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Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Muestra Equivocada : Destino Perfecto

Status: Terminada
Genre:Romance / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:9.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Laura Perez

Sinopsis Corta
Valeria Sterling lo tenía todo bajo estricto control: una fortuna corporativa en ascenso, una independencia feroz tras romper con un prometido que le costó cinco años de desilusión, y la certeza de que el amor es una pésima inversión de tiempo. Para fundar su familia sin intermediarios sentimentales, viajó en secreto a una prestigiosa clínica en Suiza buscando un donante anónimo que jamás se cruzaría en su camino. Seis años después, Valeria es la reina de las finanzas y la exhausta generala de tres torbellinos idénticos: Lucas, Mateo y Emma.

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Capítulo 16: Reunión a Medianoche

El reloj digital del horno marcaba las doce y diecisiete de la madrugada.

El ático, tras un domingo agotador que había incluido una negociación colectiva con Emma para no maquillar los muebles de cuero, un conato de incendio en el microondas por culpa de un experimento de Mateo y tres partidas de ajedrez relámpago con Lucas, estaba por fin sumido en una tregua silenciosa.

Valeria estaba sentada en una de las banquetas altas de la isla de mármol negro de la cocina. Se había recogido el cabello en un moño deshecho sostenido precariamente por un lápiz de grafito. Llevaba unos pantalones de chándal de cachemira gris marengo y una camiseta básica blanca de tirantes, despojada de cualquier armadura corporativa. A su alrededor se desplegaban tres pantallas portátiles, carpetas de auditoría abiertas y balances de exportación correspondientes a los muelles del Atlántico.

El crujido suave de la puerta corredera de la terraza rompió la quietud.

Bastian cruzó el umbral. Había ido a su propio departamento a cambiarse y ducharse tras la cena: vestía unos pantalones de lino oscuro y una camisa de manga corta negra, abierta en el cuello, que dejaba a la vista la piel aún tibia y perfumada a jabón de cedro y agua fría. Traía en la mano dos copas de cristal de tallo fino y una botella descorchada de un Pomerol de 2010.

—El café después de las diez de la noche destruye la fase REM del sueño, señorita Sterling —dijo Bastian, dejando la botella sobre el mármol con un chasquido ahogado—. Y según veo en el color de tus ojeras, llevas cuarenta y ocho horas operando con pura adrenalina.

Valeria levantó la mirada sin mover la cabeza del respaldo de la silla. Los ojos grises del magnate brillaban con una claridad hipnótica bajo la luz tenue de las lámparas colgantes.

—El mercado de futuros de Londres abre a las tres de la mañana, Thorne. Y si no detecto dónde escondieron tus contables el sobrecosto del combustible búnker en la ruta del Canal de la Mancha antes de la apertura, tus acciones de Sterling Global van a diluirse un tres por ciento.

—No hay sobrecostos ocultos —repuso él, rodeando la isla de cocina con pasos lentos y felinos—. Hay cobertura anticipada de riesgos geopolíticos. Mis barcos no navegan esperando que el crudo baje por cortesía diplomática.

Sirvió el vino tinto en ambas copas. El líquido oscuro desprendió notas densas de cereza negra y roble. Empujó una copa hacia ella hasta que rozó el borde de su teclado portátil.

—Bebe —ordenó en un susurro bajo—. Es una orden médica, no corporativa.

Valeria lo miró con los ojos entrecerrados, evaluando el desafío. Tomó la copa por el tallo, dio un sorbo lento y sintió cómo el calor del alcohol comenzaba a desarmar la rigidez de sus hombros.

—No eres médico, Bastian. Por mucho que la clínica suiza me hiciera creer que tu muestra venía de uno.

Bastian soltó una risa seca, apoyando los codos en la encimera para inclinarse hacia ella. La distancia entre ambos se redujo a menos de un palmo.

—Mi padre quería que estudiara medicina en Lausana. Decía que curar cuerpos era más noble que mover chatarra flotante por el mundo. Duré un semestre antes de darme cuenta de que me interesaba mucho más controlar el flujo del comercio global que escuchar corazones rotos.

—Qué sorpresa —ironizó ella, aunque sus ojos no pudieron evitar bajar hacia las manos grandes y fuertes de Bastian, que en ese momento giraban su propia copa con una soltura magnética—. La empatía nunca cotizó bien en Wall Street.

—La empatía sin recursos es beneficencia inútil, Valeria. Yo construyo la infraestructura que alimenta a medio continente.

Bastian estiró el brazo para alcanzar el anexo B del contrato de flete, que descansaba justo entre el codo de Valeria y el borde de mármol. Al hacerlo, el dorso de su mano rozó el antebrazo desnudo de ella.

El contacto fue leve, un roce accidental de piel contra piel, pero la reacción fue instantánea: una corriente eléctrica, densa y ardiente, recorrió la columna vertebral de Valeria, erizándole los vellos del brazo.

Ninguno de los dos retiró la mano de inmediato.

Bastian detuvo el movimiento. Sus ojos se oscurecieron de golpe, abandonando cualquier rastro de análisis financiero. Levantó lentamente la mirada hacia el rostro de ella.

—Tienes frío —murmuró Bastian, con la voz volviéndose áspera y profunda.

—No tengo frío —respondió Valeria, con el pecho subiendo y bajando en una respiración que se había vuelto traicioneramente corta.

—Estás temblando, Valeria.

—Es irritación por tus cláusulas abusivas.

—Mentira.

Bastian apoyó la palma abierta sobre el dorso de la mano de Valeria, cubriéndola por completo. Sus dedos eran cálidos, ligeramente ásperos en las yemas, transmitiendo una seguridad pesada y aplastante. Deslizó el pulgar con una lentitud deliberada sobre los nudillos de ella, trazando círculos invisibles que hicieron que el estómago de Valeria diera un vuelco violento.

—Durante seis años —susurró Bastian, inclinándose hasta que sus frentes casi se tocaron— me convencí de que la mujer que se había llevado mi linaje era una oportunista. Una heredera mimada que buscaba un accesorio biológico para justificar su fideicomiso familiar.

—Y descubriste que no necesito tu dinero ni tu aprobación —escupió Valeria, intentando sostener la mirada a pesar de que el calor de la boca de Bastian sobre su piel la estaba dejando sin defensas.

—Descubrí algo mucho peor —replicó él, y su mano libre subió con suavidad implacable hasta acariciar la línea tensa de la mandíbula de ella, acariciando la piel suave justo debajo de la oreja—. Descubrí a una mujer que trabaja más duro que cualquier hombre de su estirpe. Una madre feroz que no le pide limosnas a nadie. Y una criatura exasperantemente hermosa que me mira como si quisiera degollarme... mientras sus labios me suplican que haga exactamente lo contrario.

—Bastian... no juegues a esto —susurró ella, aunque no apartó la cara de su toque. La calidez de los dedos de él en su cuello era una tortura deliciosa—. No sabes nada de mí. No sabes por qué decidí tener a mis hijos sola.

—Sé que un imbécil te hizo creer que el compromiso era una cadena —dijo él, deslizando el pulgar hacia la comisura de los labios de Valeria, sintiendo el calor de su aliento—. Sé que te rompieron la confianza y decidiste encerrarte en una fortaleza de balances y contratos. Pero cometiste un error de cálculo, capitana.

—¿Cuál?

—Que el mar siempre encuentra una grieta en la muralla —Bastian bajó la voz a un registro gutural, tan íntimo que parecía vibrar dentro del pecho de ella—. Y yo no soy un socio temporal. No voy a firmar un papel y desaparecer en Ginebra cuando el acuerdo comercial esté sellado.

Valeria tragó saliva. El perfume a cedro, el peso del vino y la abrumadora presencia física de Bastian la tenían completamente acorralada contra el respaldo de su banqueta. Su orgullo le gritaba que lo empujara, que arrojara la copa de vino contra el mármol y le recordara que ella no le pertenecía a nadie.

Pero su cuerpo, en una traición flagrante y desesperada, se inclinó un milímetro hacia adelante.

Bastian lo notó al instante. Sus ojos grises centellearon con un triunfo oscuro y primitivo. Se inclinó sobre ella, cerrando la distancia hasta que sus labios apenas rozaron la comisura de la boca de Valeria.

Fue un roce de fuego puro.

Valeria cerró los ojos con un suspiro ahogado, y Bastian atrapó la respiración de ella con la suya, rozando su labio inferior con una caricia voraz, contenida y hambrienta que prometía devorarla entera.

—¡MAMÁÁÁ!

El alarido llegó desde el final del pasillo con la potencia de una sirena antiaérea.

Bastian y Valeria se separaron con la violencia de dos cables de alta tensión cortados de golpe. La copa de vino de Valeria se tambaleó sobre el mármol, derramando un par de gotas púrpuras sobre el balance de exportación.

—¡El pterodáctilo se cayó debajo del radiador y tiene una fractura en el ala! —bramó Mateo, apareciendo en el umbral de la cocina arrastrando su cobija de dinosaurios, con el pelo revuelto en punta y los ojos medio cerrados por el sueño.

Valeria se pasó ambas manos por la cara, respirando hondo para calmar los latidos desbocados de su corazón antes de girarse hacia su hijo.

—Mateo... son las doce y media de la noche.

Bastian apoyó ambas manos sobre la encimera, con la cabeza baja y la mandíbula apretada con tanta fuerza que los músculos de su cuello se tensaron como cuerdas. Dejó escapar un suspiro largo y ronco que sonó mitad a plegaria y mitad a juramento de venganza.

—Voy yo —dijo Bastian, enderezándose lentamente y pasándose una mano por el cabello revuelto. Miró a Valeria con unos ojos grises que todavía ardían con una intensidad salvaje e inconclusa—. Ve a la cama, Valeria. Yo operaré al reptil.

Caminó hacia el niño, se agachó y levantó a Mateo en brazos con una facilidad pasmosa, acomodando la cabeza adormilada del pequeño contra su hombro.

Antes de desaparecer por el pasillo, Bastian se detuvo en el umbral, giró el rostro y le dedicó a Valeria una última mirada, cargada de una promesa tan explícita que hizo temblar el suelo bajo los pies descalzos de la ejecutiva.

—Mañana salimos al parque a las diez —dijo con voz ronca pero autoritaria—. Y te sugiero que duermas bien, señorita Sterling. Porque esta negociación... la vamos a terminar. Con o sin dinosaurios de por medio.

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Cliente anónimo
Muy hermosa y romántica esta historia 👏👏
Flor Perez
como me gustaría que ya viniera un bebito a bordo 🤭🤭🤭🤭
Flor Perez
simplemente maravillosa 🥰🥰🥰🥰
Keyla M Borrero
😂😂😂
Flor Perez
una enorme felicitación, por tan preciosa novela tan diferente a todas las que se leen y esperemos que sigan más novelas como esta 🥰🥰🥰🥰
Maria Laura Perez: Gracias 🥰
total 1 replies
Keyla M Borrero
🔥🔥
Cliente anónimo
Me encanta el trama🥰
Cliente anónimo
Que bien Valeria 💕
Cliente anónimo
Al fin Valeria estás cayendo en los brazos de Bastian
Cliente anónimo
Parece que Valeria va entrando en razón
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya Valeria con sus inseguridades se la embarró, ahora que no se queje
Cliente anónimo
🥰que hermoso capítulo lleno de pasión, ternura y amor 👏👏👏te sobraste escritora te felicito
Flor Perez
😂😂😂😂😂😂😂😂😂
Cliente anónimo
Ya casi está lista para aceptar que está enamorada 🥰
Flor Perez
me encanta como se va desarrollando la novela , deseo que siga asi
Cliente anónimo
La trama se vuelve más interesante en cada capítulo, felicitaciones 👏👏
Cliente anónimo
Excelente novela escritora 👏👏👏
Cliente anónimo
Al fin Valeria perdió el control🤣
Cliente anónimo
Esos trillizos se pasan, les hace falta disciplina
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