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Contrato secreto con mi jefe posesivo

Contrato secreto con mi jefe posesivo

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Completas
Popularitas:5.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

Graciela Navarro llegó a Italia con dos maletas y una sola oportunidad de cambiar su vida. De día, lucha por convertir sus prácticas en una prestigiosa escudería de Fórmula 1 en el trabajo de sus sueños. De noche, entrega el control a C, un desconocido detrás de la pantalla que conoce sus límites, calma sus miedos y despierta deseos que nunca se atrevió a nombrar.
Román Cattaneo, el nuevo director del equipo, es frío, exigente e imposible de complacer. Grace debería mantener la distancia. El problema es que su voz, sus órdenes y la seguridad que le inspira se parecen demasiado a las de C.
Cuando la identidad detrás de aquella inicial salga a la luz, Grace tendrá que decidir si puede amar al hombre real con la misma intensidad con la que aprendió a confiar en su secreto. Entre circuitos, escándalos familiares y una pasión capaz de cruzar todas sus fronteras, ambos descubrirán que llegar a la meta no sirve de nada si no tienen el valor de hacerlo juntos.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14

Espresso Blend

Cattaneo no se comunicó con Grace durante el fin de semana porque era incapaz de determinar en qué estado se encontraba.

Y detestaba actuar sin estar seguro del terreno que pisaba.

Necesitaba verla con sus propios ojos, igual que aquella vez en que regresó de Japón en mitad de la noche.

El lunes por fin se encontraron.

Entonces confirmó que Grace lo consideraba uno de esos hombres que fingían ser respetables en público y se comportaban como conquistadores en privado.

Ella quería mantener la distancia.

Cattaneo volvió a esperar.

Calculó la hora en que Grace saldría del trabajo y llegaría a casa. Solo entonces le envió un mensaje.

Esperó hasta que ella explicó que, debido al comienzo de la temporada, necesitaba reducir la frecuencia de sus conversaciones.

Grace había elegido palabras amables. No dijo de forma directa: «Por favor, no me contacte durante un tiempo».

Pero sabía que C entendería el verdadero significado.

Tampoco quería contarle lo ocurrido con Cattaneo. Necesitaba tiempo para procesarlo.

Sentado en el sofá de su oficina, él leyó el mensaje en el teléfono.

No tardó mucho en responder.

C: De acuerdo.

Solo escribió dos palabras porque no sabía qué más podía decir.

C no debía conocer lo sucedido entre Grace y Cattaneo. No tenía ninguna razón legítima para percibir el cambio.

Además, ella había formulado una petición seria. Él no podía ignorarla ni negarse a respetarla.

Una sutil sensación de pérdida de control —una que Cattaneo se resistía a reconocer— empezó a despertar otra vez en su cuerpo.

Quizá debió poner fin a la relación después de la primera videollamada.

Había subestimado la influencia de Grace sobre él.

Y había sobreestimado su propia capacidad para contenerse frente a ella.

La oficina estaba en silencio. Ya no quedaba nadie en el pasillo.

Cattaneo pidió a James la lista completa de habitaciones en Melbourne.

Excepto él y los pilotos, todo el personal se alojaría entre los pisos ocho y doce. Grace estaba en el octavo; él, en el dieciséis.

Ella había elegido el lugar más alejado posible.

Cattaneo permaneció inmóvil en el sofá, con los codos apoyados sobre las rodillas y los labios apretados.

Sabía que no era momento de pensar en aquello. Había asuntos mucho más importantes que exigían su atención.

Sin embargo, una irritación constante lo acompañó durante todo el fin de semana.

Ver a Grace no la había calmado.

Ella entró en su oficina y removió todo lo que él había logrado hundir en el fondo de la mente.

Cattaneo se concedió diez minutos para pensar exclusivamente en ella.

No planeaba confesarle de manera directa que él era C.

Un vínculo nacido en internet no podía ser verdaderamente sólido. Para construir sentimientos más profundos se necesitaba contacto con una persona real.

No tenía ninguna certeza de que Grace, al conocer la verdad, no se enfureciera y desapareciera de su vida.

Pero ahora también había perdido el acceso a los pensamientos que ella compartía con C.

Grace había decidido ocultarle lo ocurrido.

En cierto sentido, eso demostraba que no quería perder a C.

Era una buena señal.

Al mismo tiempo, Cattaneo deseaba poder conversar con ella de forma natural en la vida cotidiana, como lo hicieron el viernes por la mañana.

Ahora Grace había declarado que necesitaban mantenerse alejados.

La respiración de Cattaneo se hizo profunda y lenta.

Evaluó con cuidado cada posibilidad.

Quizá él también debía esperar hasta después de la primera carrera.

No estaba en condiciones de resolver el problema en ese momento. De alguna manera, la petición de Grace incluso lo beneficiaba.

Necesitaba concentrarse por completo en el monoplaza, sin permitir la menor distracción.

Sonó la alarma del teléfono sobre la mesa de centro.

Los diez minutos habían terminado.

Cattaneo decidió enterrar el asunto junto con Grace.

Cuando concluyera la primera carrera, encontraría una solución.

Dos días después, toda la escudería voló a Melbourne.

A mediados de marzo aún hacía calor en la ciudad. El personal dejó atrás los abrigos italianos y se cambió por ropa ligera, camisetas y vestidos.

El clima cálido también mejoró el ánimo de todos.

Durante varios días, Grace se había preguntado si C estaría molesto. Sin embargo, él aceptó su petición enseguida y le concedió todo el espacio que necesitaba.

Se sintió respetada.

Él había tomado sus palabras en serio.

Al llegar a Melbourne, las preocupaciones se desvanecieron frente a un escenario completamente nuevo.

Era la primera vez que Grace acompañaba a la escudería a una carrera.

Después de registrarse en el hotel, todos tuvieron el resto del día libre.

Los compañeros del departamento de comunicación estaban en el décimo piso. En el octavo se alojaban sobre todo mecánicos del pit crew e ingenieros.

El elevador, lleno de personas y maletas, se detuvo en aquel nivel.

Un grupo de hombres salió y Grace los siguió.

Uno de ellos la vio, se detuvo y tomó su equipaje.

—Gracias, Dan.

Dan era el ingeniero de carrera de Seth, el segundo piloto de la escudería. Durante las competencias se encargaba de hablar con él por radio y transmitirle instrucciones.

Era mexicano, alto, de rasgos marcados y carácter extraordinariamente abierto.

Grace casi no había tratado con él porque sus puestos rara vez los ponían en contacto. Aun así, Dan debía haberla visto en las reuniones de la escudería y ella lo reconocía de las transmisiones de la temporada anterior.

Él había ofrecido ayuda, así que Grace la aceptó sin ceremonias y le dio las gracias.

Pasar de desconocidos a conversar con naturalidad solo les llevó unos segundos.

Caminaron juntos por el pasillo y descubrieron que sus habitaciones estaban una frente a la otra.

Dan sonrió.

—Qué coincidencia. Estaba destinado a acompañarte hasta la puerta.

Los ojos de Grace se curvaron con su sonrisa.

—Demasiada coincidencia. De todos modos, gracias.

—No fue nada.

—Déjame invitarte un café. Dicen que el de Australia es muy bueno y nunca lo he probado.

—Es verdad, es tu primera vez aquí. Conozco una cafetería famosa cerca del hotel. La gente de la escudería va mucho. Dejamos las maletas y te llevo.

—Perfecto. Yo invito.

Grace entró en su habitación con un ánimo excelente.

No se alojaba en el mismo piso que James y sus compañeros, pero ya había hecho un amigo nuevo.

Relacionarse con éxito dentro de un entorno profesional la llenaba de alegría y satisfacción.

Rodó un par de veces sobre la cama suave. Después sacó del equipaje los artículos de aseo y algo de ropa, y entró al baño.

La novedad y el entusiasmo borraron el cansancio del vuelo largo.

Grace se puso un vestido amarillo claro de tirantes. Bajo las tiras finas, la tela elástica se ajustaba con suavidad al cuerpo. Era ligera, fresca y estaba cubierta de pequeñas flores. El dobladillo terminaba a mitad de los muslos.

Completó el conjunto con unos tenis blancos.

Su cabello negro todavía estaba húmedo cuando salió del hotel con Dan. El viento seco pasó entre los mechones y, al evaporar el agua, dejó una sensación fresca y agradable.

Todo el cuerpo de Grace se relajó.

Dan examinó su ropa.

—Podrías pasar por una melburniana de toda la vida.

Grace rio, encogiendo un poco los hombros.

Caminaron por la avenida frente al hotel hasta llegar a una cafetería pequeña. A pesar del tamaño, había una fila considerable junto al mostrador.

Grace y Dan se colocaron al final. Avanzaron poco a poco mientras conversaban.

En la zona de entrega cercana, el personal llamaba nombres a intervalos.

Cuando por fin llegó su turno, Grace pidió un flat white para ella y el chocolate caliente que Dan prefería.

Al acercar la tarjeta a la terminal, insistió:

—Yo te invito.

—Gracias.

La terminal emitió un pitido.

Grace retiró la tarjeta justo cuando alguien llamó desde el otro mostrador:

—¡Cattaneo!

No pudo evitar volver la cabeza.

Cattaneo se levantó de una mesa cercana y caminó hacia ellos.

Dan lo saludó.

Él respondió con un gesto perfectamente natural y recogió el vaso sin que sus ojos se detuvieran en Grace.

Después dio media vuelta y emprendió el camino de regreso al hotel.

El Espresso Blend que llevaba en la mano estaba muy caliente.

Sobre todo cuando sus dedos deformaron el vaso y el café escapó por debajo de la tapa hasta cubrirle la muñeca.

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