La caja apareció el día del funeral de su abuela.
Dentro había cientos de cartas con fechas imposibles, nombres desconocidos y secretos que jamás debieron existir.
Cuando Luna abre una de ellas, despierta en una vida diferente. Una donde es cantante. Otra donde nunca nació. Otra donde alguien la ama desesperadamente.
Pero cada carta tiene un precio.
Con cada viaje, un recuerdo desaparece.
Y cuando descubre una carta escrita por ella misma desde el futuro, comprende una aterradora verdad:
Alguien está borrando historias.
Y ella podría ser la siguiente.
✨ "Toda historia tiene un final. Algunas tienen más de uno."
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Capítulo 2: La Vida que No Era Mía
Luna no podía apartar la mirada de la carta.
Las palabras seguían allí.
"Bienvenida de nuevo."
Su corazón latía tan fuerte que podía escucharlo.
Miró alrededor del altillo una vez más.
Nada.
Nadie.
Solo el sonido del viento entrando por la ventana abierta.
—Esto no puede estar pasando... —susurró.
Intentó convencerse de que todo tenía una explicación.
Quizás estaba cansada.
Quizás el funeral la había afectado más de lo que creía.
Quizás estaba imaginando cosas.
Volvió a observar la carta.
La tinta azul comenzó a moverse otra vez.
Luna sintió que el aire abandonaba sus pulmones.
Las letras aparecían solas.
Como si una mano invisible estuviera escribiendo frente a ella.
"Si deseas respuestas, continúa leyendo."
La joven tragó saliva.
Una parte de ella quería huir.
Pero otra necesitaba saber la verdad.
Tomó aire profundamente.
Y siguió leyendo.
"Has vivido más vidas de las que recuerdas."
"Has amado más veces de las que imaginas."
"Has muerto más veces de las que puedes contar."
Luna dejó escapar una risa nerviosa.
Aquello era absurdo.
Imposible.
Sin embargo, las palabras seguían apareciendo.
"Abre los ojos."
De repente una luz intensa salió de la carta.
El altillo desapareció.
El suelo desapareció.
La habitación desapareció.
Todo se volvió blanco.
Luna sintió que caía.
Caía sin fin.
Intentó gritar.
Intentó moverse.
Pero su cuerpo no respondía.
Entonces escuchó aplausos.
Miles de aplausos.
Y abrió los ojos.
La luz de unos reflectores la cegó por un instante.
El ruido era ensordecedor.
Personas gritaban.
Cantaban.
Lloraban.
Miles y miles de personas.
Luna parpadeó varias veces.
No entendía lo que estaba viendo.
Se encontraba sobre un enorme escenario.
Frente a ella había una multitud que parecía interminable.
Pantallas gigantes iluminaban la noche.
Su nombre brillaba en ellas.
LUNA.
La multitud comenzó a corearlo.
—¡Luna! ¡Luna! ¡Luna!
Ella retrocedió un paso.
Confundida.
Asustada.
No sabía qué estaba ocurriendo.
Miró sus manos.
Llevaba puesto un traje brillante cubierto de pequeñas piedras que reflejaban la luz.
Lentamente llevó una mano a su pecho.
El corazón seguía latiendo descontroladamente.
—¿Qué está pasando? —murmuró.
Una voz apareció detrás de ella.
—¿Estás bien?
Luna se giró.
Una mujer joven la observaba con preocupación.
Llevaba un auricular y una carpeta en la mano.
—Todos te están esperando.
—¿Esperando?
La mujer frunció el ceño.
—¿Es una broma?
Luna sintió un escalofrío.
—Yo... no sé dónde estoy.
La mujer soltó una pequeña carcajada.
—Muy graciosa.
Entonces le entregó un micrófono.
—Ve. Es tu última canción.
Luna observó el objeto.
No entendía nada.
La multitud seguía gritando.
Miles de luces brillaban como estrellas.
Y por primera vez notó algo extraño.
Conocía aquel lugar.
Nunca había estado allí.
Pero lo conocía.
Sabía exactamente dónde estaba cada escalera.
Cada pantalla.
Cada salida.
Como si hubiera pasado años actuando en aquel escenario.
Como si realmente fuera cantante.
La misma cantante mencionada en la carta.
Luna sintió vértigo.
Comenzaron a sonar los primeros acordes de una canción.
Y algo increíble ocurrió.
Conocía la letra.
Cada palabra.
Cada nota.
Cada pausa.
Sin pensarlo, comenzó a cantar.
Su voz llenó el estadio.
El público enloqueció.
Miles de personas levantaron sus teléfonos.
Algunos lloraban.
Otros cantaban junto a ella.
Luna sintió una emoción tan intensa que casi le faltó el aire.
Era felicidad.
Una felicidad inmensa.
Pura.
La sensación de estar exactamente donde debía estar.
Por unos minutos olvidó el miedo.
Olvidó la carta.
Olvidó el altillo.
Solo existía la música.
Cuando la canción terminó, el estadio explotó en aplausos.
La emoción recorrió todo su cuerpo.
Y entonces ocurrió algo extraño.
Entre la multitud vio a un hombre.
Vestido completamente de negro.
Inmóvil.
Mientras todos aplaudían, él permanecía quieto.
Observándola.
Sonriendo.
Luna sintió un escalofrío.
Lo conocía.
O al menos creía conocerlo.
Era imposible distinguir bien su rostro debido a la distancia.
Pero algo en él resultaba inquietante.
Demasiado inquietante.
El hombre levantó lentamente una mano.
Y señaló directamente hacia ella.
La sonrisa desapareció.
Y sus labios pronunciaron unas palabras.
Luna no podía escucharlas.
Pero pudo leerlas perfectamente.
"Te encontré."
El miedo regresó de golpe.
La multitud desapareció.
Los aplausos desaparecieron.
La música desapareció.
Todo comenzó a oscurecerse.
—¡No! —gritó Luna.
Intentó correr.
Intentó acercarse al hombre.
Pero el escenario se desmoronó bajo sus pies.
Y volvió a caer.
Caía otra vez.
Más rápido.
Más profundo.
Más oscuro.
Hasta que abrió los ojos.
Estaba nuevamente en el altillo.
Respiraba agitadamente.
La carta seguía en sus manos.
La caja permanecía abierta frente a ella.
El viento había desaparecido.
Todo parecía normal.
Excepto por una cosa.
Junto a la caja había una fotografía.
Luna estaba segura de que antes no estaba allí.
La tomó con manos temblorosas.
La imagen mostraba un enorme estadio.
Miles de personas.
Luces.
Pantallas.
Y en el centro...
Ella.
Sobre el escenario.
Cantando.
Luna sintió que las piernas le fallaban.
Aquello era imposible.
Pero lo peor no era eso.
Lo peor era lo que aparecía detrás de ella.
Un hombre vestido completamente de negro.
Sonriendo.
El mismo hombre que había visto entre la multitud.
El mismo hombre que la había señalado.
El mismo hombre que había dicho:
"Te encontré."
Debajo de la fotografía había una frase escrita con tinta azul.
Una frase que hizo que la sangre se congelara en sus venas.
"Esta fue tu vida favorita."
Continuará...