Marcos Castro, el implacable director de Apex Dynamics, cree que el control lo es todo hasta que la humilde camarera Sara tropieza con él. Ella trabaja sin descanso para pagar deudas médicas y posee una dignidad inquebrantable que fascina a Marcos, desatando en él una peligrosa obsesión.Para acercarse, él le ofrece empleo en su empresa. Sin embargo, Sara desconfía de los ricos y rechaza sus lujos, obligando al magnate a bajarse de su pedestal para ganarse su corazón. Entre el orgullo y una pasión salvaje e incontenible, ambos inician un intenso juego de seducción.La situación se complica cuando los secretos del pasado de Sara salen a la luz y un enemigo corporativo intenta usarla para destruir la compañía. El hermético empresario tendrá que decidir si es capaz de quemar su propio imperio con tal de proteger a la mujer que se convirtió en su dulce perdición.
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CAPITULO 18. EL CONSEJO DEL CLAN
El gran comedor de la residencia de Brandon y Monique respiraba una expectación solemne. El aroma a asado y a pan caliente inundaba la estancia, pero ninguno de los comensales sentados a la mesa de madera noble había tocado su copa. El patriarca Brandon permanecía en la cabecera con el rostro serio, flanqueado por Monique, cuyos ojos reflejaban una profunda preocupación maternal. Al otro lado, la imponente estampa de Luke y la elegancia innata de Katerina dominaban el flanco izquierdo, mientras sus hijos gemelos, Alexander y Daniel, mantenían la mirada atenta.
Sin embargo, la mesa no estaba completa sin la presencia de la nueva generación. Sasha permanecía sentada al lado de su madre, sosteniendo la mano de su esposo Ethan Vance. El director extranjero, con su habitual presencia de hombros anchos y mirada de piedra, observaba el ambiente con una solemnidad gélida. La dinastía familiar estaba al completo, convocada por la urgencia de la llamada de Marcos.
Las puertas dobles del comedor se abrieron de par en par. Marcos Atelier cruzó el umbral. Ya no vestía su americana sastre; se había desabrochado los dos primeros botones de su camisa y su estampa robusta infundía un respeto inmediato. Sostenía con su mano derecha grande la mano de Sara.
Sara vestía su pantalón de talle alto gris perla y la blusa de satén azul noche, manteniendo la barbilla alzada con una dignidad inmensa a pesar de la palidez de sus mejillas almendradas. Justo detrás de ellos entró Lucía, cargando en sus brazos al pequeño Matías. El niño de cinco años, asustado por las caras serias de los adultos, se aferraba al cuello de la joven asistente con sus manos pequeñas.
El silencio que se instaló en el comedor fue sobregogedor. Marcos avanzá hacia la mesa, barriendo la sala con su mirada oscura y profunda.
—Gracias a todos por venir con tanta prisa —comenzó Marcos, con su voz barítona resonando en cada rincón—. Sé que os he sorprendido, pero la situación no admitía esperas. Os presento a Sara, la recepcionista ejecutiva de Apex Dynamics, y a su hijo Matías. Sara es la mujer que se ha convertido en mi vida entera fuera de los talleres, y este niño es el ángel por el que estoy dispuesto a mover el mundo.
La confesión de amor del hermético heredero provocó un chispazo de asombro en la sala, pero antes de que Monique pudiera ponerse en pie para abrazarla, Marcos depositó el fajo de folios arrugados de la notificación judicial sobre la mesa de madera, justo frente a su tío Luke y su primo Alexander.
—Esta mañana, un procurador del juzgado entró a mis oficinas para entregarle esto a Sara —sentenció Marcos con una furia gélida en sus facciones de piedra—. Julián, el padre biológico que la abandonó y la estafó hace cinco años, ha interpuesto una demanda de custodia agresiva para arrebatarle a Matías. Alega precariedad e incapacidad familiar. Lucía y yo sabemos que Julián es un don nadie de la periferia; alguien muy poderoso está financiando este proceso desde las sombras para atacarnos a través de ella.
El impacto del veredicto legal transformó la estancia en un centro de operaciones de guerra. Luke estiró su mano grande, tomó las hojas de la demanda y las revisó con una precisión clínica durante dos largos minutos, entornando sus ojos oscuros con la misma astucia implacable con la que derribaba fiscales en los tribunales. Alexander se inclinó a su lado, analizando la estructura de la redacción.
Monique se puso en pie de inmediato, caminó hacia Sara y la envolvió en un abrazo fuerte, cálido e incondicional que terminó por derretir la última barrera del orgullo de la joven.
—No llores, mi niña. Estás en nuestra casa —le susurró Monique con una ternura puramente maternal, limpiándole una lágrima de la mejilla—. En este hogar sabemos lo que significa luchar por los hijos, y te aseguro que a partir de esta noche, tú y Matías sois parte de nuestra dinastía. Nadie os va a tocar.
Brandon se levantó de la cabecera, caminó con paso firme hacia Lucía y cogió al pequeño Matías en sus brazos, acomodándolo contra su pecho robusto. El niño lo miró con curiosidad, y el veterano ingeniero le dedicó una sonrisa ruda pero llena de una calidez inmensa, dándole un suave golpecito de confianza en la espalda.
—No te preocupes por nada, pequeño campeón —le prometió Brandon con una voz ronca que resonó en el comedor—. Ni tus abuelos ni tus tíos van a permitir que nadie te aleje de tus padres ni de nosotros. En esta casa, la familia siempre se cuida y se protege.
Matías rodeó el cuello de Brandon con sus bracitos, perdiendo por completo el miedo y sintiéndose a salvo bajo el escudo de los Atelier.
Sasha se puso en pie a paso rápido, cruzando el comedor hasta detenerse frente a Sara. Con esos ojos esmeralda llenos de la empatía de quien ha vivido en carne propia el pánico de proteger a sus propios bebés, le tomó las manos con fuerza.
—Sara, yo sé exactamente el miedo que estás sintiendo ahora mismo —le dijo Sasha con una voz dulce pero cargada de una madurez rotunda—. Cuando mis gemelos nacieron, me juré que me rompería el alma antes de dejar que nadie los apartara de mi lado. Los hombres de esta familia parecen tiburones por fuera, pero aman con una lealtad indestructible. No estás sola.
Ethan Vance se levantó de su asiento, su imponente estatura acortando los metros hasta colocarse al lado de Marcos. El director extranjero fijó sus ojos oscuros en el heredero de los talleres, extendiendo su mano derecha firme en un pacto de caballeros que no necesitaba contratos.
—Si hay una mano negra corporativa financiando a ese delincuente para desestabilizar tu fábrica, Marcos, se han equivocado de enemigo —anunció Ethan con su profunda voz barítona, una seguridad aplastante—. Pongo a disposición de Sara y de tu defensa todo el equipo de analistas de mi multinacional tecnológica y mi propio capital internacional. Si tenemos que auditar a cada competidor de este mercado para descubrir quién paga a esos abogados, lo haremos antes del lunes. Cuenta con mi mano, hermano.
Marcos estrechó su mano con un agarre firme, asintiendo con la cabeza en un gesto de profundo respeto familiar. El blindaje se había vuelto absoluto.
—Teniendo en cuenta que Julián, como bien habéis dicho, es un auténtico mindundi de la periferia —intervino Luke, arrojando las hojas sobre la mesa y mirando a su hijo Alexander—, está claro que alguien con muchas influencias y poder está detrás de todo esto, usándolo como una simple marioneta y financiando un despacho de abogados que probablemente sea corrupto o se esté prestando a un juego muy sucio de espionaje industrial.
—Así es, papá —coincidió Alexander, acomodándose los puños de la camisa—. Julián es solo la fachada. Daniel, tú y yo abriremos una auditoría de inmediato en los registros de contratas de la ciudad. Vamos a cruzar las cuentas de los competidores para descubrir qué directivo resentido está ingresando los fondos en ese bufete. Papá, Brandon, Ethan y yo registraremos cada rincón del mercado hasta dar con la mano negra.
Luke se giró hacia su esposa Katerina y luego clavó su mirada profunda en Marcos y Sara. Una sonrisa sutil de medio lado cruzó su rostro.
—Para las salas del juzgado de primera instancia no podemos usar nuestros abogados mercantiles, Marcos —anunció Luke—. Necesitamos al cirujano más implacable del derecho de familia. Alexander, descuelga el teléfono ahora mismo y llama a Raúl Méndez. Dile que el clan Atelier lo necesita en su despacho mañana a primera hora. Es el mismo hombre sabio y astuto que hace años nos guió en la oscuridad para derrotar la traición y recuperar el imperio de Katerina. Él sabe cómo aplastar este tipo de trampas sin pestañear.
Katerina asintió con la cabeza, con sus ojos esmeralda destellando un orgullo limpio al ver a toda la dinastía unida frente al peligro. Caminó hacia Sara y la miró con una firmeza inalterable.
—Raúl Méndez no ha perdido un solo caso de custodia en tres décadas, Sara —le prometió Katerina—. Mañana por la mañana entraremos a los tribunales con el blindaje más poderoso de este país. Tu hijo Matías se va a quedar contigo, y nosotros nos encargaremos de destruir comercial y legalmente a los que han osado perturbar la paz de nuestra familia.
Sara miró a Marcos, encontró en sus ojos oscuros una promesa de amor inalterable y se dejó abrazar por el clan, dándose cuenta de que la humilde camarera que una vez recogió una bandeja en mitad de la lluvia... acababa de encontrar el ejército más temible y protector para defender la vida de su pequeño ángel en la batalla definitiva que estaba a punto de comenzar.