NovelToon NovelToon
Eternos

Eternos

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Pareja destinada / Reencarnación
Popularitas:3.9k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesenia Stefany Bello González

La primera vez que se encontraron, murieron.

La segunda vez, también.

Y aun así volvieron a buscarse.

A lo largo de tres vidas, tres épocas y tres historias distintas, dos almas destinadas a amarse desafiarán al tiempo, a la muerte y al destino para volver a encontrarse.

No recuerdan quiénes fueron.

No recuerdan cómo se perdieron.

Pero sus corazones sí.

Porque algunas conexiones son más fuertes que el olvido.

Más fuertes que la distancia.

Más fuertes incluso que la muerte.

ETERNOS es una historia sobre almas gemelas, segundas oportunidades y un amor capaz de atravesar siglos enteros.

Porque hay amores que terminan.

Y hay otros que duran para siempre.

NovelToon tiene autorización de Yesenia Stefany Bello González para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Volver a nacer

Abigail

La oscuridad no es negra. Es gris. Tiene olor y sonidos.

Y es fría.

Voy y vengo entre ella como si estuviera atrapada bajo el agua. A veces creo escuchar la lluvia. A veces creo escuchar a mi madre.

A veces vuelvo al bosque.

A las piedras… A las risas…Y entonces quiero hundirme otra vez.

No quiero despertar ni recordar. Ni tampoco sentir. Pero algo me arrastra de regreso.

Una voz.

—La fiebre sigue subiendo.

Otra voz responde.

—Porque la infección ya comenzó.

—Deberíamos usar más milenrama.

—Ya lo hice.

Un líquido tibio toca mis labios.

Intento apartarme, pero no tengo fuerzas.

La bebida sabe amarga. Terriblemente amarga.

—Bébelo, niña.

La voz suena vieja y extrañamente suave.

—La corteza de sauce ayudará con el dolor.

Siento una mano sobre mi frente.

Callosa y cálida, como la de una abuela.

—Está ardiendo.

—Lo sé.

—¿Crees que sobrevivirá?

Hay silencio. Luego la misma voz anciana responde.

—Sí.

—Agnes...

—Sobrevivirá.

El mundo vuelve a desaparecer.

*****

Cuando despierto otra vez percibo olores.

No el barro ni la sangre. Ni siquiera el bosque.

Algo distinto.

Lavanda. Romero. Salvia... Leña quemándose.

Abro los ojos apenas una rendija.

Todo está borroso. Pero distingo vigas de madera.

Algo cuelga del techo. No algo. Muchas cosas están decorando el techo. Docenas de pequeños ramos atados con cuerda.

Hierbas.

Plantas.

Flores secas.

El aire entero parece estar hecho de ellas.

Intento moverme, pero el dolor me atraviesa.

Un gemido involuntario escapa de mis labios.

—Despertó.

Escucho pasos.

Varias mujeres.

Tres.

Tal vez cuatro. No logro contarlas. Todo está borroso.

—No intentes levantarte.

Una figura aparece junto a la cama.

Cabello completamente gris. Rostro surcado por arrugas. Ojos oscuros.

Inteligentes.

No parece una bruja. Parece una anciana.

—¿Dónde...?

La palabra apenas sale.

—Estás a salvo.

A salvo.

Las lágrimas aparecen antes de que pueda detenerlas.

La anciana suspira.

No dice nada.

Simplemente toma un paño húmedo y limpia mi frente.

—Judith, cambia el emplasto de consuelda.

—Todavía está fresco.

—Hazlo.

La mujer refunfuña.

—Siempre tan mandona.

—Y tú siempre tan lenta.

Escucho algunas risas. Risas femeninas. Las mismas que escuché en el bosque.

Mi corazón se acelera.

Ellas lo notan.

—Tranquila, niña.

—¿Ustedes...?

No puedo terminar la pregunta.

—Sí.

La anciana sonríe apenas.

—Somos las terribles brujas que asustaron a esos hombres.

Las otras mujeres ríen. Una de ellas resopla.

—Brujas.

—Eso nos llaman.

—Porque sabemos más sobre plantas que ellos.

—Porque sabemos leer.

—Porque ayudamos a parir a sus hijos.

—Y porque nos negamos a obedecer cuando dicen tonterías.

La anciana levanta una mano. Las demás callan.

De inmediato sé que la anciana es quién lidera este grupo tan diverso.

—No la agobien.

Comienzan a revisar mis heridas.

Sus dedos son expertos. Gentiles. Sin embargo, otra mueca se forma en mi rostro cuando mi cuerpo duele con cada toque.

—Los hematomas están mejor.

—La árnica ayudó.

—Te dije que ayudaría.

—Siempre dices eso.

—Porque siempre ayuda.

Más risas.

—Las heridas de la espalda están cerrando.

—La miel evitó la infección.

—Todavía debemos vigilarlas.

—Y seguir limpiándolas con agua hervida.

—También quiero más salvia.

—¿Para qué?

—Para la inflamación.

—Ya usaste suficiente.

—Nunca hay suficiente salvia.

Las mujeres comienzan a discutir. No parecen brujas. No parecen monstruos.

Parecen... Familia.

La anciana vuelve a sentarse junto a mí.

—Descansa.

—¿Por qué? —Mi voz se rompe—. ¿Por qué me ayudaron?

Sus ojos se suavizan. Por primera vez parecen viejos. Muy viejos. Como si cargaran demasiados años.

—Porque alguien debió hacerlo.

La respuesta me golpea más fuerte que cualquier piedra.

Porque alguien debió hacerlo.

Cierro los ojos y vuelvo a caer en la inconciencia cuando sé que estoy a salvo.

Los monstruos están muy lejos de este lugar.

*****

Cuando vuelvo a abrir los ojos sé que estoy mejor. No me cuesta enfocar la vista y mi cuerpo ya no duele. No como lo hizo esa noche…

Sacudo mi cabeza para no volver a esa oscuridad... a esa tormenta.

—Mira quién despertó —dice la anciana con una sonrisa en su rostro. Coloca su mano sobre mi frente y suspira—. Tres días sin fiebre… Creo que después de todo tendré que darle la razón a Judith.

Miro a mi alrededor, pero no veo a nadie más.

—Están en sus cabañas.

Vuelvo a mirar a mi alrededor y mis ojos van directo a una escoba que está afirmada sobre la puerta de madera de cedro.

Los relatos de mi padre y de algunos miembros de nuestra comunidad comienzan a resonar en mi cabeza.

La anciana sigue mi mirada y rompe en una carcajada, que de inmediato quita la angustia que estaba despertando en mi pecho.

—No vuelan. Lo juro —dice levantando una mano y apoyándola sobre su pecho—. Tengo que mantener este lugar impecable, porque de lo contrario —dice apuntando a todas las hierbas colgando—, el lugar siempre estaría lleno de polvo y de ratas. Les encanta la grasa de abeja y la miel —continúa sin dejar de reír.

—Y no…—callo, pero me obligo a tragar el nudo en mi garganta y continuar—. ¿Y no usan las ratas… para sus pociones?

La anciana vuelve a reír hasta que el color rosado tiñe sus mejillas pálidas.

—Las cosas que dicen en el pueblo…—suspira antes de ordenar mi cabello—. Las ratas son peligrosas para nuestra salud —me explica con paciencia—. ¿Cómo estás?

Miro mis manos y todo los recuerdos deciden este momento para nublar mi vista.

Espantada levanto las mantas para revisar mis muslos, esperando ver sangre, pero están limpios.

—Te limpiamos.

Mis hombros tiemblan, pero me obligo a preguntar.

—¿Sacaron todo lo que esos hombres pusieron en mí? —pregunto cuando recuerdo sus cuerpos llenándome.

—Lo hicimos. ¿Sabes qué es lo que esos hombres pusieron en ti? ¿Lo que significa?

—Se llevaron todo mi valor —susurro antes de romper en un llanto.

La anciana me abraza y me permito llorar. Tan solo llorar y buscar consuelo en esos cálidos brazos.

Más cálidos que los brazos de mi propia madre, que siempre está demasiado ocupada para algo tan poco importante como un abrazo.

—No, cariño. Ellos no se llevaron tu valor.

—Lo hicieron —lloro—. Mis padres me odiarán.

—Tus padres estarán felices con saber que estás bien.

Recuero las historias que se contaban de mi tía y de lo que le pasó. Un granjero la ultrajó y luego toda la familia le dio la espalda, porque ya no les era de utilidad. Mis abuelos no pudieron casarla y se transformó en una carga para ellos.

—Seré una carga —sollozo contra su cuello.

—No lo serás.

—Lo seré. Lo he visto antes en mi familia… Esto es peor que la muerte para ellos.

La anciana suspira y seca mis lágrimas.

—No eres una carga. Eres valiosa y una muchacha muy hermosa —declara con una convicción tan fuerte, que, por unos segundos, le creo—. ¿Cuánto falta para que llegue tu período?

—¿Período? —pregunto confundida—. ¿Período de qué?

Vuelve a suspirar.

—Una madre que le enseña a su hija a cuidar su virtud y no le explica nada sobre su propio cuerpo… —Respira profundamente—. Me enfurece.

—¿Conmigo? —pregunto asustada de haber hecho algo para irritarla.

—Por supuesto que no, muchacha.

—Me llamo Abigail.

—Abigail… que bello nombre. Soy Agnes —se presenta—. Y no. Estoy enojada con las mujeres del pueblo, que les gusta mantener a sus hijas en la ignorancia.

—No soy ignorante. Sé leer —defiendo—. Papá no quería que aprendiera, pero me escapaba al pueblo, a la casa de…

—Mary —termina por mí—. La única mujer del pueblo que tiene cabeza y libros.

—La misma.

—Yo le enseñé a leer.

Suspiro. —Amo sus libros.

—Tengo muchos libros que podrás leer —dice y yo sonrío—. Pero primero, tenemos que conversar —dice y acerca la lámpara de sebo a mi rostro—. Te voy a enseñar todo lo que tienes que saber de cómo funciona el cuerpo de una mujer… y más vale que prestes atención —exige.

Y lo hago.

La escucho atentamente, absorbiendo cada gota de conocimiento que cae de su boca. La absorbo como un árbol bebe la primera gota de lluvia después de una larga sequía.

—¿Todos los meses?

—Cada veintiocho días si eres regular.

—Como la luna —digo y eso parece sorprenderla.

—¿Sabes de astronomía?

Enrojezco bajo su mirada. —Son mis libros favoritos. Papá casi me mató cuando me vio leyendo uno de esos libros, me dijo que no eran de Dios, que eran del diablo… pero no lo son, ¿verdad?

—No, cariño. El conocimiento es sagrado.

Sonrío, porque es lo que siempre he creído. Es imposible que algo tan bello como las estrellas sean un pecado.

—Entonces, ¿una vez que me llegue el período podré quedar embarazada si un hombre se casa conmigo?

—No. No si te casas —responde con paciencia—. Basta con que le permitas entrar a tu cuerpo. —Palidezco cuando recuerdo la tormenta—. No te preocupes. Todavía no te ha venido tu período, estás a salvo.

—Querían matarme. Lo harán si me ven de nuevo —digo asustada—. Mis padres me repudiarán.

—Fuiste violada —dice y la palabra se siente obscena. Sucia—. No fue tu culpa. Pero nadie te creerá sobre la palabra del reverendo Hale.

Hale.

Todo mi cuerpo se endurece al escuchar ese apellido.

—Quiero arrancarle los ojos.

—¿No lo hemos querido todas? —pregunta molesta—. No tienes que volver si no quieres.

—¿Qué quiere decir?

—Puedes quedarte conmigo, en esta cabaña y aprender como todas las demás lo han hecho.

Un peso me abandona cuando esas palabras salen de su boca.

—¿En serio?

—Claro, Abigail. Puedes quedarte y hacerme compañía. Te protegeremos. Los hombres no se acercan al bosque.

—¿Por qué?

—Somos brujas, ¿o no lo recuerdas? —pregunta con una risa contagiosa—. La sociedad le tiene miedo a las mujeres inteligentes. Y tú, cariño, serás una de las mujeres más inteligentes que ha pisado este lugar.

Sonrío.

—Duerme —ordena—. Pronto amanecerá y podrás levantarte y ayudarme a regar mi huerta.

Asiento entusiasmada.

—Bienvenida a casa, cariño —dice y deja un beso en mi frente.

Un beso que se lleva todos los malos recuerdos.

Estoy en casa.

1
Erika Badel
excelente
patry
estoy 😭😭😭😭
patry
ese bastardo tiene que morir 😡
patry
hay noooo 😭😭😭
patry
que bueno que le cuente
Erika Badel
super interesante
patry
gracias querida autora me encantó como va la historia
patry
se quiere comer 🤣🤣🙈
patry
gracias por este increíble capítulo
patry
bien sabe quien manda 🤣
patry
hay que porquería de basura
patry
eso es cierto
patry
que asco de padre
patry
no quedará saberlo
Esther Grace
que maldito desgraciado 🤬🤬🤬
patry
hay me encanta esta futura parejita
Elcy Milena ❤️
😭😭que sufrimiento para alguien tan indefenso.
Patricia Spaltro
ya te cautivó mi rey
Patricia Spaltro
ya lo creo que es así
Patricia Spaltro
si que es atrapante me encanta
Yesenia Bello González: Gracias por leer y por la puntuación 💛 😊 💕 🙌 💜 ♥️ 💛
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play