una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?
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la guerra continua
La lluvia caía sobre Ciudad Oscura mientras las luces de los edificios se reflejaban en las calles mojadas.
Habían pasado varios meses desde que Gabriel Torres reveló que Federico Salazar había manipulado a Antonio Romano y Víctor Moretti para provocar una guerra.
Federico estaba en prisión.
Sus negocios habían sido confiscados.
Y la ciudad disfrutaba de una paz que no había conocido en años.
Pero para Antonio y Víctor nada había cambiado.
Seguían siendo enemigos.
Seguían odiándose.
Y seguían esperando el momento perfecto para destruirse.
Aquella noche, Antonio Romano se encontraba en su oficina revisando informes cuando uno de sus hombres entró apresuradamente.
—Jefe, tenemos problemas.
—Habla.
—Interceptaron uno de nuestros cargamentos en la carretera del norte.
Antonio levantó la mirada.
—¿Quién fue?
—Todo apunta a los hombres de Moretti.
Antonio permaneció en silencio unos segundos.
Desde la caída de Federico había evitado atacar directamente a Víctor.
Pero aquella noticia era demasiado grave.
—Quiero pruebas.
—Los sobrevivientes aseguran haber visto vehículos de su organización.
Antonio cerró lentamente la carpeta que estaba leyendo.
—Encuéntrenme todo lo que puedan.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, Víctor Moretti recibía una noticia similar.
Uno de sus casinos clandestinos había sido atacado durante la madrugada.
El dinero desapareció.
Las cámaras de seguridad fueron destruidas.
Y varios testigos afirmaban haber visto hombres relacionados con Antonio Romano.
Víctor golpeó la mesa con furia.
—Romano está jugando con fuego.
—¿Atacamos? —preguntó uno de sus guardaespaldas.
Víctor permaneció pensativo.
Algo no encajaba.
Antonio era inteligente.
Si realmente quería iniciar una guerra, no actuaría de forma tan evidente.
Pero el orgullo y el odio hacían difícil pensar con claridad.
Durante las siguientes semanas los ataques continuaron.
Camiones desaparecidos.
Negocios incendiados.
Almacenes saqueados.
Cada golpe parecía provenir del bando rival.
La tensión crecía día tras día.
Los hombres de ambas organizaciones comenzaron a exigir venganza.
Y poco a poco la ciudad volvió a sentir el miedo.
Gabriel Torres observaba todo desde la redacción del periódico donde trabajaba.
Las noticias le recordaban demasiado a lo ocurrido con Federico Salazar.
Había algo extraño.
Demasiadas coincidencias.
Demasiadas provocaciones.
Una noche decidió revisar nuevamente los archivos que había recopilado durante su investigación anterior.
Mientras analizaba documentos antiguos encontró un nombre que apenas había mencionado Federico durante uno de los interrogatorios.
Enzo Bellini.
Gabriel recordó aquella declaración.
Federico había dicho que Bellini era un hombre extremadamente peligroso.
Un criminal que operaba desde el extranjero y que financiaba organizaciones mafiosas en diferentes países.
Pero en aquel momento las autoridades se habían concentrado en Federico y nadie prestó atención a ese dato.
Ahora Gabriel comenzó a sospechar.
Quizás Federico nunca había sido el verdadero cerebro.
Quizás solo era una pieza más.
Durante varios días investigó discretamente.
Lo que descubrió fue inquietante.
Enzo Bellini había llegado recientemente a Ciudad Oscura.
Y varias empresas relacionadas con él estaban comprando propiedades cerca de territorios controlados por Antonio y Víctor.
Era exactamente el mismo patrón que había utilizado Federico.
Gabriel comprendió el peligro inmediatamente.
Si tenía razón, una nueva guerra estaba a punto de comenzar.
Decidió advertir a ambos mafiosos.
Pero sabía que ninguno confiaría en él fácilmente.
Primero intentó reunirse con Antonio Romano.
La cita tuvo lugar en un restaurante privado.
Antonio escuchó toda la historia sin interrumpir.
Cuando Gabriel terminó, el mafioso permaneció en silencio.
—¿Me estás diciendo que alguien intenta manipularnos otra vez?
—Eso creo.
—¿Tienes pruebas?
—Aún no suficientes.
Antonio suspiró.
—Entonces solo son sospechas.
Sin embargo, cuando Gabriel se marchó, Antonio ordenó a sus hombres investigar a Enzo Bellini.
Dos días después Gabriel se reunió con Víctor Moretti.
La reacción fue muy parecida.
—¿Otro empresario intentando hacerse dueño de la ciudad? —preguntó Víctor.
—No lo sé con certeza, pero encaja perfectamente.
Víctor sonrió.
—Si descubro que tienes razón, Bellini tendrá problemas.
Las semanas pasaron.
Y las provocaciones continuaron.
Finalmente ocurrió algo que cambió todo.
Un convoy perteneciente a Antonio fue atacado cerca de los muelles.
Varios hombres murieron.
Entre ellos estaba Lorenzo Romano.
El sobrino favorito de Antonio.
Cuando recibió la noticia, Antonio sintió una furia que nunca había experimentado.
Durante horas permaneció encerrado en su oficina.
Nadie se atrevió a hablarle.
Al caer la noche salió de la habitación.
Su mirada había cambiado.
—Prepárenlo todo.
—¿Qué va a hacer, jefe?
Antonio respondió con voz fría.
—La guerra ha comenzado.
Al mismo tiempo, Víctor recibió una llamada.
Uno de sus almacenes principales había explotado.
Las pérdidas eran enormes.
Y varios testigos aseguraban que los atacantes gritaban el nombre de Antonio Romano.
Víctor tomó una pistola y la colocó sobre la mesa.
—Se acabó.
—¿Atacamos?
—Sí.
Por primera vez en años ambos mafiosos tomaron la misma decisión.
La paz había terminado.
Aquella misma noche comenzaron los preparativos para una guerra total.
Sin embargo, en una lujosa oficina ubicada en el último piso de un rascacielos, un hombre observaba la ciudad desde una ventana.
Vestía un elegante traje negro.
En una mano sostenía una copa.
En la otra, un expediente con los nombres de Antonio Romano y Víctor Moretti.
Era Enzo Bellini.
Y sonreía.
—Tal como lo planeé.
Un asistente se acercó.
—Señor Bellini, ambos bandos se están movilizando.
—Perfecto.
—¿Y si descubren que estamos detrás de todo?
Bellini soltó una pequeña carcajada.
—No lo harán.
Luego observó las luces de Ciudad Oscura.
—Cuando terminen de destruirse entre ellos, esta ciudad será mía.
Sin saberlo, Antonio y Víctor estaban caminando directamente hacia la trampa.
Y esta vez el enemigo era mucho más inteligente que Federico Salazar.
La guerra estaba a punto de comenzar de nuevo.
Y Ciudad Oscura pronto se convertiría en un campo de batalla.
Continuará en el Capítulo 3...