

Después otros cincuenta de trigo.

Todo facturado.

Todo normal.

En el almacén abrió los sacos.

No podía llevarlos con marcas modernas.

Necesitaba transferirlos.

Eso generaba trabajo.

Además, el tamaño y uniformidad de algunos granos podían parecer extraños.

Lin Chen empezó a comprender que incluso algo tan ordinario como arroz moderno tenía características distintas.

Variedades.

Procesamiento.

Tamaño.

Pulido.

No podía simplemente lanzarlo al mercado antiguo.

Podía usarlo para emergencia.

O mezclar ciertas cantidades.

Pero no como producto principal mientras no entendiera consecuencias.

Después hizo otra prueba con la puerta.

No en el apartamento.

Eso ya era demasiado arriesgado.

Había trasladado la pequeña puerta dentro de una caja opaca hasta el almacén.

Al principio sintió miedo.

¿Seguiría funcionando?

Sí.

Cuando activó el portal, el arco apareció dentro del espacio industrial.

Eso confirmó algo crucial.

La puerta no estaba ligada a su apartamento.

Podía moverla.

El descubrimiento cambió muchas cosas.

Pero también aumentó el peligro.

Si alguien encontraba el almacén abierto y veía aquello...

No quiso imaginarlo.

Instaló mejores cerraduras.

Una cámara.

Control de acceso.

Nada exagerado.

Solo seguridad.

Las pruebas continuaron.

100 kg.

La vibración aparecía alrededor de aquella carga.

Lin Chen redujo.

Después probó varios viajes pequeños en lugar de uno grande.

Funcionó.

Eso sugería una solución.

No transportar una tonelada de golpe.

Transportar lotes.

El problema sería tiempo.

Y esfuerzo.

Pero era posible.

Lin Chen anotó:

Por ahora: máximo seguro operativo 150 kg por cruce.

No sabía si era realmente el máximo.

Solo era el punto donde se sentía cómodo.

Eso bastaba.

Aquella noche, sentado sobre una caja en el almacén, revisó sus cuentas.

El presente había mejorado.

Deuda personal:

cero.

Empresa:

creada.

Almacén:

alquilado.

Capital:

modesto.

Inventario:

pequeño.

No era rico.

De hecho, después de pagar registros, alquiler y mercancía, había vuelto a gastar una parte importante del dinero disponible.

Pero ahora esos gastos construían infraestructura.

Eso era diferente.

El teléfono vibró.

Mensaje de Chen Yulan.

La pieza de jade en consignación se había vendido.

El precio era mejor de lo esperado.

Lin Chen sonrió.

Primer ingreso de su nueva actividad.

Pequeño.

Legalmente registrable.

Repetible.

Eso era mucho más valioso que vender plata en secreto.

Contestó.

Después miró los sacos de arroz.

La empresa moderna había nacido porque Qinghe necesitaba grano.

Curioso.

Un problema en el pasado había creado su primer negocio formal en el futuro.

Abrió la puerta.

La oscuridad apareció.

Lin Chen cargó el primer lote.

No ciento cincuenta kilogramos.

Solo ochenta.

Todavía era prudente.

Atravesó.

Al otro lado lo esperaba el bosque.

Y después de varios días en el presente, volvería a Qinghe con algo más importante que alimentos.

Ahora tenía una estructura capaz de abastecerlo.

Pequeña.

Costosa.

Pero real.

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