“Cuando el pasado guarda sus secretos, dos destinos chocan entre el odio, el poder y una promesa que cambiará todo.”
NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 1
—Isabella Ferrer Valmont
Siempre pensé que los días importantes llegaban con una señal.
Algo que nos avisara que nuestra vida estaba a punto de cambiar.
Pero aquel día no sentí nada extraño.
Solo felicidad.
Era mi cumpleaños número dieciocho.
El día que marcaba el inicio de una nueva etapa.
Desperté en mi habitación, rodeada de todo aquello que representaba mi vida.
El enorme ventanal dejaba entrar la luz del sol.
Los muebles elegantes.
El amplio vestidor.
Cada detalle había sido pensado para mí.
Mi habitación era parte de una casa que muchas personas solo podían imaginar.
Una mansión ubicada en una de las zonas más exclusivas de Santiago.
Tenía grandes jardines, salones enormes, una piscina, una biblioteca y espacios donde mi familia podía reunirse.
Pero para mí nunca fue solo una casa llena de lujos.
Era mi hogar.
El lugar donde había crecido.
Donde estaban mis recuerdos.
Donde estaban las personas que más amaba.
Mis padres siempre me enseñaron que el dinero no definía a una persona.
Que un apellido importante no te hacía mejor que nadie.
Y quizás por eso, aunque había nacido en una familia multimillonaria, nunca sentí que los demás fueran menos que yo.
Mi familia era mi mayor regalo.
Especialmente mi hermano.
Mi gemelo.
Matías Fernando.
Desde el día en que nacimos habíamos estado juntos.
Éramos completamente diferentes, pero al mismo tiempo éramos inseparables.
Él siempre había sido mi protector.
El primero en defenderme.
El que sabía cuándo algo me preocupaba aunque yo no dijera una palabra.
—¿Vas a quedarte ahí todo el día mirando tu reflejo? —escuché decir detrás de mí.
Sonreí al reconocer su voz.
Me giré.
Ahí estaba Matías Fernando apoyado en la puerta.
—Buenos días para ti también.
Él sonrió.
—Feliz cumpleaños, pequeña.
Negué con la cabeza.
—Tenemos la misma edad.
—Eso no cambia que sigas siendo mi hermana menor.
—Somos gemelos.
—Detalles.
No pude evitar reír.
Así era él.
Aunque ya teníamos dieciocho años, para Matías yo seguía siendo la niña que debía cuidar.
Bajamos juntos al primer piso.
Como cada mañana, nuestra casa estaba llena de vida.
Mis padres estaban esperándonos.
Mi mamá sonreía.
Mi papá tenía esa mirada orgullosa que siempre me emocionaba.
Y Matías, como siempre, se encargaba de molestarme.
Pero esa era nuestra forma de demostrarnos cariño.
Porque antes de cualquier apellido.
Antes de cualquier fortuna.
Éramos una familia.
Ese día recibí muchos regalos.
Pero hubo uno que nunca olvidaría.
Las llaves de mi primer auto.
Mi papá me las entregó con una sonrisa.
—Ya estás creciendo, Isabella.
Miré las llaves entre mis manos.
Sonreí.
En ese instante pensé que era el día perfecto.
Un día que siempre recordaría.
Un día donde tenía todo lo que necesitaba.
Mi familia.
Mis sueños.
Mi felicidad.
Sin saber que la vida estaba a punto de cambiar.
Sin saber que mientras yo sostenía las llaves de mi primer auto...
Alguien más estaba comenzando un viaje que terminaría cruzándose con el mío.
Y aunque ese día parecía el inicio de una nueva etapa... no sabía que también era el último día antes de que todo cambiara.