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La Reina De Las Cenizas

La Reina De Las Cenizas

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Amor-odio / Villana / Completas
Popularitas:8.4k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 8

Viajaba en el carruaje intentando contener el dolor que sentía en el pecho.

Amaba a Gael más que a nada en el mundo.

Y él me había traicionado de la peor manera.

Antes siempre había sido él quien me defendía ante mi familia.

Cuando mi padre me reprendía, él intervenía.

Cuando mis hermanos se burlaban de mí, él se ponía de mi lado.

Entonces…

¿Cómo habíamos terminado así?

Me había abandonado por ella.

Cerré los ojos y respiré profundamente.

Pero esta vez iba a pensar en mí.

Solo en mí.

Si tenía que dejarlo atrás, lo haría.

Después de todo, él había tomado su decisión.

Él me había abandonado primero.

El carruaje finalmente se detuvo.



—Ya llegamos —dijo mi tío—. Espérame un momento. Tengo que hablar en privado con Su Majestad.

Asentí.

—Está bien.

—Te mandaré a llamar cuando termine.

Mi tío bajó del carruaje y se marchó.

Miré a mi sierva.

—Vamos, Mane.

Ella se acercó inmediatamente y me abrazó con todas sus fuerzas.

Mane había sido mi único refugio durante aquellos años.

Incluso cuando mi familia descargaba su furia contra mí, ella permanecía a mi lado.

Y muchas veces también había terminado siendo castigada simplemente por ser mi sierva.

La abracé de vuelta.

—Sé que estás muy triste —susurró—. Si necesitas llorar, no te contengas.

Sonreí y le di un pequeño golpecito en la cabeza.

—Por supuesto que no voy a llorar, tonta.

—¿Segura?

—Completamente.

Señalé hacia los jardines.

—Vamos a ver las flores del jardín imperial.

Caminamos tranquilamente.

Aunque intentaba parecer despreocupada, mis ojos no dejaban de recorrer los alrededores.

No quería encontrarme con él.

Con aquel demonio.

Kamali.

Desde niños siempre terminábamos peleando cada vez que nos encontrábamos.

Y hoy no tenía paciencia para soportarlo.

—¿Por qué nos escondemos? —preguntó Mane.

Miré hacia ambos lados.

—Porque no quiero cruzarme con ese demonio.

—¿El príncipe Kamali?

—Sí.

—Pero todavía no lo hemos visto.

—Precisamente.

Seguí caminando.

Entonces escuché un ruido.

Me detuve.

Miré hacia la enorme pared que separaba aquella parte del jardín.

Y allí estaba.

Kamali.

Me observaba desde el otro lado de la pared con aquella mirada filosa que tanto me irritaba.



El último principe Kamali

—¿De qué demonios hablas, tonta? —preguntó.

Fruncí el ceño.

—¡¿Cuándo llegaste?!

—Hace rato.

Su mirada se clavó en mí.

—Y siento curiosidad por saber por qué estás hablando de mí como si fuera un monstruo.

—Porque lo eres.

Encontré una piedra en el suelo.

La recogí.

—¡Aine, no! —gritó Mane.

La lancé.

No esperaba golpearlo.

Mucho menos esperaba que la piedra le diera directamente.

—¡Auch!

Kamali perdió el equilibrio.

—¡¿Qué...?!

Cayó al suelo al otro lado de la pared.

Me quedé paralizada.

—No puede ser...

Mane abrió los ojos.

—¡Señorita!

—¡Ayuda! ¡Llamen al médico imperial!

Corrí hasta el otro lado.

Pero el muro era demasiado alto.

Me asomé como pude.

Kamali estaba en el suelo.

—¡Príncipe! ¡No se muera!

Él abrió los ojos lentamente.

—¿Qué?

—¡Por favor, no muera! ¡Me matarán!

Kamali me miró con una expresión furiosa.

—¡¿Eso es lo único que te importa, desalmada?!

—¡Claro que sí!

—¡¿Cómo puedes decir eso?!

—¡Porque si te pasa algo, me culparán a mí!

Kamali apretó los dientes.

—¡Eres una desgraciada!

—¡Y esto es culpa tuya!

—¡¿Mía?!

—¡Sí! ¿Por qué demonios te subiste a un muro tan alto?

Kamali se quedó mirándome, completamente incrédulo.

—¿Te atreves a regañarme?

—Sí.

—¡¿Acaso quieres morir?!

Lo miré desde el otro lado del muro.

—No.

Hice una pausa.

—Pero tampoco quería matarte.

Kamali se quedó en silencio.

Mane se llevó una mano a la frente.

—Señorita…

—¿Qué?

—Creo que acaba de empeorar las cosas.

Miré nuevamente a Kamali.

Él seguía mirándome con una furia aterradora.

—Definitivamente —murmuré—. Creo que sí.

El médico imperial llegó poco después.

Se arrodilló junto a Kamali y comenzó a examinarlo.

Yo me quedé al otro lado del muro, esperando con cierta ansiedad.

—¿Se encuentra bien el príncipe? —pregunté.

El médico sonrió.

—Sí. Solo recibió un golpe. No parece tener ninguna lesión grave.

Solté el aire que estaba conteniendo.

—Qué alivio…

Entonces escuché la voz de Kamali.

—Aine.

Me asomé.

Él ya estaba sentado y me miraba con una expresión que me hizo estremecer.

—¿Qué?

Entrecerró los ojos.

—Escucha bien.

Su voz sonaba amenazante.

—Voy a vengarme de ti.

Lo miré durante unos segundos.

Entonces me escondí detrás de la puerta.

Antes de desaparecer, saqué la lengua.

—¡Inténtalo si puedes, tonto!

—¡Aine!

Salí corriendo.

—¡Señorita, espere! —gritó Mane mientras corría detrás de mí.

—¡Rápido!

Corrimos por el jardín hasta que, de repente, choqué contra alguien.

—¡Auch!

Levanté la mirada.

Era mi tío.

Me quedé completamente quieta.

Él me observó con los brazos cruzados.

—¿Qué travesura hiciste ahora?

Sonreí de la manera más tierna e inocente que pude.

—¿Yo?

Mi tío levantó una ceja.

—Sí, tú.

—No hice nada.

Mane llegó corriendo detrás de mí, completamente agitada.

Mi tío la miró.

Luego volvió a mirarme.

—Aine…

—¿Sí?

Suspiró.

—Realmente eres igual que tu madre.

Sonreí.

Pero por dentro sabía perfectamente que estaba en problemas.

Porque mi tío tenía esa expresión.

La misma que ponía cuando estaba a punto de darme un largo sermón.

—Bueno…

Retrocedí lentamente.

—Creo que debería irme.

Mi tío me agarró del brazo.

—Ni lo sueñes.

—Tío…

—Primero vas a explicarme por qué el médico imperial está atendiendo al príncipe Kamali.

Sonreí nerviosamente.

—Fue un accidente.

—¿Un accidente?

Asentí.

—Sí.

Mi tío cerró los ojos y suspiró.

—Aine…

—¿Sí?

—¿Qué hiciste esta vez?

Bajé la cabeza.

—Le lancé una piedra.

Mi tío permaneció en silencio.

Mane se tapó la boca para no reírse.

—No tiene gracia —murmuré.

Mi tío se llevó una mano a la frente.

—Definitivamente eres igual que tu madre.

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Sahelys Rondón
Muy buena historia 😻
Sahelys Rondón
Que bello🥺🔥
Cardona salazar yolanda
partes tristes, pero un final feliz, gracias autora
Cardona salazar yolanda
siii con la protagonista
Cardona salazar yolanda
me encanta su actitud
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