Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 9 — Algo no está bien
Había pasado un mes desde aquella noche en la que Adonis y yo habíamos subido a la habitación para ver una película.
Desde hacía varios días no me sentía bien. Tenía mareos, náuseas y, algunas veces, terminaba vomitando. Al principio pensé que era porque no había estado comiendo bien, pero había algo que me preocupaba mucho más.
Mi periodo no había llegado.
Aquella mañana me levanté sintiéndome extraña, pero decidí ir al colegio de todas formas. No quería faltar por algo que quizá solamente fuera estrés.
Llegué al colegio y traté de concentrarme en las clases.
Sin embargo, durante la segunda hora, comencé a sentirme mal.
Sentí un fuerte mareo.
Apoyé una mano sobre el escritorio y cerré los ojos.
—Tranquila... —murmuré.
Respiré profundamente, pero las náuseas aumentaron.
Levanté la mano para pedir permiso y fui rápidamente al baño.
Después de vomitar, me miré al espejo.
—Esto ya no es normal...
Regresé al salón y me senté junto a Carolina.
Ella me miró inmediatamente.
—Oiga, Kiara, ¿qué te pasa? Estás como pálida, parce.
—Me siento mal.
—¿Otra vez?
Asentí.
—Sí. Me mareo y me dan ganas de vomitar.
Carolina frunció el ceño.
—¿Desde cuándo estás así?
—Desde hace varios días.
Ella me miró preocupada.
—¿Y has comido bien?
—Sí... bueno, más o menos.
Me quedé callada unos segundos.
No sabía si debía contarle lo otro.
Finalmente bajé la voz.
—Carolina...
—¿Qué pasó, mija?
—No me ha llegado el periodo.
Carolina abrió los ojos.
—¿Cómo así?
—Tengo retraso.
Se quedó pensativa.
—Parce... eso sí toca revisarlo.
—Tengo miedo.
Carolina tomó mi mano debajo del escritorio.
—Tranquila. Yo estoy contigo.
En ese momento sonó el timbre del descanso.
Salimos del salón y nos sentamos en una banca del patio.
Carolina seguía mirándome preocupada.
—Kiara, vamos al hospital después de clases.
—¿Tú crees?
—Sí, mija. No me gusta verte así. Y con el retraso... mejor salir de dudas.
Asentí.
—Está bien.
Cuando terminaron las clases, Carolina me acompañó al hospital.
Durante el camino casi no hablamos.
Yo solamente pensaba en una posibilidad que me aterraba.
Cuando llegamos, expliqué mis síntomas. Me hicieron varias pruebas y tuvimos que esperar.
Carolina permaneció a mi lado.
—Respira, parce —me dijo—. No te me pongas nerviosa.
—Es difícil.
—Ya sé, pero sea lo que sea, lo enfrentamos juntas.
Después de un rato, una doctora entró con los resultados.
—Kiara, ya tenemos los resultados.
Sentí que el corazón me latía con fuerza.
—¿Qué tengo?
La doctora me miró con tranquilidad.
—La prueba de embarazo salió positiva.
Me quedé congelada.
—¿Qué?
—Estás embarazada.
Sentí que las lágrimas comenzaron a salir de mis ojos.
Miré a Carolina.
Ella me abrazó inmediatamente.
—Ay, mija...
—Estoy embarazada —dije casi sin voz.
Carolina me apretó la mano.
—Tranquila, parce. No estás sola.
Me limpié las lágrimas.
—¿Qué voy a hacer?
—Primero vamos a calmarnos. Después pensamos en todo lo demás.
Asentí lentamente.
Pero había algo que me preocupaba más que cualquier otra cosa.
Adonis.
Todavía no podía decirle.
No sabía cómo reaccionaría.
Y tampoco sabía cómo iba a cambiar mi vida a partir de ese momento.
Carolina me miró.
—¿Quieres que nos vayamos?
Asentí.
Salimos del hospital juntas.
Yo caminaba en silencio, con una mano sobre mi abdomen.
Todavía no podía creerlo.
Estaba embarazada.
Y, por ahora, Carolina era la única persona que conocía mi secreto.