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Casada por Contrato con el Hacendado

Casada por Contrato con el Hacendado

Status: Terminada
Genre:Matrimonio contratado / Padre soltero / Amor Campestre / Completas
Popularitas:74
Nilai: 5
nombre de autor: Autora Gabriela

Un matrimonio por contrato. Dos años. Cero sentimientos. Esa era la cláusula.

Elvira Vasconcelos dirige urgencias de madrugada, ignora su propia anemia y tiene un apellido que ya no abre puertas, solo pesa. Su abuela, desde lejos, no la deja en paz con una promesa antigua entre dos viejas amigas: que la nieta de una se casara con el nieto de la otra.

Ramiro Junqueira lleva solo un imperio de soya, ganado y café, habla lo estrictamente necesario y no sabe cómo llenar el hueco que ve en el dibujo de su hija de seis años: en la hoja de Sancha, la familia siempre está incompleta.

Ella necesita que su abuela deje de recibir pretendientes. Él necesita una esposa que no quiera quedarse con su vida. Se citan en un café, sin ilusiones, y salen con un acuerdo firmado: separación total de bienes, cuartos separados, discreción absoluta y una sola regla de honestidad: si alguno siente algo, avisa.

Pero Sancha no se deja engañar con facilidad. La fiebre de una madrugada, un yogur de fresa con letrero de advertencia y un poni llamado Biju empiezan a desordenar un contrato que parecía impecable. Y la doctora que nunca monta, nunca canta y nunca habla de su pasado esconde una caja con cinta reforzada, un nombre de caballo que no pronuncia y una vida entera que el hacendado apenas empieza a descubrir.

Entre cenas de gala que se vuelven emergencias, ex que regresan, suegras que miden de arriba abajo y una familia que se elige poco a poco, Elvira y Ramiro tendrán que decidir qué hacer con la cláusula que nadie quiso escribir.

¿Puede un matrimonio firmado para no sentir nada convertirse en el único lugar donde dos personas cansadas de cargar solas por fin se quedan?

Romance de contrato, corazones que aprenden despacio y una familia que nadie planeó… pero que nadie quiere perder.

NovelToon tiene autorización de Autora Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3

Capítulo 3

POV de Elvira

Llegué diez minutos antes. Es costumbre de médico: llegar antes que el problema. Elegí un café cerca del hospital, un sábado por la tarde, camisa blanca, pantalón negro, el cabello recogido. Traté aquello como un procedimiento, no como una cita.

Él entró a las tres en punto. Alto, camisa oscura, mangas dobladas, cara seria.

—Doctora Elvira.

—Ramiro. Siéntate.

Llegó el mesero. Ramiro me empujó la carta; no la tomé.

—Un café, sin azúcar.

—Dos.

El mesero se fue. Fui directo al grano, porque dar rodeos gasta tiempo y es lo único que no tengo.

—Ramiro, esta cita es para tranquilizar a los mayores. Trabajo mucho y no pienso en casarme. Nos vimos, cumplimos con la tarea, cada quien sigue con su vida.

—De acuerdo.

—¿De acuerdo, así, tan rápido?

—Vine por mis abuelas. Una ya murió y aun muerta sigue mandándome. No vine a buscar esposa.

—Entonces estamos de acuerdo. —Casi sonreí—. Consenso alcanzado.

—Consenso alcanzado. —Hizo girar la taza sin beber—. Pero ya que nos conocimos, no hace falta darnos la espalda para siempre. Los dos somos de aquí, los dos con un trabajo que se come la agenda. Conocer a alguien de un mundo distinto al mío puede servir.

—Servir.

—Tú tratas con gente que se está muriendo. Yo trato con gente que quiere. Dos tipos de urgencia. La tuya es más honesta.

Fue lo primero que dijo que me hizo mirarlo de verdad.

—Hablas poco para un hombre que viene a negociar.

—Hablo lo que hace falta. Lo demás cansa.

—La mayoría de los hombres cree que hace falta mucho.

—La mayoría de los hombres le tiene miedo al silencio. Yo no.

Llegó el café. Él hizo girar la taza sin beber, y yo me tomé la mía de un trago, como se toma el café al final de una guardia, sin sentirle el sabor.

—¿No te gusta el café? —pregunté.

—Sí me gusta. Solo que no me gusta tomarlo caliente. —Apartó la taza—. Espero a que se enfríe.

—Un hombre que espera a que el café se enfríe tiene paciencia. O no confía en lo que tiene enfrente.

—Las dos cosas.

Conversamos un rato más. No de nosotros, de cosas: la sequía que atrasa la cosecha, las guardias de días festivos que llenan urgencias de motos y aguardiente. Él escuchaba sin quedarse esperando su turno para hablar. Una sola vez me preguntó si tenía familia aquí.

—Una abuela, lejos.

—¿Y tus papás?

—No tengo. ¿Y los tuyos?

—Complicados. —No siguió escarbando. Yo tampoco.

—¿Puedo preguntarte algo? —dije—. ¿Por qué no te casas con una de esas muchachas que aprueba tu familia y acabas de una vez?

—Porque ellas quieren casarse conmigo de verdad. Y yo no tengo nada de verdad que darles.

—Qué respuesta tan triste para un hombre que lo tiene todo.

—Tengo tierra. No es lo mismo. —Volvió a girar la taza—. Y tú, ¿por qué una médica que salva a cuatro personas en una madrugada vive sola y desaparece del mundo?

—Porque quien desaparece del mundo no es abandonado por él.

Después de eso me miró distinto. Había hablado de más. Culpa del café, o de la falta de sueño. Miré el reloj.

—Tengo que irme. Guardia.

—Te llevo.

—El hospital está aquí al lado. Gracias por el café. —Me levanté y tomé la bolsa.

—Doctora Elvira.

Me detuve.

—Lo que dijiste, de cumplir con la tarea y cada quien a su vida. Tengo una propuesta para ti. No es lo que estás pensando.

—Déjame adivinar. —Me volví a colgar la bolsa del hombro, pero no me fui—. No quieres noviazgo, no quieres romance, no quieres a las muchachas que escoge tu familia. Pero tu familia no va a dejar de empujar hasta verte casado. Entonces pensaste en algo en papel. Un acuerdo. Te casas, te quitas a todos de encima y nadie finge ningún sentimiento.

Me miró un buen rato.

—Llegas rápido a las cosas.

—Es mi trabajo. Y te voy a decir algo que no le digo a casi nadie. Hace meses que mi abuela recibe pretendientes en la puerta como quien recibe el recibo de la luz. Cada "no" que doy se convierte en tres propuestas nuevas. Un marido en papel, con plazo y reglas, resolvería esto de una vez. Yo ya lo había pensado sola. Solo que nunca había encontrado con quién.

—¿Y ahora lo encontraste?

—Ahora apareció un hombre que tampoco quiere nada de mí. Eso es raro. Quizá sea la única forma de que algo así funcione: que los dos entren por interés y no por ilusión.

—Entonces estamos hablando de lo mismo.

—Sí. Solo que yo lo dije primero. —Tomé la bolsa de una vez—. Pero tengo guardia. Los detalles se quedan para la semana que viene.

—Hay un detalle que lo cambia todo, y prefiero contártelo en persona.

—Entonces guárdalo. La semana que viene me cuentas tu parte. La mía ya la sé.

Salí del café con la sensación de haber entrado a cerrar un asunto y de salir con otro, más grande. En el camino sonó el celular: infarto agudo entrando, sala de hemodinamia avisada, "ven ya".

Y, como siempre, el resto del mundo desapareció. Frente a mí había un pasillo, una camilla y un corazón que podía detenerse en el siguiente minuto. Eso sí era todo mi mundo.

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