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Cartas para un alfa que nunca existió

Cartas para un alfa que nunca existió

Status: Terminada
Genre:Romance / Yaoi / Comedia / ABO
Popularitas:98
Nilai: 5
nombre de autor: felina black

Ethan Ashford tiene veinte años, un tío empeñado en casarlo cuanto antes y una lista interminable de pretendientes ricos, educados… e insoportables.

Para librarse de la presión, se le ocurre una broma: inventar a un prometido imposible de investigar. Un alfa extranjero. Un capitán de la Fuerza Aérea de Corea del Sur. Un tal Kang Min-Jae que jamás podría presentarse en Ravenshire.

Una noche, sin pensarlo, Ethan le escribe una carta. Cuatro páginas de confesiones, quejas y sueños que nunca le ha contado a nadie. Y, por capricho, la envía.

Lo que Ethan no sabe es que, en una base aérea de Seúl, existe un hombre llamado Kang Min-Jae. Que la carta llegó a sus manos. Y que no puede dejar de leerla.

Carta tras carta, entre el humor, la soledad y una sinceridad que no se atreve a mostrar de frente, Ethan se enamora de alguien que cree que no existe. Y Min-Jae, que lleva meses guardando cada sobre en un cajón, se enamora de un desconocido al que no sabe cómo responder.

Hasta que una misión militar lo trae a la ciudad de las cartas, a pocas calles de una florería.

¿Qué pasa cuando el destinatario imaginario resulta ser real? ¿Y cuando la verdad hiere más que cualquier mentira?

NovelToon tiene autorización de felina black para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1 — El alfa que nunca existió

La lluvia caía despacio sobre los tejados de la pequeña ciudad de Ravenshire, en Britania.

Era una ciudad bonita, rodeada de campos verdes y antiguas construcciones de piedra, pero para Ethan Ashford le parecía más una jaula dorada.

Sentado frente a la ventana de su cuarto, observaba las gotas resbalar por el cristal mientras sostenía un libro abierto sobre el regazo.

No estaba leyendo.

Tenía la mente en otra parte.

En los últimos meses, su tío le había convertido la vida en una verdadera pesadilla.

—Ya tienes veinte años, Ethan —repetía Arthur Ashford casi todos los días—. Un omega de tu posición no puede quedarse soltero para siempre.

Ethan puso los ojos en blanco al recordar la conversación.

Su tío no era una mala persona.

Al menos, no del todo.

Desde la muerte de sus padres, había sido él quien se había encargado de la propiedad familiar y quien se había asegurado de que Ethan tuviera una vida cómoda.

Pero había una cosa que Arthur valoraba por encima de todo:

La reputación de la familia.

Para él, Ethan tenía que casarse.

Y tenía que ser pronto.

En las últimas semanas habían invitado a varios alfas a cenas, fiestas y encuentros organizados por el tío.

Todos ricos.

Todos educados.

Todos absolutamente insoportables.

Ethan soltó un suspiro cansado.

Ninguno le hacía sentir absolutamente nada.

Ni interés.

Ni curiosidad.

Ni siquiera amistad.

Parecían simples hombres tratando de adquirir un objeto valioso.

Un apellido.

Una herencia.

Un bonito omega para lucir en los eventos.

—Qué horror...

Cerró el libro y se hundió en la silla.

Su mirada fue a parar al escritorio.

Ahí había hojas en blanco.

Tinta.

Plumas.

Sellos.

Una idea empezó a tomar forma.

Una idea completamente absurda.

Pero quizá funcionara.

Quizá fuera justo lo que necesitaba.

Una sonrisa traviesa asomó a sus labios.

—Si el tío quiere tanto que tenga un prometido...

Ethan tomó una hoja.

—Entonces voy a darle uno.

La pluma se deslizó por el papel.

Primero escribió un nombre.

Después otro.

Ninguno lo convencía.

Todos sonaban comunes.

Insípidos.

Sin personalidad.

Hasta que por fin encontró el nombre perfecto.

Kang Min-Jae.

Lo contempló unos segundos.

Extraño.

Elegante.

Distante.

Perfecto.

Un alfa extranjero era la solución ideal.

Nadie en la ciudad lo conocía.

Nadie podría investigarlo.

Nadie podría presentarse sin avisar.

Era sencillamente perfecto.

—Capitán Kang Min-Jae... —murmuró.

Cuanto más lo repetía, más real parecía.

Entonces empezó a inventarle una historia.

Surcoreano.

Capitán de la Fuerza Aérea.

Participaba en misiones internacionales.

Viajaba constantemente.

Por eso nunca podía visitar Britania.

Por eso nadie lo conocía.

Por eso la relación seguía siendo a distancia.

Ethan se echó a reír solo.

Aquello era ridículo.

Completamente ridículo.

Pero también era divertido.

Por primera vez en semanas sentía que tenía algo de control sobre su propia vida.

Entonces oyó unos golpes en la puerta.

—¿Ethan?

La voz de Arthur llegó desde el otro lado.

—¿Sí?

—Baja. Tenemos invitados.

La sonrisa se le borró al instante.

—¿Otra vez?

—El señor Bennett trajo a su hijo.

Ethan cerró los ojos.

Claro.

Otro pretendiente.

—Ya voy.

Cuando los pasos de su tío se alejaron, Ethan volvió a mirar el papel.

Entonces se le ocurrió algo todavía más absurdo.

Sacó otra hoja.

Mojó la pluma en la tinta.

Y empezó a escribir.

Querido capitán Kang Min-Jae,

Hoy mi tío intentó presentarme al hijo de un amigo por tercera vez este mes.

Ethan se detuvo.

Parpadeó varias veces.

Luego continuó.

Estarías orgulloso de mí. Logré escaparme después de solo veinte minutos de conversación.

Se le escapó una risa.

Era raro.

Pero también divertido.

Muy divertido.

Por primera vez en mucho tiempo estaba escribiendo sin miedo.

Sin juicios.

Sin expectativas.

Sin tener que aparentar ser el omega perfecto que todos esperaban.

Siguió escribiendo.

Habló de su ciudad.

De las flores del jardín.

De los libros que le gustaba leer.

De lo mucho que detestaba los encuentros que organizaba su tío.

De los sueños que nunca le contaba a nadie.

Cuando terminó, se dio cuenta de que había llenado cuatro páginas enteras.

Cuatro páginas para alguien que no existía.

Ethan se quedó mirando las palabras.

Algo extraño acababa de pasar.

Por primera vez en años, sentía que había sido completamente sincero.

Aunque nadie fuera a leerlo jamás.

Dobló las hojas con cuidado.

Tomó un sobre.

Metió todo dentro.

Luego escribió el destinatario.

Capitán Kang Min-Jae.

Corea del Sur.

Se quedó mirando el sobre unos segundos.

Y de nuevo se echó a reír.

—De verdad me volví loco.

Guardó la carta en el cajón.

Mañana seguramente la tiraría.

Era solo una broma.

Una forma de aliviar el estrés.

Nada más.

Lejos de allí, al otro lado del mundo, bajo el cielo nocturno de Seúl, un hombre contemplaba las luces de la ciudad desde la ventana de una base aérea.

Alto.

Elegante.

Uniforme impecable.

Ojos oscuros y profundos.

Kang Min-Jae acababa de volver de una misión.

Sin saberlo, su destino ya había empezado a cambiar.

Porque una carta estaba a punto de cruzar océanos.

Y, contra toda lógica posible...

Llegaría justo a sus manos.

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